CRÍTICAS PELÍCULAS

viernes, 10 de abril de 2020

LOS MONSTRUOS DEL FIN DEL MUNDO (1966)

La primera entrega de Gamera, El mundo bajo el terror (1965), obtuvo el suficiente éxito para asegurar una serie de secuelas. La Daiei había encontrado así una gallina de los huevos de oro que rivalizaba en taquilla con Godzilla, el rey del Kaiju Eiga, y por consiguiente la Toho, la compañia rival. Había que aprovecharlo. 
Como veremos en futuras entregas, la imagen y la calidad de las secuelas en la serie clásica de Gamera (que duraría hasta 1980), caería en picado por sus enormes recortes presupuestarios e insoportable infantilismo. Pero antes de llegar a ese punto nos encontramos con sorpresas como el presente film.
Los monstruos del fin del mundo (1966) es la película de mayor calidad de Gamera en su serie clásica y uno de los Kaiju más destacables de la época. Tras el éxito del primer Gamera, se aumentó considerablemente el presupuesto para su secuela. La poca confianza del estudio frente a Noriaki Yuasa hizo que se le desplazara de las tareas de dirección y lo pasaran al departamento de efectos especiales. El más experimentado Shigeo Tanaka fue el escogido para tomar las riendas de Los monstruos del fin del mundo.
Tras una peligrosa expedición para recuperar un ópalo gigante, el desastre ocurre cuando éste resulta ser un huevo del que surge Barugon. Armado con una lengua mortífera y rayos helados, Barugon siembra la destrucción en Japón. Afortunadamente, Gamera acude al rescate.
Algo muy a tener en cuenta en la presente entrega de la tortuga con esteroides: se trata de un film serio y de cara al público adulto. Un motivo de alegría para aquél con alergia a la presencia de niños chillones... es el único film de la saga clásica de Gamera en la que no aparece ni un solo infante molesto. Los monstruos del fin del mundo (1966) va por derroteros mucho más interesantes. Una entrega seria y cuidada, con personajes algo más interesantes y carismáticos, y con algún que otro momento escabroso y violento. Presenta buenas interpretaciones en general; Kojiro Hongo y Koji Fujiyama, el cual interpreta al inolvidable malvado egoísta Onodera, vuelven a verse las caras como ya hicieron en el film Kujira Gami (1962).
El primer tercio del film, donde un grupo de personajes desconocidos entre sí son contratados para encontrar una gema preciosa en una isla perdida en medio de la nada, está muy conseguido y te introduce muy bien en la trama. Además, se recupera el elemento de aventura en la jungla con indígenas de por medio (incluida la nativa buenorra de la que el protagonista se queda prendado), y que tan bien le sientan a estos films con los peligros que esto concierne (arenas movedizas, escorpiones venenosos...). Incluso asistimos a una muerte escabrosa y en directo por una picadura mortal, algo muy inusual en un Kaiju.
Gamera vuelve al ataque

Mientras, nuestros protagonistas buscan una gema en plena isla perdida

La nativa de buen ver les advierte de los peligros de la jungla

Encontrada la gema, Onodera, intenta matar a sus compañeros y se da las de "villadiego"

Pero de la piedra preciosa surge Barugon. El caos se adueña de Japón.

Suerte que Gamera pasaba por ahí.


Foto de rodaje.
En una cueva encuentran el huevo de Barugon, el que confundido por una joya, es robado por el malvado Onodera. Tras este tercio inicial, poco a poco nos vamos introduciendo en terrenos Kaiju. Otro elemento llamativo es que Gamera aparece más bien poco y sigue con malas intenciones, como vemos en el magnífico inicio donde la tortuga destruye una presa. El tratamiento de Barugon, como un Dios del que no se debe perturbar su sueño, recupera los mejores conceptos mágicos y mitológicos de Mothra y por supuesto cuando el monstruo es llevado a la civilización fruto del egoísmo éste lo destroza todo.
La película presenta unos efectos especiales muy conseguidos en general, con unas maquetas a un nivel de detalle espectacular y con unos excelentes momentos de destrucción por parte de Barugon en Osaka (como cuando el monstruo congela todo a su paso o hace uso de un rayo arco iris destructivo). Además, consigue momentos espectaculares e inéditos en un film de la época, como es el nacimiento de Barugon, realizado con un gusto, sentido mágico y realismo para quitarse el sombrero.
Los escenarios del film permiten un uso del color exquisito y un technicolor radiante. Los monstruos son presentados con realismo, como animales salvajes y se comportan como tal (sin chorradas humanizadas de ningún tipo), y las batallas juegan con ese concepto, lo que es muy destacable. Tampoco se escatima en violencia y la batalla final es un festival de chorros de sangre color violeta.
La banda sonora es sencillamente maravillosa y le da el toque épico y mágico que necesita la historia. Tenemos detalles interesantes que vuelven a incidir en el trauma de la II Guerra Mundial. Hirata, el hombre que contrata a los protagonistas para buscar la gema, es un ex-soldado el cual ha quedado paralítico.
Cartel español de la época.
El problema con Los monstruos del fin del mundo (1966) viene en su tercio final cuando los militares no dejan de probar estrategias a cual más descabellada para acabar con Barugon y hace que el ritmo decaiga en exceso y desees que Gamera reviva y vuelva a la carga. Pero en general, estamos hablando de toda una sorpresa de la época. Un Kaiju que recupera seriedad y tratamiento adulto.
Un film que destaca por su sentido mágico y mítico, por su cuidado en las escenas de destrucción, por presentar a unos monstruos comportándose de forma realista aderezados con unos muy competentes efectos especiales y además con unos personajes principales que sin ser la panacea resultan lo suficientemente carismáticos como para prestarles atención. Toda una pequeña joya, mejor y más interesante que algunos de los films de Godzilla que se estaban haciendo por la época y que para mi sorpresa no obtuvo el éxito esperado en su estreno en Japón. Se estrenó en EEUU directamente en TV con 10 minutos recortados y con el título War of the monsters.
Algunas curiosidades: al igual que El mundo bajo el terror (1965), este film también tuvo algunos problemas en su rodaje. La escena en que Gamera destruye la presa sufrió de dificultades técnicas, ya que no había manera de destrozarla.
El increíble detallismo y trabajo para las escenas en que Barugon congela Osaka llevó muchísimo tiempo a los técnicos para que dichas escenas durasen unos pocos segundos. Y por último, no había manera de hundir el traje de Barugon en el lago en la escena de su muerte por lo que fue motivo de nuevos retrasos en el rodaje. Por cierto, no confundáis a Barugon con Baragon, el monstruo que aparece en Frankenstein conquers the world (1965) aunque su nombre sea tan parecido.
Para acabar, este film contiene una anécdota insuperable. Por lo visto, los estudios japoneses de la época contrataban a los actores por paquetes de varios films. Cuando la Daiei informó a Kojiro Hongo que su siguiente película con ellos iba a ser la secuela de Gamera, el actor pensó que participar en un Kaiju iba a arruinar su carrera para siempre por lo que fingió estar hospitalizado para escaquearse del rodaje. Para desgracia de Hongo, los productores de la Daiei fueron a visitarle al hospital (él con todo el papelón, brazo vendado incluido) y le dijeron que iban a esperar su recuperación antes de iniciar el rodaje. A pesar de sus reticencias, la experiencia con Los monstruos del fin del mundo debió sorprender para bien a Kojiro Hongo ya que regresó a la saga de la tortuga en Gaos, el terror de la noche (1967) y Viras ataca la Tierra (1968).

EL MUNDO BAJO EL TERROR (1965)

En 1965, el Kaiju Eiga atravesaba su momento de mayor gloria. Las entregas de Godzilla funcionaban a la perfección y la Toho monopolizaba el género estrenando cada año productos la mar de interesantes como Frankenstein conquers the world (1965), Dogora the space monster (1964) o Mothra (1960). Pero durante la década de los 60, otras productoras no quisieron quedarse atrás y también ansiaban su parte del pastel. El único estudio japonés que puso en peligro la supremacía de la Toho en el género fue la Daiei, quien estrenó su propio Kaiju con Gamera: El mundo bajo el terror (1965). Si algo destacaba la Daiei fue en el cuidado que le ponía, técnicamente, a sus productos, y en algunos casos se atrevían aportando al género propuestas de cara al público más adulto (es el caso de la magnífica trilogía del Daimajin o Kujira Gami (1962)). De hecho, es de la Daiei la considerada primera película de ciencia ficción japonesa, Tomei-nigen Arawaru (1949), un exploit de El hombre invisible (1933). 

Con Gamera no engañaban a nadie, es un exploit en toda regla de Godzilla. El origen del proyecto fue bien caótico. Con el objetivo de realizar su propio Kaiju, la Daiei comenzó a realizar el proyecto de Nezura en 1964. Un film que influenciado por los monstruos gigantes japoneses y el terror animal de Los pájaros (1963) plasmaba la invasión en Japón de unas ratas gigantes. ¿El problema? Utilizar ratas reales, lo que provocó que medio equipo y parte del cast cayeran enfermos obligando a la cancelación del film. Existen fotos promocionales y de rodaje muy interesantes al respecto. La siguiente idea fue la de la tortuga gigante Gamera. Un proyecto que nadie en su sano juicio quería encargarse llegando el puesto de dirección, cual patata caliente, a las manos de Noriaki Yuasa. Yuasa, hijo de actores, no estaba bien considerado en el estudio y hasta entonces solamente había dirigido una comedieta juvenil y musical. Pese al bajísimo presupuesto (consumido por la anterior Nezura) y con todo en contra, Yuasa se puso manos a la obra con Gamera.

Una explosión nuclear en el Ártico despierta a Gamera, una tortuga prehistórica gigante. Las autoridades y los científicos no saben cómo hacerle frente, mientras tanto el monstruo va destrozando todo lo que aparece a su paso. Sin embargo, Toshio, un niño con un don especial para tratar con las tortugas, parece ofrecer algunas claves para afrontar la crisis. 

Como hemos comentado, El mundo bajo el terror (1965) no escondía su tratamiento de puro exploit de Godzilla, incluso el film es en blanco y negro (algo sorprendente ya a mediados de los 60 en Japón) por motivos presupuestarios, motivo que le hizo compararse aún más con Japón bajo el terror del monstruo (1954).

Un aspecto a tener en cuenta es que Yuasa no solamente ejerció de director sino de creador (junto al equipo de fx) de los efectos especiales del film. Pese a todo tuvieron que pedir ayuda a técnicos de la Toho en un campo (el del kaiju-eiga) en el que la Daiei no tenía experiencia. Yuasa se empleó a fondo para que el film llegara a buen puerto hasta el punto de que vivió prácticamente en el estudio de rodaje.
Pese a tratarse de una monster movie de manual, ¿Por qué Gamera triunfó y logró superar a otras imitaciones similares? El éxito rotundo del film fue toda una sorpresa para los directivos de la Daiei, ya que ninguna esperanza tenían en la tortuga voladora. Gamera, una tortuga gigante y asalvajada, con capacidades para volar y además amiga de los niños llamó la atención a la audiencia. Se trata de un Kaiju carismático, que se aleja de Godzilla y además proporciona elementos que le dan personalidad. Técnicamente, el film proporciona momentos de alta calidad, en especial los momentos de destrucción en Tokyo donde podemos ver pequeños detalles inéditos en un Kaiju como ver a gente correteando dentro de un edificio mientras está en plena destrucción. Además, el uso del blanco y negro es sombrío y maravilloso.

La caída de un avión en el Polo Norte provoca el despertar de Gamera

Y no parece muy amigable

Excepto para Toshio quien se hace amigo de la tortuga

Mientras ésta abrasa Japón

Finalmente, meten a Gamera en un cohete y la lanzan a Marte

El inicio en pleno Polo Norte es destacable y además muy en línea con el magnífico inicio de El monstruo de tiempos remotos (1953). Un ataque nuclear y la caída de unos aviones de combate en el hielo provocan que la tortuga salga a la superficie. Aún no son los tiempos del superhéroe Gamera, el gran amigo de los niños, así que el monstruo tiene malas intenciones y no duda en destrozar todo lo que pilla, eso sí, si tiene que salvar a un niño de caer por un barranco lo salva. La parte más floja, como viene siendo habitual, es la presencia del niño de sempiterna gorra metiéndose y participando en las reuniones militares y científicas, dando ideas y gritando que no maten a Gamera porque es su amiga, mientras, la tortuga gigante abrasa a miles de personas. Y por supuesto no falta la resolución descabellada donde mandan a Gamera metida en un cohete al espacio exterior. Maravilloso.
El mundo bajo el terror (1965) es un Kaiju Eiga de manual, que no se sale excesivamente de los mismos patrones pero que sobresale de la media por su tratamiento serio y cuidado, unos buenos efectos especiales y un monstruo la mar de carismático. Entretenida y entrañable. Su éxito provocó el inicio de una saga de hasta doce películas, convirtiéndose Gamera, en el mayor rival taquillero de Godzilla.

Foto de rodaje.


Cartel de la versión americana
Algunas curiosidades. Para las escenas en el Polo Norte se trajeron 3 enormes bloques de hielo que estuvieron mantenidos a temperaturas bajo cero durante semanas lo que provocó que algún que otro miembro del equipo pillara un buen resfriado. En una de las escenas en donde Gamera está lanzando fuego, el traje de la tortuga explotó quedando muy deteriorado ya que dentro del traje había gasolina (aspecto técnico que se solucionó en posteriores entregas). Por suerte no había nadie dentro del traje.

Para su estreno americano se realizó un remontaje para la ocasión que americanizó el producto. Se rodaron algunas escenas situadas en el Pentágono y muchos despachos con Albert Dekker y Brian Donlevy (¡el doctor Quatermass vs Gamera!) charlando sin parar además de eliminar varias secuencias originales. Las nuevas escenas americanas transformaban el significado de la película. Ahora la idea de lanzar a Gamera al espacio venía de los americanos y el avión que provoca el despertar de Gamera es ruso. El film se tituló Gammera: the invincible (si, con dos emes). Curiosamente y a pesar de acabar durando 10 minutos más que la original, el film se beneficio de un ritmo más equilibrado y entretenido. Toda una curiosidad. Éste fue el único film de la saga que se estrenó en cines americanos.

martes, 7 de abril de 2020

12 SUICIDAL TEENS (2019)

El suicidio es uno de los problemas sociales más importantes que afronta Japón desde hace décadas. Durante la gran crisis económica de los años 90 el suicidio aumentó de forma espectacular, siendo en su mayoría padres de familia ahogados por las deudas o despedidos de sus respectivos trabajos. Los adolescentes, presos de un sistema que los ahoga por culpa de un plan de estudios basado en la competitividad y la exigencia extrema también suelen elegir la vía del suicidio presos de una vida sin expectativas de futuro. El fenómeno es un problema social que aún es preocupante en el Japón de hoy; casi 21.000 suicidios tuvieron lugar en Japón en 2018, 600 de los cuales comprendían edades entre los 10 y los 19 años debido a problemas en la escuela. El cine juvenil del país suele tratar habitualmente el tema protagonizando cintas dramáticas o en su mayoría de género de terror.
El estreno de 12 suicidal teens (2019) obtuvo unas altas expectativas en Japón. Su primer trailer alcanzó los 6 millones de visualizaciones en solo 24 horas. El film está basado en la novela de Tow Ubukata lanzada en 2016 y de mismo título. El punto de partida del film reside en la llegada de doce adolescentes a un hospital abandonado donde han quedado para suicidarse, pero al entrar a una de las salas, un joven ya está muerto y nadie sabe quién es.
12 suicidal teens (2019) se vale de una ambientación de misterio y suspense que se acerca por momentos al terror. El problema del film reside en que parece querer tenerlo todo para gustar y contentar a su público objetivo. El buen acabado visual (habida cuenta de que está producida por la Warner Bros japonesa) y el cast lleno de caras reconocibles y que cotizan al alza en el cine adolescente parece confirmarlo. Hana Sugisaki lleva la batuta del film siendo la más acertada del reparto (demostró su valía en films como La espada del inmortal o en Her love boils bathtower), el resto resulta bastante discreto con alguna excepción como Mackenyu (quien hemos visto en la entretenida trilogía Chihayafuru con Suzu Hirose) y Takumi Kitamura (Quiero comerme tu páncreas). Los diversos personajes intentan estereotipar todos los perfiles del adolescente en Japón; tenemos al empollón, a la gótica, a la idol, a la superficial, al chico que recibe bullying en la escuela, al rebelde... Pese al intento de querer profundizar en las vidas, traumas y psicología de cada personaje no logras interesarte excesivamente por ninguno de ellos. A todo esto se suma que el ideólogo de todo el juego de los suicidios es el peor líder posible. Un personaje que parece siempre ausente, que no se entera de lo que está pasando ni cuál es el siguiente paso a realizar en un plan supuestamente organizado por él mismo (aunque como veremos en el "girito" final, puede que dicha actitud tenga alguna que otra explicación, aunque insuficiente).
12 adolescentes quedan para suicidarse en un hospital. Un gran plan para el domingo.

Pasa algo inesperado. Ya hay un muerto en la sala.

Empiezan las sospechas. Algunos empiezan a rajarse del plan.

Dispuestos a resolver el misterio ¿Aprenderán el valor de la vida en el proceso?

El ideólogo de todo parece no enterarse mucho de lo que pasa.
Durante la primera mitad del film, el misterio de la historia se va siguiendo con interés y logra crearte cierta expectativa toda esta trama de posibles asesinatos, búsqueda del culpable y secretos más grandes que la vida. El problema es que el metraje está en exceso alargado para un film de estas características y logra agotarte, más aún cuando las revelaciones que se nos van haciendo no resultan tan sorprendentes como uno pensaba. El último twist de la trama, no obstante, si que me resultó sorprendente y divertido.

12 suicidal teens (2019), como no podría ser de otra manera, radiografía la adolescencia japonesa y nos expone muchos de los motivos por los que estos jóvenes acuden a dicha “solución”: bullying, problemas familiares, entre otros. Aún con todos estos elementos el film acaba convirtiéndose en un alegato a favor de la vida, siendo desmontados poco a poco los motivos para la muerte de los adolescentes protagonistas.
Pese a no levantar excesivas emociones en mi, 12 suicidal teens (2019) es un correcto film juvenil de misterio y suspense que aborda un tema espinoso aunque demuestra unas ganas enormes por gustar a todo el mundo y por creerse más lista siendo finalmente un producto algo blando en su incorrección pero bien dirigido y que bien vale un visionado.

domingo, 5 de abril de 2020

RITUAL (2000)

Paralelamente a sus trabajos como director de cine, Shunji Iwai ejerció tanto de productor, como de guionista o compositor de diversos films realizados por jóvenes directores que el propio Iwai quería proyectar a través de su productora Rockwell Eyes. Películas como Rainbow Song (2006) o Halfway (2009), que pese a no estar dirigidos por el director japonés, sí que tenían de una forma u otra el estilo y regusto a sus films. En el año 2000, y a la vez que preparaba su obra maestra Todo sobre Lily (2001), Iwai se atrevió con la interpretación, protagonizando el film que nos ocupa hoy, Ritual (2000) dirigida por Hideaki Anno.

Anno es bien conocido entre los fans del anime, ya que no solamente fue uno de los fundadores de Gainax sino que llevó adelante series como Kare Kano o Neon Genesis Evangelion, con la que cambió para siempre el mundo del anime. Una deconstrucción impecable del género mecha en la que, inspirado por la tremenda depresión que sufrió Anno a principios de los 90, éste insertó en la trama mucha experimentación narrativa, angustias psicológicas, simbolismos y una profundidad en los personajes, y en la propia trama en sí inabarcable. La trama se remató con The end of Evangelion (1997), donde los planteamientos de la serie estallaban soberbiamente hasta llegar a una conclusión polémica, pero excelente.

Love & Pop (1998), primera incursión de Anno en la imagen real
Anno es un director con una manera muy particular de relatar historias; llenas de simbolismos, con
personajes que bordean la locura psicológica y su duro camino hacia la cordura. Su estreno como director de cine en imagen real llegó con Love & Pop (1998), una muy experimental y curiosa historia de un grupo de chicas adolescentes que se prostituyen para pagarse sus caprichos, pero expuestas a la inmensidad y peligros adultos de Tokyo. Un film curioso y por el que Anno recibió el premio a “Mejor nuevo director” en el 20th Yokohama Film Festival de 1999. Ritual (2000) es la obra en el que supo trasladar de forma definitiva todas sus obsesiones a nivel visual y narrativo.

En la cinta, un director de anime pasa por una crisis creativa mientras quiere reinventarse como director de cine de imagen real, así que viaja a su pueblo natal. Un día encuentra a una chica en las vías del tren. Ella vive desconectada de la realidad y siempre dice "Mañana es mi cumpleaños"; así comienza su historia.

La estrecha amistad entre Shunji Iwai y Hideaki Anno se ve reflejada en la temática de sus films, compartiendo ciertas características como la de radiografiar a la juventud japonesa de una manera muy directa y crítica. Al contrario que Iwai, Anno prefiere plasmar su propia vida a través de sus historias y protagonistas introduciendo vivencias, inquietudes y reflexiones. Técnicamente, el cine de Anno bebe mucho del video-arte y del cine experimental, algo de lo que Ritual (2000) se empapa encontrándonos con una cámara en mano nerviosa e inquieta situada en los lugares menos creíbles, planos y travellings imposibles, ojos de pez o superposiciones de imagen. 

Todo lo anterior contrasta con planos fijos y un ritmo pausado y contemplativo. Tramos bellos y poéticos y que conectan con el cine de Iwai. La obra está basada en la novela Shiki-Jitsu, escrita por Ayako Fujitani. Atentos a este nombre. Fujitani no es otra que la hija japonesa de Steven Seagal y la pudimos ver en la trilogía de los 90 de Gamera, interpretando a la adolescente que se comunica telepáticamente con la tortuga agigantada. Al parecer, la actriz sufrió muchas dificultades a nivel emocional cuando acompañó a su padre a Los Ángeles para el rodaje de El Patriota, por lo que dichas experiencias la inspiraron a escribir la novela en la que está basada Ritual y que además se encarga de protagonizar.

Ritual (2000) es una obra extraña pero absorbente. El núcleo se basa en la recuperación de la cordura. El paso de un personaje inmerso en sus propias fantasías hasta superar sus traumas personales y volver a la realidad. Todo el peso de la historia recae sobre los hombros de Ayako Fujitani, quien realiza una interpretación fantástica (aunque algo excesiva en ciertos momentos), y cómo el personaje de "El Director" (Iwai) se queda prendado y fascinado por ella. Un personaje que a pesar de su demencia está dotada de una creatividad desbordante y por el que no se puede evitar cierta lástima y curiosidad.
Un director de anime en pleno bloqueo creativo vuelve a su ciudad natal
Se encuentra con una chica extraña en las vías del tren

Le lleva a su casa, la cual es todo un museo del arte

El Director se siente fascinado por la fémina

Encuentra salida a su bloqueo creativo y empieza a rodar un film sobre ella

Aunque la relación tendrá sus dificultades...

¿Conseguirá salir de su viaje al mundo de la locura?

¿Sabes? Mañana es mi cumpleaños
La historia entre los dos personajes protagonistas, la manera en cómo va desarrollándose su relación y cómo cada vez resultan más dependientes el uno del otro, contiene tramos conmovedores. Shunji Iwai se encarga de interpretar a quien pudiera ser el alter-ego de Anno. Una interpretación sobria y discreta (vamos a dejarlo aquí) pero que funciona perfectamente al servir de puro espectador de la historia. El personaje de Iwai (apodado El Director) interpreta a un personaje que Anno impregna de muchas de sus vivencias personales: es un director de cine anime intentando dar el paso a la imagen real e inmerso en un total bloqueo creativo.

El film tiende al exceso y a la innecesaria y alargada duración del mismo, ya que prácticamente todo el peso de la historia recae en un mismo personaje, por el que obligatoriamente has de sentir simpatía o interés. Resulta fascinante dicho personaje y su viaje de la locura a la cordura, pero se tiende al exceso y a la reiteración. Pese a todo, el film es increíblemente rico en simbolismos visuales y dobles sentidos, consiguiendo momentos impecables, como todo lo que concierne al extraño y húmedo sótano donde la protagonista se refugia en sus peores momentos.Visualmente hipnótica, con una preferencia al uso del rojo y el azul, y donde Anno vuelve a incidir en su predilección por plasmar ambientes industrializados. El elemento metalingüístico del film también es destacable, con el director grabando y siguiendo a tan fascinante personaje femenino a la búsqueda de la creatividad perdida. Como hemos comentado anteriormente, el tramo final se vuelve excesivo y alargado con una resolución final quizás innecesaria y con demasiadas explicaciones, quitándole cierto misterio al origen de la locura de su protagonista. Pese a todo contiene una perla final, sencilla pero encantadora y que acaba dejándote una sonrisa de satisfacción. 
Ritual (2000) es un film extraño, experimental y difícil de abordar, pero que su visionado supone toda una experiencia diferente. Excesiva pero dotada de una riqueza visual y simbólica muy notable, que te impregna de la increíble y creativa locura de su protagonista, y te seduce con la extraña belleza de sus imágenes. Una historia que resulta atractiva en su particular visión de las relaciones humanas y que opta por mostrarnos no una destrucción emocional, sino una reconstrucción, la recuperación de la personalidad.
Hideaki Anno logra plasmar la locura con una belleza rara vez vista por un servidor. Una experiencia muy interesante. Ritual (2000) logró el premio “Best Artistic Contribution” en el 13º Festival internacional de cine en Tokyo.

miércoles, 1 de abril de 2020

CINE DE COREA


- AFTER MY DEATH (2017)
- A*P*E: EL GORILA ATACA (1976)

GILSOTTEUM (1986)


Uno de los aspectos más interesantes del cine producido en Corea del Sur es su capacidad para revisitar parte de la historia de su país, sin miedo a tratar momentos espinosos y dolorosos como forma de catarsis emocional para el público coreano. Ejemplos los tenemos a patadas desde A petal (1996), A taxi driver (2017) o 26 years (2012) las cuales tratan la masacre de Gwangju en 1980 o cintas como 1987: When the day comes (2017) o Peppermint candy (2000) que relatan uno de los momentos más importantes del país como fue el paso de la dictadura militar a la que se veía sometido hasta la democracia de la que disfrutan hoy día. Para mediados de los 80 la dictadura en Corea se encontraba agonizante tanto por las revueltas sociales como por la presión internacional habida cuenta que en 1988 iban a celebrarse los Juegos Olímpicos en Seúl. También y gracias a una cierta relajación de la censura empezaron a surgir una camada de directores de cine que empezaron a sorprender con nuevas historias y puntos de vista interesantes y arriesgados que ayudaron, poco a poco, a un resurgir del cine del país y que se conoció como el origen del Nuevo cine Coreano.

Im Kwon-Taek fue uno de los cabecillas de esta nueva hornada de cine coreano que empezó a despuntar en los 90 habida cuenta que se trata de un director mítico del país iniciando su filmografía en los años 60 y continuando su carrera hasta la actualidad con Revivre (2014) como su último trabajo hasta el momento, destacando además films como La cantante de Pansori (1993) o Taebak Moutains (1994). Gracias al canal de youtube del Korean Classic Film podemos disfrutar de dos centenares de films coreanos clásicos entre ellos algunos de los trabajos de Kwon-Taek. Uno de ellos es la muy interesante Gilsotteum (1986).

Ambientada en 1983, el film presenta a Hwa-Yeong quien tras ver en TV una campaña para reunir a familiares divididos por la guerra de Corea sueña con buscar a su hijo perdido en Gilsotteum precisamente durante el conflicto.
 
Gilsotteum (1986) es un film que sorprende por muchos motivos. Su carácter crítico con la situación de su país en esos mismos años sorprende habida cuenta de que la dictadura (aún desfalleciendo) todavía estaba en activo. El film se vale del juego con la realidad del país mostrando imágenes reales de programas televisivos de la época. Programas que se dedicaban a buscar a familiares perdidos y separados por la guerra y que inundaron la parrilla televisiva del país (y que lo ficcionaron en la monumental Oda a mi padre de 2014). Otro aspecto a destacar es el excelente uso del montaje y del flashback para contar la historia de Hwa-yeong y su amante perdido. Unas escenas que nos llevan de la adolescencia de Hwa-yeong siendo adoptada por una nueva familia, el inicio del idilio entre ella y su “hermano”, el odio de la familia hacia ella al descubrir el entuerto, el posterior embarazo y separación de los amantes por la guerra. Mientras en el presente somos testigos del reencuentro de la pareja 30 años después así como la búsqueda del hijo que tuvieron en común y perdieron en la guerra. ¿Seguirá vivo? ¿Lograrán encontrarlo?
Hwa-Yeong recuerda su traumático pasado durante la Guerra.

Y cómo fue adoptada por una familia tras morir sus padres.

Aunque pronto la pasión se desata con su nuevo hermano.

Relación que no será aceptada por sus familiares. Para colmo, Hwa-Yeong se queda embarazada.

Pero la pareja será separada por la guerra.

30 años después logran reencontrarse.

¿Conseguirán encontrar a su hijo perdido?

El film, como digo, destaca por el ritmo y el citado uso del montaje que hace que mantengas el interés durante el metraje siguiendo a unos personajes rotos por dentro, separados por culpa de la historia de su país con aún las heridas bien abiertas. Como he mencionado, sorprende lo descarnado de la crítica social del film en pleno año 1986 cuando se estaba viviendo de primera mano los hechos que se cuentan, lo que le suma un plus muy interesante. Cinematográficamente el film destaca por elegantes planos llenos de delicadeza como la primera experiencia sexual de la pareja adolescente ocultos en un granero en medio de la tormenta o las conversaciones entre los dos amantes ya adultos. Por supuesto, la tendencia hacia el melodrama extremo, habitual en el cine coreano, no se evita en el presente film. Todo lo malo que les pueda pasar a la pareja protagonista les pasa.

Gilsotteum (1986) es una muestra sobradamente notable y más que interesante sobre ese cine coreano pre-2000 que muchos desconocemos y que anda sobrada de joyitas como ésta que destaca por su calidad cinematográfica y capacidad para desgranar la sociedad en la que se encontraba Corea del Sur en uno de sus momentos más oscuros.