CRÍTICAS PELÍCULAS

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martes, 5 de abril de 2022

THE RAID (2011)



Cuando todo parece repetitivo y piensas que todo está ya inventado, no te preocupes, siempre aparecerá alguien con talento que logrará contar la misma historia de otra manera o más difícil aún, reinventar un género. El impacto de un filme como The Raid (2011) en el grueso de fans del cine de acción y artes marciales es muestra de ello. Y tuvo que ser un director inglés como Gareth Evans quien, afincado en Indonesia desde hace años, y fascinado por el silat, el arte marcial del país, insistió en dar su punto de vista sobre las artes marciales. El primer intento vino con Merantau (2009), una entretenida cinta de acción que sin ser nada del otro jueves ya presentaba algunas de las claves que luego explotaría en su futura dupla de filmes de The Raid. La cosa aún estaba algo verde, tanto como el joven Iko Uwais, protagonista de dicho filme. Uwais, actualmente ya consolidado como una de las mayores estrellas actuales del cine de acción, fue descubierto por Evans en una escuela de artes marciales y el director, ya desde ese momento, se sintió fascinado por las posibilidades del chico.

Con The Raid, la mejora general respecto a Merantau es brutal. Una propuesta que se entrega a la acción sin tapujos como concepto gozoso, sin intelectualidades ni aspavientos. Hostias como panes y rodadas de la manera más intensa y verista posible.

La película nos mete en uno de los barrios bajos de la ciudad de Jakarta, y en dónde hay un edificio que sirve de refugio para los criminales más peligrosos de Indonesia. Un grupo de fuerzas especiales de élite intentará derribar sus defensas y penetrar en sus entrañas. Pero la operación no sale según lo previsto, y los policías se encontrarán atrapados en el edificio, sin escapatoria posible y rodeados de asesinos y gángsters.

Que se puede decir de The Raid a estas alturas (olvídense del horrible titulo español de "Redada asesina"). Al filme le basta una breve presentación de 5 minutos de su personaje principal, utilizando poquísimos elementos pero suficientes para empatizar con él así cómo con sus circunstancias personales y de repente, somos introducidos en esta redada policial sobrehumana en un edificio de mala muerte poblado por la peor calaña. Una Jungla de cristal (1988) pero de una suciedad y violencia elevada a la enésima potencia con los personajes subiendo de planta en planta y cual videojuego, enfrentándose a peligros mayores. El manejo de la tensión y el suspense está ejemplarmente realizado por Evans, la cual se podría cortar con un cuchillo. Y si nos centramos en las escenas de artes marciales, éstas son extraordinarias. A los que nos gustan las artes marciales estamos acostumbrados a las coreografías espectaculares de Jackie Chan, Donnie Yen, Jet Li... Pero lo que vemos aquí es un punto y aparte en el género otorgando un plus seco y violento al concepto. Aquí hay brazos y piernas partidas, objetos impensables que son convertidos en armas mortales. Añade, además, el prodigioso dominio de la cámara de Evans en las escenas de acción con el operador de cámara prácticamente rodando por el suelo junto a los personajes consiguiendo que cada golpe te duela de verdad. Un uso de la cámara más coreográfico respecto a las escenas de acción y que resulta de lo más acertado a la hora de transmitir aún más dosis de adrenalina.
Un grupo de fuerzas especiales se infiltra en un edificio poblado por los peores criminales.

Pese al sigilo, la situación se sale de control.

Entre los policías se encuentra el joven Rama, el cual tendrá que ingeniárselas para sobrevivir.

Aquí las hostias duelen mucho.
Frente a la escalada constante de la acción que ofrece The Raid si que he de comentar algún aspecto negativo. Me rechinó un poco, por ejemplo, que se introdujera la subtrama del hermano de Uwais a mitad de metraje. Soy consciente de que tal vez Evans buscara un mínimo de desarrollo o conflicto emocional más allá de ofrecer simplemente 100 minutos de acción desenfrenada pero, esta decisión narrativa en concreto, me sacó un poco de la película además contando con la enorme casualidad de dicho encuentro en tales circunstancias.

Si bien, a pesar de ello, The Raid es un clásico moderno del género y un antes y un después para el mismo. Un conjunto vibrante y festivo, sin pretensiones, contundente y de ritmo imparable. Un filme de entorno y ambientes cínicos y en el que no puedes dejar de gritar y aplaudir frente a tales "mandobles" y "tullinas" de la mano de un protagonista tan competente como Iko Uwais. El trabajo de montaje y de cámara es impoluto sabiendo crear una tensión insoportable con los mínimos elementos, otorgando, además, un prisma diferente a las escenas de acción sumándole una violencia dolorosa y seca. Una fiesta de película.

El filme tuvo una secuela igual de extraordinaria en 2014 y en donde se quiso dar una mayor profundidad a los personajes y el mundo por el que se mueven. A pesar de los rumores de una tercera parte ésta se encuentra continuamente retrasada, lo cual me hace dudar de que llegue a hacerse algún día. Si bien, no nos preocupemos, porque tenemos a directores como Timo Tjahjanto que han cogido el relevo de Evans siguiendo el mismo estilo de acción con la muy entretenida Headshot (2016) o la espectacular The night comes for us (2018).

jueves, 29 de octubre de 2020

MYSTICS IN BALI (1981)


El cine de terror oriental destaca por su capacidad de sorpresa beneficiándose por utilizar toda una serie de leyendas y folklore tradicional de carácter local que a nosotros nos resulta inédito y desconocido. Empezando por la mujer fantasma y vengativa de los cuentos tradicionales de horror japoneses y que impresionaron al público de todo el mundo con su culminación como personaje en The Ring (1998). Similar apreciación se puede encontrar en el cine de terror de Indonesia y más concretamente en el bizarro subgénero de las cabezas voladoras. 

Mystics in Bali (1981) o Leák, supone uno de los primeros éxitos internacionales del horror indonesio. Hasta entonces el cine del país, aún contando con presencia de cine de género, estaba fuertemente influenciado por Bollywood por lo que era común encontrarse con musicales o romances más grandes que la vida. Con Mystics in Bali se quiso aprovechar el éxito que por aquel entonces estaba teniendo en Tailandia el cine de terror de cabezas voladoras además de echar mano de una leyenda tradicional envuelto de magia negra en el que una criatura en forma de cabeza de mujer (con sus órganos colgando) se dedicaba a asaltar por la noche a mujeres embarazadas para alimentarse de su sangre y succionar el feto de su interior. Terrorífico. Este folklore es recogido por el film con resultados muy locos. Mystics in Bali está dirigido por H. Tjut Djalil, quien acostumbraba a imbuir en sus films de una estética más occidental tanto en el cast como en el estilo narrativo de la película. Djalil también es el perpetrador de esa genialidad llamada Lady Terminator (1989). 

Mystics in Bali está basada a su vez en una novela de Putra Mada y cuenta la historia de una mujer americana llamada Cathy, quien tiene un novio indonesio, y que además se muestra muy interesada en todos los misterios de la magia negra de Bali, una de las islas que pertenecen a Indonesia. Cathy comienza a investigar sobre "Leák", la magia negra más potente del lugar pero su curiosidad la acabará por afectar con terroríficos resultados. Una vieja "chamana" la convierte en una cabeza voladora que devora fetos por las noches. Este plan vacacional no se lo esperaba.

Hay que echarle morro al asunto.
Como apuntaba, el film tiene cierto estilo occidental aún estar basado en elementos muy localistas. La pareja protagonista, por ejemplo. Cathy está interpretada por Ilona Agathe Bastian, una muchacha con más bien nula experiencia en el cine. Y es que Bastian no era más que una turista alemana que fue convencida por el director de casting de la película para participar en ella. Bonita historia. Su partenaire masculino es Yos Santo, actor indonesio pero con ciertos rasgos algo más occidentales y que lo pudimos ver en films como The Devil's Sword (1984) o The Warrior and the Blind Swordsman (1983). Mystics in Bali funciona como experiencia alucinógena, oscura y especialmente bizarra por su uso del terror entre otros elementos inesperados. Esa criatura tan extraña, esa cabeza femenina (con sus intestinos y demás órganos internos "colganderos") provoca momentos inolvidables por su desvergüenza a la hora de mostrar "al bicho" como también por sus efectos especiales. Resulta realmente perturbador momentos como esa visita nocturna de la cabeza voladora a una cabaña donde reposa una mujer embarazada y es atacada siendo succionado su feto. El film, además, resulta todo un muestrario de magia negra con una anciana bruja que protagoniza enfrentamientos mágicos con rayos y luces de colores. Los momentos extraños no dejan de asaltar nuestros ojos ya desde esos créditos iniciales con la bruja del film bailando de forma maniáca frente al espectador con una música del diablo hasta llegar a esa bizarra pero cruda transformación en un cerdo. Súmale los enfrentamientos mágicos entre los personajes y que acaban por coronar todos estos momentos sorprendentes para la vista. Todo está derivado, sin duda, del folklore indonesio pero resulta realmente sorprendente y perturbador para ojos occidentales por lo inédito del asunto.
La pizpireta Cathy está muy interesada en la magia negra local.

Su encuentro con una "chamán" la cambiará para siempre.

Tanto que la convierte en una cabeza voladora vampírica. ¿A que no lo esperabais?

Le succiona el feto a una pueblerina embarazada. Creo que le dejará mal sabor de boca a Cathy por la mañana.

Más momentos alucinógenos. Transformaciones animales.

Y enfrentamientos mágicos.

Mystics in Bali ofrece un envoltorio de paupérrima factura técnica y visual pero hay que valorarle ciertos detalles. Su visionado te embarga de una sensación inquietante, oscura y bizarra por los elementos antes mencionados derivado de las criaturas y los sortilegios de magia negra presentados. Pese a estos elementos llamativos, el ritmo y montaje del film no ayuda a que el espectador aguante el sueño siendo algo difícil llegar hasta el final con el mismo interés. Podemos destacar la banda sonora de Gatot Sudarto siendo ésta muy atmosférica y que ayuda a meterse en el terreno fantasmagórico del film. 

Un film curioso que gozó de éxito en su país, abriendo una beda para el género de horror en Indonesia además de cierta apertura internacional como es el caso de Estados Unidos. Las películas de cabezas voladoras siguieron invadiendo los cines del país en los años venideros teniendo ejemplos como The Witch with Flying Head (1982). Un género la mar de curioso por sus características. Al parecer, existe una versión extendida de 2 horas de Mystics in Bali (siendo la versión llegada a los cines de unos 80 minutos), aunque no he encontrado muchos datos al respecto.

miércoles, 21 de octubre de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2020 (4/4)

Como nos enseñó el Festival de Sitges en 2016 con su maravillosa retrospectiva sobre la ciencia ficción rusa, la Guerra Fría entre EEUU y la Unión Soviética no se detuvo en la estrategia militar, nuclear y espacial sino que afectó al cine demostrando una cinematografía dedicada a la ciencia ficción la mar de interesante como Planeta Bur (1962). Estos últimos años parece haber una revitalización del género con un nivel de producción y aspiraciones que rivalizan con lo visto en Hollywood. Sputnik (2020) viene a ser un ejemplo del estado de salud del género en Rusia.

El film sigue al único superviviente de un enigmático incidente de una nave espacial. ¿El problema? No ha regresado solo a casa, escondiéndose dentro de su cuerpo una criatura peligrosa.

Sputnik (2020) es un film a tener en cuenta ya que demuestra muchos aciertos. Una primera mitad atmosférica y sumamente interesante que plantea un tema manido como es el de la criatura extraterrestre que se alberga en el interior de un astronauta pero visto desde un pisto de vista científico, psicológico y genético. Una primera mitad que explota estas posibilidades a la perfección además de mostrar un pulso narrativo impecable, buenas interpretaciones amen de una banda sonora atronadora. El nivel de producción es excelente mostrando a una criatura alienígena que si bien no despertó emociones en mi a nivel de diseño si que me pareció de cierta entidad. La lástima con Sputnik es que el film alarga en demasía el chicle durante su segunda mitad de metraje, estirando las relaciones entre los personajes y las idas y venidas de la criatura en demasía encontrando, ahora si, algunos tramos ya manidos con la criatura causando estragos entre los soldados en túneles oscuros con sangrientos resultados. Su conclusión, aunque acertada, no consigue emocionar, no obstante nos encontramos con un film de ciencia ficción con "bicho" más que interesante pero que no acaba por rematar eficientemente sus sanas aspiraciones. Se hubiera agradecido concentrar mejor su duración. En cierta manera, Sputnik me recordó a otro reciente film de sci fi como es la muy notable Life (2017), en el sentido de proponer una historia muy manida pero añadiéndole una vuelta más seria y científica. Pero donde Life (2017) triunfaba con su aparente sencillez, Sputnik naufraga parcialmente en sus pretensiones, aunque bien valen un visionado.


La epidemia del coronavirus ha hecho que el mundo de las artes piense formas alternativas de expresión. A algunos, el confinamiento les ha hecho agudizar el ingenio tal y como demuestra Host (2020), una de las sensaciones del género de terror del presente año. Un experimento más que curioso y que funciona a la perfección proponiendo un ejercicio cinematográfico que utiliza los mínimos elementos: nada más y nada menos que una conversación a través de Zoom entre un grupo de amigos donde los fantasmas camparán a sus anchas.

Host cuenta la historia de seis amigos que realizan una sesión espiritista por Zoom durante la cuarentena, lo que les lleva a vivir una serie de aterradoras experiencias. Cuando un espíritu maligno invade sus casas, comienzan a preguntarse qué es lo que pueden hacer para sobrevivir a la noche.

Host viene dirigida por el inglés Rob Savage y sabe utilizar sus limitadas herramientas a la perfección. Tiene su guasa plantear realizar una Ouija a través de Zoom y Savage consigue crear auténtico terror con lo mínimo gracias a un estupendo uso de los silencios, el fuera de campo o la propia interfaz de la aplicación de Zoom. Un film que con solo 55 minutos sabe crear una atmósfera de pánico que va in crescendo hasta la previsible desgracia mortal que sufren los protagonistas. A pesar del buen nivel general, Host utiliza algunos elementos bastante sobados del found footage a la hora de dar los sustos o las apariciones fantasmales. Planteamientos bastante manidos en ejemplos como podría ser la saga Paranormal Activity. Aún así, el film es una experiencia que pasado el tiempo quizás se vea como algo único y perteneciente a este extraño 2020 pero sin ninguna duda estamos hablando de uno de los ejercicios de terror más destacables del presente año.


Tal y como estamos presenciando en esta edición, Indonesia viene fuerte en materia de cine de terror siendo un país de fuerte tradición en el género y así lo atestiguan las docenas de cintas que asaltan sus cines cada año aunque es una lástima que aquí nos lleguen cuatro películas contadas. No obstante, hay que reconocer el excelente estado de salud del género en el país estos últimos años y así lo vemos en films como May the Devil Take you (2018) (con su secuela lista para verla próximamente), The Queen of Black Magic (2019) o la presente Impetigore (2019), otra lección impoluta de saber crear atmósfera y mal rollo.

En el film, Maya y su mejor amiga Dini tratan de sobrevivir en la ciudad sin tener una familia. Un día, Maya descubre que es posible que haya heredado una gran fortuna de sus antepasados, por lo que decide regresar a su pueblo natal junto a su única amiga. Sin embargo, un peligro aterrador les espera allí a ambas.

Impetigore (2019), o Perempuan Tanah Jahanam, es la nueva película del especializado en el género Joko Anwar y es un film que te engancha desde el minuto 1 con una apertura de infarto. El ataque en el peaje de la autopista a Maya, nuestra protagonista, debería ser un ejemplo a seguir de cómo saber crear suspense y terror con los mínimos elementos. Un arranque fulgurante y que parece no bajar el ritmo a medida que avanza el metraje cuando tanto Maya como su mejor (y "pesadika") amiga, Dini, viajan a su pueblo natal en busca de una posible herencia en forma de mansión. Anwar va dejando pequeños elementos que van aumentando nuestra incomodidad: el descubrimiento en la pierna de Maya de un pequeño pergamino alojado en una herida, ese poblado alejado de todo sin presencia de niños, muertes extrañas... Impetigore resulta un film muy entretenido que sabe crear ambiente y mal rollo utilizando las tradiciones locales en materia de espiritualidad y magia como fuente de inspiración. La lástima es que se va denotando que va perdiendo fuelle a partir del último tercio del film y me parece que Anwar no sabe cerrar sus planteamientos a la altura habiendo demasiadas explicaciones y flashbacks excesivos finiquitando el film en una exagerada demostración de hemoglobina. Pese a todo, un muy destacable film de terror que nos demuestra a Indonesia como un país muy a tener en cuenta en materia de horror.


El género slasher siempre es disfrutable de cara al fan del horror desde los tiempos de Halloween y Viernes 13 pero no nos engañemos, es un género que siempre le ha costado ofrecer historias y situaciones nuevas que se alejen de los tópicos habituales (The Final Girls es toda una sorpresa, en ese sentido). El inmovilismo del slasher es una desventaja aunque salvado por directores amantes del género que ayudan a darle una vuelta a lo mismo o a hacerla mínimamente disfrutable. 

Open 24 Hours (2018) ofrece un punto de partida muy interesante amen de un escenario atrayente como son esas estaciones de servicio perdidas en medio de la nada pero dichas esperanzas van naufragando en el sopor más absoluto. El film sigue a Mary, quien acaba de salir de un hospital psiquiátrico en el que fue internada tras prender fuego a su novio, un psicópata, que la obligaba a mirar cómo asesinaba a sus víctimas. Al poco de empezar a trabajar en una gasolinera remota, las personas empiezan a morir alrededor de la joven, y su ex reaparece. Pero, ¿está realmente allí o se trata del delirio de la protagonista?

Open 24 Hours (2018) ofrece una buena factura visual y unos primeros compases misteriosos e inquietantes. Las alucinaciones de Mary, esos asesinatos cuasi fantasmales, la presencia de su ex-novio psicópata, la lluvia torrencial en la gasolinera... La historia suelta elementos que aumentan el misterio y el suspense pero dichas expectativas van cayendo cual castillo de naipes a medida que avanza el metraje encontrándonos con la misma historia de siempre aunque con unas pretensiones fallidas y un poco atrevimiento por parte del director. Una protagonista que de un momento a otro deja de tener alucinaciones, personajes que van y vienen, un psicópata de poca entidad y un ritmo que te va introduciendo en un agradable sueño. Open 24 Hours no cambiará en absoluto la historia del slasher siendo un film que se las quiere dar de listo pero fracasa estrepitosamente.


Hace dos años, el incansable Timo Tjahjanto (The night comes for us, Headshot...) realizó un film tan divertido como May the devil take you (2018), llegado de Indonesia y donde se explotaba el folklore popular en base a las maldiciones y las posesiones con un poquito de la mala baba y festividad gore de la trilogía Evil Dead de Sam Raimi. Ahora, Tjahjanto nos vuelve a querer aterrorizar con May the devil take you too (o 2), una secuela más grande, más sangrienta y más ruidosa.

Dos años después de escapar del demonio, Alfie y Nara tratan de rehacer sus vidas. Pero la primera sigue atormentada por la culpa y sufre visiones extrañas. En realidad, el tormento está muy lejos de haber terminado, ya que una entidad ávida de almas acecha todos sus pasos.

May the devil take you 2 (2020) nos lleva a un nuevo emplazamiento (un orfanato con un pasado que me recordó a The Queen of Black Magic) con un nuevo despertar maléfico cerniéndose sobre los personajes y a la pobre Alfie, la cual el mal no deja de perseguirle. El film es una montaña rusa. Una fiesta de puro Sitges con seres extraños, sangre y sustos apareciendo casi desde el minuto 1. Timo sabe mantener un buen ritmo durante todo el metraje logrando en ciertos momentos crear cierto malestar aunque la mayor parte del film se entregue al disfrute sanguinolento. Muchas posesiones, muchos gritos y mucha sangre con una influencia de Evil Dead bastante más clara que su antecesora con un tramo final ya desopilante en el que entra en terrenos de la fantasía. A pesar del abuso de jump scares facilones, algunas apariciones fantasmales que no me acabaron de convencer en su diseño "carnavalesco" y sus malas interpretaciones (Alfie, interpretada por Chelsea Islan, es un ejemplo) si que es una cinta la mar de divertida y disfrutable de cara al fan. ¿Habrá tercera parte? 

Sin duda, una de las triunfantes de este Festival de Sitges ha sido el cine de terror llegado de Indonesia demostrando un nivel de calidad muy notable en todo lo que hemos podido ver. Y hasta aquí la edición más extraña de este Festival de Sitges. Una edición para la cual hay que quitarse el sombrero a nivel organizativo. Se han tomado todas las máximas precauciones tanto fuera como dentro de la sala y no me queda más que aplaudir el trabajo de todo el equipo del Festival. Desgraciadamente mi presencia en Sitges ha tenido que ser más corta de lo pensado debido a una tragedia familiar que ha hecho tener que dejar mis visionados. El año que viene volveremos más fuertes y orientales que nunca. ¡Un saludo!

viernes, 16 de octubre de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2020 (2/4)

A veces el cine no es tan glamouroso como nos lo pintan. Este Festival de Sitges me está haciendo sacar mi instinto de supervivencia. Mi alimentación está siendo bastante ajustada en cantidad debido a los horarios de las proyecciones (algún plátano de canarias o panecillos de queso amen de unas bolas de coco caseras cocinadas por mi señora esposa) y al haber overbooking en el piso de mi amigo en Sitges estoy durmiendo en un sofá con un perro a mis pies. El glamour del acreditado. Unos días inolvidables por otra parte. Similar situación parecieron vivir los protagonistas del documental Spaceship earth (2020), muestra de que a veces la realidad supera a la ficción.

El documental cuenta el experimento que se realizó en 1991, cuando un grupo de visionarios contraculturales construyó una enorme réplica del ecosistema terrario llamado "Biosphere 2". Cuando ocho científicos se encerraron dentro de él para vivir allí, se enfrentaron a diversas calamidades ecológicas, así como a acusaciones de tratarse de una secta. 

Spaceship earth cuenta una historia increíble pero cierta y para ello retrocede hasta finales de los 60 para contar el origen de este grupo de variopintos personajes artistas/medioambientalistas/actores teatrales y cómo, con su peculiar forma de ver el mundo y bajo el mando de un personaje fascinante como John Allen fueron creciendo y viajando por el mundo hasta llegar a ser conscientes del peligro que suponía el cambio climático en el planeta. Las imágenes mostradas de la época son interesantes especialmente cuando las 8 personas elegidas en el experimento se introducen en "Biosphere 2" durante dos años y sufren el cautiverio de la peor manera. Claro, supongo que cultivar hierbas y frutos durante unas semanas puede estar bien pero alimentarse de remolacha durante dos años puede hartar hasta al vegano más duro. 


El problema con Spaceship earth es que aún a pesar de lo interesante que es lo que se está contando, el metraje del film es excesivamente largo (unas 2 horazas) y el ritmo algo lento por lo que es todo un inconveniente de cara a enfrentarse a su visionado. Ofrece elementos muy interesantes como es la influencia cuasi mesiánica de John Allen, el líder del movimiento, el cual influenciaba sobremanera sobre las vidas de los que estaban a su alrededor. Un elemento que hace ver a este grupo de artistas casi como de si una secta se tratara sumado a los rumores de fraude económico del proyecto y la lucha empresarial que me hicieron levantar el interés. Spaceship earth cuenta una historia muy curiosa (increíble pero cierta) pero, a mi parecer, creo que no necesitaba dos horas bien largas para contarla. Se queda en un documental curiosillo para aficionados a la ciencia climática y los realities.


Malnazidos (2020) parte de la ventaja de presentar un tema bastante inédito en España como es de los zombies (desde una óptica claramente mainstream) sumado a ambientar la historia en plena Guerra Civil Española. Todo un atrevimiento, de espíritu cómic y que sus realizadores solventan con un sentido de la diversión contagioso.

Durante la Guerra Civil Española, meses de sangrientos combates han dejado tras de sí miles de muertos en las trincheras. Jan Lozano, capitán de la quinta brigada, cae prisionero. La única posibilidad de escapar a la sentencia de muerte es hacer frente a una misión imposible en campo enemigo. Pero un peligro mayor del esperado obligará a los bandos rivales a unirse contra un nuevo y desconocido adversario. Tendrán que dejar de lado el odio mutuo y así evitar convertirse en infectados.

Malnazidos mezcla los sangrientos eventos del enfrentamiento entre nacionales y republicanos con nazis, zombies y chistes a mansalva. Una mezcla que resulta muy efectiva y atrevida, especialmente en presentar como el anti-héroe a un capitán del bando nacional (un Miki Esparbé estupendo). El primer tramo resulta en ese sentido con mucho ritmo, los zombies no pierden el tiempo en aparecer (su caracterización si que me pareció algo floja, ni unas lentillas blancas les pusieron a los muertos vivientes dando un efecto algo risible). Las escenas de acción están bien rodadas con un nivel de sangre PG+13 que no hiere sensibilidades. Si que noté que a mitad del film la historia se encalla y su humor resulta algo repetitivo o forzado pero está solucionado con un clímax final muy conseguido. El reparto, en general, está estupendo destacando a Luis Callejo, Jesús Carroza o Aura Garrido. Malnazidos dista de ser una gran obra pero es una buena muestra de diversión desprejuiciada, desprovista de seriedad y realizada con cariño hacia el género por parte de sus realizadores. Un ejercicio de género orgulloso de serlo y muy necesitado en el panorama nacional. Muy entretenida.


Esta edición del festival se le rinde homenaje al maestro Bruce Lee en el 80 aniversario de su nacimiento. Por ello, en la sala Brigadoon, podremos disfrutar (o sufrir) 7 Bruceplotation con los clones de Bruce Lee dando guerra. Como colofón, nos llega al festival un nuevo documental sobre la figura del astro cuyo título nos recordará a cierto anuncio de coches. Be Water (2020) repasa la vida de Bruce desde su nacimiento en San Francisco, su infancia en Hong Kong, su regreso a los EEUU con 18 años, decepciones, fracasos y duros retos hasta regresar una vez más a Hong Kong triunfando con las cuatro películas que lo convirtieron en una leyenda.

Be water no cuenta nada nuevo a aquellos fans de la estrella respecto a otros documentales similares. Si bien, el film de Bao Nguyen destaca técnicamente por méritos propios con un estilo que evita las entrevistas tradicionales y el festival de caras hablando a cámara para centrarse en el material de archivo y las voces de los protagonistas explicando la historia en off. En ese sentido se remarca (a veces hasta la extenuación) el racismo que vivió Bruce en su adolescencia una vez se asentó en los EEUU durante los 60 además de remarcar la importancia histórica de Lee como estrella oriental y faro a seguir para las demás etnias que no habían tenido su espacio en Hollywood en unos años (finales de los 60) movidos en materia de reivindicaciones raciales. Bruce fue la primera estrella oriental y su avenimiento fue tomado por todos los marginados que se identificaron con la leyenda. Be Water no cuenta nada nuevo y ofrece una versión bastante blanqueada de la estrella, casi como de santo. No hay ni una referencia al consumo de marihuana de Lee para aplacar sus dolores físicos (recetado por su doctor), ni sus infidelidades como es el caso de Betty Ting Pei. El documental está en su mayor parte narrado por la esposa y la hija de Lee por lo que se puede entender que no quieran meterse según en que jardines. ¿Y ese diario de Lee proveniente de los años 60 y narrado por su hija? Tras 45 años con los productores abusando sin ninguna vergüenza de la figura de Bruce no se si tomarme estos escritos a verdad o farsa. Pese a todo, Be Water es un documental imprescindible para entender la figura de Bruce Lee y para disfrutar una vez más (y en calidad HD suprema) del brutal carisma que destilaba por todos sus poros. Una figura inigualable en la historia del cine y de la vida en general. 



SpiritWalker viene a representar la poca presencia de cine coreano en Sitges. Parece que las plataformas de streaming se lo están poniendo difícil a los festivales de cine, ya que se están quedando con la mayoría de estrenos interesantes, aunque siempre hay tela que cortar, por supuesto.

SpiritWalker es una coctelera de ciencia ficción con thriller que aún no apasionarme si que me ha parecido tremendamente disfrutable. El argumento del film se resumiría tal que así: Cada doce horas, un hombre despierta en el cuerpo de una persona distinta, sin saber dónde se encuentra e incapaz de recordar quién era originalmente. Este espíritu errante empieza entonces una búsqueda desesperada de la propia identidad, donde todo le resulta extraño, incluida la misteriosa mujer que afirma reconocerle, y la organización secreta que ha empezado a perseguirlo.

SpiritWalker funciona a la perfección con una historia que es un engranaje perfecto de misterio con toque sci-fi y acción al estilo coreano: con litros de sangre. El film logra mantener tu atención en buena parte del metraje (salvo algún momento en su tercio final) gracias al misterio creciente de su trama y que nos hace acompañar a su protagonista a la búsqueda de su identidad. Siguiendo la tradición coreana, el film nos relaja con algún toque de humor que no desentona en el conjunto. Buena factura visual para una historia sorprendente y poco vista y que nos sorprende con algunas excelentes escenas de acción bastante físicas. SpiritWalker se queda en una notable muestra de thriller coreano imaginativo y original que no inventa la pólvora pero supone un buen entretenimiento de calidad.



Durante los años 70 y 80 hubo una bonita corriente cinematográfica en varios países asiáticos como Hong Kong o Indonesia, de cine de terror basado en la magia negra y el folklore local que atiborraron los cines de maldiciones, batalles entre monjes y escenas de horror desagradables con mucho gore e insectos de todo tipo. Clásicos como Centipede Horror de 1982 (con sus irrepetibles y disgusting escenas con ciempiés reales) o Black Magic (1975) son ejemplos de ello. Indonesia es un país con fuerte tradición en el género alimentado por sus peculiares tradiciones locales en materia espiritual y mágica. The Queen of Black Magic (2019) es un remake de un film (desconocido para mí, hasta ahora) de mismo título realizado en 1979 y sirve tanto como homenaje a su precedente como a todo el género de magia negra antes mencionado. 

En el film, Hanif lleva a su esposa y a sus tres hijos al orfanato donde creció. A la noche, los visitantes irán cayendo, víctimas de la magia negra y sin opción a escapar. A Hanif no le quedará más remedio que enfrentarse a sus recuerdos reprimidos si quiere salvar a sus hijos.

Kimo Stamboel (habitual del género de horror o de artes marciales como podemos ver en Headshot junto a Timo Tjahjanto) dirige esta cinta de puro horror que está muy cerca de convertirse en un futuro clásico. Es de alabar la capacidad del film de crear una buena atmósfera de terror y misterio, agarrándote del cuello y llevándote al puro infierno. Con una dirección y elección de planos eléctrica y sugerente, un horror que se va cociendo a fuego lento, una criatura fantasmal para crear pesadillas... The Queen of Black Magic (2019) es muy notable como ejercicio de género. La ambientación en ese orfanato con un pasado terrorífico donde todos los personajes parecen esconder algo. La utilización de las cintas VHS con grabaciones del pasado del orfanato es un acierto sumado a las excelentes explosiones de violencia y ataques que sufren los personajes y que van creciendo en intensidad hasta llegar a un tramo final de puro horror y de locura. La película iba tan y tan enchufada que no pude más que decepcionarme en la resolución final de los hechos. Una solución al asunto facilona e increíble tras presenciar todo lo que habíamos visto hasta el momento. Un final que a mi parecer impide convertir a The Queen of Black Magic (2019) en un clásico incontestable para acabar siendo una muestra bastante notable de magia negra, fantasmas y sangre. Lástima que los ciempiés no fuesen de verdad como en los films de los 80...



jueves, 21 de mayo de 2020

THE NIGHT COMES FOR US (2018)


La dúpla de films de The Raid causaron toda una revolución en 2011 y 2014, respectivamente. Desde Indonesia, el inglés Gareth Evans creó una de las obras definitivas del cine de acción mostrando un ritmo desenfrenado, una violencia descarnada y unas luchas de artes marciales que quitaban el hipo. Dando tullinas teníamos a Iko Uwais quien volvió a demostrar su técnica marcial en la notable Headshot (2016) dirigida por Timo Tjahjanto. Tjahjanto, procedía del género de terror más “disgusting” como demuestran la brutal Macabre (2009) o el inolvidable segmento "Safe Heaven" de VHS 2 (2013) que realizó junto a Gareth Evans. Headshot (2016) era un producto palomitero para los fans del género, un film que pese a su carácter ligero te lo hacía pasar pipa. Los espectadores no estaban preparados para el avenimiento de algo como The Night Comes For Us (2018). Tjahjanto se superaba a sí mismo con esta auténtica burrada que empezó a crear entusiasmo en todos los festivales cinematográficos por los que se proyectaba.
The Night Comes For Us (2018) cuenta la historia de Ito, un hombre que trabajaba para la mafia, el cuál tendrá que proteger a una niña y escapar de su anterior banda criminal, en una violenta batalla en las calles de Jakarta.
Desde aquí no tenemos más que aplaudir a Netflix, en primer lugar por producir el film y en segundo lugar por permitirle total libertad a Timo para hacer todas las burradas que quisiera. The Night Comes For Us (2018) es un consuelo para el aficionado mientras espera la llegada (cada vez más imposible) de The Raid 3. El film recoge la herencia del film de Gareth Evans pero convirtiendo los momentos de acción en explosiones salvajes y abrumadamente gore. Nuestro protagonista, Ito, está interpretado por Joe Taslim, quien ya pudimos verle repartir en el primer The Raid aunque como secundario, soportando esta vez sobre sus hombros el peso protagónico de la trama. Que su personaje sea perseguido por su anterior banda criminal es la excusa perfecta para que arranque una sucesión espectacular de secuencias de acción.
Los primeros 50 minutos, en ese sentido son impecables y te quitan el aliento con una predilección por las set pieces de acción en diferentes escenarios y de forma paralela. Nuestro Iko Uwais repite y se agradece que se le relegue a un tipo de personaje diferente siendo en esta ocasión el villano de la función. Tras dejarnos con la boca abierta en The Raid 2, Julie Stelle también regresa para volver a hacernos una demostración de mandobles bien dados.
Una niña es la única superviviente de un poblado

Ito decide salvarla traicionando a su banda.

Lo que provocará una persecución sin tregua.

Arian, antiguo amigo de Ito, ahora se ha cambiado de bando.

Las tullinas no se harán esperar

Ito lo dará todo en la batalla final.
Como menciono, The Night Comes For Us destaca como expresión gore de la acción, un filtro masoquista que multiplica por 10 la violencia intrínseca de las secuencias de artes marciales de The Raid. En ese sentido, los momentos de acción son impecables, salvajes y no dan ni un minuto de respiro con una sucesión de momentos inolvidables de principio a fin y que no deja de superarse minuto a minuto. Desde la pelea en el matadero hasta esa salvaje y cartoon lucha final entre Uwais y Taslim. Desgraciadamente, el film parece querer encontrar un punto medio entre la historia directa y mínima del primer The Raid y las pretensiones más amplias y profundas de su secuela quedando su historia a medio camino de ello y encontrándose con algún bajón de ritmo especialmente en el meridiano del metraje. Quien más sufre la dejadez de la historia es el personaje de Julie Stelle, sintiéndose su presencia algo gratuita ya que no sabemos muy bien sus intenciones dándote la impresión que es únicamente una excusa para tener un personaje más para repartir hostias a los malos. Y es una lástima porque es un personaje que podría dar para su propia película.

The Night Comes For Us (2018), pese a todo, es la culminación del género, una obra que logra aglutinar el silat (las artes marciales indonesas), el cine de acción de Hong Kong, las artes marciales chinas y el gore cartoon de La historia de Ricky (1991). Un premio de consolación para el que esté esperando más The Raid. De obligado visionado para los amantes de las tullinas sin complejos, del gore salvaje y de la acción desenfrenada. Pude ver el presente film en el Festival de Sitges 2018 y la sesión en la Sala Tramuntana fue un festival de gritos y aplausos inolvidable. Puro Sitges. Podéis leer la crónica aquí.

jueves, 27 de febrero de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2016 (4/4)

La moda de los mockumentary parece que no cesa, para qué engañarnos. Es un género la mar de económico de realizar para directores con pocos recursos pero son un tipo de películas con numerosas limitaciones. REC (2007), Troll Hunter (2011), Cloverfield (2008) o Paranormal Activity (2007) son buenos ejemplos de cómo enfrentarse a la cámara en mano con buen hacer, e incluso propuestas tan delirantes y marcianas como The dinosaur project (2012) me hicieron especial gracia.

"Operation Avalanche" mezcla el concepto del falso documental con la leyenda urbana de que la llegada del hombre a la luna fue un montaje. Estamos en 1967, y la Guerra Fría está caliente, con la carrera espacial como punta de lanza. La CIA cree que un espía ruso se ha infiltrado en la NASA para sabotear el programa Apollo, y tienen la “brillante” idea de mandar a unos agentes del departamento de audiovisual para que se hagan pasar por documentalistas y desenmascaren al topo.
Personalmente siento pasión por las teorías conspiratorias, desde que el gobierno esconde la existencia de extraterrestres, que bajo el Vaticano hay un sótano enorme con esqueletos de humanoides gigantes o que el 11-S fue un montaje. Operation Avalanche se centra durante 90 minutos en la creación y desarrollo del montaje de la llegada del hombre a la Luna, y si bien es una vuelta de tuerca interesante, es algo insuficiente para un film de hora y media.
El metraje se va haciendo largo y vas descubriendo que no hay mucho más que contar, nada más que seguir a unos personajes más o menos anodinos y ver como graban la citada farsa para luego escapar de agentes de la CIA que los quieren ver muertos. Hacía falta una vuelta de tuerca en el guión de esta producción o quizás la presencia de algún alienígena, pero esto ya es a gusto personal.

Operation Avalanche es una propuesta interesante, que retrata bastante bien el clima social y de paranoia de finales de los 60, pero resulta en conjunto un producto soso e insuficiente, aunque pasable.

Salgo de la sesión en la sala Tramuntana a eso de la 1 de la mañana. Llueve, así que abro mi paraguas y empiezo a caminar bordeando la entrada del Auditori Melià. Me cruzo con dos orientales de mediana edad. Un chico y una chica. A los dos les cubre un enorme paraguas. Me bajo de la acera para dejarles pasar y la chica me sonríe y me saluda. Le devuelvo el saludo y continuo mi camino no sin pensar en lo mucho que me suena esa cara. Una milésima de segundo después caigo en la cuenta. ¡¡¡Esa chica era Doona Bae!!! Bae presentaba esos días en el festival el film Tunnel. Me giro de golpe al caer en la cuenta y la observo como su figura se va alejando bajo la lluvia, en dirección al hotel Melià junto a su acompañante. La magia de Sitges.


Puede gustar más o menos, pero en cierta manera Nicolas Winding Refn es un director con un estilo muy claro que se aparta de lo que se va haciendo actualmente, y se agradece que sus films siempre originen encarnizados debates entre fans.
Personalmente no me desagradó Drive (2011), aunque opino que es un film muy sobrevalorado y aún no he tenido el gusto (o no) de ver Solo Dios perdona (2013). A Sitges nos llegó "The neon demon" , esta vez adentrándose en los inquietantes mundos de los desfiles de moda repletos de superficialidad y "estrellitas", que no dudan en pasar por encima de quien sea sólo por conseguir triunfar.
En el film, Jesse es una chica que llega a Los Angeles, California, para hacer su sueño realidad: convertirse en supermodelo. Pero su juventud y belleza despertarán al demonio, y se verá atrapada en un peligroso mundo de envidias y celos en el que las modelos están dispuestas a todo para triunfar.
"The Neon Demon" es un film que inicialmente se sigue con interés, como la llegada de la pura, virginal y bella Jesse, y como sus atributos físicos le hacen destacar por encima del resto. Pero vemos que hay cosas que poco a poco van fallando.
El estilo tan característico del director, tan deudor de Mario Bava y Dario Argento con diferentes y bien marcados colores (el rojo, el azul) en pantalla, la cámara lenta y demás efectos de videoclip, en "The neon demon" no son efectos fallidos, pero si bien inicialmente te sientes atrapado y subyugado por estas imágenes de indudable fuerza y belleza, al final te preguntas si éste montaje va a llevarte hacia algún lado de la historia, cosa que finalmente no hace y va quedando como algo muy gratuito.

Lo mismo se puede decir de su violencia de chiste e injustificada. Soy de la opinión de que los momentos disgusting que suceden al final de la pieza están algo fuera de lugar, y si el director quería mostrar la locura del mundo de las modelos con estas muestras surrealistas de gore, no hace más que sacarme de la película (lo mismo me pasa con el momento necrófilo).
Los personajes en general son bastante planos a excepción de Elle Fanning, quien hace una más que estupenda interpretación. Sin duda la película es ella. Me pareció de chiste el personaje de Keanu Reeves, sin ningún peso concreto en la trama y que tan pronto aparece, desaparece.
Pese a todo, se trata de un film con una trama interesante pero mal conducida y que como es habitual en el director, producirá tanto pasiones como odios.


Dentro del apabullante e interminable mundo del Adult Video japonés existe un género que despierta
en mí multitud de sentimientos: confusión, incredulidad, emoción, morbo...
Los films porno japoneses, en donde heroínas disfrazadas cual Ultra-girls (o sin disfrazar, para lo poco que dura la ropa da lo mismo) son atacadas sexualmente por una criatura tentacular, son tan desconcertantes que mis ojos curtidos en toda clase de locuras bizarras no pueden creer lo que ven.
Podemos citar el muy rescatable, atrevido y notable film anime "Urotsukidoji: la leyenda del señor del mal" (1989) como piedra angular e inicial en esta ferviente y enfermiza pasión japonesa por estos extraños films.
Bien, después de esta clase de historia del cine underground más extremo, ya estamos más preparados para enfrentarnos a "La región salvaje", el nuevo film del provocador director mexicano Amat Escalante.
En el film, Alejandra es una joven madre y ama de casa que cría a sus hijos junto a su marido Ángel en una pequeña ciudad de México. Su hermano Fabián es enfermero en un hospital local. Sus vidas provincianas serán alteradas con la llegada de la misteriosa Verónica, quien les convence de que en el bosque cercano, en una cabaña aislada, existe algo que no es de este mundo, pero que es la respuesta a todos sus problemas.
El film utiliza una premisa de temática fantástica secundaria (o más bien terciaria), para contar una historia de carácter social y que sirve de contrapunto emocional a los personajes. Esta historia de insatisfacciones vitales femeninas, con hombres que se acuestan entre sí pero que lo viven en total secreto e hipocresía, pretende ser un reflejo del México actual, con una sexualidad reprimida, donde se oculta la verdad emocional, las mujeres son esclavas de una vida enraizada en el hogar y con la supuesta obligatoriedad de cuidar a sus hijos.

Es en toda esta gran insatisfacción femenina donde entra en juego esta simpática criatura alienígena, bien cercana en diseño a un pulpo descomunal, y custodiada por una pareja de ancianos en una cabaña en medio de la nada. Un pulpo, al cuál le gusta utilizar sus tentáculos para poseer los cuerpos de las dos féminas del film, y ofrecerles jugosos y adictivos orgasmos que las libera de toda frustración y represión social (con los hombres, al parecer, no funciona porque los dos personajes masculinos que prueban al pulpo, aparecen muertos al día siguiente, si es que tampoco es tonta la criatura). 
El film es interesante por este contrapunto anteriormente expuesto, en el que mezcla lo social y lo fantástico, el problema es que la presencia tentacular en la historia es mínima, no es que sea secundario, es que es muy terciario y una propuesta tan singular en un film serio merecía llevar la historia a terrenos aún más explícitos y radicales, pero se queda a medio camino (una sola secuencia verdaderamente explícita, brillante, eso sí), mientras los minutos pasan ante nuestros ojos con una historia cuasi telefílmica de violencia en la pareja y homosexualidad reprimida.
Por esto mismo, no entiendo la fama de polémica y provocadora que está causando el paso de "La región salvaje" por diversos festivales. Podrá provocar y causar revuelos en Toronto o San Sebastián, pero en Sitges no nos la pegan. Pese a todo, es un film bien interesante y que merece toda nuestra atención; sin duda las magnéticas y misteriosas interpretaciones de Simone Bucio y Jazmín Ramos son motivo suficiente para acercarse al film (y el pulpo provoca-orgasmos por supuesto), pero los que busquen emociones más fuertes y radicales mejor que vuelvan a la saga Urotsukidoji o a las cloacas videofílmicas japonesas, donde reposa lo imposible.


Y nos adentramos en la recta final del festival yendo al visionado de lo nuevo de Johnnie To: Three. Johnnie To es sin duda uno de los directores más importantes dentro del cine de acción Hongkonés de estos últimos 20 años. "Three", su último trabajo, es un film que se contagia del cambio de registro ocurrido desde su anterior película, "Office"(2015), la cual sorprendía con una historia que mezclaba la comedia con el musical.
Los 88 minutos de "Three" transcurren durante una noche donde confluyen diversas historias en un hospital; un sospechoso detenido que se niega a declarar ante la policía, un hombre que afronta una operación crucial, un tipo que ha quedado malparado tras una operación, un jubilado con ganas de escapar por el hospital y una doctora que es testigo y partícipe de todas estas historias.
Un film que durante sus primeros 50 minutos podría pasar perfectamente por un episodio de lujo y violento de la serie Scrubs, por su ambientación puramente hospitalaria y por su diverso plantel de personajes, cada uno con una historia bien delimitada y que se viven en paralelo. Hasta que llega el esperado momento balístico marca de la casa y todo el escenario se pone patas arriba con un tiroteo de proporciones épicas con muertes por doquier.
La lástima de "Three" es que se ve muy descompensada. Toda su alargada parte inicial, hasta que podemos ver disparos, se sigue con marcado desinterés, aunque es de agradecer la manera en que To va colocando los personajes como piezas de un tablero de ajedrez, haciendo que la tensión vaya incrementándose cada vez más.

"Three" podría describirse como "la película del plano secuencia", porque contiene uno de una calidad abrumadora, filmado como una danza macabra de disparos y sangre digital. Pero la calidad innegable de este plano no justifica por sí misma la calidad de la película, que al finalizar te deja con la sensación de que tampoco era para tanto la amenaza gangsteril y salimos agradeciendo que la duración apenas supere los 88 minutos."Three" es un film curioso y medianamente entretenido, pero no sirve como ejemplo significativo de la carrera cinematográfica de un director único como es Johnnie To.

En 2011, "The Raid" supuso una revolución dentro del cine de acción y un soplo de aire fresco a las muy manidas películas "de hostias". "The raid" era salvaje, un frenesí de acción non stop con la sencilla premisa de un escuadrón de policías que entra en un edificio atestado de narcotraficantes y demás maleantes armados hasta los dientes. Las escenas de pelea eran de una calidad y salvajismo impecable e Iko Uwais se erigía como nuevo rey de las artes marciales. En 2014 llegó la secuela, "The Raid 2", con igual o aún superior calidad que su predecesora.
En Sitges nos ha llegado "Headshot", protagonizada de nuevo por Iko Uwais y con la promesa de, por lo menos, mantener las elevadas dosis de diversión y batallas gore de "The Raid".
En el film, un hombre despierta en un hospital, incapaz de recordar quién es. Poco a poco y con la ayuda de una doctora, se va recuperando. Sin embargo, su pasado no tarda en alcanzarle, cuando un capo de la droga secuestra a la médica. El desmemoriado Ishmael deberá enfrentarse a una banda de luchadores que, quizá, fueron también sus compañeros.
Frente a un público que lo dio todo en la sala Tramuntana y que aplaudía y gritaba a cualquier momento estrella del film, "Headshot" dio lo que uno esperaba e incluso más. Una propuesta que no destaca precisamente por su historia ni mucho menos. 

Las situaciones y tics propios de este género están requete sobados, el romance entre la enfermera de buen ver y el personaje de Uwais es más fino que el papel de fumar y provoca algún que otro momento risible.
Además, para nuestro pesar, a Iko Uwais, cuando no está dando hostias y se le exige una interpretación dramática, es un actor más bien justito.
Pero cuando entramos en materia, es cuando "Headshot" muestra sus cartas. Las escenas de lucha, y que suponen el 70% de la cinta, son tan espectaculares como "The Raid". Cada set piece está filmado con una adrenalina, salvajismo y sorpresa que quitan el aliento, y esto convierte a "Headshot" en un film por encima de la media de este tipo de producciones.
Una película que compensa su flojisima historia con unas inmejorables escenas de acción, y que sirven de consuelo para quien esté a la espera de "The Raid 3". Así pues, todo un entretenimiento más que estupendo y satisfactorio para los amantes de las "tullinas".


Noche del viernes al sábado, 1 de la mañana, haciendo cola en el cine Retiro con los párpados pesados como una roca, tras haber aguantado ya 5 películas y demás paseos por el Brigadoon y tiendas de cine... sólo podía hacer esto por una de las películas más esperadas por mí del festival, el
crossover más explosivo y fantasmal de los últimos años, "Sadako vs Kayako". En mi adolescencia viví de lleno la fiebre por el terror asiático y de hecho son unos films que me apasionan. Es evidente que "The Ring" (1998) supuso un antes y un después, no solamente en el género del terror mundial con una propuesta que volvía a los orígenes del horror y el minimalismo, sino que originó la llegada a nuestras fronteras de demás cine asiático y de todos los géneros: del terror, al drama, al indie (Internet, además, tuvo mucho que ver en eso).
Los amantes del cine, cansados del hermetismo de Hollywood y sedientos de nuevas sensaciones, aplaudimos felices. Otro de los films que salieron a rebufo de esta fiebre del J-Horror de principios del 2000 fue "La maldición" (2003) de Takashi Shimizu, un film que sobresalía sobre la mayoría de clones con su estética fría y netamente terrorífica, capaz de provocar horror con los mínimos elementos, con unos fantasmas sencillos pero escalofriantes; el niño Toshio y su madre Kayako ya personajes míticos del género.
No sólo "The Ring" disfrutó de una secuela y una precuela (interesantes), el remake americano obligado y un reboot japonés (las divertidas Sadako 3D 1 y 2), sino que también "La maldición" (o Ju-on) tiene el dudoso honor de ser una de las sagas recientes más largas y repetitivas, con 11 entregas. Agotado el filón desde hace muchos años, sólo quedaba una cosa: enfrentar a las dos fantasmas más famosas del cine japonés en un combate de proporciones épicas.
Antes de empezar a criticar el film, he de destacar dos cosas: primero, que el cortometraje que nos proyectaron antes del film y titulado "Death Metal" de Chris McInroy fue una absoluta maravilla de 4 minutos, gamberro y sangriento, nada que ver con los engendros pedantes e indiferentes que hasta ahora me he cruzado en esta edición en formato corto.
Y segundo, que el público presente en la maratón estuvo totalmente fuera de sí y eso ayudó a que, por un lado no me durmiera, y por otro que la proyección fuera inolvidable, todo un plus a verla solo en casa.
"Sadako vs Kayako" es un lavado de cara en toda regla. Es imposible a estas alturas tomarse en serio el argumento sin que sea involuntariamente cómico (el error que cometían las ultimas entregas), así que se opta por ofrecer una parodia muy autoreferencial en donde se ríe de sus propias reglas y códigos pero con una inteligencia y savoir fair que ya quisiera cualquier entrega de Scary Movie.
Sus 90 minutos son entretenidísimos, ya que vivimos 3 películas por el precio de 1. Por un lado asistimos a una historia típica de "The Ring", con unas adolescentes siendo malditas por el infame vídeo y perseguidas por Sadako, mientras que en paralelo seguimos a otra adolescente que se muda justo al lado de la casa maldita de Kayako y Toshio, los cuales empiezan a atormentarla. Todo esto provoca que el ritmo sea endiabladamente divertido y veloz, ya que no dejamos de asistir a revelaciones, golpes de efecto y apariciones fantasmales.

Finalmente, estas dos historias se cruzan y vemos el tan esperado enfrentamiento entre las fantoches, tan excesivo y delirante como todo film japonés de estas proporciones obliga. Otro puntazo del film resultan esos dos personajes de una niña ciega y un cazademonios, que ayudan a los personajes protagonizando momentos delirantes y paródicos.
"Sadako vs Kayako" es un film muy entretenido que no pasará a la historia (ni es su intención) y que ha supuesto un necesitado lavado de cara al terror japonés con humor y orgullo.
Y a pesar de todo el buen humor, es de alabar que aún y así Sadako siga causando inquietud.