CRÍTICAS PELÍCULAS

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viernes, 1 de agosto de 2025

REBIRTH OF MOTHRA (1996)


La polilla gigante Mothra siempre ha gozado de una enorme aceptación entre el público nipón hasta el punto de convertirse en el kaiju más célebre del género tras Godzilla y Gamera. La mariposa, que además es la favorita del público femenino japonés, goza de un halo bastante único en el bestiario monstruoso kaiju estando rodeado de unas características fantásticas y mágicas, pura deidad achuchable y que ha ayudado en su éxito.

La primera aparición de la polilla fue en la genial Mothra (1961) de Ishiro Honda y tras su enfrentamiento con el saurio en la maravillosa Godzilla contra los monstruos (1964) se convirtió en una secundaria habitual de la saga Godzilla. A principios de los 90 con un renacido Godzilla golpeando la taquilla se pensó en producir un filme de la polilla en solitario, si bien, se dudaba de su poder en la taquilla y finalmente el proyecto acabó mutando en lo que sería Godzilla contra Mothra (1992). El exitazo que supuso esa entrega, la muerte cinematográfica de Godzilla en 1995 además del éxito de la nueva trilogía Gamera (competencia de Toho) acabó de animar la creación de Rebirth of Mothra (1996).


El filme se entrega sin pudor a una estética y tono infantil que en muchas ocasiones recuerda a las infames entregas de Gamera en los 60 con niños algo repelentes siendo dueños de la función. Aunque he de decir que aunque torpes las entregas de Gamera al menos se convertían en un espectáculo loco y divertido de ver, lo contrario, en general de esta Rebirth of Mothra. Sorprende que el guión sea una lágrima y cuyo leve contenido lo encontramos en los primeros 30 minutos de la cinta. El descubrimiento de unas ruinas/fósiles misteriosas y que se sustraiga un medallón que abre la caja de pandora al renacimiento de un Ghidorah remodelado, cuadrúpedo y más monstruoso (convertido para la ocasión en Desghidorah). La aparición del monstruo, a los 30 minutos sirve de punta de lanza para una sucesión de batallas eternas una tras otra, con ataques y rayos cada vez más elaborados y luminosos que acaban por hastiar. 

Si, la presencia de los monstruos es constante pero no hay nada de emoción o de interés tras ellos. Pese a no contener ninguna escena de destrucción urbana, los efectos puramente tokusatsu resultan de un gran nivel, destacando las sobreimpresiones y matte entre actores y monstruos. Lástima que Mothra siga siendo un peluche de tres al cuarto. Horripilante resulta la inclusión de CGI que da pie a sangrantes secuencias como esos videoclips con las gemelitas de Mothra y que no tienen nada que envidiar a los karaokes de los más decadentes restaurantes chinos. La ambiciosa aunque en general fallida y muy alargada escena de las pequeñas gemelas luchando contra su hermana malvada en casa de los niños protagonistas es otro ejemplo de ello.

El constante griterío (Mothraaaa, no te mueraaaaas...), lo limitado de los personajes humanos y la poca originalidad general hace de esta Rebirth of Mothra una mústia entrega, y que de entre el soserío general podemos destacar la fabulosa partitura de Toshiyuki Watanabe, que eleva la cinta hacia terrenos superiores además de algunas escenas visualmente espectaculares como la de la presa o el nacimiento de Mothra Leo (efectos obra de Koichi Kawakita, director de efectos en la etapa Heisei de Godzilla). Lo discreto del filme no evitó que en taquilla funcionara realmente bien (con unos números muy similares a los de Godzilla vs Destoroyah de 1995) dando puerta a una trilogía protagonizada por la mariposa.

domingo, 9 de julio de 2023

IL MARE (2000)


El género estrella en Corea siempre ha sido el melodrama o el romance. Es un género bien establecido desde hace décadas y que siempre ha gozado del favor de la audiencia. El drama coreano viene con unas características muy propias ya que hay una óptica hacia el exceso, el derroche lacrimógeno y las fatalidades que siempre han estado atados al género, por otro lado, una mezcla entre la forma de expresar las emociones en el país (relacionadas con el "Han", el resentimiento acumulado) como también un gusto por la tragedia extrema.

La explosión del “Nuevo cine coreano” en los años 90 supone en muchos casos una reactualización de los géneros populares acompañados de nuevos puntos de vista y nuevas formes innovadoras de enfrentarse a las historias de siempre. Si nos centramos en el melodrama romántico hay una cinta que destaca especialmente en los albores del nuevo milenio: Il Mare (2000).

Habiéndose mudado recientemente a "Il mare", un nuevo edificio de apartamentos, Sung-Hyun encuentra una carta en su buzón. Se trata de una carta de amor de una mujer llamada Eun-Ju al hombre que la había abandonado. Ambos comienzan a escribirse y acuerdan un encuentro pero poco después se dan cuenta de que ¡viven en tiempos diferentes!

Il Mare (2000) supone una deliciosa y bien realizada muestra de drama romántico que, paradójicamente, no cae en excesos lacrimógenos o aprieta las tuercas del espectador con llantos interminables y fatalidades explícitas. Se trata de una inteligente propuesta sustentada en unas estupendas interpretaciones de su pareja protagonista y su excelente uso del espacio y los ambientes. 

Si bien un aspecto que marca la diferencia es la introducción del elemento fantástico en la trama, muy bien llevado por otro lado y que ayuda a la originalidad y singularidad de la propuesta. El hecho de que un buzón sea un canal de comunicación entre pasado, presente y futuro ayuda a potenciar ese amor imposible entre Eun Ju y Sung Hyun ya que no pueden verse y si uno de ellos va a buscar al otro no le reconocerá porque no es su línea temporal. El elemento fantástico no se queda estancado ahí ya que está bien aprovechado para proporcionar varios giros argumentales presentes en el último tercio del filme, muy acertados y que proporcionan buenas dosis de tensión y drama.

Sung Hyun acaba de mudarse a una casa situada en el lago. Pero recibe una carta de Eun Ju...

Aunque descubren que viven en tiempos diferentes. Su buzón es un portal de comunicación con el pasado.

A través de cartas, el amor nacerá entre los dos...

Lo cuidado de la ambientación, con esa casa imposible, de arquitectura súper moderna, alojada sobre un lago es notable, con un uso expresivo de las estaciones del año para remarcar las emociones de los personajes. Su pareja protagonista viene interpretada por lo mejorcito de la cinematografía coreana como son Jun Ji-Hyun (o Gianna Jan) y Lee Jung Jae, aquí muy jovencitos pero que pocos años después serían auténticas estrellas en el país. 

En el caso de la guapísima Gianna Jun gracias al exitazo tremendo de My sassy girl (2001) además de filmes como The Thieves (2012), The Berlin File (2013) o Assassination (2015). Lee Jung-Jae aparecerá en The Thieves (2012), New World (2013) o Hunt (2022) hasta ser uno de los rostros más conocidos del momento gracias a su papel en El juego del calamar (2021). Su director, Lee Hyun-Seung, tampoco ha gozado de una abultada trayectoria combinando tareas de guión con la dirección de filmes como Sunset on the Neon Lights (1995) o Handsight (2011), con Song Kang-Ho.

Il Mare (2000) es un delicioso drama, llevado con sencillez, candidez y aderezado con unas singulares notas de fantástico y que la convierten en una propuesta original dentro de su género. Un filme delicioso, pausado y cocido a fuego lento como un buen caldo. Dotado de un notable trabajo de guión y que logra excelentes momentos con su pareja protagonista, desde el transcurso de las primeras cartas entre ambos a poco a poco dar a conocer su soledad personal, desnudarse el uno al otro, hasta caer enamorados. El filme no descarta el elemento trágico omnipresente en el género, pero lo considero muy bien llevado en la presente, además aderezado con un plano final excelente y con el que no puedes guardar la sonrisa de satisfacción. Un notable filme y que tuvo un terrible remake americano, La casa del lago (2006) protagonizada por Keanu Reeves y Sandra Bullock.


martes, 22 de febrero de 2022

A*P*E: EL GORILA ATACA (1976)


Los que adoran tanto el cine surcoreano reciente deberían echar la mirada atrás y explorar la magnífica y mastodóntica producción que mantenía el país en los años 70. Unos años en donde los géneros populares vivían un momento explosivo con cientos de artefactos de artes marciales, terror, anime, ciencia ficción y... ¡monstruos! A*P*E: El gorila ataca (1976) es un clarísimo exploitation oportunista del King Kong de Dino De Laurentiis, estrenada precisamente el mismo año. Dirigida por Paul Leder e incluyendo a numerosos nombres occidentales entre su equipo técnico, artístico y cast pero que no deja de ser un subproducto de producción coreana de ver para creer.

La sinopsis no alberga demasiadas sorpresas presentando al enésimo gorila de diez metros de altura el cual vive tranquilamente en una isla tropical del Pacífico hasta que la civilización perturba su paz. Mientras tanto, una bella actriz americana se encuentra de rodaje en Corea. No se espera que el simio acabará prendado por ella mientras va sembrando el terror por Seúl.

A*P*E: El gorila ataca (1976) se ha convertido en una joya bizarra de la serie Z por derecho propio. Una oda a lo cutre y que funciona únicamente desde el punto de vista del goce masoquista hacia el atentado fílmico. Contando con solamente 1.200$ de presupuesto, salta a la vista enseguida la paupérrima factura del conjunto. Para el gorila del filme se optó por utilizar la técnica del hombre disfrazado, aunque lejos quedan los magníficos diseños del equipo de la Tsuburaya en películas de Godzilla o kaijus similares. Cualquier disfraz de gorila que puedas encontrar en un bazar chino puede quedarte mejor que el que utilizan en la presente película. El nivel de miniaturas es risible haciendo pasear al citado gorila por campos con muñequillos de vacas entre otros animales. Cinematográficamente hay una torpeza general en intentar dar cierta enormidad al monstruo con una elección de planos que hacen perder totalmente la perspectiva haciendo parecer al gorila lo que es, un hombre y no un gigante.

¡Cuidado con la vaquilla!
Si uno de los aspectos que más han quedado en la memoria del espectador en el clásico King Kong (1933) eran las batallas del simio contra otros seres colosales aquí no han querido quedarse atrás presentando unas alucinantes batallas contra una serpiente o un tiburón. El momento de la serpiente es inolvidable con el pobre reptil siendo lanzado por el gorila contra la cámara, aunque seguramente por un error de cálculo que se no esperaban. Y puestos a explotar a King Kong, porqué no hacer lo mismo con otro de los grandes éxitos del cine de los 70 como es el Tiburón (1975) de Steven Spielberg y enfrentar al simio con un escualo. Dicha batalla presenta al animal, seguramente adormecido por alguna droga, siendo golpeado y llevado de un lado a otro por el gorila de la película. Dichos enfrentamientos van con ciertas incongruencias (¡que más da!) ya que dichos animales deberían ser, por tanto, de proporciones gigantescas. Yo me preocuparía si hubieran tiburones mako de 15 metros campando a sus anchas por los mares...
Un gorila de 10 metros de altura vive plácidamente en su isla tropical.

Por otro lado, una actriz americana se encuentra de rodaje en Corea del Sur.

La paz del gorila se verá perturbada y pronto causará terror entre la población...

Pero no podrá evitar sentirse cautivado por la rubia actriz.

La destrucción sigue y el ejército tomará cartas en el asunto.

Simio vs el "tiburoncete" drogado

El nivel interpretativo va en sintonía con el de los efectos especiales presentando a una serie de actores, si se les puede llamar así, paseándose de un lado a otro por decorados de cartón piedra. Unos tramos que dificultan el visionado de la presente cinta ya que si bien, te diviertes con los momentos con el mono gigante no es así con la numerosa cháchara de los personajes. Joanna Kerns interpreta a Marilyn, la nueva rubia por la que queda prendado este clon de "King Kong" y quien intentará secuestrar mientras se pasea por entre unas pobretonas maquetas de la ciudad de Seúl. Kerns será un nombre asociado principalmente al mundo de la televisión americana aunque como curiosidad, aparecerá como secundaria en un film como Coma (1978), dirigida por Michael Crichton y que contaba en su reparto con grandes nombres como Michael Douglas, Ed Harris o Tom Selleck.

Toma peineta.

Para qué engañarnos, A*P*E: El gorila ataca es un suplicio como ejercicio cinematográfico pero un must see para el amante de la Serie Z. Frente a momentos como los del tramo final, con soldados siendo golpeados por pedruscos ¡claramente! de porexpan o el simio dedicando una peineta tras destruir un helicóptero... No tienen precio. 

El monstruo no escapará del destino trágico, tal y como marcan los cánones, siendo cruelmente asesinado y dedicando al espectador unos exagerados chorros de sangre al ser disparado por el ejército. Pobre. Alucinantes ejemplos de un filme repleto de errores de raccord, de efectos especiales de parvulario y con interpretaciones propias de obras de teatro amateur de asociaciones vecinales... ¿Cómo te puedes resistir a este atentado contra el género? Aún a pesar del desastre general, la película fue rodada ¡en flamante 3-D! Y como curiosidad, en algunas versiones dobladas del filme se refieren al simio directamente como "King Kong". De hecho el título original en coreano es "King Kongui daeyeokseub".

viernes, 7 de enero de 2022

ULTRAMAN TARO (1973)


El enorme éxito de The Return of Ultraman (1971) proporcionó estabilidad económica a la Tsuburaya Productions y respeto delante de los grandes estudios. La productora realizó otras series tokusatsu similares a Ultraman como Mirrorman (1971) o Jumborg Ace (1973), las cuales acompañaron esta nueva ola de productos Kaiju y que triunfaron, principalmente en las televisiones niponas, en estos primeros años 70. Otras series empezaron a hacerle la competencia a la Tsuburaya, especialmente Toei. Su Kamen Rider (1971) se convirtió en todo un éxito y abrió la veda a una colección de series tokusatsu sin fin con los Super Sentai (1975) como punta de lanza. Dichas series de Toei sumado al crecimiento del anime y el manga acapararon la atención de los jóvenes, cosa que hizo que Ultraman desviara su mirada hacia los más pequeños, algo que se denotó en el cambió de timón narrativo y conceptual de Ultraman Ace (1972). Ace acabó por no funcionar nada mal a nivel de audiencia así que la Tsuburaya siguió explotando el concepto entregándose a la total infantilización con Ultraman Taro (1973). 

Las coordenadas que tomaría la nueva Ultra Serie sería focalizarla en una estética kid-friendly, colorida, alegre y especialmente sustentada en el folklore japonés como fuente de inspiración para las tramas de los episodios. Ultraman Taro sigue a Kotaro Higashi, un joven enérgico y optimista aunque arriesgado ya que en su enfrentamiento contra un monstruo acaba muriendo para después ser revivido para ser el huésped humano de Ultraman Taro por obra y arte de la familia Ultra. Como curiosidad, Taro, en japonés significa el hermano más pequeño de la familia y así resulta ser en un nuevo Ultraman que tendrá que saber enfrentarse a las amenazas monstruosas a la vez que aprenderá y crecerá como un héroe digno para el planeta y su familia. 

Ultraman Taro (1973) pese a su tono infantiloide ha resultado ser toda una pequeña sorpresa por su energía, alocadas situaciones, humor cartoon y la explotación de un concepto muy acertado como es el de construir un tono de fábula a las aventuras del héroe siendo una especie de "Las mil y una noches", pero en el mundo de Ultraman. Y la serie es mejor en cuánto más ahonda en dicho concepto.

Mother of Ultra...
Bajo los brazos de la madre

Ultraman Taro presenta varias novedades. Una de ellas es que, dispuestos a hacer crecer el panteón familiar, si en la anterior Ultraman Ace, se nos presentaba a Ultra Father, aquí la Ultra Mother ya no puede faltar. Dicho personaje tiene varias apariciones, algo fugaces, en los primeros compases de la serie y hace de acompañamiento al joven Taro en sus primeros pasos para la defensa del planeta.

Ya desde el inicio percibimos el tono despreocupadísimo de los episodios y de las situaciones surrealistas que viven los protagonistas. El equipo de héroes, ZAT, ya están directamente caricaturizados y su actitud irresponsable no parece corresponderse con su enorme responsabilidad de salvar vidas frente al aluvión de monstruos, pero dicha actitud casa muy bien con el tono de Ultraman Taro. En la dúpla de episodios 1x02 y 1x03, That moment, Mother of Ultra... / Mother of Ultra now and Forever, nos presenta a Kotaro en serios aprietos, atrapado junto a un perro en el estómago de un Kaiju que no puede dejar de reír. La Madre Ultra acudirá al rescate mientras a ZAT se le ocurre la idea de atacar al monstruo con...¡pimienta! Para así hacer que el monstruo estornude y propulse a Kotaro al exterior. Maravilloso. 

Kotaro, el héroe de la función
En el doble 1x04 y 1x05, Giant Sea Turtle Monsters Attack Tokyo! / Parent Star, Child Star, First Star vuelve a tratar el concepto de criaturas gigantes más benignas de lo que parece en base al drama de una pareja de tortugas y su cría cuya paz es perturbada por el egoísmo humano. La serie aún tiene tiempo para algunos momentos que se salen de la norma más infantil o blandita, presentando algo más terrorífico como el 1x11, The Vampire Flower is a Girl’s Spirit, con una planta vampírica cuyo rugido es el llanto de los niños que fueron abandonados, subyaciendo en el episodio una crítica hacia el descuido y abandono infantil. De entre este primer tramo de la serie también cabe destacar el 1x15, Young girl of the blue will-o’-the-wisp, divertido y conmovedor a partes iguales. Aquí, una niña sin madre, fallecida años atrás, es acosada por el poblado donde vive porque se dice que tiene la maldición del “zorro de las 9 colas". Una historia contada ya bastantes veces en el pasado pero que realizada con mimo puede llegar a notables revisiones como ésta.

1x17, Two big monsters close in on Taro!

1x19, Mother of Ultra, Miracle of Love!
Los hermanos al rescate y viejos conocidos

Ultraman Taro es la serie que más explota, hasta el momento, los cliffhungers en tramas que confluyen en dobles episodios o incluso triples. Ejemplo de ello es el triple 1x17, 18 y 19, Two big monsters close in on Taro!, Zoffy Died! Taro died too!, Mother of Ultra, Miracle of Love!, con una doble amenaza en forma de gusanos asesinos que se alojan en melones y su enemigo natural, un pajarraco gigantesco llamado Birdon y que no solo acabará derrotando a Taro sino también a su hermano Ultraman Zoffy. Un triple episodio notable pero que no evita cierta reiteración o alargarse en demasía en una historia que podría haberse quedado simplemente en dos episodios. Si bien, su clímax con la "Madre de Ultra" llevándose de vuelta a su planeta el cuerpo moribundo de Zoffy junto a Taro es conmovedor. En esta línea de episodios con invitados "Ultra-especiales", también es notable el doble 1x24 y 25, This is the Land of Ultra!, Burn! The 6 Ultra Brothers! con un monstruo del espacio a quien le acompaña un ejército de polillas que dejarán sin luz solar a todo el planeta. Visto el panorama, todos los hermanos-Ultra llevarán desde su hogar hasta la Tierra una campana mágica capaz de resolver el entuerto. Como gran novedad se enseña por primera vez el planeta M78 de los Ultraman así como parte de su historia como civilización.

1x30, Revenge of the Monster Army!
De este tramo de la serie destaca el 1x21, The Sinking of Tokyo New Town, lleno de un humor cargado de mala leche y que alberga una crítica hacia la construcción humana y la invasión que éstos hacen de terrenos naturales. En el episodio, una criatura insectoide descansa bajo tierra con el problema que encima tiene a todo un barrio residencial. Por culpa de la intolerancia y furia de la ciudadanía el monstruo acabará destrozando algún que otro edificio.

Varios episodios de Ultraman Taro se dedican a recuperar a viejos monstruos aparecidos en anteriores series como Alien Mefilas de Ultraman (1966) en el 1x27, Here he is! Alien Mefilas!. Aunque el resultado de dichos episodios es bastante decepcionante a excepción del doble 1x29 y 30, Bemstar Revives! Taro’s in a Desperate Pinch!, Revenge of the Monster Army!, lleno de acción y que no solo cuenta con el regreso del temible Bemstar (de El regreso de Ultraman) sino de también de Verokron (de Ultraman Ace) en un clímax final delicioso en una refinería con Taro y ZAT enfrentándose a 3 criaturas. Sin duda, el mejor momento de Ultraman Taro nos lo encontramos en el doble 1x33 y 34, Five Seconds before the big explosión of the Land of Ultra!, The Last day of the 6 Ultra Brothers!, donde se reúnen todos los actores que han interpretado a Ultraman en series previas en una trama en la que se debaten entre hasta que punto beneficia a Taro la ayuda de sus hermanos en su crecimiento e independencia como héroe. La batalla final de los 6 Ultra-hermanos contra el poderoso Alien Temperor es canela en rama.

1x34, The Last day of the 6 Ultra Brothers!

Haciendo mochi en 1x39, The Ultraman Father-and-son’s
Grand Mochi making plan!
Leyendas, tradiciones, canciones de guardería y monstruos alcohólicos

Como apuntábamos al inicio, Ultraman Taro es mejor en cuánto más se deja llevar por el espíritu de la locura desprejuiciada y en su tono de fábula. Y esto es así, ya cercano al final de la serie, con episodios fuertemente basados en leyendas o folklore nipón como el 1x44, Oh! Taro’s going to be eaten! con una ogro que maldice a Kotaro haciéndolo diminuto e introduciéndolo en una habichuela para que sea devorado por un niño. Divertidísimo. Y que me decís del especial de año nuevo, 1x39, The Ultraman Father-and-son’s Grand Mochi making plan!, de lo más bizarro de la franquicia, con un monstruo con forma de barrilete que se descuelga de la Luna para hincharse a comer mochis. Un episodio loquísimo con montajes de fotos en blanco y negro con bebés e imágenes de la guerra y un momento final con Taro y Yuko (de Ultraman Ace) haciendo mochis a cámara lenta, con música tradicional japonesa, en el mismo cuerpo del kaiju bajo la atenta mirada de Ultra Father. Ver para creer.

El monstruo borracho de 1x48, 
Monster Doll Festival
No me quiero olvidar del episodio navideño de turno, 1x38, The Ultra Christmas Tree, bastante singular y con un acertado nivel de drama y hasta de crueldad, con una niña que malvive la navidad ya que sus padres murieron en la batalla que mantuvo Taro contra las tortugas del episodio 3. Una bola mágica que te hace ver tus deseos o lo que está pasando en otros lugares, un personaje infantil que no tiene ninguna ilusión por vivir y un Taro convirtiendo la Tokyo Tower en un enorme árbol de navidad hace de éste bizarro episodio un interesante momento de Ultraman Taro a tener en cuenta.

También hay una notable serie de varios episodios basados en canciones de guardería japonesas y que sirven de base para la trama. El 1x45, She wore red shoes…, por ejemplo, presenta a una amiga de la infancia de Kitajima, miembro de ZAT, y la cual fue secuestrada siendo niña por un hombre extraño (inquietante momento...) y que años después reaparecerá siendo modificada por una raza alienígena para que, llegado el momento, se convierta en un Kaiju y destroce la base de nuestros héroes. Un episodio bastante trágico y dramático, dentro de los márgenes de Ultraman Taro. Siguiendo esta línea el 1x48, Monster Doll Festival, es lo más hilarante, loco y radical de la serie con un monstruo gigante borracho y con gusto por el sake y el bailar canciones pop-rock niponas. A las coreografías infantiles y unos aliens que por sus pintas parecen salidos de una representación de "Els Pastorets", se le suma una batalla final con Taro lanzándole un cubo de agua fría al monstruo para que se le pase la borrachera.

Una especie de Pinoccio con mala uva en 1x46, The White Rabbit is a Bad Guy!

1x53, Farewell, Taro and the Mother of Ultra!
Estas salidas de madre son bastante habituales en Ultraman Taro presenciando momentos alucinantes como Taro en un barreño gigante pisando a un monstruo vegetal y mezclándolo con sal (1x43, Pickel the Monster in Salt!), un monstruo que sale a cantar una vez al año a las montañas una especie de ópera inenarrable y que en un momento dado se saca de su ombligo una varilla para dirigir a una orquesta (1x49, Sing! Monster Big Match) o un delirante partido de balonmano entre una muchacha con mucha energía y un monstruo gigante amante de las pelotas (1x50, The Monster Sign is V). 

Ultraman Taro concluye de forma sorprendente, o por lo menos, con un desarrollo de los acontecimientos bastante diferente de lo visto anteriormente. En el 1x53, Farewell, Taro and the Mother of Ultra!, tenemos a Kotaro quien toma la decisión de dejar de ser un Ultraman y vivir como un ser humano normal. El clímax final en una fábrica con Kotaro derrotando él mismo a un monstruo sin necesidad de depender de Taro, más que con su valentía e inteligencia demuestra así a los demás personajes que solo nos bastamos con la fuerza de los seres humanos para vencer todas las adversidades y sin depender de ayuda de otros. Un final notable y que concluye una serie que ha sido toda una agradable sorpresa dentro de la franquicia.

En Ultraman Taro (1973) no abundan los episodios brillantes o sobresalientes pero sabe mantener una línea de calidad entretenida y muy simpática a lo largo de sus 53 episodios sin demasiados bajones. Su tono ya decididamente cómico, sin tomarse en serio y sustentado en el espíritu de fábula le hacen ganarse muchos puntos si sabes entrar en su juego. Una serie entrañable, llena de energía y con uno de los mejores openings de la etapa Showa de la franquicia. 

Taro conectó a la perfección con los más pequeños de la casa siendo todo un éxito de audiencia. Desgraciadamente, esta entrega de Ultraman hacia los más pequeños hizo que no hubiera vuelta atrás, ya que el intento por ofrecer un producto más adulto, como fue la siguiente Ultraman Leo (1974), fue todo un fracaso ya que espantó a la audiencia infantil mientras que los adultos ya estaban a otra cosa. Como curiosidad, Leo sufrió retrasos en su producción lo que provocó que Ultraman Taro le fueran añadidos 2 episodios de más, pasando de los 51 iniciales a los 53.


miércoles, 13 de octubre de 2021

CRÓNICAS DE SITGES 2021 (1/5)

Un año más, estoy en mi amado Festival de Sitges. El concepto de esta 54ª edición gira en torno al hombre-lobo y a la "bestia interior" que se oculta en cada uno de nosotros. El primer día de festival se disfruta con un tiempo magnífico y una temperatura ambiental la mar de agradable. Todo lo contrario de lo que sufren los protagonistas de Hunter Hunter (2020), mi primera película de esta edición.

La película sigue a Joseph y su familia los cuales viven en un lugar remoto, en una cabaña en medio del bosque, como cazadores de pieles, hasta que su tranquilidad empieza a ser amenazada por un lobo.

Hunter Hunter es una cinta que juega al despiste con el espectador iniciándose ésta como un drama familiar de una pareja de cazadores y su hija pre-adolescente, que a duras penas sobreviven en medio del bosque con las artimañas de aprendizaje generacional que conocen. Dicho tramo de la película va derivando hacia el terror con la aparición de un fiero lobo que perturba la paz de la familia. Es de destacar la capacidad de su director, Shawn Linden, para saber crear una buena atmósfera y potentes situaciones de tensión con los mínimos elementos y sin enseñar al lobo en cuestión. Es así cuando la película da un giro y va tornándose en un survival de misterio y killers. Es en esta segunda mitad del film donde mi interés va mermando sumado al ritmo poco estimulante que le imprime su director. Si bien, Hunter Hunter, es un más que correcto y resultón film que además sabe jugar con la figura del hombre-lobo como alegoría de la propia bestialidad humana culminando con un final ultra sangriento de los que se te quedan grabado en la retina.


Seguimos con el documental Alien on Stage (2020), y que cuenta cómo un grupo de conductores de autobús de Dorset, pertenecientes a una compañía amateur de teatro, deciden crear una obra única: una adaptación de Alien (1979), el clásico maestro de Ridley Scott. La poca experiencia del equipo implicado causarán muchos nervios y ataques de ansiedad al grupo pero su ilusión y pasión logrará conseguir el ¿éxito? cuando les contratan para actuar en un importante teatro londinense.

Alien on stage es un muy simpático documental. Una propuesta curiosa la cual sigue el día a día en la creación, elaboración y ensayos de esta peculiar obra teatral con unos implicados con más bien poca experiencia en esta clase de producciones. A lo largo del metraje vemos como el variopinto grupejo de conductores de autobús (u otras profesiones) se las ven y se las desean para aprenderse los diálogos y encima tener que aguantarse la risa en los diversos ensayos frente al desquiciamiento progresivo del firme y duro director de la obra. 

Alien on Stage resulta, finalmente, en toda una carta de amor al amateurismo. Un documental que se sigue con agrado e inquietud por saber si esta tropa conseguirán llevar con éxito su Alien aún a pesar de los imaginativos trucajes que ingenian con cero presupuesto para replicar los escenarios de la "Nostromo" o las míticas criaturas. Su clímax final, con toda la compañía estrenándose en un mítico teatro londinense, con, para su sorpresa, todas las entradas vendidas, suponen los mejores momentos del film donde fruto de la improvisación y los errores del directo logran darle una dimensión diferente a la obra siendo una experiencia colectiva e hilarante.

La expectación frente al nuevo trabajo de Julia Ducournau era máxima, no solamente porque su anterior obra, Crudo (2016), es una de las muestras más interesantes del género de terror reciente sino porque Titane (2021) se había llevado la prestigiosa "Palma de Oro" del ultimo Festival de Cannes. Un galardón que, sin duda, puede convertirse en una arma de doble filo al enfrentarse al visionado de la película así como en las expectativas de la misma.

El film da comienzo con la pequeña Alexia, la cual sufrió un terrible accidente de coche. Ya más crecidita, Alexia parece estar algo trastornada... Y mejor no contar nada más sobre el argumento de la película.

Titane es una experiencia que golpea a los sentidos. Ducournau recoge conceptos del género como el Cronenberg de Crash (1996) o "la nueva carne" de Videodrome (1983), la pesadilla de La semilla del diablo (1968) o el metal de Terminator (1984), pasándolo por una túrmix a través del estilo personal de su directora transformándolo en algo nuevo. Algo singular, único, excesivo y provocador. La primera media hora inicial está llena de una violencia exagerada y festiva, (llevándose numerosos aplausos de la grada del Auditori Melià) virando, en un ejemplo del sorprendente y fascinante ritmo de la película, hacia un drama paterno filial extraño, oscuro y que logra otorgar muchas más capas a nivel dramático a la historia de unos personajes rotos y desquiciados. Destacan las interpretaciones de su pareja protagonista, unos descomunales Agatha Rouselle y Vincent Lindon, con una compenetración excelente. Titane es un obra singular, refrescante y que te acompaña cada vez con más fuerza tras su visionado. Es una patada a la corrección de hoy día, explotando sexualidad, violencia con un dirección férrea y segura destacando su uso de la luz y colores. El espectacular plano secuencia inicial del film con ese baile sensual de nuestra protagonista junto a un coche es memorable.

Se le puede achacar que sea una propuesta que funciona por retales e imágenes concretas más que seguir una cierta coherencia o lógica a lo que está pasando en pantalla pero, Titane, no busca ese orden prefiriendo la búsqueda de imágenes grotescas y surrealistas como manera alégorica de explicar las emociones de sus personajes. Toda una sorpresa.

La nostalgia ochentera es un tema recurrente en el cine fantástico y de terror de nuevo milenio con una tendencia que ya produce cierto agotamiento. Cualquier excusa parece buena para rememorar estética o argumentalmente el espíritu de los 80 aunque sea de forma vacía. Censor (2021) es una propuesta llegada de Reino Unido y que logra destacar por encima de productos similares gracias a un punto de partida interesante y que funciona muy bien en pantalla.

El film nos traslada al año 1985. Enid, es censora de películas hasta que un dia ve un extraño video que le recuerda poderosamente a una traumática experiencia sufrida por ella de pequeña. Enid, decide investigar la desaparición de su hermana, embarcándose en una aventura a medio camino entre la realidad y la ficción.

Censor acierta en ambientar su historia en la Inglaterra de los años 80, en plena persecución de los infames nasty videos contando con mucha estética de video, formato en cuatro tercios y escenarios con los colores muy marcados (el rojo especialmente). Enid es un personaje interesante (llevado bastante eficientemente por una misteriosa Niamh Algar) pero al que, tras su aparente frialdad y profesionalidad su psique poco a poco se verá puesta en un aprieto al obsesionarse con la posible relación entre un director de cine gore y la desaparición de su hermana. Así tras un primer tercio bastante notable el film va perdiendo fuelle a medida que la investigación de Enid avanza, encontrándonos con tramos ya menos interesantes y que se van desarrollando hasta una resolución correcta pero poco sorprendente.
Si bien, Censor es una muy recomendable cinta de horror, que combina con acierto la nostalgia ochentera con conceptos tan interesantes como la censura y persecución de películas, el circuito de esos productos de horror más oscuros así como la relación del público con el género. A destacar, además, su momento final, brillante y que hace que olvidemos todas las pegas anteriormente citadas para acabar de poner a Censor (2021) como una, no memorable, pero si una cinta de terror sobradamente digna y a tener en cuenta.


Cliff Walkers
 (2021) es la nueva obra de uno de los directores chinos más destacados de los últimos 30 años: Zhang Yimou. El artífice de algunos de los mejores films asiáticos de los años 90, como La linterna roja (1991), Ni uno menos (1999) o El camino a casa (1999), ha sabido mantener una calidad más o menos notable a lo largo de toda su filmografía.

Cliff Walkers propone un drama de espionaje ambientado a principios de los años 30, durante la ocupación japonesa en China. En Manchukuo, un estado títere del Imperio de Japón, cuatro agentes especiales del Partido Comunista regresan a China después de recibir entrenamiento en la Unión Soviética. Juntos, se embarcan en una misión secreta pero, tras ser vendidos por un traidor, el equipo se verá rodeado de amenazas por todos lados desde el momento en que se lanza en paracaídas en territorio enemigo. En los terrenos nevados de Manchukuo, el equipo se pondrá a prueba hasta el límite.

El film destaca por su realización elegante, con un diseño de producción intachable donde la cámara de Yimou brilla especialmente con una nieve incesante y perpetua, proponiendo además, variados momentos de acción con un nivel de tensión muy acertado. Si bien, Cliff Walkers acaba generando bastante espesor mental a partir de su segunda mitad por culpa de un cúmulo de personajes inacabable, muy similares entre si, con una vestimenta y aspecto muy similar (gabardina y sombrero) que dificultan el seguimiento de la historia y más con ese juego constante, y que resulta muy esquemático, de dobles agentes, traiciones, espías infiltrados y planes secretos. Cliff Walkers resulta intachable a nivel visual pero no evité ir desconectando a medida que avanzaba el metraje. No dejé de acordarme de films llegados desde Corea, bastante similares a éste, como El imperio de las sombras (2016) o Assassination (2015), cuyo resultado final estaba bastante más atinado que este último trabajo de Yimou. No obstante, recomendable película.