CRÍTICAS PELÍCULAS

jueves, 27 de febrero de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2016 (4/4)

La moda de los mockumentary parece que no cesa, para qué engañarnos. Es un género la mar de económico de realizar para directores con pocos recursos pero son un tipo de películas con numerosas limitaciones. REC (2007), Troll Hunter (2011), Cloverfield (2008) o Paranormal Activity (2007) son buenos ejemplos de cómo enfrentarse a la cámara en mano con buen hacer, e incluso propuestas tan delirantes y marcianas como The dinosaur project (2012) me hicieron especial gracia.

"Operation Avalanche" mezcla el concepto del falso documental con la leyenda urbana de que la llegada del hombre a la luna fue un montaje. Estamos en 1967, y la Guerra Fría está caliente, con la carrera espacial como punta de lanza. La CIA cree que un espía ruso se ha infiltrado en la NASA para sabotear el programa Apollo, y tienen la “brillante” idea de mandar a unos agentes del departamento de audiovisual para que se hagan pasar por documentalistas y desenmascaren al topo.
Personalmente siento pasión por las teorías conspiratorias, desde que el gobierno esconde la existencia de extraterrestres, que bajo el Vaticano hay un sótano enorme con esqueletos de humanoides gigantes o que el 11-S fue un montaje. Operation Avalanche se centra durante 90 minutos en la creación y desarrollo del montaje de la llegada del hombre a la Luna, y si bien es una vuelta de tuerca interesante, es algo insuficiente para un film de hora y media.
El metraje se va haciendo largo y vas descubriendo que no hay mucho más que contar, nada más que seguir a unos personajes más o menos anodinos y ver como graban la citada farsa para luego escapar de agentes de la CIA que los quieren ver muertos. Hacía falta una vuelta de tuerca en el guión de esta producción o quizás la presencia de algún alienígena, pero esto ya es a gusto personal.

Operation Avalanche es una propuesta interesante, que retrata bastante bien el clima social y de paranoia de finales de los 60, pero resulta en conjunto un producto soso e insuficiente, aunque pasable.

Salgo de la sesión en la sala Tramuntana a eso de la 1 de la mañana. Llueve, así que abro mi paraguas y empiezo a caminar bordeando la entrada del Auditori Melià. Me cruzo con dos orientales de mediana edad. Un chico y una chica. A los dos les cubre un enorme paraguas. Me bajo de la acera para dejarles pasar y la chica me sonríe y me saluda. Le devuelvo el saludo y continuo mi camino no sin pensar en lo mucho que me suena esa cara. Una milésima de segundo después caigo en la cuenta. ¡¡¡Esa chica era Doona Bae!!! Bae presentaba esos días en el festival el film Tunnel. Me giro de golpe al caer en la cuenta y la observo como su figura se va alejando bajo la lluvia, en dirección al hotel Melià junto a su acompañante. La magia de Sitges.


Puede gustar más o menos, pero en cierta manera Nicolas Winding Refn es un director con un estilo muy claro que se aparta de lo que se va haciendo actualmente, y se agradece que sus films siempre originen encarnizados debates entre fans.
Personalmente no me desagradó Drive (2011), aunque opino que es un film muy sobrevalorado y aún no he tenido el gusto (o no) de ver Solo Dios perdona (2013). A Sitges nos llegó "The neon demon" , esta vez adentrándose en los inquietantes mundos de los desfiles de moda repletos de superficialidad y "estrellitas", que no dudan en pasar por encima de quien sea sólo por conseguir triunfar.
En el film, Jesse es una chica que llega a Los Angeles, California, para hacer su sueño realidad: convertirse en supermodelo. Pero su juventud y belleza despertarán al demonio, y se verá atrapada en un peligroso mundo de envidias y celos en el que las modelos están dispuestas a todo para triunfar.
"The Neon Demon" es un film que inicialmente se sigue con interés, como la llegada de la pura, virginal y bella Jesse, y como sus atributos físicos le hacen destacar por encima del resto. Pero vemos que hay cosas que poco a poco van fallando.
El estilo tan característico del director, tan deudor de Mario Bava y Dario Argento con diferentes y bien marcados colores (el rojo, el azul) en pantalla, la cámara lenta y demás efectos de videoclip, en "The neon demon" no son efectos fallidos, pero si bien inicialmente te sientes atrapado y subyugado por estas imágenes de indudable fuerza y belleza, al final te preguntas si éste montaje va a llevarte hacia algún lado de la historia, cosa que finalmente no hace y va quedando como algo muy gratuito.

Lo mismo se puede decir de su violencia de chiste e injustificada. Soy de la opinión de que los momentos disgusting que suceden al final de la pieza están algo fuera de lugar, y si el director quería mostrar la locura del mundo de las modelos con estas muestras surrealistas de gore, no hace más que sacarme de la película (lo mismo me pasa con el momento necrófilo).
Los personajes en general son bastante planos a excepción de Elle Fanning, quien hace una más que estupenda interpretación. Sin duda la película es ella. Me pareció de chiste el personaje de Keanu Reeves, sin ningún peso concreto en la trama y que tan pronto aparece, desaparece.
Pese a todo, se trata de un film con una trama interesante pero mal conducida y que como es habitual en el director, producirá tanto pasiones como odios.


Dentro del apabullante e interminable mundo del Adult Video japonés existe un género que despierta
en mí multitud de sentimientos: confusión, incredulidad, emoción, morbo...
Los films porno japoneses, en donde heroínas disfrazadas cual Ultra-girls (o sin disfrazar, para lo poco que dura la ropa da lo mismo) son atacadas sexualmente por una criatura tentacular, son tan desconcertantes que mis ojos curtidos en toda clase de locuras bizarras no pueden creer lo que ven.
Podemos citar el muy rescatable, atrevido y notable film anime "Urotsukidoji: la leyenda del señor del mal" (1989) como piedra angular e inicial en esta ferviente y enfermiza pasión japonesa por estos extraños films.
Bien, después de esta clase de historia del cine underground más extremo, ya estamos más preparados para enfrentarnos a "La región salvaje", el nuevo film del provocador director mexicano Amat Escalante.
En el film, Alejandra es una joven madre y ama de casa que cría a sus hijos junto a su marido Ángel en una pequeña ciudad de México. Su hermano Fabián es enfermero en un hospital local. Sus vidas provincianas serán alteradas con la llegada de la misteriosa Verónica, quien les convence de que en el bosque cercano, en una cabaña aislada, existe algo que no es de este mundo, pero que es la respuesta a todos sus problemas.
El film utiliza una premisa de temática fantástica secundaria (o más bien terciaria), para contar una historia de carácter social y que sirve de contrapunto emocional a los personajes. Esta historia de insatisfacciones vitales femeninas, con hombres que se acuestan entre sí pero que lo viven en total secreto e hipocresía, pretende ser un reflejo del México actual, con una sexualidad reprimida, donde se oculta la verdad emocional, las mujeres son esclavas de una vida enraizada en el hogar y con la supuesta obligatoriedad de cuidar a sus hijos.

Es en toda esta gran insatisfacción femenina donde entra en juego esta simpática criatura alienígena, bien cercana en diseño a un pulpo descomunal, y custodiada por una pareja de ancianos en una cabaña en medio de la nada. Un pulpo, al cuál le gusta utilizar sus tentáculos para poseer los cuerpos de las dos féminas del film, y ofrecerles jugosos y adictivos orgasmos que las libera de toda frustración y represión social (con los hombres, al parecer, no funciona porque los dos personajes masculinos que prueban al pulpo, aparecen muertos al día siguiente, si es que tampoco es tonta la criatura). 
El film es interesante por este contrapunto anteriormente expuesto, en el que mezcla lo social y lo fantástico, el problema es que la presencia tentacular en la historia es mínima, no es que sea secundario, es que es muy terciario y una propuesta tan singular en un film serio merecía llevar la historia a terrenos aún más explícitos y radicales, pero se queda a medio camino (una sola secuencia verdaderamente explícita, brillante, eso sí), mientras los minutos pasan ante nuestros ojos con una historia cuasi telefílmica de violencia en la pareja y homosexualidad reprimida.
Por esto mismo, no entiendo la fama de polémica y provocadora que está causando el paso de "La región salvaje" por diversos festivales. Podrá provocar y causar revuelos en Toronto o San Sebastián, pero en Sitges no nos la pegan. Pese a todo, es un film bien interesante y que merece toda nuestra atención; sin duda las magnéticas y misteriosas interpretaciones de Simone Bucio y Jazmín Ramos son motivo suficiente para acercarse al film (y el pulpo provoca-orgasmos por supuesto), pero los que busquen emociones más fuertes y radicales mejor que vuelvan a la saga Urotsukidoji o a las cloacas videofílmicas japonesas, donde reposa lo imposible.


Y nos adentramos en la recta final del festival yendo al visionado de lo nuevo de Johnnie ToThreeJohnnie To es sin duda uno de los directores más importantes dentro del cine de acción Hongkonés de estos últimos 20 años. "Three", su último trabajo, es un film que se contagia del cambio de registro ocurrido desde su anterior película, "Office"(2015), la cual sorprendía con una historia que mezclaba la comedia con el musical.
Los 88 minutos de "Three" transcurren durante una noche donde confluyen diversas historias en un hospital; un sospechoso detenido que se niega a declarar ante la policía, un hombre que afronta una operación crucial, un tipo que ha quedado malparado tras una operación, un jubilado con ganas de escapar por el hospital y una doctora que es testigo y partícipe de todas estas historias.
Un film que durante sus primeros 50 minutos podría pasar perfectamente por un episodio de lujo y violento de la serie Scrubs, por su ambientación puramente hospitalaria y por su diverso plantel de personajes, cada uno con una historia bien delimitada y que se viven en paralelo. Hasta que llega el esperado momento balístico marca de la casa y todo el escenario se pone patas arriba con un tiroteo de proporciones épicas con muertes por doquier.
La lástima de "Three" es que se ve muy descompensada. Toda su alargada parte inicial, hasta que podemos ver disparos, se sigue con marcado desinterés, aunque es de agradecer la manera en que To va colocando los personajes como piezas de un tablero de ajedrez, haciendo que la tensión vaya incrementándose cada vez más.

"Three" podría describirse como "la película del plano secuencia", porque contiene uno de una calidad abrumadora, filmado como una danza macabra de disparos y sangre digital. Pero la calidad innegable de este plano no justifica por sí misma la calidad de la película, que al finalizar te deja con la sensación de que tampoco era para tanto la amenaza gangsteril y salimos agradeciendo que la duración apenas supere los 88 minutos."Three" es un film curioso y medianamente entretenido, pero no sirve como ejemplo significativo de la carrera cinematográfica de un director único como es Johnnie To.

En 2011, "The Raid" supuso una revolución dentro del cine de acción y un soplo de aire fresco a las muy manidas películas "de hostias". "The raid" era salvaje, un frenesí de acción non stop con la sencilla premisa de un escuadrón de policías que entra en un edificio atestado de narcotraficantes y demás maleantes armados hasta los dientes. Las escenas de pelea eran de una calidad y salvajismo impecable e Iko Uwais se erigía como nuevo rey de las artes marciales. En 2014 llegó la secuela, "The Raid 2", con igual o aún superior calidad que su predecesora.
En Sitges nos ha llegado "Headshot", protagonizada de nuevo por Iko Uwais y con la promesa de, por lo menos, mantener las elevadas dosis de diversión y batallas gore de "The Raid".
En el film, un hombre despierta en un hospital, incapaz de recordar quién es. Poco a poco y con la ayuda de una doctora, se va recuperando. Sin embargo, su pasado no tarda en alcanzarle, cuando un capo de la droga secuestra a la médica. El desmemoriado Ishmael deberá enfrentarse a una banda de luchadores que, quizá, fueron también sus compañeros.
Frente a un público que lo dio todo en la sala Tramuntana y que aplaudía y gritaba a cualquier momento estrella del film, "Headshot" dio lo que uno esperaba e incluso más. Una propuesta que no destaca precisamente por su historia ni mucho menos. 

Las situaciones y tics propios de este género están requete sobados, el romance entre la enfermera de buen ver y el personaje de Uwais es más fino que el papel de fumar y provoca algún que otro momento risible.
Además, para nuestro pesar, a Iko Uwais, cuando no está dando hostias y se le exige una interpretación dramática, es un actor más bien justito.
Pero cuando entramos en materia, es cuando "Headshot" muestra sus cartas. Las escenas de lucha, y que suponen el 70% de la cinta, son tan espectaculares como "The Raid". Cada set piece está filmado con una adrenalina, salvajismo y sorpresa que quitan el aliento, y esto convierte a "Headshot" en un film por encima de la media de este tipo de producciones.
Una película que compensa su flojisima historia con unas inmejorables escenas de acción, y que sirven de consuelo para quien esté a la espera de "The Raid 3". Así pues, todo un entretenimiento más que estupendo y satisfactorio para los amantes de las "tullinas".


Noche del viernes al sábado, 1 de la mañana, haciendo cola en el cine Retiro con los párpados pesados como una roca, tras haber aguantado ya 5 películas y demás paseos por el Brigadoon y tiendas de cine... sólo podía hacer esto por una de las películas más esperadas por mí del festival, el
crossover más explosivo y fantasmal de los últimos años, "Sadako vs Kayako". En mi adolescencia viví de lleno la fiebre por el terror asiático y de hecho son unos films que me apasionan. Es evidente que "The Ring" (1998) supuso un antes y un después, no solamente en el género del terror mundial con una propuesta que volvía a los orígenes del horror y el minimalismo, sino que originó la llegada a nuestras fronteras de demás cine asiático y de todos los géneros: del terror, al drama, al indie (Internet, además, tuvo mucho que ver en eso).
Los amantes del cine, cansados del hermetismo de Hollywood y sedientos de nuevas sensaciones, aplaudimos felices. Otro de los films que salieron a rebufo de esta fiebre del J-Horror de principios del 2000 fue "La maldición" (2003) de Takashi Shimizu, un film que sobresalía sobre la mayoría de clones con su estética fría y netamente terrorífica, capaz de provocar horror con los mínimos elementos, con unos fantasmas sencillos pero escalofriantes; el niño Toshio y su madre Kayako ya personajes míticos del género.
No sólo "The Ring" disfrutó de una secuela y una precuela (interesantes), el remake americano obligado y un reboot japonés (las divertidas Sadako 3D 1 y 2), sino que también "La maldición" (o Ju-on) tiene el dudoso honor de ser una de las sagas recientes más largas y repetitivas, con 11 entregas. Agotado el filón desde hace muchos años, sólo quedaba una cosa: enfrentar a las dos fantasmas más famosas del cine japonés en un combate de proporciones épicas.
Antes de empezar a criticar el film, he de destacar dos cosas: primero, que el cortometraje que nos proyectaron antes del film y titulado "Death Metal" de Chris McInroy fue una absoluta maravilla de 4 minutos, gamberro y sangriento, nada que ver con los engendros pedantes e indiferentes que hasta ahora me he cruzado en esta edición en formato corto.
Y segundo, que el público presente en la maratón estuvo totalmente fuera de sí y eso ayudó a que, por un lado no me durmiera, y por otro que la proyección fuera inolvidable, todo un plus a verla solo en casa.
"Sadako vs Kayako" es un lavado de cara en toda regla. Es imposible a estas alturas tomarse en serio el argumento sin que sea involuntariamente cómico (el error que cometían las ultimas entregas), así que se opta por ofrecer una parodia muy autoreferencial en donde se ríe de sus propias reglas y códigos pero con una inteligencia y savoir fair que ya quisiera cualquier entrega de Scary Movie.
Sus 90 minutos son entretenidísimos, ya que vivimos 3 películas por el precio de 1. Por un lado asistimos a una historia típica de "The Ring", con unas adolescentes siendo malditas por el infame vídeo y perseguidas por Sadako, mientras que en paralelo seguimos a otra adolescente que se muda justo al lado de la casa maldita de Kayako y Toshio, los cuales empiezan a atormentarla. Todo esto provoca que el ritmo sea endiabladamente divertido y veloz, ya que no dejamos de asistir a revelaciones, golpes de efecto y apariciones fantasmales.

Finalmente, estas dos historias se cruzan y vemos el tan esperado enfrentamiento entre las fantoches, tan excesivo y delirante como todo film japonés de estas proporciones obliga. Otro puntazo del film resultan esos dos personajes de una niña ciega y un cazademonios, que ayudan a los personajes protagonizando momentos delirantes y paródicos.
"Sadako vs Kayako" es un film muy entretenido que no pasará a la historia (ni es su intención) y que ha supuesto un necesitado lavado de cara al terror japonés con humor y orgullo.
Y a pesar de todo el buen humor, es de alabar que aún y así Sadako siga causando inquietud.

miércoles, 26 de febrero de 2020

A BRIDE FOR RIP VAN WINKLE (2016)


Tras la buena aceptación del delicioso anime The case of Hana & Alice (2015), un Iwai, al parecer, recuperado de energías de una manera que no se le veía desde 15 años atrás, se embarca en un proyecto ambicioso y que supone su regreso a la ficción japonesa en imagen real, A bride for Rip Van Winkle (2016).

El complejo proyecto tiene como protagonista absoluta a Nanami, miembro del personal docente de un instituto, que conoce a Tetsuya a través de SMS y decide casarse con él. Pero Nanami no tiene muchos parientes, por lo que recurre a la agencia Nandemo-Ya, llevada por Amuro.
Ella le pedirá que envíe gente a su boda con el objetivo de fingir que son parientes suyos. Al inicio de su matrimonio, Nanami pillará a Tetsuya teniendo una aventura, pero su suegra Kayako, insiste que es Nanami quien la tiene. Debido a ello, Nanami se verá obligada a abandonar su hogar. Amuro ofrecerá entonces a Nanami, que se encuentra en problemas, extraños trabajos a tiempo parcial.
A bride for Rip Van Winkle nos devuelve al Iwai más cruel y desolador, ése que analiza sin tapujos la sociedad japonesa actual así cómo la parte más oscura de las relaciones humanas. El tema principal del film se basa en el papel de la mujer dentro de la sociedad japonesa, un papel basado en las apariencias, en el obligatorio cuidado del esposo y en el cumplimiento de sus deberes sociales.
Imagen y conceptos que Iwai analiza en nada más y nada menos que 3 horas de metraje.
Lo primero que podemos decir es que los planteamientos en los que se basa el film son más que interesantes y apasionantes. El recorrido vital del personaje de Nanami, de mujer que busca ser convencional pero que poco a poco se irá liberando de sus ataduras sociales hasta convertirse en un ser independiente y dueña de su destino, es el esqueleto por el que recorre el film.
En ese sentido, la obra es implacable y cruel con su protagonista, y en definitiva Iwai nos deja con el regusto de que no tiene ninguna esperanza en las relaciones y de qué forma la frialdad y el desapego es dueño de la sociedad de este nuevo siglo. Nanami conoce al que será su futuro marido a través de Internet y la ironía de que la muchacha debe acudir a una agencia de actores para que finjan ser sus familiares en la ceremonia está cargada de un conmovedor patetismo. Más aún cuando descubre que su recién marido tiene una amante, y por presiones familiares o por no resultar ser la buena esposa que se le exige, acaba siendo abandonada en plena calle, en la que es la escena más memorable y puramente Iwai del film.
Más tarde comenzará una serie de extraños trabajos en lo que resultará un viaje a la búsqueda de sí misma. Finalmente conocerá a Mashiro (quien resulta ser una actriz porno) con quien compartirá una extraña y solitaria mansión e iniciará una curiosa relación amorosa y homosexual llena de sutilidad y con destino trágico. Es en este tramo final en la mansión donde el film alcanza sus mejores momentos con la pareja de féminas compartiendo momentos llenos de sensibilidad y amargura.
Nanami, una chica solitaria y tímida que busca ser convencional

Es profesora y hasta los alumnos se burlan de ella

Conoce un hombre por Internet y se casan. Al parecer, un cambio a mejor...

Nanami acude a un grupo de actores para que se hagan pasar por sus familiares en la boda
Injusticias familiares y el esposo con una amante: Nanami acaba en la calle

Conoce a Mashiro quien tiene un concepto de la vida algo diferente

Las dos compartirán una extraña mansión aunque su relación no tendrá un final demasiado feliz
Nanami a la búsqueda de su yo interior y una nueva vida
El problema con A bride for Rip Van Winkle es que resulta una sucesión de pequeños momentos interesantes pero que pecan de confusos y algo desordenados e inmersos en un metraje en definitiva excesivo (se realizó una versión acortada del film de 2 horas de cara a su proyección internacional).
No se acaban de entender del todo las intenciones del personaje de Go Ayano, el jefe de la extraña agencia de actores, ni el por qué de su desinteresado cariño hacia Nanami. Visualmente, y aunque me siga pareciendo extraño, esta reconversión a la imagen digital más nítida de su director en esta ocasión resulta muy acertado, realizando algunos momentos excelentes a nivel visual, como es la citada escena en que Nanami es abandonada, los momentos en la mansión con Mashiro o su escena final.
El film también se beneficia de las estupendas interpretaciones de las dos féminas protagonistas, en especial Haru Kuroki (La casa del tejado rojo), quien carga a sus espaldas todo el peso del film a pesar de tener un papel poco empatizable como es el de la típica mujer pasiva japonesa. Y si Iwai ya usó a la cantante pop Chara para Picnic y Swallowtail Butterfly, en esta ocasión el personaje de Mashiro es interpretado por la también cantante Cocco con un papel muy acertado y lleno de matices interesantes.
A Bride for Rip Van Winkle supone el regreso de Shunji Iwai al cine de ficción con una obra muy interesante a nivel de contenido y planteamientos, como son el papel de la mujer en la sociedad japonesa y la parte más oscura de las relaciones sentimentales, pero es una obra que peca de exceso de metraje y cierta desorganización y confusión. Pese a todo, es un film bien curioso, distinto, que lleva indiscutiblemente el sello de su director y que alcanza momentos conmovedores gracias a su protagonista femenina a la búsqueda de su lugar en el mundo.

De momento el director no cesa en su actividad. En 2017 ha realizado una miniserie de cortometrajes para Nescafé titulado Chang-Ok’s Letter para la cual se ha trasladado a Corea del Sur y ha contado con un reparto coreano con la mega-estrella Doona Bae como protagonista. Y para agosto de 2017 se estrenó la versión anime de su primer éxito Fireworks, para el que Iwai ejerció de guionista.

VAMPIRE (2011)

7 años tuvimos que esperar para ver un nuevo largometraje de Shunji Iwai, aunque el director tampoco estuvo quieto durante este tiempo. Por un lado se centró en tareas como productor y guionista para films de jóvenes directores, los cuales intentaba proyectar a través de su productora Rockwell Eyes. Films como la recomendable Rainbow Song (2006), Bandage (2010) o Halfway (2009).
Obras interesantes y que a pesar de no estar dirigidas por Iwai tenían inevitablemente la marca de estilo del director. Para 2008, Iwai participó en el film de segmentos New York, I love you (2008) dirigiendo a Orlando Bloom y Christina Ricci en su correspondiente pieza corta. Aunque Iwai, durante estos años destacó en el campo del documental realizando en 2006 The Kon Ichikawa Story, sobre la vida del célebre director japonés, una de sus máximas influencias cinematográficas, o el interesante Friends after 3.11 (2011), un documento insólito en el que Iwai ejerce tanto de director como de narrador, explorando la catástrofe de Fukushima prácticamente recién sucedida y yendo a los lugares devastados con varios directores de cine reflexionando sobre el desastre. Un documental que analizaremos próximamente.
Pero fue en 2011 cuando Iwai decidió aventurarse en el panorama independiente americano, realizando una suerte de co-producción para embarcarse en un nuevo largometraje de ficción, titulado Vampire. La primera apreciación que puedo expresar es que estos 7 años no le han sentado nada bien al director japonés; tanto, que Vampire no parece haber sido dirigida por el mismo Iwai que nos deslumbró con Todo sobre Lily (2001) o Historia de Abril (1998), pese a mantener ciertos puntos de
unión con su anterior filmografía.
Vampire relata las vivencias de Simon, profesor de biología, que tiene curiosas apetencias: le gusta beber sangre. El problema es que no disfruta asesinando gente, por lo que su estrategia es buscar a través de Internet personas que quieran suicidarse (chicas claro, no es tonto) y que tras seducirlas, las ayuda a morir.
Iwai se inspiró para crear el guión de Vampire tras haber tenido la idea de presentar a un asesino en serie que fuera amigo de sus victimas, atrayéndole la cuestión de si las victimas colaboraban con su asesino para ayudarlas a morir. ¿Se consideraría asesinato o suicidio?.
El planteamiento es bien interesante y se ve condensado estupendamente en los primeros 15 minutos. El arranque de la obra te llena de intriga, misterio y suspense frente a lo que estamos viendo hasta que descubrimos las intenciones tanto de Simon como de su potencial victima.
Podríamos decir que tras este más que curioso arranque cargado de una idea de base muy interesante, ya no hay nada más. Vampire se dedica a dar vueltas una y otra vez sobre la misma idea sin llegar a ningún lado claro. Ni explora en profundidad la psicología del personaje ni evoluciona sus planteamientos hacia otros terrenos.
No ayuda nada el papel protagónico de Kevin Zegers (interpretando a Simon), y quien realiza una interpretación verdaderamente sosa y anti empática. Simon resulta un personaje antipático y por el que no sentimos el menor interés o aprecio, por lo que el núcleo por el que pasa el film se hunde.
Simon es un profesor peculiar: le gusta beber sangre (de jovenzuelas, eso sí)
Busca a chicas por Internet que quieran suicidarse y las ayuda a morir

Su existencia es depresiva
Además tiene que encargarse de su madre enferma de Alzheimer
Por lo menos, la recuperada presencia de Yu Aoi (como alumna de Simon) nos hace recordar tiempos mejores
La película presenta ciertos guiños o lugares comunes a la anterior filmografía del director, como son los oscuros usos de Internet, el vacío existencial de la juventud o el suicidio, pero los momentos surrealistas y escabrosos que en films como Picnic (1996) funcionaban como un tiro, en Vampire resultan poco acertados.
Es curiosa la imagen de la madre de Simon, enferma de Alzheimer, atada con globos para mejorar su movilidad en casa, pero la escena en que la pobre mujer salta de la ventana de su habitación y aterriza suavemente en la calle gracias a los globos sobraba.
El film recorre terrenos explorados anteriormente en referentes como Martin (1977), la humanización del vampirismo y presentarlo como una enfermedad o una adicción, pero no es tratado de una forma mínimamente interesante.
Visualmente, la impoluta imagen digital de Vampire no sienta demasiado bien a este nuevo cine de Iwai. Digamos que el estilo del director bebe mucho de la estética de los 90 y del mundo del videoclip, así que esta modernización a nivel visual de su cine, opino, le deja poco margen de maniobra.
Iwai hace uso de habituales en el apartado actoral y se agradece al menos la presencia de Yu Aoi como alumna de Simon, y quien tiene ciertas ideas suicidas (la chiquilla parece que no haya pasado el tiempo para ella, está igual). Aoi protagoniza los momentos más tiernos y destacables del film. Para fanáticos del cine de terror, Iwai recupera durante unos minutos a Katherine Isabelle, quien hacía de mujer lobo en la trilogía Ginger Snaps.
En definitiva, Vampire no supone el regreso triunfal a la ficción de Shunji Iwai. Un film con ideas de base interesantes y prometedoras pero lastradas por un metraje que no deja de dar vueltas sobre lo mismo y un personaje protagonista bastante insufrible.
Por lo menos la escena final con Simon y una joven víctima, lista para morir pero que antes aprovecha para realizar algunos pasos de ballet (como despidiéndose de su propio cuerpo), es destacable y acaba por dejar un sabor de boca algo mejor.
Vampire se presentó en el Festival de Sundance de 2011 y la crítica fue mixta aunque eso no evitó que el film ganara el Prize en el Festival de cine de Estrasburgo 2011 o una Mención Especial en el Fantasia Film Festival del mismo año. Vampire es, por el momento, la primera y ultima incursión americana de Shunji Iwai, pues el director parece que decidió volver a los orígenes y regresar al cine puramente japonés en 2015.

martes, 25 de febrero de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2018 (3/3)

Había mucha expectación tras los primeros avances de Mandy, presentando una idea de base insuperable como es ver a un cada vez más desbocado Nicolas Cage, ensangrentado y motosierra en mano, enfrentándose a una secta pseudo-católica y demás criaturas del averno. Y así lo demostraba una kilométrica cola que daba la vuelta al Auditori Melià siendo poco más de las 8 y media de la mañana.
El resultado final, seguro que no era lo que esperaban exactamente muchos de los espectadores. Mandy presenta a Red (Cage), un leñador que vive alejado del mundo junto al amor de su vida, Mandy. Un día, mientras da un paseo abstraída, Mandy se cruza sin saberlo con el líder de una secta que desarrolla una obsesión por ella. Decidido a poseerla a cualquier precio, él y su grupo de secuaces invocan a una banda de motoristas venidos del infierno que la raptan, y en el proceso, hacen añicos la vida de Red. Decidido a vengarse y equipado con toda clase de artilugios, pone en marcha una matanza que deja cuerpos, sangre y vísceras allá por donde pasa.
El film está dirigido de manera muy personal por Panos Cosmatos, quien te introduce en una experiencia visual única y original que espantará o se adorará a partes iguales. Un estilo visual surrealista, un viaje lisérgico donde predominan ambientes con filtros rojos muy marcados y una sempiterna banda sonora a ritmo de una estruendosa guitarra eléctrica
compuesta por el tristemente fallecido Jóhann Jóhannsson.
La obra se compone de dos partes muy diferenciadas. Una primera hora hipnótica, densa y lenta, situada mayoritariamente en una cabaña, donde Cage y su compañera son asaltados por la secta de tarados cristianos, ya que el líder de ésta, como he avanzado, dice sentirse maravillado y deslumbrado por la mujer del gran Nicolas.
Una primera mitad que cabalga entre la fascinación y el hastío con un tempo inesperado para el que se esperaba una fiesta gore con Cage masacrando villanos desde el minuto 1. En la segunda hora vemos la tan deseada venganza, donde los “Jesus Freaks” son masacrados. Es destacable la desagradable presencia de una especie de cenobitas motoristas del infierno que harán pasar un mal rato a nuestro anti-héroe.
Nicolas Cage sigue dándolo todo a nivel interpretativo, a pesar de encadenar bastantes films de muy dudosa calidad, y ofrece una interpretación intensa y pasada de vueltas (la escena del lavabo es gloriosa en ese sentido, con una botella de vodka siendo bebida como si fuera agua).

Mandy es irregular pero fascinante en su forma y estilo visual; logra trasladarte a un mundo tenebroso y al infierno de una forma literal gracias al poder de sus imágenes y la maquiavélica e inolvidable banda sonora, que funciona como una invocación al mismísimo demonio.
El resultado es curioso, hipnótico y cansino a partes iguales. La historia está mil veces vista y se antoja repetitiva, pero es en el poder de sus imágenes donde Mandy merece una oportunidad. Recomendable.


Las críticas previas anunciaban “el film que ha hecho renacer el cine de terror argentino”, entre otras lindezas. No puedo estar más en desacuerdo con esta muestra más bien justita de cine fantasmagórico, con muchos tics a Expediente Warren, el Japan Horror y la comedia argentina más descafeinada.
Aterrados (2017) presentaba todos los elementos para salir airoso: un prólogo espeluznante y efectivo, una buena ambientación con todo un vecindario siendo aterrorizado por presencias y maldiciones fantasmales y unos para-psicólogos que intentan detener la amenaza espectral.
Su punto fuerte (que el film entre en materia desde el minuto 1) es a la vez su punto débil, ya que nos encontramos con una película forzada, que no dedica tiempo a calentar a la audiencia, ni prepara un ambiente de terror incómodo, ni crea unos personajes mínimamente bien construidos. Todo parece artificial, desde esos para-psicólogos de postín que no se los cree nadie y claramente deudores de la ola Expediente Warren, hasta esos golpes de humor a la argentina que no paran de sacarte de la cinta (el momento cadáver del niño en la cocina es totalmente risible).
A su favor he de decir que Aterrados funciona como una montaña rusa de emociones y golpes de efecto constantes, un tren de la bruja de apenas 85 minutos con criaturas extrañas, fantasmas, sustos y sangre. Consigue varios momentos truculentos como el mencionado prólogo, las visitas nocturnas del extraño ente al vecino, o su descontrolada y efectiva recta final. 

Pero Aterrados no cambia ni la historia del género de su país ni la de ningún lado, siendo una obra pasable y divertida pero falseada y “sin sangre en las venas".
Su director, Demián Rugna, ya lo dijo en la presentación pre-film: “Llevaba 9 años con esta historia bajo el brazo y nadie la quería, hasta que cuando por fin me la ofrecieron hacer, la realicé sin ganas”. Pues se ha notado.


The outlaws (2017) ha sido una de las sorpresas coreanas del año, gracias a una trama que combina el
sobado y repetitivo thriller coreano, con el policíaco, aderezado con grandes dosis de humor. Un film sin pretensiones cuyo único objetivo es hacer pasar un buen rato al espectador.
En la película, Jang Chen llega de China y trabaja como prestamista en una sórdida zona de Chinatown en Seúl. Mientras tanto, Ma Suk-Do es un detective en dicha área. Él trata de mantener la paz, mientras que dos pandillas chino-coreanas luchan por el poder.
La factura técnica del film es impecable y una dirección de ritmo imparable donde no se rechaza ofrecer algún momento truculento marca de la casa. Pero el alma del film no es otro que Ma Dong Seok, actor que había aparecido en innumerables films como secundario pero que tras su carismática participación en la adrenalínica Train to Busan (2016) el hombre se encuentra en un momento dulce en su carrera y no es para menos aunque se esté convirtiendo en el Bud Spencer coreano. Su personaje, el del teniente de policía de dudosos métodos, cascarrabias y que a la mínima reparte cachetadas a los delincuentes se antoja divertidísimo. Una interpretación que hace que un film a priori de tono ya muy visto haga que suba el nivel hacia un producto notable y digno de verse.
The outlaws es una cinta muy destacable y entretenida, de ritmo endiablado y con ajustadas y acertadas dosis de humor, diversión y drama (que también tiene que haber en un producto coreano).

miércoles, 19 de febrero de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2018 (2/3)

A pesar de la fama y el larguísimo recorrido (cuasi interminable) de esta mítica saga, la proyección de "Santo contra el doctor muerte (1973)" era mi primera aproximación al orondo y entrañable enmascarado de plata. Dentro del Festival de Sitges, la pequeña y humilde sala Brigadoon es el último refugio del cinéfilo, un lugar que te acoge para ofrecer joyitas escondidas y muy raras de encontrar para el aficionado.
Grandes momentos he vivido en esta sala, donde destaco el visionado de las obras más bizarras de Jesús Franco, la cita anual obligada con algún documental sobre el splatter italiano o la inolvidable sesión de Rape Zombie 2 y 3.
En esta ocasión, y con motivo del homenaje a la estupenda Helga Liné, se proyectó la cinta que nos ocupa, uno de los films clave de la saga del luchador mexicano. Ya la sinopsis es demencial: Unos ladrones entran en un museo y causan daños en el cuadro Los Borrachos de Velázquez. Se le encarga la restauración de la obra al doctor Mann, sin saber que es precisamente uno de los criminales.
Lo que Mann hará será sustituir el cuadro por una réplica. Además, tiene a varias mujeres secuestradas en su castillo. Aprovechando que el luchador y agente secreto Santo se encuentra en España, las autoridades le piden que investigue el caso junto con el detective Paul.

Con más de 50 títulos en su haber, la saga de Santo es una de las más largas de la historia del cine y abarca desde la seminal "Santo contra Cerebro del Mal (1958)" hasta ya entrados los primeros años 2000. ¡Cuál ha sido mi sorpresa durante el visionado del presente film!.
Lejos de encontrarme con una cinta aburrida y cutre de serie Z (así es la fama que arrastra la saga), Santo contra el doctor muerte (entrega nº 42 de la serie), resulta una entrega divertidísima y deliciosamente ingenua e inocente.
A pesar de que su extenso metraje para un proyecto de estas características (cuasi 100 minutazos) se haga muy cuesta arriba, la película es un despliegue pulp con mad doctors, enemigos imposibles, bases secretas subterráneas, compuertas, trampas mortales, muchas jovenzuelas luciendo palmito y un superhéroe permanentemente enmascarado y que es todo un galán con las féminas pero duro de pelar cuando se le requiere. Además, Liné (la verdadera protagonista), rezuma atractivo y buen hacer como espía y no somos excesivamente torturados con interminables batallas insípidas de lucha libre mexicana con Santo mostrando sus pectorales. Muy divertida muestra de Serie B. Seguiremos con la saga.


One cut of the dead (2018) se ha convertido en una de las grandes sorpresas del año y ni sus creadores se lo creen. Nacida a partir del trabajo de unos estudiantes de cine en Japón, con apenas 27.000 dólares de presupuesto pero con mucho ingenio, pasión y amor. Y eso se nota.
De estrenarse en 3 cines en todo Japón y gracias al boca a boca el fenómeno ha ido creciendo hasta que, meses después, el film aún esté colocado en el Top 10 nacional, con cerca de 10 millones de dólares recaudados además de triunfar por todo aquel Festival de cine que pase.
¿Es One cut of the dead merecedora de tanto revuelo? Decididamente sí. Era esperado la llegada de este film a Sitges y así se ha hecho notar en su primera proyección en una Sala Tramuntana llena hasta la bandera, con casi todo el cast presente. Sin duda, dicha proyección se ha convertido en uno de los momentos más mágicos y emocionantes que he podido vivir en los 13 años que llevo asistiendo a Sitges.
El proyecto se basa en la grabación de una película de serie B sobre muertos vivientes, hasta que ésta se ve interrumpida por un auténtico apocalipsis zombi.
A todo aquel que se acerque a tan encantador film, cuanto menos sepa mejor, porque su original guión es una de sus grandes bazas. Una obra que abre con un plano secuencia totalmente amateur algo discutible y que hace que empieces a dudar y
preguntarte: ¿Pero qué estoy viendo? Hasta que aparecen los zombis, claro, y el rodaje se convierte en un desmadre. No os digo nada más.
One cut of the dead rezuma amor por el cine por los cuatro costados. Amor, pasión y cariño por el proyecto que se está levantando, con unos actores entregados y una merecida reivindicación del trabajo de todos los que están tras las cámaras y que se dejan la piel por su proyecto.
Un largometraje que se pasa en un suspiro, cuyos personajes son verdaderamente entrañables, con un humor sano, muy gamberro, y unos giros de guión verdaderamente originales, que dan una nueva vuelta de tuerca al tan hastiado cine de zombis. Muy bien. Desde ya, mi favorita del año.
Con parte del cast de One cut of the dead tras la proyección
Aparecen los créditos finales, las luces de la Tramuntana se encienden y nos devuelven a la realidad. La sala estalla en aplausos y se pone en pie girándose hacia el cast del film, que emocionados, se levantan con lágrimas en los ojos agradeciendo la acogida. 5 minutos de aplausos y todos tan felices, porque amamos el cine.


Ver una cinta de hostias orientales es una tradición inapelable en el Festival, y The night comes for us no la iba a dejar escapar. La dupla de films de The Raid causaron una pequeña revolución en 2011 y 2014, respectivamente. Desde Indonesia, el inglés Gareth Evans creó una de las obras definitivas del cine de acción mostrando un ritmo desenfrenado, una violencia descarnada y unas luchas de artes marciales que quitaban el hipo. Después vino Timo Tjahjanto, un director procedente del género de terror más “disgusting” (VHS 2, Macabre...), agarró a la estrella de The Raid, Iko Iwais, y nos lo hizo pasar pipa a todos hace dos años con Headshot (2016), una nueva muestra de acción y hostias sin concesiones.
Pero si Headshot era un producto que podríamos considerar de videoclub, pese a sus grandes aciertos, Tjahjanto se supera a sí mismo con una de las obras definitivas del género.
The night comes for us (2018) cuenta la historia de Ito, un hombre que trabajaba para la mafia, el cuál tendrá que proteger a una joven y escapar de su anterior banda criminal, en una violenta batalla en las calles de Jakarta.
Producida por Netflix, la cual permitió al director total libertad para hacer las burradas que quisiera, el film es un espectáculo alucinante que no da tregua.

Da igual que la historia sea más fina que el papel de fumar, que ya ni recuerdas por qué están luchando ni el por qué de tantas muertes, y que hay personajes que vienen y van solo con la excusa de ofrecer alguna escena de acción más, la película te quita el aliento.
The night comes for us (2018) es la culminación del género, una obra que aglutina el silat (las artes marciales indonesas), el cine de acción de Hong Kong, las artes marciales chinas y el gore cartoon de La historia de Ricky (1991).
Las escenas de acción, salvajes y sanguinolentas a más no poder, son un festival de la carne hecha trizas, donde cualquier objeto puede ser usado para matar, un espectáculo cartoon pero no necesariamente cómico que nos shockea a cada segundo y que no deja de superarse minuto a minuto. Un film que pese a sus dos horas largas de duración no da respiro desde el minuto 1, a pesar de algún pequeño bajón de ritmo en su meridiano.
Iko Iwais vuelve a demostrar sus habilidades aunque cambiando a un registro algo más oscuro, cosa que se agradece, y Timo Tjahjanto ofrece una clase magistral de dirección realizando varias acciones en paralelo y sin perder en ningún momento ni el pulso ni el ritmo.
The night comes for us (2018) es de obligado visionado para los amantes de las tullinas sin complejos, del gore salvaje y de la acción desenfrenada. Inolvidable.

martes, 18 de febrero de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2018 (1/3)

Hace 2 años, Dante Lam emocionó a un servidor con Operation Mekong (2016) y su despliegue de set-pieces de acción imposible, frenética y de ciencia ficción, pero parece que no tuvo bastante sangre derramada en el celuloide.
La nueva locura de Lam, Operation Red Sea (2018) multiplica por 100 los tics y gusto de la acción por parte del director. Una película que no mantiene conexión con la anterior más allá del título y parte del cast. En China el éxito ha sido abrumador, convirtiéndose en la segunda película más taquillera de la historia del país.
En el film, La Marina del Ejército Popular de Liberación lanza una operación de rescate para salvar a un rehén en Ihwea y se desata una batalla feroz con rebeldes y terroristas.
Operation Red Sea es una experiencia alucinante en todos los sentidos. El despliegue de burradas que van pasando por delante de tus ojos es tal que no puedes evitar pasártelo en grande. Set-pieces de acción rodadas magistralmente con un grado de tensión insoportable y sobre todo con un nivel de gore que ni Peter Jackson en sus inicios. No se hacen concesiones; soldados enemigos, civiles y niños son atrapados por las balas y las bombas siendo despedazados y desmembrados. Todo un festival de hemoglobina que se complementa con una exaltación del ejército chino y un patriotismo que acaba por resultar delirante y divertidísimo.
Un film de excelente factura técnica y manejo de la tensión, y que si te la tomas a broma se convertirá en una fiesta inolvidable. Bravo por Dante Lam, pero a ver cómo es capaz de superar esta carnicería.

Y hay que tenerlos muy cuadrados para seleccionar a Operation Red Sea como la representante china en los Oscars.


En una cinematografía coreana cada vez más comercializada y repetitiva (no obstante cada año podemos encontrar 4 ó 5 joyitas interesantes), se agradece una aproximación a lo mejor del cine independiente, cada vez más oculto, del país del soju.
After my death (2017) venía precedida de varios premios de gran importancia en diversos festivales coreanos, un film que ha sorprendido a un servidor encontrándose con una experiencia incómoda y por momentos inquietante.
En la película, una chica de instituto muere una noche y al día siguiente la policía empieza a investigar. Una compañera de clase es sospechosa y empiezan a hacerle bullying en el instituto. Mientras, la madre sufre buscando respuestas y el instituto intenta hacer todo lo posible para salir adelante.
El arranque engancha de primeras con la policía investigando el posible suicidio de una jovencita y a los posibles sospechosos de ello, que bien podrían encontrarse en su propia clase.
Ahí es cuando asistimos a un cúmulo de pistas falsas, caminos que no llevan a ninguna parte y un misterio que parece crecer cada vez más a medida que nuevos descubrimientos se van conociendo. Un film que como ya afrontaron con gran acierto clásicos del reciente cine coreano como Princesa (2013) o Un monstruo en mi puerta (2014), se adentran en la parte más oscura y violenta de la adolescencia.

After my death, no obstante su calidad, queda un escalón por debajo de las mencionadas, pero es capaz de introducirte durante dos horas en una atmósfera rara, agónica y asfixiante con sorprendentes momentos inquietantes de violencia psicológica y física y un final, que a pesar de la primera reacción de insatisfacción que pueda provocar por no resolver el caso, es bien acertado generando más preguntas que respuestas. Una obra que va creciendo con el tiempo. Interesante.


Muchos conocimos a Shinsuke Sato gracias al enorme revuelo que montó la festiva proyección de I
am a hero en 2015, la adaptación del célebre manga de zombis de Kengo Hanazawa. Desde entonces, al director le han llovido nuevos proyectos relacionados con los live actions de animes y mangas varios, desde la nueva Death Note: El nuevo mundo (2016) a la esperada adaptación de Bleach (2018).
El film que nos ocupa hoy, Inuyashiki (2018) se posiciona como el trabajo más destacable hasta el momento del director japonés, adaptando el manga de Hiroya Oku, creador de Gantz. De entre el ingente aluvión de live actions que asaltan Japón desde hace unos años (algo parecido a la invasión Marvel de Occidente), Inuyashiki está un escalón por encima de estas adaptaciones, por lo general algo chapuceras (aunque entretenidas).
Inuyashiki, un hombre de mediana edad y Hiro, un adolescente, son atrapados por un extraño rayo gracias al cual adquieren poderes especiales. Cada uno de ellos usará ese extraño poder de manera muy diferente.

La película destaca por presentar a un personaje inolvidable como es el del propio Inuyashiki, un hombre cincuentón cuya vida no puede ser peor, con una familia que lo desprecia y un trabajo terrible, hasta que, de un día para otro, se convierte en un cyborg con capacidades asombrosas.

Por otro lado tenemos a Hiro, el típico outsider adolescente del cine japonés, de padres separados y objeto de bullying en la escuela y cuyo odio y rabia irán convirtiéndolo poco a poco en un villano.
Destaca un intento por dar tridimensionalidad a los 2 antagonistas, dándole a cada uno un trasfondo y una razón de ser bastante lógica. Se rodea todo el metraje de un halo épico y dramático muy conseguido, manteniendo las vidas y desarrollo de Inuyashiki y Hiro en paralelo la mayor parte del tiempo, hasta estallar en su clímax final: una sorprendente matanza de “inocentes” en el centro de Shibuya con posterior batalla robótica llena de espectacularidad, donde destacan unos excelentes efectos especiales.