CRÍTICAS PELÍCULAS

jueves, 29 de octubre de 2020

MYSTICS IN BALI (1981)


El cine de terror oriental destaca por su capacidad de sorpresa beneficiándose por utilizar toda una serie de leyendas y folklore tradicional de carácter local que a nosotros nos resulta inédito y desconocido. Empezando por la mujer fantasma y vengativa de los cuentos tradicionales de horror japoneses y que impresionaron al público de todo el mundo con su culminación como personaje en The Ring (1998). Similar apreciación se puede encontrar en el cine de terror de Indonesia y más concretamente en el bizarro subgénero de las cabezas voladoras. 

Mystics in Bali (1981) o Leák, supone uno de los primeros éxitos internacionales del horror indonesio. Hasta entonces el cine del país, aún contando con presencia de cine de género, estaba fuertemente influenciado por Bollywood por lo que era común encontrarse con musicales o romances más grandes que la vida. Con Mystics in Bali se quiso aprovechar el éxito que por aquel entonces estaba teniendo en Tailandia el cine de terror de cabezas voladoras además de echar mano de una leyenda tradicional envuelto de magia negra en el que una criatura en forma de cabeza de mujer (con sus órganos colgando) se dedicaba a asaltar por la noche a mujeres embarazadas para alimentarse de su sangre y succionar el feto de su interior. Terrorífico. Este folklore es recogido por el film con resultados muy locos. Mystics in Bali está dirigido por H. Tjut Djalil, quien acostumbraba a imbuir en sus films de una estética más occidental tanto en el cast como en el estilo narrativo de la película. Djalil también es el perpetrador de esa genialidad llamada Lady Terminator (1989). 

Mystics in Bali está basada a su vez en una novela de Putra Mada y cuenta la historia de una mujer americana llamada Cathy, quien tiene un novio indonesio, y que además se muestra muy interesada en todos los misterios de la magia negra de Bali, una de las islas que pertenecen a Indonesia. Cathy comienza a investigar sobre "Leák", la magia negra más potente del lugar pero su curiosidad la acabará por afectar con terroríficos resultados. Una vieja "chamana" la convierte en una cabeza voladora que devora fetos por las noches. Este plan vacacional no se lo esperaba.

Hay que echarle morro al asunto.
Como apuntaba, el film tiene cierto estilo occidental aún estar basado en elementos muy localistas. La pareja protagonista, por ejemplo. Cathy está interpretada por Ilona Agathe Bastian, una muchacha con más bien nula experiencia en el cine. Y es que Bastian no era más que una turista alemana que fue convencida por el director de casting de la película para participar en ella. Bonita historia. Su partenaire masculino es Yos Santo, actor indonesio pero con ciertos rasgos algo más occidentales y que lo pudimos ver en films como The Devil's Sword (1984) o The Warrior and the Blind Swordsman (1983). Mystics in Bali funciona como experiencia alucinógena, oscura y especialmente bizarra por su uso del terror entre otros elementos inesperados. Esa criatura tan extraña, esa cabeza femenina (con sus intestinos y demás órganos internos "colganderos") provoca momentos inolvidables por su desvergüenza a la hora de mostrar "al bicho" como también por sus efectos especiales. Resulta realmente perturbador momentos como esa visita nocturna de la cabeza voladora a una cabaña donde reposa una mujer embarazada y es atacada siendo succionado su feto. El film, además, resulta todo un muestrario de magia negra con una anciana bruja que protagoniza enfrentamientos mágicos con rayos y luces de colores. Los momentos extraños no dejan de asaltar nuestros ojos ya desde esos créditos iniciales con la bruja del film bailando de forma maniáca frente al espectador con una música del diablo hasta llegar a esa bizarra pero cruda transformación en un cerdo. Súmale los enfrentamientos mágicos entre los personajes y que acaban por coronar todos estos momentos sorprendentes para la vista. Todo está derivado, sin duda, del folklore indonesio pero resulta realmente sorprendente y perturbador para ojos occidentales por lo inédito del asunto.
La pizpireta Cathy está muy interesada en la magia negra local.

Su encuentro con una "chamán" la cambiará para siempre.

Tanto que la convierte en una cabeza voladora vampírica. ¿A que no lo esperabais?

Le succiona el feto a una pueblerina embarazada. Creo que le dejará mal sabor de boca a Cathy por la mañana.

Más momentos alucinógenos. Transformaciones animales.

Y enfrentamientos mágicos.

Mystics in Bali ofrece un envoltorio de paupérrima factura técnica y visual pero hay que valorarle ciertos detalles. Su visionado te embarga de una sensación inquietante, oscura y bizarra por los elementos antes mencionados derivado de las criaturas y los sortilegios de magia negra presentados. Pese a estos elementos llamativos, el ritmo y montaje del film no ayuda a que el espectador aguante el sueño siendo algo difícil llegar hasta el final con el mismo interés. Podemos destacar la banda sonora de Gatot Sudarto siendo ésta muy atmosférica y que ayuda a meterse en el terreno fantasmagórico del film. 

Un film curioso que gozó de éxito en su país, abriendo una beda para el género de horror en Indonesia además de cierta apertura internacional como es el caso de Estados Unidos. Las películas de cabezas voladoras siguieron invadiendo los cines del país en los años venideros teniendo ejemplos como The Witch with Flying Head (1982). Un género la mar de curioso por sus características. Al parecer, existe una versión extendida de 2 horas de Mystics in Bali (siendo la versión llegada a los cines de unos 80 minutos), aunque no he encontrado muchos datos al respecto.

miércoles, 21 de octubre de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2020 (4/4)

Como nos enseñó el Festival de Sitges en 2016 con su maravillosa retrospectiva sobre la ciencia ficción rusa, la Guerra Fría entre EEUU y la Unión Soviética no se detuvo en la estrategia militar, nuclear y espacial sino que afectó al cine demostrando una cinematografía dedicada a la ciencia ficción la mar de interesante como Planeta Bur (1962). Estos últimos años parece haber una revitalización del género con un nivel de producción y aspiraciones que rivalizan con lo visto en Hollywood. Sputnik (2020) viene a ser un ejemplo del estado de salud del género en Rusia.

El film sigue al único superviviente de un enigmático incidente de una nave espacial. ¿El problema? No ha regresado solo a casa, escondiéndose dentro de su cuerpo una criatura peligrosa.

Sputnik (2020) es un film a tener en cuenta ya que demuestra muchos aciertos. Una primera mitad atmosférica y sumamente interesante que plantea un tema manido como es el de la criatura extraterrestre que se alberga en el interior de un astronauta pero visto desde un pisto de vista científico, psicológico y genético. Una primera mitad que explota estas posibilidades a la perfección además de mostrar un pulso narrativo impecable, buenas interpretaciones amen de una banda sonora atronadora. El nivel de producción es excelente mostrando a una criatura alienígena que si bien no despertó emociones en mi a nivel de diseño si que me pareció de cierta entidad. La lástima con Sputnik es que el film alarga en demasía el chicle durante su segunda mitad de metraje, estirando las relaciones entre los personajes y las idas y venidas de la criatura en demasía encontrando, ahora si, algunos tramos ya manidos con la criatura causando estragos entre los soldados en túneles oscuros con sangrientos resultados. Su conclusión, aunque acertada, no consigue emocionar, no obstante nos encontramos con un film de ciencia ficción con "bicho" más que interesante pero que no acaba por rematar eficientemente sus sanas aspiraciones. Se hubiera agradecido concentrar mejor su duración. En cierta manera, Sputnik me recordó a otro reciente film de sci fi como es la muy notable Life (2017), en el sentido de proponer una historia muy manida pero añadiéndole una vuelta más seria y científica. Pero donde Life (2017) triunfaba con su aparente sencillez, Sputnik naufraga parcialmente en sus pretensiones, aunque bien valen un visionado.


La epidemia del coronavirus ha hecho que el mundo de las artes piense formas alternativas de expresión. A algunos, el confinamiento les ha hecho agudizar el ingenio tal y como demuestra Host (2020), una de las sensaciones del género de terror del presente año. Un experimento más que curioso y que funciona a la perfección proponiendo un ejercicio cinematográfico que utiliza los mínimos elementos: nada más y nada menos que una conversación a través de Zoom entre un grupo de amigos donde los fantasmas camparán a sus anchas.

Host cuenta la historia de seis amigos que realizan una sesión espiritista por Zoom durante la cuarentena, lo que les lleva a vivir una serie de aterradoras experiencias. Cuando un espíritu maligno invade sus casas, comienzan a preguntarse qué es lo que pueden hacer para sobrevivir a la noche.

Host viene dirigida por el inglés Rob Savage y sabe utilizar sus limitadas herramientas a la perfección. Tiene su guasa plantear realizar una Ouija a través de Zoom y Savage consigue crear auténtico terror con lo mínimo gracias a un estupendo uso de los silencios, el fuera de campo o la propia interfaz de la aplicación de Zoom. Un film que con solo 55 minutos sabe crear una atmósfera de pánico que va in crescendo hasta la previsible desgracia mortal que sufren los protagonistas. A pesar del buen nivel general, Host utiliza algunos elementos bastante sobados del found footage a la hora de dar los sustos o las apariciones fantasmales. Planteamientos bastante manidos en ejemplos como podría ser la saga Paranormal Activity. Aún así, el film es una experiencia que pasado el tiempo quizás se vea como algo único y perteneciente a este extraño 2020 pero sin ninguna duda estamos hablando de uno de los ejercicios de terror más destacables del presente año.


Tal y como estamos presenciando en esta edición, Indonesia viene fuerte en materia de cine de terror siendo un país de fuerte tradición en el género y así lo atestiguan las docenas de cintas que asaltan sus cines cada año aunque es una lástima que aquí nos lleguen cuatro películas contadas. No obstante, hay que reconocer el excelente estado de salud del género en el país estos últimos años y así lo vemos en films como May the Devil Take you (2018) (con su secuela lista para verla próximamente), The Queen of Black Magic (2019) o la presente Impetigore (2019), otra lección impoluta de saber crear atmósfera y mal rollo.

En el film, Maya y su mejor amiga Dini tratan de sobrevivir en la ciudad sin tener una familia. Un día, Maya descubre que es posible que haya heredado una gran fortuna de sus antepasados, por lo que decide regresar a su pueblo natal junto a su única amiga. Sin embargo, un peligro aterrador les espera allí a ambas.

Impetigore (2019), o Perempuan Tanah Jahanam, es la nueva película del especializado en el género Joko Anwar y es un film que te engancha desde el minuto 1 con una apertura de infarto. El ataque en el peaje de la autopista a Maya, nuestra protagonista, debería ser un ejemplo a seguir de cómo saber crear suspense y terror con los mínimos elementos. Un arranque fulgurante y que parece no bajar el ritmo a medida que avanza el metraje cuando tanto Maya como su mejor (y "pesadika") amiga, Dini, viajan a su pueblo natal en busca de una posible herencia en forma de mansión. Anwar va dejando pequeños elementos que van aumentando nuestra incomodidad: el descubrimiento en la pierna de Maya de un pequeño pergamino alojado en una herida, ese poblado alejado de todo sin presencia de niños, muertes extrañas... Impetigore resulta un film muy entretenido que sabe crear ambiente y mal rollo utilizando las tradiciones locales en materia de espiritualidad y magia como fuente de inspiración. La lástima es que se va denotando que va perdiendo fuelle a partir del último tercio del film y me parece que Anwar no sabe cerrar sus planteamientos a la altura habiendo demasiadas explicaciones y flashbacks excesivos finiquitando el film en una exagerada demostración de hemoglobina. Pese a todo, un muy destacable film de terror que nos demuestra a Indonesia como un país muy a tener en cuenta en materia de horror.


El género slasher siempre es disfrutable de cara al fan del horror desde los tiempos de Halloween y Viernes 13 pero no nos engañemos, es un género que siempre le ha costado ofrecer historias y situaciones nuevas que se alejen de los tópicos habituales (The Final Girls es toda una sorpresa, en ese sentido). El inmovilismo del slasher es una desventaja aunque salvado por directores amantes del género que ayudan a darle una vuelta a lo mismo o a hacerla mínimamente disfrutable. 

Open 24 Hours (2018) ofrece un punto de partida muy interesante amen de un escenario atrayente como son esas estaciones de servicio perdidas en medio de la nada pero dichas esperanzas van naufragando en el sopor más absoluto. El film sigue a Mary, quien acaba de salir de un hospital psiquiátrico en el que fue internada tras prender fuego a su novio, un psicópata, que la obligaba a mirar cómo asesinaba a sus víctimas. Al poco de empezar a trabajar en una gasolinera remota, las personas empiezan a morir alrededor de la joven, y su ex reaparece. Pero, ¿está realmente allí o se trata del delirio de la protagonista?

Open 24 Hours (2018) ofrece una buena factura visual y unos primeros compases misteriosos e inquietantes. Las alucinaciones de Mary, esos asesinatos cuasi fantasmales, la presencia de su ex-novio psicópata, la lluvia torrencial en la gasolinera... La historia suelta elementos que aumentan el misterio y el suspense pero dichas expectativas van cayendo cual castillo de naipes a medida que avanza el metraje encontrándonos con la misma historia de siempre aunque con unas pretensiones fallidas y un poco atrevimiento por parte del director. Una protagonista que de un momento a otro deja de tener alucinaciones, personajes que van y vienen, un psicópata de poca entidad y un ritmo que te va introduciendo en un agradable sueño. Open 24 Hours no cambiará en absoluto la historia del slasher siendo un film que se las quiere dar de listo pero fracasa estrepitosamente.


Hace dos años, el incansable Timo Tjahjanto (The night comes for us, Headshot...) realizó un film tan divertido como May the devil take you (2018), llegado de Indonesia y donde se explotaba el folklore popular en base a las maldiciones y las posesiones con un poquito de la mala baba y festividad gore de la trilogía Evil Dead de Sam Raimi. Ahora, Tjahjanto nos vuelve a querer aterrorizar con May the devil take you too (o 2), una secuela más grande, más sangrienta y más ruidosa.

Dos años después de escapar del demonio, Alfie y Nara tratan de rehacer sus vidas. Pero la primera sigue atormentada por la culpa y sufre visiones extrañas. En realidad, el tormento está muy lejos de haber terminado, ya que una entidad ávida de almas acecha todos sus pasos.

May the devil take you 2 (2020) nos lleva a un nuevo emplazamiento (un orfanato con un pasado que me recordó a The Queen of Black Magic) con un nuevo despertar maléfico cerniéndose sobre los personajes y a la pobre Alfie, la cual el mal no deja de perseguirle. El film es una montaña rusa. Una fiesta de puro Sitges con seres extraños, sangre y sustos apareciendo casi desde el minuto 1. Timo sabe mantener un buen ritmo durante todo el metraje logrando en ciertos momentos crear cierto malestar aunque la mayor parte del film se entregue al disfrute sanguinolento. Muchas posesiones, muchos gritos y mucha sangre con una influencia de Evil Dead bastante más clara que su antecesora con un tramo final ya desopilante en el que entra en terrenos de la fantasía. A pesar del abuso de jump scares facilones, algunas apariciones fantasmales que no me acabaron de convencer en su diseño "carnavalesco" y sus malas interpretaciones (Alfie, interpretada por Chelsea Islan, es un ejemplo) si que es una cinta la mar de divertida y disfrutable de cara al fan. ¿Habrá tercera parte? 

Sin duda, una de las triunfantes de este Festival de Sitges ha sido el cine de terror llegado de Indonesia demostrando un nivel de calidad muy notable en todo lo que hemos podido ver. Y hasta aquí la edición más extraña de este Festival de Sitges. Una edición para la cual hay que quitarse el sombrero a nivel organizativo. Se han tomado todas las máximas precauciones tanto fuera como dentro de la sala y no me queda más que aplaudir el trabajo de todo el equipo del Festival. Desgraciadamente mi presencia en Sitges ha tenido que ser más corta de lo pensado debido a una tragedia familiar que ha hecho tener que dejar mis visionados. El año que viene volveremos más fuertes y orientales que nunca. ¡Un saludo!

martes, 20 de octubre de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2020 (3/4)

Nos avisaba Márk Bodzsár por medio de un video de presentación, que Comrade Drakulich (2019) era la primera película de vampiros (o algo así) de Hungría. Comrade Drakulich ya llamaba la atención por su argumento en el que se mezclan los vampiros, el espionaje y los comunistas ambientando todo en la Hungría perteneciente a la Unión Soviética en los 70. Un mix aderezado con mucho humor y que ha supuesto una sorpresa más que agradable para un servidor.

Hungría, años 70. El camarada Fábián, el héroe húngaro de la revolución cubana, regresa a casa para participar en una campaña de sangre para Vietnam, la nación hermana comunista de Hungría. Pero algo anda mal con el viejo camarada: parece un hombre de 30 años, tiene un comportamiento genial y conduce un Mustang rojo fuego. Una joven pareja que trabaja para la policía secreta es asignada para vigilar al extraño…

Comrade Drakulich es una muy simpática cinta con un vampiro de los "modernetes" (no tiene colmillos) y que a través de una trama de espionaje se intenta averiguar porqué Fabián (el vampiro), aún a pesar del paso del tiempo, no le sale ni una sola cana. La pareja de espías (Lili Walters y Ervin Nagy) resulta muy entrañable, en especial el personaje creado por Walters, quien poco a poco irá sintiendo una atracción irreversible por el vampírico Fabián. El film muestra en general una buena factura visual y firme dirección. Su humor resulta bastante efectivo y poco a poco nos sumerge en terrenos algo más serios pero sin perder su espíritu de diversión. No me acabó de convencer Zsolt Nagy como líder y arrebatador vampiro siendo correcto sin más. El clímax final se guarda alguna sorpresilla y ese final ambientado en tiempos presentes y en un vagón de metro me pareció excelente. Comrade Drakulich (2019) no pasará a la historia pero reconozco que en sus nada abultados 90 minutos me ha sabido sacar la sonrisa.



Tuve la excelente oportunidad de volver a coincidir en el festival con el genial 
Octavio López (de la web Godzilla en castellano) el cual presentaba otro de sus libros, ¡Está vivo! La saga mutante de Larry Cohen, dedicado a la curiosa y clásica trilogía sobre los bebés mutantes. Me sentí honrado de poder acompañar tanto a Octavio como a sus compañeros en un hilarante paseo por Sitges, paseando López, un carrito con el bebé mutante de la película ¡Estoy vivo! (1974) metido en él. Las caras de la gente viendo al bicho no tuvieron precio. Frente a su asombrosa productividad en material lectivo me contaba, con un brillo de ojos, que tenía en la cabeza 5 o 6 libros más. Fascinante, si contamos el de Critters, Noche de miedo, El monstruo del armario y la segunda parte de Hace un millón de años... aún falta alguno más. Admiro esa capacidad creativa.

Después de asustar a un par de incautos y varias fotos después nos introducimos en una sala del Auditori Melià donde se presentó tanto la nueva obra de Octavio como el libro Hellraiser: Mitología del lamento de Sergio Colmenar así como las próximas novedades de la peleona editorial Applehead Team. Todo un placer Octavio y espero que nos volvamos a ver pronto.
No es que tenga chepa, es que el niño no para quieto.


Vivimos en un mundo que aún a pesar de la superpoblación, uno no puede evitar sentirse solo en medio de la jungla de asfalto. Las redes sociales entre otros medios despersonalizados sirven como válvula para sentir algo de calor humano de entre una vida fría y solitaria. Rent-A-Pal (2020) viene a enseñarnos que la búsqueda del amor a través de métodos pintorescos no es una cosa del Siglo XXI.

Rent-A-Pal, viene dirigida por Jon Stevenson y está ambientada en 1990. Un soltero solitario llamado David busca la manera de escapar del aburrimiento diario que le supone cuidar de su madre anciana. Un día descubre por accidente una extraña cinta de vídeo llamada Rent-A-Pal presentada por el carismático Andy. Esta ofrece todo lo que David necesita: compañía, compasión y amistad. Sin embargo, su relación tiene un coste mucho más alto de lo que él está dispuesto a pagar. 

Rent-A-Pal logra crear cierta atmósfera raruna ayudado por esos ambientes cuasi rurales y sucios y especialmente por la interpretación de un misterioso, psicópata pero tierno Brian Landis Folkins, quien interpreta al sufrido David y aguanta sobre sus hombros, y con nota, el peso de la historia. La idea de la existencia de una empresa de video que te ayuda a buscar pareja me parece bien curiosa y sirve bien como excusa para utilizar un elemento como es el VHS en la trama. Una herramienta bien agradecida para los nostálgicos. El film logra crear cierto mal rollo e incomodidad desde el momento que David se empieza a obsesionar y tener una gran dependencia hacia Andy (un odioso y muy acertado Wil Wheaton), el protagonista de la cinta Rent-A-Pal y quien se convierte en su único y mejor amigo durante el film aunque dicha dependencia le arruine las relaciones con las personas reales. Rent-A-Pal se sirve de ideas curiosas e interesantes en su estudio de la soledad humana, la desgracia y las herramientas para combatirla llevando a un estado de degeneración humana al enfrentarse con la cruda realidad. Así, el film, todo y su muy interesante propuesta y fascinante interpretación de Landis no logra despegar del todo por un metraje algo lento y que tampoco da pie a avanzar en exceso. Stevenson, quizás consciente de ello, se decide por un clímax final excesivo y sangriento que no pega ni con cola con el tono en el que estaba cabalgando el film, todo él muy equilibrado. Una curiosidad de film, pese a todo.



La home invasion nos ha dado bastantes alegrías en el género desde los tiempos de Funny Games (1997) hasta la estupenda Secuestrados (2010) de Miguel Ángel Vivas. The Owners (2020) viene a ser una nueva vuelta de tuerca al asunto. Una producción llegada desde EEUU y dirigida por Julius Berg, quien llegado del mundo de las TV-Series, viene a ser su debut en el largometraje para cines. El film, además, supone un aliciente al fan de Juego de tronos (serie que, por pereza, no he visto) ya que aparece una de las actrices de su reparto; Maisie Williams.

The Owners está ambientada en la Inglaterra rural, a principios de los noventa. Los amigos de la infancia Nathan y Terry son inducidos por el sociópata local para robar a los Huggins, un médico anciano y su esposa. La novia de Nathan, Mary, está totalmente en contra del plan, pero al cabo de unas horas se encuentra en el caserón, al lado de la caja fuerte del sótano y de una panda de individuos, a cual más sospechoso.

The Owners no viene a cambiar la historia del género pero reconozco que me ha sabido mantener la atención bien despierta durante todo el metraje. Su vuelta de tuerca a mitad de película me hizo especial gracia y como no sabia absolutamente nada del argumento me pilló algo desprevenido. Este "girito" levanta una película que se preveía soporífera y trillada en sus primeros 20 minutos por culpa de unos personajes bastante odiosos que, por suerte, se acaban reconduciendo hacia otros terrenos. Como reza el argumento, The Owners está ambientada en los 90, aunque más allá de las coñas con esos móbiles gigantescos de la época, poco partido más se le saca a este periodo histórico. The Owners, es una entretenidilla cinta de invasiones en mansiones y asesinatos que se toma con buen humor, histrionismo buscado y exagerados momentos con una trama que se toma una particular revancha contra la generación adolescente. Además, su resolución final tiene un fuerte componente "mal rollero" que agradecí.


Como comenté en la crítica de Sale el dragón, entra el tigre (1976), la Bruceplotation es un género que me fascina por su absoluta desvergüenza al canibalizar la imagen y el recuerdo de Bruce Lee. Este año la sala Brigadoon nos ofrecía un ciclo de 7 películas sobre los clones de Lee y La saga de Bruce Lee (1980) era una de las que tenía más mitificadas por su argumento. En ésta, los productores no solamente tenían la poca vergüenza de engañar al espectador con el Bruce Li o el Bruce Le de turno sino que en el film que nos ocupa se sacan de la chistera a tres clones haciendo de las suyas. Un divertimento Z absoluto.

En el film, Bruce Lee esta muerto y las primeras personas en saberlo es el servicio secreto británico. El profesor Lencor es el único hombre capaz de extraer células vivas del cerebro de Bruce así que se dirige al hospital para extraerlas y crear 3 clónicos en acuerdo con los servicios secretos británicos. Los clones son creados y aprenden rápidamente artes marciales, de inmediato se les manda a diferentes misiones para combatir el mal.

La saga de Bruce Lee (1980) es Serie Z de la buena. De un argumento tan loco como el del malvado e histriónico mad doctor (el cual no deja de reírse sonoramente) rodeado de tres imitadores de Bruce Lee quienes cual Equipo A se dedicarán a resolver misiones de diversa índole solo puedes sentarte y disfrutar. O sufrir más bien, porque esta producción de Hong Kong con numerosas escenas en Tailandia tiene una factura paupérrima y momentos de "verguenzilla" ajena. Puro exploit.

Para la ocasión tenemos a Dragon Lee, Bruce Le y Bruce Lai demostrando sus cualidades marciales (bastante buenas, todo sea dicho) aunque la demostración sin fin de los tics de Bruce Lee, "grititos" incluídos, resulta hilarante. Más delirante resulta esa escena sin venir a cuento (que me hizo levantar el interés) de una docena de tailandesas corriendo por la playa a cámara lenta como dios las trajo al mundo y embadurnándose de crema al sol con el operador de cámara deleitándose con los cuerpos de las féminas mientras Bruce 2 y Bruce 3 las miran en la lejanía con un minúsculo bañador . Poco después uno de los clones de Lee se encuentra con otra moza en cueros en su cama aunque con peligrosas intenciones. Nudismo, artes marciales, mad doctors, entrenamientos interminables... El conjunto es tan psicotrónico e hilarante como difícil de aguantar. Pese a todo, es uno de los mejores ejemplos de lo que significó la Bruceplotation junto a los clásicos Sale el dragón, entra el tigre (1976), Juego con la muerte (1978) o El dragón ataca (1977) donde Bruce Leung viajaba al infierno y se enfrentaba a Zatoichi, Popeye, James Bond o Emmanuelle. Canela en rama.

Llegando por los pelos a la tempranera sesión despertador en la Sala Tramuntana (ver una película a las 8:15h de la mañana es lo que tiene) me dispuse a enfrentarme a una propuesta tan peculiar y marciana como la de Fried Barry (2020). ¿Genialidad o tomadura de pelo?

Barry es un drogadicto que es abducido por extraterrestres después de una de sus habituales juergas. El propio Barry se convierte en un pasajero de sí mismo cuando un alienígena asume el control de su cuerpo y lo lleva a dar un paseo por Ciudad del Cabo.

Fried Barry nos viene desde un lugar tan exótico como Sudáfrica. Ryan Krueger, el director del film, juega al exceso, a lo grotesco y el regodeo en la fealdad ayudado por un sugerente y monstruoso Gary Green quien una vez poseído por una entidad extraterrestre se dedica a descubrir como viven los humanos encontrándose con drogas, "discotequeo", prostitución, secuestro infantil y más y más violencia. Una dosis de realidad, vamos. El film resulta un festival algo agotador por plantear su montaje a mil por hora, como si de un chute de speed se tratara pero destaca por su dirección artística llenando la pantalla de arriesgados planos, música electrónica y mucha luz de neón. Fried Barry ofrece algunos momentos sorprendentes, surreales y violentos como ese parto estrambótico e instántaneo de una simpática prostituta o momentos que acercan al alienígena a sentimientos humanos como cuando rescata a un grupo de niños, secuestrados por un tarado. Fried Barry resulta toda una experiencia, fascinante pero agotadora y excesiva que, aún cayéndome en gracia, no aguanta un segundo visionado.


Desde Inglaterra, Christopher Smith destaca por ofrecer en su filmografía numerosos films de género como la recordada aunque irregular Creep (2004) y la muy entretenida Desmembrados (2006). Ahora, Smith vuelve a la carga con The Banishing (2020), cinta gótica fantasmal con peso religioso que intenta acercarse, sin éxito, a James Wan y todo el terror fantasmal de la última década.

Cuenta la historia de una casa encantada en la Inglaterra de los años 30. Un reverendo, junto a su mujer e hija, decide mudarse a esta mansión consciente de que ésta oculta un terrible secreto.

The Banishing cuenta la misma historia de siempre: una mansión que arrastra una maldición de carácter fantasmal, la niña pequeña que entabla una relación más cercana con la fantasma, la religión como fuente de terrores y maldiciones... A su favor, el film está narrado con elegancia y su ambientación gótica siempre es agradecida, tanto como que la historia estuviera situada a finales de los años 30 con el terror nazi cerniéndose sobre Inglaterra así como el papel de la iglesia en el asunto siendo, esto, un motivo de peso en el argumento. Desgraciadamente, The Banishing es lenta, poco apasionante y su argumento además de trillado está llevado con mareo y confusión. Sus personajes resultan acartonados y poco creíbles como el cura del pueblo interpretado por un "casi-bizco" John Heffernan. Destaco de todo el embrollo el protagónico de Jessica Brown Findlay, quien cada vez que aparecía en pantalla me hacía levantar las cejas por motivos evidentes aunque hubiera veces que la muchacha ponía cara de no saber en que película se encontraba. 

The Banishing no aprovecha algunas ideas a primera vista truculentas e interesantes como el pasado de la mansión, el antiguo manicomio o el porqué la iglesia está involucrada en todo el embrollo siendo su resolución final al misterio confusa, poco clara y desilusionante.


viernes, 16 de octubre de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2020 (2/4)

A veces el cine no es tan glamouroso como nos lo pintan. Este Festival de Sitges me está haciendo sacar mi instinto de supervivencia. Mi alimentación está siendo bastante ajustada en cantidad debido a los horarios de las proyecciones (algún plátano de canarias o panecillos de queso amen de unas bolas de coco caseras cocinadas por mi señora esposa) y al haber overbooking en el piso de mi amigo en Sitges estoy durmiendo en un sofá con un perro a mis pies. El glamour del acreditado. Unos días inolvidables por otra parte. Similar situación parecieron vivir los protagonistas del documental Spaceship earth (2020), muestra de que a veces la realidad supera a la ficción.

El documental cuenta el experimento que se realizó en 1991, cuando un grupo de visionarios contraculturales construyó una enorme réplica del ecosistema terrario llamado "Biosphere 2". Cuando ocho científicos se encerraron dentro de él para vivir allí, se enfrentaron a diversas calamidades ecológicas, así como a acusaciones de tratarse de una secta. 

Spaceship earth cuenta una historia increíble pero cierta y para ello retrocede hasta finales de los 60 para contar el origen de este grupo de variopintos personajes artistas/medioambientalistas/actores teatrales y cómo, con su peculiar forma de ver el mundo y bajo el mando de un personaje fascinante como John Allen fueron creciendo y viajando por el mundo hasta llegar a ser conscientes del peligro que suponía el cambio climático en el planeta. Las imágenes mostradas de la época son interesantes especialmente cuando las 8 personas elegidas en el experimento se introducen en "Biosphere 2" durante dos años y sufren el cautiverio de la peor manera. Claro, supongo que cultivar hierbas y frutos durante unas semanas puede estar bien pero alimentarse de remolacha durante dos años puede hartar hasta al vegano más duro. 


El problema con Spaceship earth es que aún a pesar de lo interesante que es lo que se está contando, el metraje del film es excesivamente largo (unas 2 horazas) y el ritmo algo lento por lo que es todo un inconveniente de cara a enfrentarse a su visionado. Ofrece elementos muy interesantes como es la influencia cuasi mesiánica de John Allen, el líder del movimiento, el cual influenciaba sobremanera sobre las vidas de los que estaban a su alrededor. Un elemento que hace ver a este grupo de artistas casi como de si una secta se tratara sumado a los rumores de fraude económico del proyecto y la lucha empresarial que me hicieron levantar el interés. Spaceship earth cuenta una historia muy curiosa (increíble pero cierta) pero, a mi parecer, creo que no necesitaba dos horas bien largas para contarla. Se queda en un documental curiosillo para aficionados a la ciencia climática y los realities.


Malnazidos (2020) parte de la ventaja de presentar un tema bastante inédito en España como es de los zombies (desde una óptica claramente mainstream) sumado a ambientar la historia en plena Guerra Civil Española. Todo un atrevimiento, de espíritu cómic y que sus realizadores solventan con un sentido de la diversión contagioso.

Durante la Guerra Civil Española, meses de sangrientos combates han dejado tras de sí miles de muertos en las trincheras. Jan Lozano, capitán de la quinta brigada, cae prisionero. La única posibilidad de escapar a la sentencia de muerte es hacer frente a una misión imposible en campo enemigo. Pero un peligro mayor del esperado obligará a los bandos rivales a unirse contra un nuevo y desconocido adversario. Tendrán que dejar de lado el odio mutuo y así evitar convertirse en infectados.

Malnazidos mezcla los sangrientos eventos del enfrentamiento entre nacionales y republicanos con nazis, zombies y chistes a mansalva. Una mezcla que resulta muy efectiva y atrevida, especialmente en presentar como el anti-héroe a un capitán del bando nacional (un Miki Esparbé estupendo). El primer tramo resulta en ese sentido con mucho ritmo, los zombies no pierden el tiempo en aparecer (su caracterización si que me pareció algo floja, ni unas lentillas blancas les pusieron a los muertos vivientes dando un efecto algo risible). Las escenas de acción están bien rodadas con un nivel de sangre PG+13 que no hiere sensibilidades. Si que noté que a mitad del film la historia se encalla y su humor resulta algo repetitivo o forzado pero está solucionado con un clímax final muy conseguido. El reparto, en general, está estupendo destacando a Luis Callejo, Jesús Carroza o Aura Garrido. Malnazidos dista de ser una gran obra pero es una buena muestra de diversión desprejuiciada, desprovista de seriedad y realizada con cariño hacia el género por parte de sus realizadores. Un ejercicio de género orgulloso de serlo y muy necesitado en el panorama nacional. Muy entretenida.


Esta edición del festival se le rinde homenaje al maestro Bruce Lee en el 80 aniversario de su nacimiento. Por ello, en la sala Brigadoon, podremos disfrutar (o sufrir) 7 Bruceplotation con los clones de Bruce Lee dando guerra. Como colofón, nos llega al festival un nuevo documental sobre la figura del astro cuyo título nos recordará a cierto anuncio de coches. Be Water (2020) repasa la vida de Bruce desde su nacimiento en San Francisco, su infancia en Hong Kong, su regreso a los EEUU con 18 años, decepciones, fracasos y duros retos hasta regresar una vez más a Hong Kong triunfando con las cuatro películas que lo convirtieron en una leyenda.

Be water no cuenta nada nuevo a aquellos fans de la estrella respecto a otros documentales similares. Si bien, el film de Bao Nguyen destaca técnicamente por méritos propios con un estilo que evita las entrevistas tradicionales y el festival de caras hablando a cámara para centrarse en el material de archivo y las voces de los protagonistas explicando la historia en off. En ese sentido se remarca (a veces hasta la extenuación) el racismo que vivió Bruce en su adolescencia una vez se asentó en los EEUU durante los 60 además de remarcar la importancia histórica de Lee como estrella oriental y faro a seguir para las demás etnias que no habían tenido su espacio en Hollywood en unos años (finales de los 60) movidos en materia de reivindicaciones raciales. Bruce fue la primera estrella oriental y su avenimiento fue tomado por todos los marginados que se identificaron con la leyenda. Be Water no cuenta nada nuevo y ofrece una versión bastante blanqueada de la estrella, casi como de santo. No hay ni una referencia al consumo de marihuana de Lee para aplacar sus dolores físicos (recetado por su doctor), ni sus infidelidades como es el caso de Betty Ting Pei. El documental está en su mayor parte narrado por la esposa y la hija de Lee por lo que se puede entender que no quieran meterse según en que jardines. ¿Y ese diario de Lee proveniente de los años 60 y narrado por su hija? Tras 45 años con los productores abusando sin ninguna vergüenza de la figura de Bruce no se si tomarme estos escritos a verdad o farsa. Pese a todo, Be Water es un documental imprescindible para entender la figura de Bruce Lee y para disfrutar una vez más (y en calidad HD suprema) del brutal carisma que destilaba por todos sus poros. Una figura inigualable en la historia del cine y de la vida en general. 



SpiritWalker viene a representar la poca presencia de cine coreano en Sitges. Parece que las plataformas de streaming se lo están poniendo difícil a los festivales de cine, ya que se están quedando con la mayoría de estrenos interesantes, aunque siempre hay tela que cortar, por supuesto.

SpiritWalker es una coctelera de ciencia ficción con thriller que aún no apasionarme si que me ha parecido tremendamente disfrutable. El argumento del film se resumiría tal que así: Cada doce horas, un hombre despierta en el cuerpo de una persona distinta, sin saber dónde se encuentra e incapaz de recordar quién era originalmente. Este espíritu errante empieza entonces una búsqueda desesperada de la propia identidad, donde todo le resulta extraño, incluida la misteriosa mujer que afirma reconocerle, y la organización secreta que ha empezado a perseguirlo.

SpiritWalker funciona a la perfección con una historia que es un engranaje perfecto de misterio con toque sci-fi y acción al estilo coreano: con litros de sangre. El film logra mantener tu atención en buena parte del metraje (salvo algún momento en su tercio final) gracias al misterio creciente de su trama y que nos hace acompañar a su protagonista a la búsqueda de su identidad. Siguiendo la tradición coreana, el film nos relaja con algún toque de humor que no desentona en el conjunto. Buena factura visual para una historia sorprendente y poco vista y que nos sorprende con algunas excelentes escenas de acción bastante físicas. SpiritWalker se queda en una notable muestra de thriller coreano imaginativo y original que no inventa la pólvora pero supone un buen entretenimiento de calidad.



Durante los años 70 y 80 hubo una bonita corriente cinematográfica en varios países asiáticos como Hong Kong o Indonesia, de cine de terror basado en la magia negra y el folklore local que atiborraron los cines de maldiciones, batalles entre monjes y escenas de horror desagradables con mucho gore e insectos de todo tipo. Clásicos como Centipede Horror de 1982 (con sus irrepetibles y disgusting escenas con ciempiés reales) o Black Magic (1975) son ejemplos de ello. Indonesia es un país con fuerte tradición en el género alimentado por sus peculiares tradiciones locales en materia espiritual y mágica. The Queen of Black Magic (2019) es un remake de un film (desconocido para mí, hasta ahora) de mismo título realizado en 1979 y sirve tanto como homenaje a su precedente como a todo el género de magia negra antes mencionado. 

En el film, Hanif lleva a su esposa y a sus tres hijos al orfanato donde creció. A la noche, los visitantes irán cayendo, víctimas de la magia negra y sin opción a escapar. A Hanif no le quedará más remedio que enfrentarse a sus recuerdos reprimidos si quiere salvar a sus hijos.

Kimo Stamboel (habitual del género de horror o de artes marciales como podemos ver en Headshot junto a Timo Tjahjanto) dirige esta cinta de puro horror que está muy cerca de convertirse en un futuro clásico. Es de alabar la capacidad del film de crear una buena atmósfera de terror y misterio, agarrándote del cuello y llevándote al puro infierno. Con una dirección y elección de planos eléctrica y sugerente, un horror que se va cociendo a fuego lento, una criatura fantasmal para crear pesadillas... The Queen of Black Magic (2019) es muy notable como ejercicio de género. La ambientación en ese orfanato con un pasado terrorífico donde todos los personajes parecen esconder algo. La utilización de las cintas VHS con grabaciones del pasado del orfanato es un acierto sumado a las excelentes explosiones de violencia y ataques que sufren los personajes y que van creciendo en intensidad hasta llegar a un tramo final de puro horror y de locura. La película iba tan y tan enchufada que no pude más que decepcionarme en la resolución final de los hechos. Una solución al asunto facilona e increíble tras presenciar todo lo que habíamos visto hasta el momento. Un final que a mi parecer impide convertir a The Queen of Black Magic (2019) en un clásico incontestable para acabar siendo una muestra bastante notable de magia negra, fantasmas y sangre. Lástima que los ciempiés no fuesen de verdad como en los films de los 80...



sábado, 10 de octubre de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2020 (1/4)

2020 será un año para olvidar. En medio de la epidemia algunos festivales han decidido dar el paso al frente y celebrar la fiesta del cine (con todas las medidas de seguridad) para demostrar que ir a una sala de cine es seguro. Bravo por su valentía, pasión y ganas de hacer bien las cosas. Estas condiciones no han hecho decrecer en mí las ganas de asistir un año más al Festival de Sitges (y ya van 16 ediciones...). Esta edición me ha hecho especial ilusión ya que será mi primera como acreditado de prensa con 
Oriental Paradiso. Llego a Sitges en un día algo nublado aunque con una excelente temperatura (se prevén lluvias, un clásico del festival) dispuesto a disfrutar del mejor cine fantástico y de terror. La primera sesión es en la Sala Tramuntana, y a pesar de lo lleno de la sala, el público respeta las distancias de seguridad. Saint Maud (2019) venía precedida de unos buenos comentarios que la estaban haciendo destacar como una de las joyas inesperadas de la programación de los festivales por los que había pasado. El film ha resultado ser toda una pequeña sorpresa que ofrece una coctelera de horror psicológico cocido a fuego lento, religión y problemas mentales. Una mezcla, a todas vistas, explosiva. 
El film sigue a Maud, una joven enfermera que, tras un oscuro trauma, se vuelve devota de la fe cristiana. Cuando empieza a trabajar cuidando a Amanda, una bailarina jubilada enferma de cáncer, la fe de Maud le inspira una obsesiva convicción de que debe salvar el alma de su paciente de la condena eterna... sea cual sea el coste.

El film supone la ópera prima de Rose Glass y a pesar de ello sorprende por una planificación en las escenas milimétrica donde explota el suspense y una inquietud creciente. Su protagonista, Maud, resulta interesante al ser una joven con evidentes problemas mentales (y supuesta esquizofrenia) que se entrega de forma enfermiza al fanatismo religioso. Maud arrastra un pasado como enfermera en que se nos deja en el aire que algo terrible pasó por su culpa (aunque el film no es explícito en ese sentido). Maud está interpretado por Jennifer Ehle y la actriz realiza todo un tour de force a lo largo del metraje. El horror de Saint Maud se va caldeando a fuego lento hasta llegar a un tramo final donde estalla definitivamente la violencia y las alucinaciones. Por contra, aunque se dejen pinceladas sobre el pasado de Maud (ese ligue de una noche que le dice que había estado enrollada con un amigo suyo, su traumático error como enfermera...) para que el espectador coloque las piezas por si mismo si que me hubiera gustado profundizar algo más en todo ese pasado para dar más capas al personaje quedándose éste en algo superficial. Si que me pareció, además, algo forzado que Maud de la noche a la mañana pase de devota cristiana a pecadora excesiva (a mitad de metraje) para luego volver a sufrir una revelación divina.


Saint Maud ofrece una historia terrorífica y que presenta logrados aciertos visuales. Un film que va creciendo en el recuerdo siendo una experiencia la mar de interesante y destacable en el panorama del horror religioso. 


Ver películas sobre animales asesinos y agigantados siempre es un gran placer para mi (quitando todas las películas de The Asylum), ya sea lagartos varios, serpientes, tiburones, perros, insectos... lo que sea. El australiano Andrew Traucki también parece compartir esta pasión por el terror animal ya que ha basado casi toda su filmografía en ello destacando cintas como El arrecife (2010), una de mis cintas favoritas recientes sobre tiburones. En 2007 el director realizó Black Water y la fórmula le funcionó de forma correcta presentando a unos cocodrilos asediando a los personajes en los pantanos australianos. Ahora en Sitges presenciamos una continuación bastante libre de aquella: Black Water: Abyss (2020).

El film sigue a un grupo de amigos que exploran un extraño sistema de cuevas en el norte de Australia. Debido a una inundación, los personajes se quedan atrapados en la cueva. Allí tendrán un acompañante en forma de cocodrilo. 

Es de valorar de Black Water: Abyss que aún a pesar de sus numerosas limitaciones y del bajísimo presupuesto, tu pasión como director te lleve a superar dichos obstáculos y rodar sea como sea con la pasión como motor. Dicho esto, Black Water: Abyss ha sido todo un suplicio. Los personajes, como es habitual, no nos interesan lo más mínimo aunque se intente un mínimo de conflicto presentando una sub-trama con dramilla propio de un telefilm de domingo por la tarde. El escenario está limitado a una cueva subterránea por donde los personajes pasarán una y otra vez por túneles y más túneles inundados mientras "la impaciente" va creciendo. ¿Y el cocodrilo? Por desgracia, la presencia del bicho es muy reducida apareciendo escasos minutos y siendo muy evidente, en sus ataques, el poco presupuesto del film. La "increíble" resolución, pistola en mano, pone la guinda a esta cinta, simpática por sus pretensiones de intentar entretener con los elementos de los que dispone pero tediosa y aburrida hasta el hartazgo. Uno necesitaba más mala baba.


Hace cuatro años, el estreno de Train to Busan (2016) resultó todo un acontecimiento en el muy sobado cine de zombies proponiendo una experiencia de excelente pulso narrativo y visual. Su director, Yeon Sang-Ho, venía del mundo de la animación con piezas tan recomendables como The King of Pigs (2011) o la excelente The Fake (2013) estrenándose en la imagen real con los zombies de Train to Busan. El film fue todo un exitazo en Corea, acumulando cerca de 11 millones de espectadores además de una fuerte proyección internacional por lo que no nos extraña demasiado esta secuela.

Peninsula está ambientada cuatro años después de los hechos narrados en la anterior y nos presenta una península coreana totalmente en ruinas e invadida por los zombies. Jung Seok es un coreano exiliado en China debido a la catástrofe, pero las circunstancias (y un plan con mucho dinero de por medio) le harán volver a su país. Allí las cosas no han mejorado precisamente.

Peninsula difiere en estética y recorre coordenadas bastante diferentes a Train to Busan resultando un film mucho más entregado a la acción de disparo y con persecuciones de coches. En ese sentido podríamos encontrar una similitud en tono mezclando Mad Max: Fury Road (2015) con el "más es mejor" de Aliens (1986) aunque con dispares resultados. La original Train To Busan se beneficiaba de una ambientación impecable con los personajes metidos en un tren con todas las posibilidades que se abren con dicha situación extrema. En Peninsula, cuesta mucho de empatizar con unos personajes parcos en palabras siendo algo estereotipados y poco simpáticos. Su protagonista, Dong Won-Gan, es un actor que me cae bien (A Violent Prosecutor, The Priests...) pero en Peninsula su personaje no me despierta demasiadas emociones. El film se entrega al exceso digital fallando especialmente en esas imposibles persecuciones en coche con niños realizando piruetas al volante que ni Fernando Alonso. La idea de esa fábrica llena de supervivientes convertidos éstos en unos salvajes sin escrúpulos y organizando batallas de presos vs zombies, es buena pero está llevada con sosería y poco interés. El buen pulso de Sang-Ho se intuye en algunos momentos de acción (esa escena inicial en un ferry es excelente) y algún que otro personaje simpático (como las niñas) aunque fracasando en sus momentos sensibleros siendo éstos algo forzados. El clímax final es muy correcto con las emociones de los personajes estallando pero el film resulta demasiado largo y rutinario. Una lástima, se queda en un producto entretenido aunque olvidable. Un fast-food en toda regla.



Japón siempre ha tenido tradición, en su cine, por mostrar sus inquietudes cuasi apocalípticas respecto al avance de las nuevas tecnologías y cómo nos afectarían como seres humanos. Del temor mecánico e informático que podríamos ver en el cyberpunk de Tetsuo (1989) o el horror informático/fantasmal de Kairo (2001) parece que estamos evolucionando hacia los entornos digitales y la realidad virtual a tenor de lo que presenta Hello World (2020). Sin duda, una de las cintas de animación japonesa más a tener en cuenta este año.

En el año 2027, Naomi Katagaki se encuentra con su yo de 10 años en el futuro. Ambos tendrán que salvar a la joven Ruri Ichigyō, con quien Naomi empezará a salir en los tres meses siguientes, y así cambiar su destino.

Hello World (2019) vendría a ser una mezcla de los films de Mamoru Hosoda (en lo que respecta a los entornos digitales por donde se mueven los protagonistas) y Your name (2016) de Makoto Shinkai (con un romance adolescente aderezado de elementos fantásticos). Si bien, el film de Tomohiko Ito (responsable de la excelente serie anime Desaparecido de 2016) cobra personalidad propia ofreciendo un film de temática romanticona adolescente, si, pero que acaba ganando en complejidad con un despliegue de imaginación, espectáculo y corazón verdaderamente notable. Si que es cierto que con su interés por romper las reglas del mundo que presenta y por intentar el "más difícil todavía" su trama acaba embarullándose pero Hello World consigue que a partir de unas premisas a primera vista sencillas como es el de evitar la "muerte" del amor adolescente de Katagaki, ésta consigue crecer sorprendiendo argumentalmente una y otra vez amen de ofrecer un apartado visual en su animación deslumbrante. Un film muy notable y que confirma de nuevo el excelente estado de salud de la animación japonesa en la última década. Y quedaos hasta el final porque tiene una pequeña escena en los créditos finales que cambia totalmente el sentido de la película y consigue que se te salte la lagrimilla.



La ciencia ficción en el cine me apasiona, vista desde todos los ángulos: desde el punto de vista más naif y de puro entretenimiento hasta la más seria, esa que aborda leyes científicas durillas de comprender. Minor Premise (2020) parecía que partía de una propuesta de ciencia ficción seria como es el desdoblamiento de nuestra consciencia y cómo nos afecta como seres humanos el separarnos de nuestras emociones entre otros aspectos de nuestra personalidad.

El film sigue a un solitario neurocientífico quien ha perdido recientemente a su padre (también científico). El muchacho se enreda en su propio experimento, enfrentando diez fragmentos de su conciencia entre sí las cuáles van cambiando cada seis minutos. El destino: la muerte cerebral.

Minor Premise ha resultado ser todo un plomo. El film no ha conseguido que conecte en su historia ni 1 solo minuto siendo un festival del sopor y los bostezos. Para empezar, tanto su personaje protagonista como el actor que lo interpreta me resultaron antipáticos (aunque Sathya Sridharan se piense que está haciendo Shakespeare) y eso ya dificulta el seguir el film con un mínimo de interés. Se intenta dar profundidad al personaje soportando éste la pesada sombra de un padre que era un genio en lo suyo, el alcoholismo y las amnesias así como esa curiosa máquina que desdobla tus diferentes consciencias con el ánimo de calmar la tristeza y separar las emociones. Pero tan pronto el experimento se va de las manos el guión no deja de dar vueltas una y otra vez sobre lo mismo sin atisbo de sorpresas o variantes interesantes. Nada. Solamente vemos a su protagonista teniendo cambios de personalidad radicales sin ningún interés por ver como se soluciona el entuerto. Tal vez, la historia hubiera funcionado bastante mejor en un cortometraje. Minor Premise demuestra pobreza general de escenarios, elementos visuales llamativos y una falta de pasión por lo que se está contando. Apaga y vámonos. Vamos a por otra.