CRÍTICAS PELÍCULAS

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viernes, 9 de abril de 2021

KÁRATE A MUERTE EN BANGKOK (1971)

                                

Bruce Lee es con derecho propio una de las figuras más fascinantes, abrumadoras y carismáticas de la historia del cine a un nivel que aún a casi 50 años de su muerte sus enseñanzas y filosofía de vida aún continúan inspirando a millones de personas. Sus inicios en el cine se remontan a su infancia apareciendo éste en docenas de films de Hong Kong enmarcados en el drama social, el romance o la comedia. In the face of demolition (1953) o We owe it to our children (1955) son algunos ejemplos de películas cuyos rodajes eran la excusa perfecta para que Lee se escabullera de la escuela la cual le aburría hasta el extremo. Bruce fue un adolescente de una hiperactividad extrema y su manía de meterse en peleas entre otros problemas obligaron a sus padres a que el muchacho intentara canalizar toda su energía aprendiendo artes marciales por lo que llegó a ser alumno del mítico maestro Yip-man. Su aprendizaje avanzó a una gran velocidad aunque eso no evitó que los problemas con la ley aumentaran. La decisión de sus padres de enviar a Bruce a los Estados Unidos con unos familiares le salvaron, quizás, de acabar en un futuro perteneciendo a la mafia local. Lee llegó a América a finales de los 50 con tan solo 18 años entrando en la universidad de Washington a estudiar Filosofía. Su conocimiento de las artes marciales le llevaron a impartir clases privadas que le llevaron a consolidar años después la creación de su propia escuela de artes marciales (la primera de ellas en Seattle) a la vez que acababa de perfeccionar su propio estilo, el Jeet Kune Do ("el camino del puño interceptor").

Un joven Bruce Lee en San Francisco
Sus famosas exhibiciones en competiciones origina que varios productores televisivos se interesen por él lo que le lleva a participar en la serie El avispón verde (1966) siendo todo un pequeño fenómeno en la televisión americana y pese a que los prejuicios raciales llevaron a Lee a ser un simple secundario (Kato) fueron sus escenas de lucha las que fascinaron a la audiencia. Pese a esto, el problema del racismo fue provocando que los estudios tanto de televisión como de cine americanos le fueran dando progresivamente la espalda teniendo apariciones testimoniales en series como Marlowe, detective muy privado (1969). Un golpe muy duro para Bruce fue que una idea tan personal para él como fue la que luego se convertiría en la serie Kung Fu (1972) fuera rechazada para, años más tarde, ser reconvertida en un producto amorfo y protagonizado por un ridículamente orientalizado David Carradine. Pero todo iba a cambiar. En uno de los viajes que Lee realizó a Hong Kong éste pudo ver, sorprendido, como el actor fue recibido como una estrella. La gente recordaba sus películas de la infancia así como su personaje de Kato en El avispón verde. Entrando en la década los 70, con Lee y su esposa Linda con problemas monetarios y teniendo que criar a dos hijos (Brandon y Shannon), Bruce hizo una apuesta. Mudarse a Hong Kong dispuesto a transmitir la filosofía del Jeet Kune Do a través del cine.

El crossover que juntó al avispón con el Batman
de Adam West. Kato vs Robin, una batalla desigual.
La todopoderosa Shaw Brothers cometió el error de rechazar a Bruce Lee apostando la Golden Harvest por él y embarcándose en la primera película de la nueva era de Lee: Karate a muerte en Bangkok (1971). Un rodaje que no estuvo exento de problemas, por supuesto. El presupuesto para el film fue ínfimo por lo que tuvieron que viajar hasta Tailandia para rodar la película con unas condiciones higiénicas deplorables y un equipo de rodaje viejo y en mal estado. Eso se sumó la penosa relación entre Bruce y el director Lo Wei el cual, según Lee, no se tomaba en serio la producción dedicándose al juego o a dormir. La tensión en el set era constante sumando los numerosos desafíos para pelear que los extras u otro equipo relacionado con el film hacían a Bruce. Finalmente el film tuvo su estreno en Hong Kong y fue un completo éxito en media Asia.

En la película seguimos a Cheng quien llega a Bangkok desde China habiendo prometido a su madre que no se metería en peleas. Nada más llegar, encuentra trabajo en la fábrica del Sr. Mi, pero descubre que la factoría es en realidad una tapadera para encubrir el tráfico de drogas y la prostitución. Dos obreros desaparecen misteriosamente y los restantes trabajadores deciden ir a la huelga. La dirección envía contra ellos a hombres armados, y es cuando Cheng decide intervenir revelando su maestría en las artes marciales y haciendo que triunfen los obreros. Entonces, el Sr. Mi hace nombrar capataz a Cheng y da una fiesta en su honor, pero cuando éste descubre las verdaderas intenciones del jefe decide enfrentarse a él con todas sus consecuencias.
Cheng defenderá a los trabajadores de una fábrica.

La fábrica es una tapadera para un negocio de drogas y prostitución.

No serán los únicos problemas a los que se tendrá que enfrentar Cheng.

Karate a muerte en Bangkok (1971), de titulo internacional The Big Boss, es un muy entretenido film que por otro lado no logra escapar de ciertas limitaciones. El poco presupuesto es bien palpable a lo largo del metraje con unos escenarios paupérrimos entre otras deficiencias técnicas con un montaje algo dudoso y a trompicones además de un cast con un nivel interpretativo bastante deplorable. El film, a diferencia de lo que veremos en los futuros trabajos de Lee está empapado de cierto espíritu grindhouse y exploitation con desnudos, drogas, prostitución y mucha violencia gráfica que hacen empapar la pantalla de chorros de sangre. Si bien la película destaca por un ritmo férreo e imparable, un agradecido tono crudo y casi "barriobajero" y especialmente por el brutal carisma de un Bruce Lee que nos deslumbra con sus exhibiciones marciales. Toda una novedad en su momento ganando en escenas llenas de fisicidad. Cheng, su personaje, se erige como el héroe del proletariado, un héroe que no es perfecto y con el que incluso se atreven con un final de carácter trágico y nada halagüeño para él. Momentazos como cuando Bruce finalmente desata su furia y se permite repartir "tullinas" al habitual grupo de masillas o la memorable lucha final en unos jardines realizada, esta vez si, con una conjunción de iluminación natural, música y montaje excelente son pequeñas muestras, aún pequeñas pero loables, de lo que sería capaz de ofrecer Bruce en el futuro a una escala mayor. El reparto cuenta con nombres como Ying-Chieh Han (Hsiao Mi, el jefazo). Maria Yei (Chow Mei) quien también aparecerá en Furia Oriental (1972), Tony Liu (The Dragon Missile (1976) o Clan of Amazons (1978)) o James Tien, actor marcial de amplia trayectoria destacando The Bedevilled (1975), The Dragon Tamers (1975) o El puño del dragón (1979) por decir unas pocas.

Karate a muerte en Bangkok (1971) es un entretenido film de artes marciales que no memorable debido a las deficiencias y limitaciones técnicas antes comentadas pero que sirve como una buena puerta de entrada a la carrera del astro Lee. En 1971 se convirtió en la película más taquillera jamás estrenada en Hong Kong hasta el momento. El film está basado en un suceso real ocurrido en Tailandia en el S. XIX protagonizado por Cheng Chiu-On, el cual se dedicaba a defender a los trabajadores de capataces tiranos. Se puede ver una estatua erigida en su honor en unos jardines de Bangkok.

Como curiosidades. Las ansias de perfeccionismo de Bruce le llevaron a querer involucrarse de forma intensa en el rodaje creando habituales discusiones entre el director Lo Wei y él hasta el punto de que dejaran de hablarse (solo a través de un intermediario) y prometiendo no volver a trabajar juntos. Por supuesto, dicha promesa no se cumplió colaborando artista y director en el clásico Furia Oriental (1972). Por otro lado, debido a la lesión de espalda de Bruce (la cual le acompañaría hasta sus últimos días) sus escenas más acrobáticas en las que tenía que dar grandes saltos tuvieron que ser realizada por dobles. Algo que se repetirá en todos los films de Bruce en Hong Kong.

martes, 20 de octubre de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2020 (3/4)

Nos avisaba Márk Bodzsár por medio de un video de presentación, que Comrade Drakulich (2019) era la primera película de vampiros (o algo así) de Hungría. Comrade Drakulich ya llamaba la atención por su argumento en el que se mezclan los vampiros, el espionaje y los comunistas ambientando todo en la Hungría perteneciente a la Unión Soviética en los 70. Un mix aderezado con mucho humor y que ha supuesto una sorpresa más que agradable para un servidor.

Hungría, años 70. El camarada Fábián, el héroe húngaro de la revolución cubana, regresa a casa para participar en una campaña de sangre para Vietnam, la nación hermana comunista de Hungría. Pero algo anda mal con el viejo camarada: parece un hombre de 30 años, tiene un comportamiento genial y conduce un Mustang rojo fuego. Una joven pareja que trabaja para la policía secreta es asignada para vigilar al extraño…

Comrade Drakulich es una muy simpática cinta con un vampiro de los "modernetes" (no tiene colmillos) y que a través de una trama de espionaje se intenta averiguar porqué Fabián (el vampiro), aún a pesar del paso del tiempo, no le sale ni una sola cana. La pareja de espías (Lili Walters y Ervin Nagy) resulta muy entrañable, en especial el personaje creado por Walters, quien poco a poco irá sintiendo una atracción irreversible por el vampírico Fabián. El film muestra en general una buena factura visual y firme dirección. Su humor resulta bastante efectivo y poco a poco nos sumerge en terrenos algo más serios pero sin perder su espíritu de diversión. No me acabó de convencer Zsolt Nagy como líder y arrebatador vampiro siendo correcto sin más. El clímax final se guarda alguna sorpresilla y ese final ambientado en tiempos presentes y en un vagón de metro me pareció excelente. Comrade Drakulich (2019) no pasará a la historia pero reconozco que en sus nada abultados 90 minutos me ha sabido sacar la sonrisa.



Tuve la excelente oportunidad de volver a coincidir en el festival con el genial 
Octavio López (de la web Godzilla en castellano) el cual presentaba otro de sus libros, ¡Está vivo! La saga mutante de Larry Cohen, dedicado a la curiosa y clásica trilogía sobre los bebés mutantes. Me sentí honrado de poder acompañar tanto a Octavio como a sus compañeros en un hilarante paseo por Sitges, paseando López, un carrito con el bebé mutante de la película ¡Estoy vivo! (1974) metido en él. Las caras de la gente viendo al bicho no tuvieron precio. Frente a su asombrosa productividad en material lectivo me contaba, con un brillo de ojos, que tenía en la cabeza 5 o 6 libros más. Fascinante, si contamos el de Critters, Noche de miedo, El monstruo del armario y la segunda parte de Hace un millón de años... aún falta alguno más. Admiro esa capacidad creativa.

Después de asustar a un par de incautos y varias fotos después nos introducimos en una sala del Auditori Melià donde se presentó tanto la nueva obra de Octavio como el libro Hellraiser: Mitología del lamento de Sergio Colmenar así como las próximas novedades de la peleona editorial Applehead Team. Todo un placer Octavio y espero que nos volvamos a ver pronto.
No es que tenga chepa, es que el niño no para quieto.


Vivimos en un mundo que aún a pesar de la superpoblación, uno no puede evitar sentirse solo en medio de la jungla de asfalto. Las redes sociales entre otros medios despersonalizados sirven como válvula para sentir algo de calor humano de entre una vida fría y solitaria. Rent-A-Pal (2020) viene a enseñarnos que la búsqueda del amor a través de métodos pintorescos no es una cosa del Siglo XXI.

Rent-A-Pal, viene dirigida por Jon Stevenson y está ambientada en 1990. Un soltero solitario llamado David busca la manera de escapar del aburrimiento diario que le supone cuidar de su madre anciana. Un día descubre por accidente una extraña cinta de vídeo llamada Rent-A-Pal presentada por el carismático Andy. Esta ofrece todo lo que David necesita: compañía, compasión y amistad. Sin embargo, su relación tiene un coste mucho más alto de lo que él está dispuesto a pagar. 

Rent-A-Pal logra crear cierta atmósfera raruna ayudado por esos ambientes cuasi rurales y sucios y especialmente por la interpretación de un misterioso, psicópata pero tierno Brian Landis Folkins, quien interpreta al sufrido David y aguanta sobre sus hombros, y con nota, el peso de la historia. La idea de la existencia de una empresa de video que te ayuda a buscar pareja me parece bien curiosa y sirve bien como excusa para utilizar un elemento como es el VHS en la trama. Una herramienta bien agradecida para los nostálgicos. El film logra crear cierto mal rollo e incomodidad desde el momento que David se empieza a obsesionar y tener una gran dependencia hacia Andy (un odioso y muy acertado Wil Wheaton), el protagonista de la cinta Rent-A-Pal y quien se convierte en su único y mejor amigo durante el film aunque dicha dependencia le arruine las relaciones con las personas reales. Rent-A-Pal se sirve de ideas curiosas e interesantes en su estudio de la soledad humana, la desgracia y las herramientas para combatirla llevando a un estado de degeneración humana al enfrentarse con la cruda realidad. Así, el film, todo y su muy interesante propuesta y fascinante interpretación de Landis no logra despegar del todo por un metraje algo lento y que tampoco da pie a avanzar en exceso. Stevenson, quizás consciente de ello, se decide por un clímax final excesivo y sangriento que no pega ni con cola con el tono en el que estaba cabalgando el film, todo él muy equilibrado. Una curiosidad de film, pese a todo.



La home invasion nos ha dado bastantes alegrías en el género desde los tiempos de Funny Games (1997) hasta la estupenda Secuestrados (2010) de Miguel Ángel Vivas. The Owners (2020) viene a ser una nueva vuelta de tuerca al asunto. Una producción llegada desde EEUU y dirigida por Julius Berg, quien llegado del mundo de las TV-Series, viene a ser su debut en el largometraje para cines. El film, además, supone un aliciente al fan de Juego de tronos (serie que, por pereza, no he visto) ya que aparece una de las actrices de su reparto; Maisie Williams.

The Owners está ambientada en la Inglaterra rural, a principios de los noventa. Los amigos de la infancia Nathan y Terry son inducidos por el sociópata local para robar a los Huggins, un médico anciano y su esposa. La novia de Nathan, Mary, está totalmente en contra del plan, pero al cabo de unas horas se encuentra en el caserón, al lado de la caja fuerte del sótano y de una panda de individuos, a cual más sospechoso.

The Owners no viene a cambiar la historia del género pero reconozco que me ha sabido mantener la atención bien despierta durante todo el metraje. Su vuelta de tuerca a mitad de película me hizo especial gracia y como no sabia absolutamente nada del argumento me pilló algo desprevenido. Este "girito" levanta una película que se preveía soporífera y trillada en sus primeros 20 minutos por culpa de unos personajes bastante odiosos que, por suerte, se acaban reconduciendo hacia otros terrenos. Como reza el argumento, The Owners está ambientada en los 90, aunque más allá de las coñas con esos móbiles gigantescos de la época, poco partido más se le saca a este periodo histórico. The Owners, es una entretenidilla cinta de invasiones en mansiones y asesinatos que se toma con buen humor, histrionismo buscado y exagerados momentos con una trama que se toma una particular revancha contra la generación adolescente. Además, su resolución final tiene un fuerte componente "mal rollero" que agradecí.


Como comenté en la crítica de Sale el dragón, entra el tigre (1976), la Bruceplotation es un género que me fascina por su absoluta desvergüenza al canibalizar la imagen y el recuerdo de Bruce Lee. Este año la sala Brigadoon nos ofrecía un ciclo de 7 películas sobre los clones de Lee y La saga de Bruce Lee (1980) era una de las que tenía más mitificadas por su argumento. En ésta, los productores no solamente tenían la poca vergüenza de engañar al espectador con el Bruce Li o el Bruce Le de turno sino que en el film que nos ocupa se sacan de la chistera a tres clones haciendo de las suyas. Un divertimento Z absoluto.

En el film, Bruce Lee esta muerto y las primeras personas en saberlo es el servicio secreto británico. El profesor Lencor es el único hombre capaz de extraer células vivas del cerebro de Bruce así que se dirige al hospital para extraerlas y crear 3 clónicos en acuerdo con los servicios secretos británicos. Los clones son creados y aprenden rápidamente artes marciales, de inmediato se les manda a diferentes misiones para combatir el mal.

La saga de Bruce Lee (1980) es Serie Z de la buena. De un argumento tan loco como el del malvado e histriónico mad doctor (el cual no deja de reírse sonoramente) rodeado de tres imitadores de Bruce Lee quienes cual Equipo A se dedicarán a resolver misiones de diversa índole solo puedes sentarte y disfrutar. O sufrir más bien, porque esta producción de Hong Kong con numerosas escenas en Tailandia tiene una factura paupérrima y momentos de "verguenzilla" ajena. Puro exploit.

Para la ocasión tenemos a Dragon Lee, Bruce Le y Bruce Lai demostrando sus cualidades marciales (bastante buenas, todo sea dicho) aunque la demostración sin fin de los tics de Bruce Lee, "grititos" incluídos, resulta hilarante. Más delirante resulta esa escena sin venir a cuento (que me hizo levantar el interés) de una docena de tailandesas corriendo por la playa a cámara lenta como dios las trajo al mundo y embadurnándose de crema al sol con el operador de cámara deleitándose con los cuerpos de las féminas mientras Bruce 2 y Bruce 3 las miran en la lejanía con un minúsculo bañador . Poco después uno de los clones de Lee se encuentra con otra moza en cueros en su cama aunque con peligrosas intenciones. Nudismo, artes marciales, mad doctors, entrenamientos interminables... El conjunto es tan psicotrónico e hilarante como difícil de aguantar. Pese a todo, es uno de los mejores ejemplos de lo que significó la Bruceplotation junto a los clásicos Sale el dragón, entra el tigre (1976), Juego con la muerte (1978) o El dragón ataca (1977) donde Bruce Leung viajaba al infierno y se enfrentaba a Zatoichi, Popeye, James Bond o Emmanuelle. Canela en rama.

Llegando por los pelos a la tempranera sesión despertador en la Sala Tramuntana (ver una película a las 8:15h de la mañana es lo que tiene) me dispuse a enfrentarme a una propuesta tan peculiar y marciana como la de Fried Barry (2020). ¿Genialidad o tomadura de pelo?

Barry es un drogadicto que es abducido por extraterrestres después de una de sus habituales juergas. El propio Barry se convierte en un pasajero de sí mismo cuando un alienígena asume el control de su cuerpo y lo lleva a dar un paseo por Ciudad del Cabo.

Fried Barry nos viene desde un lugar tan exótico como Sudáfrica. Ryan Krueger, el director del film, juega al exceso, a lo grotesco y el regodeo en la fealdad ayudado por un sugerente y monstruoso Gary Green quien una vez poseído por una entidad extraterrestre se dedica a descubrir como viven los humanos encontrándose con drogas, "discotequeo", prostitución, secuestro infantil y más y más violencia. Una dosis de realidad, vamos. El film resulta un festival algo agotador por plantear su montaje a mil por hora, como si de un chute de speed se tratara pero destaca por su dirección artística llenando la pantalla de arriesgados planos, música electrónica y mucha luz de neón. Fried Barry ofrece algunos momentos sorprendentes, surreales y violentos como ese parto estrambótico e instántaneo de una simpática prostituta o momentos que acercan al alienígena a sentimientos humanos como cuando rescata a un grupo de niños, secuestrados por un tarado. Fried Barry resulta toda una experiencia, fascinante pero agotadora y excesiva que, aún cayéndome en gracia, no aguanta un segundo visionado.


Desde Inglaterra, Christopher Smith destaca por ofrecer en su filmografía numerosos films de género como la recordada aunque irregular Creep (2004) y la muy entretenida Desmembrados (2006). Ahora, Smith vuelve a la carga con The Banishing (2020), cinta gótica fantasmal con peso religioso que intenta acercarse, sin éxito, a James Wan y todo el terror fantasmal de la última década.

Cuenta la historia de una casa encantada en la Inglaterra de los años 30. Un reverendo, junto a su mujer e hija, decide mudarse a esta mansión consciente de que ésta oculta un terrible secreto.

The Banishing cuenta la misma historia de siempre: una mansión que arrastra una maldición de carácter fantasmal, la niña pequeña que entabla una relación más cercana con la fantasma, la religión como fuente de terrores y maldiciones... A su favor, el film está narrado con elegancia y su ambientación gótica siempre es agradecida, tanto como que la historia estuviera situada a finales de los años 30 con el terror nazi cerniéndose sobre Inglaterra así como el papel de la iglesia en el asunto siendo, esto, un motivo de peso en el argumento. Desgraciadamente, The Banishing es lenta, poco apasionante y su argumento además de trillado está llevado con mareo y confusión. Sus personajes resultan acartonados y poco creíbles como el cura del pueblo interpretado por un "casi-bizco" John Heffernan. Destaco de todo el embrollo el protagónico de Jessica Brown Findlay, quien cada vez que aparecía en pantalla me hacía levantar las cejas por motivos evidentes aunque hubiera veces que la muchacha ponía cara de no saber en que película se encontraba. 

The Banishing no aprovecha algunas ideas a primera vista truculentas e interesantes como el pasado de la mansión, el antiguo manicomio o el porqué la iglesia está involucrada en todo el embrollo siendo su resolución final al misterio confusa, poco clara y desilusionante.


viernes, 16 de octubre de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2020 (2/4)

A veces el cine no es tan glamouroso como nos lo pintan. Este Festival de Sitges me está haciendo sacar mi instinto de supervivencia. Mi alimentación está siendo bastante ajustada en cantidad debido a los horarios de las proyecciones (algún plátano de canarias o panecillos de queso amen de unas bolas de coco caseras cocinadas por mi señora esposa) y al haber overbooking en el piso de mi amigo en Sitges estoy durmiendo en un sofá con un perro a mis pies. El glamour del acreditado. Unos días inolvidables por otra parte. Similar situación parecieron vivir los protagonistas del documental Spaceship earth (2020), muestra de que a veces la realidad supera a la ficción.

El documental cuenta el experimento que se realizó en 1991, cuando un grupo de visionarios contraculturales construyó una enorme réplica del ecosistema terrario llamado "Biosphere 2". Cuando ocho científicos se encerraron dentro de él para vivir allí, se enfrentaron a diversas calamidades ecológicas, así como a acusaciones de tratarse de una secta. 

Spaceship earth cuenta una historia increíble pero cierta y para ello retrocede hasta finales de los 60 para contar el origen de este grupo de variopintos personajes artistas/medioambientalistas/actores teatrales y cómo, con su peculiar forma de ver el mundo y bajo el mando de un personaje fascinante como John Allen fueron creciendo y viajando por el mundo hasta llegar a ser conscientes del peligro que suponía el cambio climático en el planeta. Las imágenes mostradas de la época son interesantes especialmente cuando las 8 personas elegidas en el experimento se introducen en "Biosphere 2" durante dos años y sufren el cautiverio de la peor manera. Claro, supongo que cultivar hierbas y frutos durante unas semanas puede estar bien pero alimentarse de remolacha durante dos años puede hartar hasta al vegano más duro. 


El problema con Spaceship earth es que aún a pesar de lo interesante que es lo que se está contando, el metraje del film es excesivamente largo (unas 2 horazas) y el ritmo algo lento por lo que es todo un inconveniente de cara a enfrentarse a su visionado. Ofrece elementos muy interesantes como es la influencia cuasi mesiánica de John Allen, el líder del movimiento, el cual influenciaba sobremanera sobre las vidas de los que estaban a su alrededor. Un elemento que hace ver a este grupo de artistas casi como de si una secta se tratara sumado a los rumores de fraude económico del proyecto y la lucha empresarial que me hicieron levantar el interés. Spaceship earth cuenta una historia muy curiosa (increíble pero cierta) pero, a mi parecer, creo que no necesitaba dos horas bien largas para contarla. Se queda en un documental curiosillo para aficionados a la ciencia climática y los realities.


Malnazidos (2020) parte de la ventaja de presentar un tema bastante inédito en España como es de los zombies (desde una óptica claramente mainstream) sumado a ambientar la historia en plena Guerra Civil Española. Todo un atrevimiento, de espíritu cómic y que sus realizadores solventan con un sentido de la diversión contagioso.

Durante la Guerra Civil Española, meses de sangrientos combates han dejado tras de sí miles de muertos en las trincheras. Jan Lozano, capitán de la quinta brigada, cae prisionero. La única posibilidad de escapar a la sentencia de muerte es hacer frente a una misión imposible en campo enemigo. Pero un peligro mayor del esperado obligará a los bandos rivales a unirse contra un nuevo y desconocido adversario. Tendrán que dejar de lado el odio mutuo y así evitar convertirse en infectados.

Malnazidos mezcla los sangrientos eventos del enfrentamiento entre nacionales y republicanos con nazis, zombies y chistes a mansalva. Una mezcla que resulta muy efectiva y atrevida, especialmente en presentar como el anti-héroe a un capitán del bando nacional (un Miki Esparbé estupendo). El primer tramo resulta en ese sentido con mucho ritmo, los zombies no pierden el tiempo en aparecer (su caracterización si que me pareció algo floja, ni unas lentillas blancas les pusieron a los muertos vivientes dando un efecto algo risible). Las escenas de acción están bien rodadas con un nivel de sangre PG+13 que no hiere sensibilidades. Si que noté que a mitad del film la historia se encalla y su humor resulta algo repetitivo o forzado pero está solucionado con un clímax final muy conseguido. El reparto, en general, está estupendo destacando a Luis Callejo, Jesús Carroza o Aura Garrido. Malnazidos dista de ser una gran obra pero es una buena muestra de diversión desprejuiciada, desprovista de seriedad y realizada con cariño hacia el género por parte de sus realizadores. Un ejercicio de género orgulloso de serlo y muy necesitado en el panorama nacional. Muy entretenida.


Esta edición del festival se le rinde homenaje al maestro Bruce Lee en el 80 aniversario de su nacimiento. Por ello, en la sala Brigadoon, podremos disfrutar (o sufrir) 7 Bruceplotation con los clones de Bruce Lee dando guerra. Como colofón, nos llega al festival un nuevo documental sobre la figura del astro cuyo título nos recordará a cierto anuncio de coches. Be Water (2020) repasa la vida de Bruce desde su nacimiento en San Francisco, su infancia en Hong Kong, su regreso a los EEUU con 18 años, decepciones, fracasos y duros retos hasta regresar una vez más a Hong Kong triunfando con las cuatro películas que lo convirtieron en una leyenda.

Be water no cuenta nada nuevo a aquellos fans de la estrella respecto a otros documentales similares. Si bien, el film de Bao Nguyen destaca técnicamente por méritos propios con un estilo que evita las entrevistas tradicionales y el festival de caras hablando a cámara para centrarse en el material de archivo y las voces de los protagonistas explicando la historia en off. En ese sentido se remarca (a veces hasta la extenuación) el racismo que vivió Bruce en su adolescencia una vez se asentó en los EEUU durante los 60 además de remarcar la importancia histórica de Lee como estrella oriental y faro a seguir para las demás etnias que no habían tenido su espacio en Hollywood en unos años (finales de los 60) movidos en materia de reivindicaciones raciales. Bruce fue la primera estrella oriental y su avenimiento fue tomado por todos los marginados que se identificaron con la leyenda. Be Water no cuenta nada nuevo y ofrece una versión bastante blanqueada de la estrella, casi como de santo. No hay ni una referencia al consumo de marihuana de Lee para aplacar sus dolores físicos (recetado por su doctor), ni sus infidelidades como es el caso de Betty Ting Pei. El documental está en su mayor parte narrado por la esposa y la hija de Lee por lo que se puede entender que no quieran meterse según en que jardines. ¿Y ese diario de Lee proveniente de los años 60 y narrado por su hija? Tras 45 años con los productores abusando sin ninguna vergüenza de la figura de Bruce no se si tomarme estos escritos a verdad o farsa. Pese a todo, Be Water es un documental imprescindible para entender la figura de Bruce Lee y para disfrutar una vez más (y en calidad HD suprema) del brutal carisma que destilaba por todos sus poros. Una figura inigualable en la historia del cine y de la vida en general. 



SpiritWalker viene a representar la poca presencia de cine coreano en Sitges. Parece que las plataformas de streaming se lo están poniendo difícil a los festivales de cine, ya que se están quedando con la mayoría de estrenos interesantes, aunque siempre hay tela que cortar, por supuesto.

SpiritWalker es una coctelera de ciencia ficción con thriller que aún no apasionarme si que me ha parecido tremendamente disfrutable. El argumento del film se resumiría tal que así: Cada doce horas, un hombre despierta en el cuerpo de una persona distinta, sin saber dónde se encuentra e incapaz de recordar quién era originalmente. Este espíritu errante empieza entonces una búsqueda desesperada de la propia identidad, donde todo le resulta extraño, incluida la misteriosa mujer que afirma reconocerle, y la organización secreta que ha empezado a perseguirlo.

SpiritWalker funciona a la perfección con una historia que es un engranaje perfecto de misterio con toque sci-fi y acción al estilo coreano: con litros de sangre. El film logra mantener tu atención en buena parte del metraje (salvo algún momento en su tercio final) gracias al misterio creciente de su trama y que nos hace acompañar a su protagonista a la búsqueda de su identidad. Siguiendo la tradición coreana, el film nos relaja con algún toque de humor que no desentona en el conjunto. Buena factura visual para una historia sorprendente y poco vista y que nos sorprende con algunas excelentes escenas de acción bastante físicas. SpiritWalker se queda en una notable muestra de thriller coreano imaginativo y original que no inventa la pólvora pero supone un buen entretenimiento de calidad.



Durante los años 70 y 80 hubo una bonita corriente cinematográfica en varios países asiáticos como Hong Kong o Indonesia, de cine de terror basado en la magia negra y el folklore local que atiborraron los cines de maldiciones, batalles entre monjes y escenas de horror desagradables con mucho gore e insectos de todo tipo. Clásicos como Centipede Horror de 1982 (con sus irrepetibles y disgusting escenas con ciempiés reales) o Black Magic (1975) son ejemplos de ello. Indonesia es un país con fuerte tradición en el género alimentado por sus peculiares tradiciones locales en materia espiritual y mágica. The Queen of Black Magic (2019) es un remake de un film (desconocido para mí, hasta ahora) de mismo título realizado en 1979 y sirve tanto como homenaje a su precedente como a todo el género de magia negra antes mencionado. 

En el film, Hanif lleva a su esposa y a sus tres hijos al orfanato donde creció. A la noche, los visitantes irán cayendo, víctimas de la magia negra y sin opción a escapar. A Hanif no le quedará más remedio que enfrentarse a sus recuerdos reprimidos si quiere salvar a sus hijos.

Kimo Stamboel (habitual del género de horror o de artes marciales como podemos ver en Headshot junto a Timo Tjahjanto) dirige esta cinta de puro horror que está muy cerca de convertirse en un futuro clásico. Es de alabar la capacidad del film de crear una buena atmósfera de terror y misterio, agarrándote del cuello y llevándote al puro infierno. Con una dirección y elección de planos eléctrica y sugerente, un horror que se va cociendo a fuego lento, una criatura fantasmal para crear pesadillas... The Queen of Black Magic (2019) es muy notable como ejercicio de género. La ambientación en ese orfanato con un pasado terrorífico donde todos los personajes parecen esconder algo. La utilización de las cintas VHS con grabaciones del pasado del orfanato es un acierto sumado a las excelentes explosiones de violencia y ataques que sufren los personajes y que van creciendo en intensidad hasta llegar a un tramo final de puro horror y de locura. La película iba tan y tan enchufada que no pude más que decepcionarme en la resolución final de los hechos. Una solución al asunto facilona e increíble tras presenciar todo lo que habíamos visto hasta el momento. Un final que a mi parecer impide convertir a The Queen of Black Magic (2019) en un clásico incontestable para acabar siendo una muestra bastante notable de magia negra, fantasmas y sangre. Lástima que los ciempiés no fuesen de verdad como en los films de los 80...



miércoles, 12 de agosto de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2019 (3/3)

Encaramos la recta final de esta edición del Festival 2019 con unas películas de lo más variaditas. En primer lugar, el documental Iron Fists and Kung Fu Kicks (2019), llegado desde Australia y dirigido por Serge Ou, nos repasa el impacto del género de las artes marciales desde los tiempos gloriosos de la Shaw Brothers hasta (más o menos) la actualidad. Creo que la mayoría de los adeptos al cine oriental pueden explicar cómo su primera puerta de entrada en esta cinematografía tan fascinante fue o bien el anime o el Kaiju-Eiga. El cine de artes marciales podría formar parte indiscutiblemente de estas primeras experiencias con el cine llegado de oriente. Recuerdo con apenas 10 años ver en casa de mi primo de seguidillo Furia Oriental (1971) y Operación Dragón (1973). Una doble sesión que se grabó a fuego en mi mente dejándome la experiencia tan marcada como las hostias en los cuerpos de los enemigos de Bruce Lee. 

Iron Fists and Kung Fu Kicks (2019) cumple como recorrido remember de cara a los millenials o nostálgicos de los inicios del género en Hong Kong, de qué manera el exitazo de Bruce Lee consiguió romper muchos tabúes así como el reinado de la Shaw Brothers durante los años 60 y 70 hasta llegar a su decadencia en pos de figuras más físicas y revolucionarias como Jackie Chan. Un recorrido interesante pero que acaba por tornarse superficial y algo más aburrido al centrarse en el impacto de estas películas básicamente en los EEUU de los 70 y de qué manera han influenciado en otros aspectos y movimientos sociales como el breakdance, el parkour o la lucha contra el racismo. Centrándose en el impacto del género en los EEUU a nivel popular se acaba echando de menos en el documental un nivel de información más completista respecto la historia de las artes marciales y su evolución en el cine de acción. Queda igualmente superficial y algo desinformado el rápido repaso del género en otros países bien curtidos en la acción como la India o Tailandia. Documental entretenido a pesar de todo.


Dio la casualidad que ese mismo dia, Octavio López presentaba dos de sus libros (el ritmo de este hombre es imparable) de la mano de la editorial Applehead Team: ¿A quien vas a llamar? y Noches de Halloween. El primero sobre la saga de Los Cazafantasmas y el segundo sobre las películas del imperturbable Michael Myers. Tras tantos años siguiendo a Octavio, compartiendo la misma pasión por el Kaiju, los monstruos gigantes y los dinosaurios, lustros revisando la web Godzilla en castellano... los astros se alinearon y pude asistir a su presentación en la carpa FNAC junto al Melià. Ya al acercarme lo pude ver en la entrada de la misma carpa y con paso firme lo saludé y hablamos varios minutos. Fue un momento de gran ilusión que además él supiera quien era yo debido a todos los comentarios dejados en redes sociales en estos años. Un tío encantador. Recomiendo encarecidamente al lector que se acerque a cualquiera de las obras de López porque su prosa es apasionada a la vez que cuenta con una obsesión matemática y científica por llegar al hueso del tema que trata. Avisados quedáis.


Tras llenar el estómago me dispuse a dirigirme a la sala Tramuntana a hacer cola bajo un sol abrasador a esperar la llegada de SABU. Todo un motivo de celebración que el Festival haya traído a un director tan peculiar como éste y que lleva más de 25 años dirigiendo un cine curioso y experimental donde podríamos destacar films como Postman Blues (1997), Monday (2000) o Blessing Bell (2002). Jam (2018) se había vendido como el regreso a los mejores tiempos del director. Pudimos contar con la presencia de SABU en la sala y pude acercarme, saludarle y hacerme una foto con él (no soy muy dado a molestar a la gente y más cuando el pobre SABU se estaba haciendo un cigarrillo en la puerta del cine pero la ocasión lo merecía). Jam (2018) relata las historias paralelas de varias personajes en situaciones bastante extremas emocionalmente hablando. Hiroshi, Takeru y Tetsuo viven en la misma ciudad. Hiroshi es un cantante de pop con poca popularidad que siente un vacío en su vida. Uno de sus fans, Masako, le secuestra. Takeru está convencido de que una joven muchacha ha recobrado la consciencia. Mientras tanto, Tetsuo decide vengarse del yakuza que le envió a prisión.

A pesar de fastidiarle su smokin' time, SABU fue muy amable
El film consigue un buen equilibrio en las tres diferentes historias destacando por méritos propios la de Hiroshi, un Julio Iglesias de tercera en horas muy bajas y que vive una experiencia a lo Misery con una de sus fans. La mezcla de géneros es habitual mezclando un acertado mix de comedia negra, drama y explosiones de violencia protagonizados principalmente por el imperturbable Tetsuo quien imparte justicia entre la yakuza a golpe de martillazo (influencia coreana según nos comentó SABU). Jam (2018) es un muy curioso film que mantiene las señas de identidad de su director con frescura y buen hacer quedándose en una muy interesante pieza de cine independiente japonés.


Ya llegando a última hora de la tarde, mi intención era esperar al gran Sam Neill en la ceremonia de clausura del Festival en el Melià, pero Neill llegaba tarde a la alfombra roja y yo no podía quedarme a esperar más ya que Weathering With You (2019) estaba a punto de comenzar en el Prado. Tras el exitazo mundial de la genial Your Name (2016) había muchísima expectación por ver lo nuevo de Makoto Shinkai, quien es, a opinión personal, el director de animación más interesante de la actualidad demostrando una sensibilidad y calidad de animación suprema. Weathering With You cuenta la historia de Hotaka, un estudiante de secundaria que se muda a Tokio para dejar atrás su vida en una isla aislada del mundo. Allí conocerá a Akina, una chica con el misterioso poder de manipular y controlar el clima a su antojo.

Shinkai vuelve a utilizar el fantástico para tratar temas que nos afectan cómo sociedad en la actualidad, en este caso el cambio climático. Una propuesta que parece a primera vista sencilla pero que se va desarrollando y ganando en complejidad. El que quiera comparar esta cinta con Your name se llevará una sonora decepción y le impedirá disfrutar del presente film (a pesar de mantener el mismo mix de componente romántico con perlas de ciencia ficción) y si, Weathering With You es inferior al anterior film de Shinkai pero eso no impide ver sus grandes cualidades. Se trata de un film sobradamente notable, de una animación espectacular y momentos que calan en el corazón aún sintiendo que descarrila en su tercio final y esos algo "increíbles" momentos de acción y persecuciones entre los personajes que me hicieron sacarme del equilibrado tono del film. Pese a todo otra muestra notable de la filmografía impecable del genio Shinkai. Nada más, tras salir de la sesión emprendí el melancólico camino hacia la estación de tren recordando todos los momentos pasados en esta versión reducida que he realizado del Festival. Un enorme placer, como siempre y ¡hasta el año que viene!

jueves, 7 de mayo de 2020

SALE EL DRAGÓN, ENTRA EL TIGRE (1976)


Atentos al cadáver de Lee en el póster
La Bruceploitation es un subgénero fascinante. A raíz de la muerte de Bruce Lee, los ávidos productores no tardaron en explotar el filón. Lee había muerto en 1973, justo en su momento de mayor popularidad mundial y claro, esto no podía quedar así. Los cines fueron asaltados por cientos de producciones que aprovecharon la imagen de Bruce, ya sea en el póster de la película, con títulos que hacían referencia a los trabajos anteriores de Lee y apareciendo una serie de actorzuelos/imitadores de aspecto similar al astro (otras veces ni se parecían) realizando todo un festival de los tics, sonidos y llaves del malogrado Bruce Lee. Un subgénero como digo fascinante y divertidísimo en su desvergüenza y que no dudaban en faltar el respeto al recuerdo de Lee. Uno de los imitadores más destacados fue Bruce Li (taiwanés, de nombre real Ho Chung-Tao), y que se convirtió en la primera gran estrella dentro de la Bruceploitation.  Debido a su parecido físico con Bruce fue captado para realizar el biopic Bruce Lee. A dragon story (1974). Desde entonces apareció en docenas de Bruceploitations durante los años 70 y principios de los 80 hasta que empezó a cansarse de esto de imitar a Bruce Lee y quiso hacerse un nombre propio con papeles alejados de la estrella marcial aunque sin demasiado éxito. Un título mítico de la Bruceploitation fue Sale el dragón, entra el tigre (1976), toda una declaración de intenciones para Bruce Li en el que se dejaba claro al público ya desde el título que no iba a quedarse en un imitador más y que tenía mucho que ofrecer. Dirigida por Lee Tso-Nam, el film juega con el metalenguaje al principio con Li, apodado Tigre, visitando a Bruce Lee en pleno rodaje (tanto Tigre como Lee están interpretados por el mismo Bruce Li). Tigre se marcha no sin antes escuchar de boca de Bruce que en caso de que le pase algo, no dude en continuar el noble legado del Kung Fu así como sus enseñanzas. Dicho y hecho. Bruce Lee muere y Tigre, roto de dolor, piensa en que ha sido un asesinato y decide investigar que ha pasado con el pequeño Dragón.

Sale el dragón, entra el tigre (1976) es un film con las deficiencias técnicas propias de este tipo de productos de Serie B (y Z) de los 70. Como apunte curioso, la producción es en Taiwan (como muchos otros Bruceploitations), y es que salía más barato rodar allí que en Hong Kong. Si bien, la película aún con sus limitados valores técnicos e interpretativos frutos del bajo presupuesto destaca por encima de mucho de los clones de la época con un conjunto entretenido, que intenta mantener un buen ritmo y que destaca especialmente en sus escenas de lucha. Y es que en eso Bruce Li destacaba con una excelente técnica de patada. Aún con la intención de Li de querer apartarse de la sombra de Bruce Lee, el film no evita ciertos tics o plagios. Vemos a Tigre disfrazarse de telefonista o anciano como hacia el propio Lee en Furia oriental (1971) y una asesina que ataca a Li en pleno gimnasio lleva puesto el mítico chandal amarillo. Bruce Li, además, no puede evitar ciertos movimientos o los gritos típicos del pequeño Dragón. Como plus, de entre el reparto tenemos a Chang Yi (o Chang Yu), mítico actor que apareció en multitud de films de la Shaw Brothers en los años 60 y 70 como Zatoichi Meets the One Armed Swordsman (1971) o La mano de hierro (1972) y quien deslumbra con su técnica marcial en la presente película.
Tigre y Bruce Lee son grandes amigos.

La estrella muere de la noche a la mañana.

Tigre no se fía. Esto ha sido un asesinato.

Los causantes del embrollo. Unos mafiosos de medio pelo.

Tigre se disfraza de telefonista. Un buen método para infiltrarse.

La magnífica pelea final.

El film tampoco evita cierta carnaza sensacionalista mostrando de buenas a primeras imágenes del funeral auténtico de Bruce Lee, siendo visible su cadáver o recortes de periódicos de la época. Toda una desvergüenza que me resulta fascinante. Por supuesto, el film abandona toda voluntad seria de investigar sobre los motivos de la aún misteriosa muerte del astro introduciéndose en una trama de mafiosos de medio pelo que querían introducir droga en las escuelas de artes marciales, a lo que Lee, como santo que era, al negarse en redondo es objeto de asesinato por esto mismo. Como comento, un conjunto que no hace demasiado daño y que resulta entretenido. El film culmina con un enfrentamiento final en plena playa, en un magnífico escenario rocoso de mar embravecido donde tanto Bruce Li como su enemigo "El barón" (Chang Yi) nos deslumbran con unos momentos marciales asombrosos que ponen la guinda a tan peculiar cinta. Sale el dragón, entra el tigre (1976) es una buena oportunidad para acercarse al mundo de los clones de Bruce Lee con un resultado entretenido que camina por el thriller y el sensacionalismo de la muerte de Lee adornado con buenas escenas de lucha.
Como apunte curioso, ciertas versiones internacionales de la película, tanto de cine como posteriormente de video censuraron varios minutos del film donde Tigre/Li usaba los nunchaku, arma prohíbida en numerosos países.