CRÍTICAS PELÍCULAS

Mostrando entradas con la etiqueta ZOMBIES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ZOMBIES. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de octubre de 2026

CRÓNICAS DE SITGES 2026 (2/4)

Indonesia es un país con una fuerte tradición por el cine de horror. Un cine anclado a su rico y tenebroso folklore local -vease Mystics in Bali (1981) o Queen of Black Magic (1981)- y en estos últimos años diversos directores del país siguen insistiendo en mantener viva la llama del género. Uno de ellos es Joko Anwar, quien gran parte de su filmografía está entregada al terror y no solamente como director sino como guionista. Una de sus cimas al respecto es una cinta como Impetigore (2020) que sorprendió enormemente a un servidor con una muestra impecable de atmósfera muy mal rollera en una trama con asesinatos y magia negra.

Para Sitges 2026 nos llega Ghost in the Cell, cuyo guiño en el título a un clásico del anime japonés de los 90 ya nos da buena cuenta del cachondeo que impregna la película en todo momento. Y es que Ghost in the Cell presenta un concepto bien interesante como es el de una presencia fantasmal que acompaña a un recluso sin que él sea consciente y se dedica a hacer buena cuenta de otros presos (aunque solo a aquellos que tengan energía negativa). Todo lo referente a este espíritu malvado resulta de lo más conseguido con unos asesinatos que lo acercan al gore surrealista -y que me recordaron a Historia de Ricky tanto por la brutalidad como por la ambientación carcelaria-.

El filme resulta en general una gozosa cinta de horror que en ningún momento parece querer tomarse en serio a sí misma, pese a lo truculento de las acciones de ese ente fantasmal capaz de cometer las más brutales muertes, Anwar parece más empeñado en lo lúdico de la propuesta creando un conjunto claramente festivalero pero que se pasa de frenada en el componente humorístico, con una sobredosis de chistes, gags y humor físico que en ocasiones resulta simpático en otras resulta cargante. Toda esta profusión a la comedia hace que acabe perdiendo fuerza la trama del ente maligno cuya presencia se va desinflando a medida que avanza el metraje. Pese a todo una cinta simpática, que incluye un poco de crítica hacia la corrupción de su país y con el que el fan del gore disfrutará en determinados momentos.



Sitges ha vivido la visita de un Kevin Bacon bien acompañado por su mujer -tambien actriz- Kyra Segdwick y su hijo -metal singer- Travis Bacon. No solamente el Festival les ha galardonado con el Premio Honorífico tanto a Kevin como a Kyra sinó que venían a presentar Family Movie. Filme realizado en familia con el único objetivo de relajarse y divertirse y que ha sido hasta grabado, en gran parte, en la granja donde viven.

El filme sigue a un director de cine cutre -Kevin Bacon- el cual intenta por todos los medios realizar una última película junto a su familia, una producción de terror. Pero en una jornada de rodaje su mujer acaba accidentalmente con la vida de su vecino. No solamente la familia intentará ocultar todo rastro del cuerpo sino que más cadáveres irán acumulándose... 

Family Movie ha resultado ser un filme bastante blando y anodino. Uno entiende que la familia Bacon ha querido darse el gustazo de hacer una película todos juntos y para divertirse pero el resultado, aunque ocasionalmente simpático, no acaba por atinar de ninguna de las maneras. Una propuesta que puede despertar simpatías pero que una vez se ve, rápidamente se olvida. Así que haced caso a Kevin Bacon, pasad más tiempo con vuestra familia y ahorraos la película.



Train to Busan
 (2016) fue un éxito a todos los niveles y un verdadero soplo de aire fresco al subgénero de los zombies/infectados en una cinta de foco espectacular y entregada a la acción adrenalínica. Aunque dentro de la filmografía de Yeon Sang-Ho soy más fan de su vertiente en la animación para adultos -las increíbles The King of Pigs (2011) y The Fake (2013)-, Train to Busan es un caramelo. 

10 años después de encerrarnos en un tren de alta velocidad, Sang-Ho retoma a los infectados y ahora nos encierra en un rascacielos -referenciando a otro clásico como es el Zombie (1978) de Romero- en un filme de nuevo de corte espectacular, que no da tregua al espectador desde el minuto 1 y que además se permite darle una pequeña vuelta diferente a todo el concepto de estos infectados, estos zombies contorsionistas olímpicos, que los une una mente colmena con la que compartir información. Dicha mente colmena pondrá en un buen aprieto al pequeño grupo de supervivientes protagonista a la hora de encontrar la vacuna humana a la infección y salir del edificio con vida.

Al respecto comentar que la cinta presenta un villano absolutamente memorable, manipulador y “cabrón absoluto” interpretado por Koo Kyo-hwan. También fue un agradable sorpresa ver que la cinta viene protagonizada por Gianna Jun y a la que hacía tiempo que no veía. Una de las grandes estrellas del país y que aparecía en las clásicas Il Mare (2000), My Sassy Girl (2001) o Assassination (2015).

En definitiva un divertimento de lo más cuidado y entretenido, que sabe manejar a la perfección las situaciones de tensión, suspense y acción en un desarrollo que se va desbarrando a cada minuto hasta llegar a un clímax espectacular y que hace acabar bien arriba la producción. 



Sin duda, no vamos a olvidar esta sesión. Una de las proyecciones más memorables que hemos vivido en la historia del festival ha sido con la tremenda restauración en 4K del filme The Devils (1971). Filme maldito donde los haya, obra de un Ken Russell que se volvió loco desafiando las convenciones de los bienpensantes con esta provocativa, obscena y blasfema cinta que se sitúa históricamente en el primer caso de posesión documentado por la Iglesia católica allá por 1630. Si bien, nada es lo que parece y dicha posesión tiene ramificaciones más políticas de lo que parece.

Una cinta sensacional, soberbiamente filmada por Ken Russell, con un Oliver Reed que nunca ha estado mejor, en un asfixiante uso de los escenarios, con angulaciones aberrantes y un espíritu de teatro alocado con emociones desatadas y personajes de frenopático. Sin olvidar de su ingeniosa, irónica pero demoledora crítica hacia la institución católica. No puedo imaginarme lo que debieron pensar las audiencias de 1971 al ver la película, porque en pleno 2026 seguro que a más de uno el visionado le habrá resultado un cortocircuito radical. The Devils llega lejos, muy lejos. Ninguna de las nunsplotations posteriores, ni ningún Jesús Franco, llega tan lejos como en algunas de las escenas de The Devils. Escenas como la orgía sobre el cuerpo de Cristo o las torturas que los párrocos realizan a las monjas mediante enemas para exorcizarlas y vomitando fluídos.

The Devils fue censurada, muchas escenas fueron eliminadas o manipuladas para rebajar su contenido y no fue hasta 2002 que dichas escenas, que se creían perdidas, fueron recuperadas. Hemos tenido que esperar hasta 2024 para que diera inicio la restauración en 4K de dicho montaje definitivo con un resultado excepcional. Esperando su edición en Blu-Ray.


martes, 26 de octubre de 2021

CRÓNICAS DE SITGES 2021 (3/5)

Mucha expectación corría en torno a The Sadness (2021), film taiwanés de infectados dirigido y escrito por el canadiense Rob Jabbaz. Los comentarios acerca de la película la indicaban como un ejercicio de pura fiesta extrema y salvaje, perfecta para los fans de las emociones fuertes y de las "Midnigh-Extreme" de Sitges.

Una pareja joven es llevada al límite de la cordura mientras trata de reunirse en medio del caos de un brote pandémico. Las calles se convierten en violencia y depravación, a medida que los infectados se ven empujados a realizar las cosas más crueles y horribles que te puedas imaginar. Asesinato, tortura, violación y mutilación son solo el comienzo. Ya pasó la era de la civilidad y el orden. Solo queda 'The Sadness'.

The Sadness no ha acabado por ser my cup of tea. Soy fan de cualquier salvajada enferma y grotesca. He visto mucho producto radical de este tipo, pero en cambio algo me ha impedido conectar o disfrutar con The Sadness. Su violencia tanto sanguinolenta como sexual me ha parecido más que festiva, de un cariz forzado y de brocha gorda. Repito. Que no soy una persona fácil de incomodar, para nada, pero The Sadness me ha parecido un trabajo muy pobre en lo formal y con una nula capacidad para mostrar un mínimo de ritmo o de trabajo de realización cinematográfica, algo especialmente torpe en todos los momentos dedicados a sus personajes donde no hay infectados de por medio. La película echa el freno de mano en este sentido en muchas ocasiones. 

El resumen sería que The Sadness es un Rape Zombie (2012) pero mal. Rape Zombie era un producto de Serie Z, si, pero plenamente autoconsciente de ello y aún así, a pesar de lo pedestre del conjunto no se escapaba de la típica diversión ingenua y entrañable que los japoneses imprimen en estos productos. Que aquí, uno de los infectados salidorros aproveche el hueco del ojo de una víctima aún viva para depositar su genitalia... pues oye, me habrá pillado la película cansado pero me pareció un gore en general algo forzado, usado para provocar fácilmente y ya está. Algo parecido pasa con sus pobres intentos de crear paralelismos con el COVID-19, quedando en ridículo su intento de cachondearse de las fuerzas políticas.

The Sadness, aún así, consigue algunos momentos de goce festivalero para el respetable, especialmente en su primer tercio. Ese primer ataque en las callejuelas o la bacanal en el metro son bastante dignas. Puestos a destacar, no me quiero olvidar de felicitar al encargado de casting por seleccionar a Ying Ru Chen como fémina protagonista.


El avance imparable de la tecnología en nuestras vidas son motivo de reflexión habitual tanto en documentales como en películas donde las inquietudes y consecuencias en torno a este avance son bien palpables. La relación que mantenemos con lo digital y de qué manera nos ha transformado y nos seguirá cambiando son temas bien interesantes y que pueden dar lugar a reflexiones apasionantes y a veces inquietantes.

Users (2021) es un documental que explora cómo la humanidad se expresa con la tecnología y cómo esto afecta a este mundo dominado por ella.

Users ha resultado ser un ladrillo de proporciones "Godzillianas". Un cúmulo de planos más o menos estáticos de carácter contemplativo y alegórico, muy bien rodados eso si, siendo éstos de una geometría visual perfecta. Bellas imágenes del mar, las olas o campos y que son acompañados por la voz en off de su directora, quien nos va dando la chapa con metáforas sobre lo que nos rodea, el cableado que reposa bajo el mar o cambios de paradigma. Mientras tanto, vamos siguiendo el crecimiento de un niño (el hijo de la propia directora) y como éste va relacionándose entre entornos digitales. 

El conjunto acaba resultando soporífero porque si bien intenta plantear diversas cuestiones que invitan a nuestra reflexión no acaba por definir ni construir absolutamente nada en su relato. La sinopsis de Users hacía preveer algo más interesante del peñazo que acaba siendo en realidad siendo un conjunto de postales bonitas que son dejadas a la suerte del espectador siendo éste el elegido para tratar, infructuosamente, de sacar sus conclusiones.


One cut of the Dead (2017) fue uno de los grandes éxitos del pasado Festival de Sitges de 2018. Una propuesta de ínfimo presupuesto pero que andaba sobrada de pasión, energía y originalidad. Algo parecido sucede con Beyond the Infinte two minutes (2021).

Regresando a su apartamento tras terminar la jornada, Kato, propietario del Café Phalam, se ve a sí mismo hablándose desde la pantalla de su ordenador: "Soy el yo del futuro. Dos minutos en el futuro". La pantalla de su casa y la del ordenador del café están conectadas de alguna manera. Kato vuelve a su establecimiento y, junto a clientes habituales, empieza a explorar este fenómeno.

El presente film es el ejemplo perfecto de cómo saber coger una idea resultona, en este caso, los bucles temporales en forma de una televisión que muestra 2 minutos en el futuro, y saber llevar dicha idea hasta sus últimas consecuencias gracias a un estupendo guión que utiliza todas las posibilidades que ofrece tal idea con un mínimo de coherencia científica. Se le suma que a esta premisa se la envuelve de un tono de comedia muy agradable con una serie de actores que resultan sobradamente correctos en su papel. A nivel de realización se opta por un plano secuencia falseado con una escenografía bastante teatral y centrada en un par de escenarios. Sorprendente resulta que se trata de un film rodado enteramente con teléfonos móbiles dando un resultado visual más que notable teniendo en cuenta el aparato utilizado en cuestión.

Aún contando con varios detallitos bastante "increíbles" como ese cableado interminable de las televisiones, se le acaba perdonando por ser un film definitivamente entrañable, repleto de un entusiasmo contagioso y de premisa original. Una de mis favoritas de esta edición del Festival.

Mamoru Hosoda es uno de los 3 directores de cine anime más destacados en la actualidad. Su innegable importancia ha sido recompensada este año otorgándole en el Festival un premio honorífico a su carrera coincidiendo con la llegada de su nuevo film: Belle (2021). Consciente de la importancia de Hosoda, si que he tenido problemas para conectar con algunas de sus obras. Disfruté muchísimo con La chica que saltaba a través del tiempo (2006) o con la reciente Mirai (2018), pero, muy a mi pesar, no me he unido al entusiasmo hacia Wolf children (2012) o Summer Wars (2009) donde su historia centrada en la realidad me pareció distraída pero no así toda la parte en el mundo virtual. Todo lo contrario que lo que me ha pasado con su nueva Belle.

Suzu es una joven de 17 años que, tras perder a su madre, se traslada a vivir con su padre a las afueras de la prefectura de Kochi. Con el corazón roto y distanciada del mundo, descubre "U", un espacio virtual en el que asume el rol de "Belle".

Belle me ha parecido una preciosidad. Un film que goza, por supuesto, de un nivel de animación abrumador, utilizando especialmente el 3D y técnicas más modernas en las escenas que ocurren en el mundo virtual de "U". Me ha parecido muy acertada su estudio de las problemáticas y angustias del adolescente de hoy día tanto a nivel social o emocional (la depresión por fallecimiento del progenitor, el maltrato infantil...) así como su relación con el nuevo mundo digital y la necesidad de construirse un otro yo alejado de su realidad con todas las posibilidades que ello ofrece. Toda esta amalgama de conceptos se mezcla con una especie de reinterpretación del clásico de La bella y la bestia.

Belle es un film conmovedor que mezcla la espectacularidad con los momentos más íntimos y emocionales, ofreciendo un soundtrack noño pero irresistible. Su personaje principal es interesante y su evolución acaba por ofrecer momentos de lo más lacrimógeno (en el buen sentido) en su clímax final. Una película excelente donde, esta vez, la correlación entre su trama anclada en el mundo real en paralelo al mundo virtual me ha parecido perfectamente bien hilada. Bravo, Hosoda.


Lejos quedan los años dorados del cine de Hong Kong, aquella etapa irrepetible que se vivió durante los años 70, 80 y 90, donde parecía que el país era el centro cinematográfico de Asia. Desgraciadamente, esos años han quedado atrás, perdiendo fuerza su industria de forma alarmante yendo muchos de sus técnicos y actores hacia China, la cual es, ahora, el verdadero centro de Asia (y puede que el mundo) con un nivel de producción abrumador.

Todo y aún así, en Hong Kong vamos encontrando cada año algunos trabajos muy interesantes que nos hacen recordar tiempos mejores. Ya tratamos en el blog la dolorosa pero notable Better Days (2019) y con Limbo (2021) no puedo más que reafirmarme en que ha sido una de las mayores sorpresas de esta edición del festival.

El policía novato Will Ren y su compañero, el veterano Cham Lau, persiguen a un brutal y obsesivo asesino de mujeres. Para atraerlo, recurren a la delincuente Wong To, que necesita expiar un accidente en el que resultó afectada la familia de Cham. Pero esta mujer resulta ser tan impredecible como ingobernable.

Limbo es una patada al estómago. Una experiencia brutal, dura, seca y con unos personajes que, a duras penas, sobreviven en las calles de una Hong Kong casi ciberpunk, con barrios de una pobreza moral chocante con basura, suciedad, vagabundos, proxenetas, droga y prostitución. Pocas veces he visto una Hong Kong plasmada de esta manera por lo que el blanco y negro de la película, lejos de ser una excentricidad, está más que justificado con el tono de la historia. Es un mundo gris y nihilista. Solo falta que aparezca un asesino en serie en la zona para acabar de trastocarlo todo. 

De entre una fantástica fotografía, un trabajo de cámara con nervio, con unas persecuciones y escenas de violencia física que quitan el aliento y la opresividad general si que noté algunos puntos más débiles por caer en estereotipos del género. La figura de los policías, el novato y el veterano quemado por demasiados años combatiendo la delincuencia afectado por sus propios dramas familiares, son elementos bastante sobados pero que aún así no me acabaron por molestar especialmente (pero lo menciono para tratar de sacarle pegas a esta magnífica película). El film viene dirigido por Soi Cheang, director de sobrada experiencia y con trabajos tan interesantes como Love Battlefield (2004) o SPL 2 (2015).

Limbo es uno de los films asiáticos a tener en cuenta este año donde el nivel general es sobradamente notable con una historia sucia, violenta e incómoda pero fascinante y donde además nos presenta a un personaje femenino excelente y duro de pelar como es el interpretado por Yase Liu. No se la pierdan.

viernes, 16 de octubre de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2020 (2/4)

A veces el cine no es tan glamouroso como nos lo pintan. Este Festival de Sitges me está haciendo sacar mi instinto de supervivencia. Mi alimentación está siendo bastante ajustada en cantidad debido a los horarios de las proyecciones (algún plátano de canarias o panecillos de queso amen de unas bolas de coco caseras cocinadas por mi señora esposa) y al haber overbooking en el piso de mi amigo en Sitges estoy durmiendo en un sofá con un perro a mis pies. El glamour del acreditado. Unos días inolvidables por otra parte. Similar situación parecieron vivir los protagonistas del documental Spaceship earth (2020), muestra de que a veces la realidad supera a la ficción.

El documental cuenta el experimento que se realizó en 1991, cuando un grupo de visionarios contraculturales construyó una enorme réplica del ecosistema terrario llamado "Biosphere 2". Cuando ocho científicos se encerraron dentro de él para vivir allí, se enfrentaron a diversas calamidades ecológicas, así como a acusaciones de tratarse de una secta. 

Spaceship earth cuenta una historia increíble pero cierta y para ello retrocede hasta finales de los 60 para contar el origen de este grupo de variopintos personajes artistas/medioambientalistas/actores teatrales y cómo, con su peculiar forma de ver el mundo y bajo el mando de un personaje fascinante como John Allen fueron creciendo y viajando por el mundo hasta llegar a ser conscientes del peligro que suponía el cambio climático en el planeta. Las imágenes mostradas de la época son interesantes especialmente cuando las 8 personas elegidas en el experimento se introducen en "Biosphere 2" durante dos años y sufren el cautiverio de la peor manera. Claro, supongo que cultivar hierbas y frutos durante unas semanas puede estar bien pero alimentarse de remolacha durante dos años puede hartar hasta al vegano más duro. 


El problema con Spaceship earth es que aún a pesar de lo interesante que es lo que se está contando, el metraje del film es excesivamente largo (unas 2 horazas) y el ritmo algo lento por lo que es todo un inconveniente de cara a enfrentarse a su visionado. Ofrece elementos muy interesantes como es la influencia cuasi mesiánica de John Allen, el líder del movimiento, el cual influenciaba sobremanera sobre las vidas de los que estaban a su alrededor. Un elemento que hace ver a este grupo de artistas casi como de si una secta se tratara sumado a los rumores de fraude económico del proyecto y la lucha empresarial que me hicieron levantar el interés. Spaceship earth cuenta una historia muy curiosa (increíble pero cierta) pero, a mi parecer, creo que no necesitaba dos horas bien largas para contarla. Se queda en un documental curiosillo para aficionados a la ciencia climática y los realities.


Malnazidos (2020) parte de la ventaja de presentar un tema bastante inédito en España como es de los zombies (desde una óptica claramente mainstream) sumado a ambientar la historia en plena Guerra Civil Española. Todo un atrevimiento, de espíritu cómic y que sus realizadores solventan con un sentido de la diversión contagioso.

Durante la Guerra Civil Española, meses de sangrientos combates han dejado tras de sí miles de muertos en las trincheras. Jan Lozano, capitán de la quinta brigada, cae prisionero. La única posibilidad de escapar a la sentencia de muerte es hacer frente a una misión imposible en campo enemigo. Pero un peligro mayor del esperado obligará a los bandos rivales a unirse contra un nuevo y desconocido adversario. Tendrán que dejar de lado el odio mutuo y así evitar convertirse en infectados.

Malnazidos mezcla los sangrientos eventos del enfrentamiento entre nacionales y republicanos con nazis, zombies y chistes a mansalva. Una mezcla que resulta muy efectiva y atrevida, especialmente en presentar como el anti-héroe a un capitán del bando nacional (un Miki Esparbé estupendo). El primer tramo resulta en ese sentido con mucho ritmo, los zombies no pierden el tiempo en aparecer (su caracterización si que me pareció algo floja, ni unas lentillas blancas les pusieron a los muertos vivientes dando un efecto algo risible). Las escenas de acción están bien rodadas con un nivel de sangre PG+13 que no hiere sensibilidades. Si que noté que a mitad del film la historia se encalla y su humor resulta algo repetitivo o forzado pero está solucionado con un clímax final muy conseguido. El reparto, en general, está estupendo destacando a Luis Callejo, Jesús Carroza o Aura Garrido. Malnazidos dista de ser una gran obra pero es una buena muestra de diversión desprejuiciada, desprovista de seriedad y realizada con cariño hacia el género por parte de sus realizadores. Un ejercicio de género orgulloso de serlo y muy necesitado en el panorama nacional. Muy entretenida.


Esta edición del festival se le rinde homenaje al maestro Bruce Lee en el 80 aniversario de su nacimiento. Por ello, en la sala Brigadoon, podremos disfrutar (o sufrir) 7 Bruceplotation con los clones de Bruce Lee dando guerra. Como colofón, nos llega al festival un nuevo documental sobre la figura del astro cuyo título nos recordará a cierto anuncio de coches. Be Water (2020) repasa la vida de Bruce desde su nacimiento en San Francisco, su infancia en Hong Kong, su regreso a los EEUU con 18 años, decepciones, fracasos y duros retos hasta regresar una vez más a Hong Kong triunfando con las cuatro películas que lo convirtieron en una leyenda.

Be water no cuenta nada nuevo a aquellos fans de la estrella respecto a otros documentales similares. Si bien, el film de Bao Nguyen destaca técnicamente por méritos propios con un estilo que evita las entrevistas tradicionales y el festival de caras hablando a cámara para centrarse en el material de archivo y las voces de los protagonistas explicando la historia en off. En ese sentido se remarca (a veces hasta la extenuación) el racismo que vivió Bruce en su adolescencia una vez se asentó en los EEUU durante los 60 además de remarcar la importancia histórica de Lee como estrella oriental y faro a seguir para las demás etnias que no habían tenido su espacio en Hollywood en unos años (finales de los 60) movidos en materia de reivindicaciones raciales. Bruce fue la primera estrella oriental y su avenimiento fue tomado por todos los marginados que se identificaron con la leyenda. Be Water no cuenta nada nuevo y ofrece una versión bastante blanqueada de la estrella, casi como de santo. No hay ni una referencia al consumo de marihuana de Lee para aplacar sus dolores físicos (recetado por su doctor), ni sus infidelidades como es el caso de Betty Ting Pei. El documental está en su mayor parte narrado por la esposa y la hija de Lee por lo que se puede entender que no quieran meterse según en que jardines. ¿Y ese diario de Lee proveniente de los años 60 y narrado por su hija? Tras 45 años con los productores abusando sin ninguna vergüenza de la figura de Bruce no se si tomarme estos escritos a verdad o farsa. Pese a todo, Be Water es un documental imprescindible para entender la figura de Bruce Lee y para disfrutar una vez más (y en calidad HD suprema) del brutal carisma que destilaba por todos sus poros. Una figura inigualable en la historia del cine y de la vida en general. 



SpiritWalker viene a representar la poca presencia de cine coreano en Sitges. Parece que las plataformas de streaming se lo están poniendo difícil a los festivales de cine, ya que se están quedando con la mayoría de estrenos interesantes, aunque siempre hay tela que cortar, por supuesto.

SpiritWalker es una coctelera de ciencia ficción con thriller que aún no apasionarme si que me ha parecido tremendamente disfrutable. El argumento del film se resumiría tal que así: Cada doce horas, un hombre despierta en el cuerpo de una persona distinta, sin saber dónde se encuentra e incapaz de recordar quién era originalmente. Este espíritu errante empieza entonces una búsqueda desesperada de la propia identidad, donde todo le resulta extraño, incluida la misteriosa mujer que afirma reconocerle, y la organización secreta que ha empezado a perseguirlo.

SpiritWalker funciona a la perfección con una historia que es un engranaje perfecto de misterio con toque sci-fi y acción al estilo coreano: con litros de sangre. El film logra mantener tu atención en buena parte del metraje (salvo algún momento en su tercio final) gracias al misterio creciente de su trama y que nos hace acompañar a su protagonista a la búsqueda de su identidad. Siguiendo la tradición coreana, el film nos relaja con algún toque de humor que no desentona en el conjunto. Buena factura visual para una historia sorprendente y poco vista y que nos sorprende con algunas excelentes escenas de acción bastante físicas. SpiritWalker se queda en una notable muestra de thriller coreano imaginativo y original que no inventa la pólvora pero supone un buen entretenimiento de calidad.



Durante los años 70 y 80 hubo una bonita corriente cinematográfica en varios países asiáticos como Hong Kong o Indonesia, de cine de terror basado en la magia negra y el folklore local que atiborraron los cines de maldiciones, batalles entre monjes y escenas de horror desagradables con mucho gore e insectos de todo tipo. Clásicos como Centipede Horror de 1982 (con sus irrepetibles y disgusting escenas con ciempiés reales) o Black Magic (1975) son ejemplos de ello. Indonesia es un país con fuerte tradición en el género alimentado por sus peculiares tradiciones locales en materia espiritual y mágica. The Queen of Black Magic (2019) es un remake de un film (desconocido para mí, hasta ahora) de mismo título realizado en 1979 y sirve tanto como homenaje a su precedente como a todo el género de magia negra antes mencionado. 

En el film, Hanif lleva a su esposa y a sus tres hijos al orfanato donde creció. A la noche, los visitantes irán cayendo, víctimas de la magia negra y sin opción a escapar. A Hanif no le quedará más remedio que enfrentarse a sus recuerdos reprimidos si quiere salvar a sus hijos.

Kimo Stamboel (habitual del género de horror o de artes marciales como podemos ver en Headshot junto a Timo Tjahjanto) dirige esta cinta de puro horror que está muy cerca de convertirse en un futuro clásico. Es de alabar la capacidad del film de crear una buena atmósfera de terror y misterio, agarrándote del cuello y llevándote al puro infierno. Con una dirección y elección de planos eléctrica y sugerente, un horror que se va cociendo a fuego lento, una criatura fantasmal para crear pesadillas... The Queen of Black Magic (2019) es muy notable como ejercicio de género. La ambientación en ese orfanato con un pasado terrorífico donde todos los personajes parecen esconder algo. La utilización de las cintas VHS con grabaciones del pasado del orfanato es un acierto sumado a las excelentes explosiones de violencia y ataques que sufren los personajes y que van creciendo en intensidad hasta llegar a un tramo final de puro horror y de locura. La película iba tan y tan enchufada que no pude más que decepcionarme en la resolución final de los hechos. Una solución al asunto facilona e increíble tras presenciar todo lo que habíamos visto hasta el momento. Un final que a mi parecer impide convertir a The Queen of Black Magic (2019) en un clásico incontestable para acabar siendo una muestra bastante notable de magia negra, fantasmas y sangre. Lástima que los ciempiés no fuesen de verdad como en los films de los 80...



sábado, 10 de octubre de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2020 (1/4)

2020 será un año para olvidar. En medio de la epidemia algunos festivales han decidido dar el paso al frente y celebrar la fiesta del cine (con todas las medidas de seguridad) para demostrar que ir a una sala de cine es seguro. Bravo por su valentía, pasión y ganas de hacer bien las cosas. Estas condiciones no han hecho decrecer en mí las ganas de asistir un año más al Festival de Sitges (y ya van 16 ediciones...). Esta edición me ha hecho especial ilusión ya que será mi primera como acreditado de prensa con 
Oriental Paradiso. Llego a Sitges en un día algo nublado aunque con una excelente temperatura (se prevén lluvias, un clásico del festival) dispuesto a disfrutar del mejor cine fantástico y de terror. La primera sesión es en la Sala Tramuntana, y a pesar de lo lleno de la sala, el público respeta las distancias de seguridad. Saint Maud (2019) venía precedida de unos buenos comentarios que la estaban haciendo destacar como una de las joyas inesperadas de la programación de los festivales por los que había pasado. El film ha resultado ser toda una pequeña sorpresa que ofrece una coctelera de horror psicológico cocido a fuego lento, religión y problemas mentales. Una mezcla, a todas vistas, explosiva. 
El film sigue a Maud, una joven enfermera que, tras un oscuro trauma, se vuelve devota de la fe cristiana. Cuando empieza a trabajar cuidando a Amanda, una bailarina jubilada enferma de cáncer, la fe de Maud le inspira una obsesiva convicción de que debe salvar el alma de su paciente de la condena eterna... sea cual sea el coste.

El film supone la ópera prima de Rose Glass y a pesar de ello sorprende por una planificación en las escenas milimétrica donde explota el suspense y una inquietud creciente. Su protagonista, Maud, resulta interesante al ser una joven con evidentes problemas mentales (y supuesta esquizofrenia) que se entrega de forma enfermiza al fanatismo religioso. Maud arrastra un pasado como enfermera en que se nos deja en el aire que algo terrible pasó por su culpa (aunque el film no es explícito en ese sentido). Maud está interpretado por Jennifer Ehle y la actriz realiza todo un tour de force a lo largo del metraje. El horror de Saint Maud se va caldeando a fuego lento hasta llegar a un tramo final donde estalla definitivamente la violencia y las alucinaciones. Por contra, aunque se dejen pinceladas sobre el pasado de Maud (ese ligue de una noche que le dice que había estado enrollada con un amigo suyo, su traumático error como enfermera...) para que el espectador coloque las piezas por si mismo si que me hubiera gustado profundizar algo más en todo ese pasado para dar más capas al personaje quedándose éste en algo superficial. Si que me pareció, además, algo forzado que Maud de la noche a la mañana pase de devota cristiana a pecadora excesiva (a mitad de metraje) para luego volver a sufrir una revelación divina.


Saint Maud ofrece una historia terrorífica y que presenta logrados aciertos visuales. Un film que va creciendo en el recuerdo siendo una experiencia la mar de interesante y destacable en el panorama del horror religioso. 


Ver películas sobre animales asesinos y agigantados siempre es un gran placer para mi (quitando todas las películas de The Asylum), ya sea lagartos varios, serpientes, tiburones, perros, insectos... lo que sea. El australiano Andrew Traucki también parece compartir esta pasión por el terror animal ya que ha basado casi toda su filmografía en ello destacando cintas como El arrecife (2010), una de mis cintas favoritas recientes sobre tiburones. En 2007 el director realizó Black Water y la fórmula le funcionó de forma correcta presentando a unos cocodrilos asediando a los personajes en los pantanos australianos. Ahora en Sitges presenciamos una continuación bastante libre de aquella: Black Water: Abyss (2020).

El film sigue a un grupo de amigos que exploran un extraño sistema de cuevas en el norte de Australia. Debido a una inundación, los personajes se quedan atrapados en la cueva. Allí tendrán un acompañante en forma de cocodrilo. 

Es de valorar de Black Water: Abyss que aún a pesar de sus numerosas limitaciones y del bajísimo presupuesto, tu pasión como director te lleve a superar dichos obstáculos y rodar sea como sea con la pasión como motor. Dicho esto, Black Water: Abyss ha sido todo un suplicio. Los personajes, como es habitual, no nos interesan lo más mínimo aunque se intente un mínimo de conflicto presentando una sub-trama con dramilla propio de un telefilm de domingo por la tarde. El escenario está limitado a una cueva subterránea por donde los personajes pasarán una y otra vez por túneles y más túneles inundados mientras "la impaciente" va creciendo. ¿Y el cocodrilo? Por desgracia, la presencia del bicho es muy reducida apareciendo escasos minutos y siendo muy evidente, en sus ataques, el poco presupuesto del film. La "increíble" resolución, pistola en mano, pone la guinda a esta cinta, simpática por sus pretensiones de intentar entretener con los elementos de los que dispone pero tediosa y aburrida hasta el hartazgo. Uno necesitaba más mala baba.


Hace cuatro años, el estreno de Train to Busan (2016) resultó todo un acontecimiento en el muy sobado cine de zombies proponiendo una experiencia de excelente pulso narrativo y visual. Su director, Yeon Sang-Ho, venía del mundo de la animación con piezas tan recomendables como The King of Pigs (2011) o la excelente The Fake (2013) estrenándose en la imagen real con los zombies de Train to Busan. El film fue todo un exitazo en Corea, acumulando cerca de 11 millones de espectadores además de una fuerte proyección internacional por lo que no nos extraña demasiado esta secuela.

Peninsula está ambientada cuatro años después de los hechos narrados en la anterior y nos presenta una península coreana totalmente en ruinas e invadida por los zombies. Jung Seok es un coreano exiliado en China debido a la catástrofe, pero las circunstancias (y un plan con mucho dinero de por medio) le harán volver a su país. Allí las cosas no han mejorado precisamente.

Peninsula difiere en estética y recorre coordenadas bastante diferentes a Train to Busan resultando un film mucho más entregado a la acción de disparo y con persecuciones de coches. En ese sentido podríamos encontrar una similitud en tono mezclando Mad Max: Fury Road (2015) con el "más es mejor" de Aliens (1986) aunque con dispares resultados. La original Train To Busan se beneficiaba de una ambientación impecable con los personajes metidos en un tren con todas las posibilidades que se abren con dicha situación extrema. En Peninsula, cuesta mucho de empatizar con unos personajes parcos en palabras siendo algo estereotipados y poco simpáticos. Su protagonista, Dong Won-Gan, es un actor que me cae bien (A Violent Prosecutor, The Priests...) pero en Peninsula su personaje no me despierta demasiadas emociones. El film se entrega al exceso digital fallando especialmente en esas imposibles persecuciones en coche con niños realizando piruetas al volante que ni Fernando Alonso. La idea de esa fábrica llena de supervivientes convertidos éstos en unos salvajes sin escrúpulos y organizando batallas de presos vs zombies, es buena pero está llevada con sosería y poco interés. El buen pulso de Sang-Ho se intuye en algunos momentos de acción (esa escena inicial en un ferry es excelente) y algún que otro personaje simpático (como las niñas) aunque fracasando en sus momentos sensibleros siendo éstos algo forzados. El clímax final es muy correcto con las emociones de los personajes estallando pero el film resulta demasiado largo y rutinario. Una lástima, se queda en un producto entretenido aunque olvidable. Un fast-food en toda regla.



Japón siempre ha tenido tradición, en su cine, por mostrar sus inquietudes cuasi apocalípticas respecto al avance de las nuevas tecnologías y cómo nos afectarían como seres humanos. Del temor mecánico e informático que podríamos ver en el cyberpunk de Tetsuo (1989) o el horror informático/fantasmal de Kairo (2001) parece que estamos evolucionando hacia los entornos digitales y la realidad virtual a tenor de lo que presenta Hello World (2020). Sin duda, una de las cintas de animación japonesa más a tener en cuenta este año.

En el año 2027, Naomi Katagaki se encuentra con su yo de 10 años en el futuro. Ambos tendrán que salvar a la joven Ruri Ichigyō, con quien Naomi empezará a salir en los tres meses siguientes, y así cambiar su destino.

Hello World (2019) vendría a ser una mezcla de los films de Mamoru Hosoda (en lo que respecta a los entornos digitales por donde se mueven los protagonistas) y Your name (2016) de Makoto Shinkai (con un romance adolescente aderezado de elementos fantásticos). Si bien, el film de Tomohiko Ito (responsable de la excelente serie anime Desaparecido de 2016) cobra personalidad propia ofreciendo un film de temática romanticona adolescente, si, pero que acaba ganando en complejidad con un despliegue de imaginación, espectáculo y corazón verdaderamente notable. Si que es cierto que con su interés por romper las reglas del mundo que presenta y por intentar el "más difícil todavía" su trama acaba embarullándose pero Hello World consigue que a partir de unas premisas a primera vista sencillas como es el de evitar la "muerte" del amor adolescente de Katagaki, ésta consigue crecer sorprendiendo argumentalmente una y otra vez amen de ofrecer un apartado visual en su animación deslumbrante. Un film muy notable y que confirma de nuevo el excelente estado de salud de la animación japonesa en la última década. Y quedaos hasta el final porque tiene una pequeña escena en los créditos finales que cambia totalmente el sentido de la película y consigue que se te salte la lagrimilla.



La ciencia ficción en el cine me apasiona, vista desde todos los ángulos: desde el punto de vista más naif y de puro entretenimiento hasta la más seria, esa que aborda leyes científicas durillas de comprender. Minor Premise (2020) parecía que partía de una propuesta de ciencia ficción seria como es el desdoblamiento de nuestra consciencia y cómo nos afecta como seres humanos el separarnos de nuestras emociones entre otros aspectos de nuestra personalidad.

El film sigue a un solitario neurocientífico quien ha perdido recientemente a su padre (también científico). El muchacho se enreda en su propio experimento, enfrentando diez fragmentos de su conciencia entre sí las cuáles van cambiando cada seis minutos. El destino: la muerte cerebral.

Minor Premise ha resultado ser todo un plomo. El film no ha conseguido que conecte en su historia ni 1 solo minuto siendo un festival del sopor y los bostezos. Para empezar, tanto su personaje protagonista como el actor que lo interpreta me resultaron antipáticos (aunque Sathya Sridharan se piense que está haciendo Shakespeare) y eso ya dificulta el seguir el film con un mínimo de interés. Se intenta dar profundidad al personaje soportando éste la pesada sombra de un padre que era un genio en lo suyo, el alcoholismo y las amnesias así como esa curiosa máquina que desdobla tus diferentes consciencias con el ánimo de calmar la tristeza y separar las emociones. Pero tan pronto el experimento se va de las manos el guión no deja de dar vueltas una y otra vez sobre lo mismo sin atisbo de sorpresas o variantes interesantes. Nada. Solamente vemos a su protagonista teniendo cambios de personalidad radicales sin ningún interés por ver como se soluciona el entuerto. Tal vez, la historia hubiera funcionado bastante mejor en un cortometraje. Minor Premise demuestra pobreza general de escenarios, elementos visuales llamativos y una falta de pasión por lo que se está contando. Apaga y vámonos. Vamos a por otra.


viernes, 17 de julio de 2020

CRÓNICAS DE SITGES 2019 (2/3)


El cine japonés nunca deja de sorprenderme. No importa que haya visto casi un millar de películas del país nipón. Japón tiene la capacidad inimitable (y por eso los adoro por encima de todas las cosas) de retorcer las tramas, pautas estilísticas y tópicos de una manera que no te esperas, tal y como me pasó con We are Little Zombies (2019).

El film da inicio con cuatro niños desconocidos los cuales se conocen en un crematorio. Todos sus padres están muertos, pero ninguno de ellos ha derramado una lágrima. Son como zombies, sin emociones. A sus trece años de edad, sin futuro, sueños y sin poder seguir adelante, deciden formar una banda de rock, los "Little Zombies".

We are Little Zombies es la ópera prima de Makoto Nagahisa y resulta una experiencia única, excesiva y refrescante. El hilo que sigue el film reposa sobre las vivencias de 4 huérfanos unidos por la casualidad. Niños que no sienten encajar en esta sociedad hipermoderna donde parece primar la velocidad, la adicción digital y donde el amor y el cariño brillan por su ausencia. La película te rompe todos los esquemas al apostar por un ejercicio visual apabullante aunque a ratos agotador y agobiante pero novedoso y único con un montaje a mil por hora, música midi, entornos de 8-bits y surrealismo visual vario. Un conjunto donde no se evita el humor negro y una profundidad temática bien interesante tratando la depresión infantil, el desamparo de éstos en la sociedad actual, la poca perspectiva de futuro, la desconfianza hacia los adultos, entre otros.

Makoto Nagahisa, el director del film
Me hizo mucha gracia que el protagonista, Hikari, sea un adicto a los videojuegos y a la Game Boy y tanto la banda sonora de la película así como las canciones de la banda "Little Zombies" se utilizan sonidos de dicha consola. Me identifiqué con todo ese entorno videojueguil ya que uno de mis primos, forma parte de un dúo musical donde utilizan sonidos de Game Boy como base para sus canciones (hay de todo en esta vida), llamado Llança Sosun i Kaguda Yura. Toda una propuesta musical divertida y marciana.

Tras este momento de autobombo, seguimos con la estupenda We are little Zombies. El film, como comento, es una experiencia que te abruma y golpea los sentidos, con algunos cameos sorprendentes (como el de Rinko Kikuchi). El camino que emprenden sus 4 protagonistas para superar su duelo y autodescubrir lo que es sentirse vivos se hace algo alargado y extenuante pero la experiencia es sorprendente, rompedora y única. Un buen descubrimiento. Desde ya, mi película japonesa favorita de este 2019.

Parece que mi entusiasmo por la película no fue compartido por algunos de los presentes en la tempranera sesión de la Sala Tramuntana, donde (en un momento que hay un falso final del film) algunos de los presentes se levantaron ansiosos para correr a la cola de la siguiente película dándose cuenta que la historia de We are Little Zombies continuaba, por lo menos unos 20 minutos más. Esto es un problema, ¿Qué placer puedes sacar de un Festival de cine si vas a las sesiones con la ansiedad de ver el máximo de películas posible sin tiempo a saborearlas? En fin. We are Little Zombies (2019) es una joyita imprevisible y que el tiempo pondrá en su sitio. Ya tengo las canciones del joven grupo del film en mi listado de Spotify.



The Gangster, the Cop, the Devil (2019) es la segunda película en el Festival con Ma Dong Seok de protagónico tras Unstoppable y he de decir que la experiencia ha sido mucho mejor que con ésta última. En el film, un jefe de la mafia (Dong Seok) y un oficial de policía (Kim Moo Yeol) tendrán que dejar a un lado sus diferencias para unirse en la persecución de un asesino en serie de nombre K.

The Gangster, the Cop and the Devil es un thriller coreano en toda regla. Un film vibrante y cuya trama, aunque algo “increíble” te engancha desde el primer momento (por lo visto está basado en hechos reales ocurridos en Corea a principios de los 90). Que la policía coreana y la mafia unan fuerzas contra un asesino que está afectando a las dos partes proporciona buenos momentos tanto de comedia como de posibles traiciones entre los bandos. En eso ayuda los papeles protagonistas de un inmenso Dong Seok y un muy correcto Moo Yeol (quien hemos podido ver en numerosos éxitos coreanos como Guerra de Flechas (2011), A muse (2012) o Forgotten (2017)). El film pese a algunos momentos de confusión, mareo argumental y proliferación de personajes se convierte decididamente en un vehículo de acción y suspense muy notable con excelentes momentos de acción y persecuciones que te dejaran con la boca abierta y el corazón en un puño esperando a ver como se soluciona el desaguisado. Lee Won-Tae dirige este thriller de forma muy efectiva y notable. Sin ser la panacea es una de las películas coreanas del año.