CRÍTICAS PELÍCULAS

martes, 26 de octubre de 2021

CRÓNICAS DE SITGES 2021 (3/5)

Mucha expectación corría en torno a The Sadness (2021), film taiwanés de infectados dirigido y escrito por el canadiense Rob Jabbaz. Los comentarios acerca de la película la indicaban como un ejercicio de pura fiesta extrema y salvaje, perfecta para los fans de las emociones fuertes y de las "Midnigh-Extreme" de Sitges.

Una pareja joven es llevada al límite de la cordura mientras trata de reunirse en medio del caos de un brote pandémico. Las calles se convierten en violencia y depravación, a medida que los infectados se ven empujados a realizar las cosas más crueles y horribles que te puedas imaginar. Asesinato, tortura, violación y mutilación son solo el comienzo. Ya pasó la era de la civilidad y el orden. Solo queda 'The Sadness'.

The Sadness no ha acabado por ser my cup of tea. Soy fan de cualquier salvajada enferma y grotesca. He visto mucho producto radical de este tipo, pero en cambio algo me ha impedido conectar o disfrutar con The Sadness. Su violencia tanto sanguinolenta como sexual me ha parecido más que festiva, de un cariz forzado y de brocha gorda. Repito. Que no soy una persona fácil de incomodar, para nada, pero The Sadness me ha parecido un trabajo muy pobre en lo formal y con una nula capacidad para mostrar un mínimo de ritmo o de trabajo de realización cinematográfica, algo especialmente torpe en todos los momentos dedicados a sus personajes donde no hay infectados de por medio. La película echa el freno de mano en este sentido en muchas ocasiones. 

El resumen sería que The Sadness es un Rape Zombie (2012) pero mal. Rape Zombie era un producto de Serie Z, si, pero plenamente autoconsciente de ello y aún así, a pesar de lo pedestre del conjunto no se escapaba de la típica diversión ingenua y entrañable que los japoneses imprimen en estos productos. Que aquí, uno de los infectados salidorros aproveche el hueco del ojo de una víctima aún viva para depositar su genitalia... pues oye, me habrá pillado la película cansado pero me pareció un gore en general algo forzado, usado para provocar fácilmente y ya está. Algo parecido pasa con sus pobres intentos de crear paralelismos con el COVID-19, quedando en ridículo su intento de cachondearse de las fuerzas políticas.

The Sadness, aún así, consigue algunos momentos de goce festivalero para el respetable, especialmente en su primer tercio. Ese primer ataque en las callejuelas o la bacanal en el metro son bastante dignas. Puestos a destacar, no me quiero olvidar de felicitar al encargado de casting por seleccionar a Ying Ru Chen como fémina protagonista.


El avance imparable de la tecnología en nuestras vidas son motivo de reflexión habitual tanto en documentales como en películas donde las inquietudes y consecuencias en torno a este avance son bien palpables. La relación que mantenemos con lo digital y de qué manera nos ha transformado y nos seguirá cambiando son temas bien interesantes y que pueden dar lugar a reflexiones apasionantes y a veces inquietantes.

Users (2021) es un documental que explora cómo la humanidad se expresa con la tecnología y cómo esto afecta a este mundo dominado por ella.

Users ha resultado ser un ladrillo de proporciones "Godzillianas". Un cúmulo de planos más o menos estáticos de carácter contemplativo y alegórico, muy bien rodados eso si, siendo éstos de una geometría visual perfecta. Bellas imágenes del mar, las olas o campos y que son acompañados por la voz en off de su directora, quien nos va dando la chapa con metáforas sobre lo que nos rodea, el cableado que reposa bajo el mar o cambios de paradigma. Mientras tanto, vamos siguiendo el crecimiento de un niño (el hijo de la propia directora) y como éste va relacionándose entre entornos digitales. 

El conjunto acaba resultando soporífero porque si bien intenta plantear diversas cuestiones que invitan a nuestra reflexión no acaba por definir ni construir absolutamente nada en su relato. La sinopsis de Users hacía preveer algo más interesante del peñazo que acaba siendo en realidad siendo un conjunto de postales bonitas que son dejadas a la suerte del espectador siendo éste el elegido para tratar, infructuosamente, de sacar sus conclusiones.


One cut of the Dead (2017) fue uno de los grandes éxitos del pasado Festival de Sitges de 2018. Una propuesta de ínfimo presupuesto pero que andaba sobrada de pasión, energía y originalidad. Algo parecido sucede con Beyond the Infinte two minutes (2021).

Regresando a su apartamento tras terminar la jornada, Kato, propietario del Café Phalam, se ve a sí mismo hablándose desde la pantalla de su ordenador: "Soy el yo del futuro. Dos minutos en el futuro". La pantalla de su casa y la del ordenador del café están conectadas de alguna manera. Kato vuelve a su establecimiento y, junto a clientes habituales, empieza a explorar este fenómeno.

El presente film es el ejemplo perfecto de cómo saber coger una idea resultona, en este caso, los bucles temporales en forma de una televisión que muestra 2 minutos en el futuro, y saber llevar dicha idea hasta sus últimas consecuencias gracias a un estupendo guión que utiliza todas las posibilidades que ofrece tal idea con un mínimo de coherencia científica. Se le suma que a esta premisa se la envuelve de un tono de comedia muy agradable con una serie de actores que resultan sobradamente correctos en su papel. A nivel de realización se opta por un plano secuencia falseado con una escenografía bastante teatral y centrada en un par de escenarios. Sorprendente resulta que se trata de un film rodado enteramente con teléfonos móbiles dando un resultado visual más que notable teniendo en cuenta el aparato utilizado en cuestión.

Aún contando con varios detallitos bastante "increíbles" como ese cableado interminable de las televisiones, se le acaba perdonando por ser un film definitivamente entrañable, repleto de un entusiasmo contagioso y de premisa original. Una de mis favoritas de esta edición del Festival.

Mamoru Hosoda es uno de los 3 directores de cine anime más destacados en la actualidad. Su innegable importancia ha sido recompensada este año otorgándole en el Festival un premio honorífico a su carrera coincidiendo con la llegada de su nuevo film: Belle (2021). Consciente de la importancia de Hosoda, si que he tenido problemas para conectar con algunas de sus obras. Disfruté muchísimo con La chica que saltaba a través del tiempo (2006) o con la reciente Mirai (2018), pero, muy a mi pesar, no me he unido al entusiasmo hacia Wolf children (2012) o Summer Wars (2009) donde su historia centrada en la realidad me pareció distraída pero no así toda la parte en el mundo virtual. Todo lo contrario que lo que me ha pasado con su nueva Belle.

Suzu es una joven de 17 años que, tras perder a su madre, se traslada a vivir con su padre a las afueras de la prefectura de Kochi. Con el corazón roto y distanciada del mundo, descubre "U", un espacio virtual en el que asume el rol de "Belle".

Belle me ha parecido una preciosidad. Un film que goza, por supuesto, de un nivel de animación abrumador, utilizando especialmente el 3D y técnicas más modernas en las escenas que ocurren en el mundo virtual de "U". Me ha parecido muy acertada su estudio de las problemáticas y angustias del adolescente de hoy día tanto a nivel social o emocional (la depresión por fallecimiento del progenitor, el maltrato infantil...) así como su relación con el nuevo mundo digital y la necesidad de construirse un otro yo alejado de su realidad con todas las posibilidades que ello ofrece. Toda esta amalgama de conceptos se mezcla con una especie de reinterpretación del clásico de La bella y la bestia.

Belle es un film conmovedor que mezcla la espectacularidad con los momentos más íntimos y emocionales, ofreciendo un soundtrack noño pero irresistible. Su personaje principal es interesante y su evolución acaba por ofrecer momentos de lo más lacrimógeno (en el buen sentido) en su clímax final. Una película excelente donde, esta vez, la correlación entre su trama anclada en el mundo real en paralelo al mundo virtual me ha parecido perfectamente bien hilada. Bravo, Hosoda.


Lejos quedan los años dorados del cine de Hong Kong, aquella etapa irrepetible que se vivió durante los años 70, 80 y 90, donde parecía que el país era el centro cinematográfico de Asia. Desgraciadamente, esos años han quedado atrás, perdiendo fuerza su industria de forma alarmante yendo muchos de sus técnicos y actores hacia China, la cual es, ahora, el verdadero centro de Asia (y puede que el mundo) con un nivel de producción abrumador.

Todo y aún así, en Hong Kong vamos encontrando cada año algunos trabajos muy interesantes que nos hacen recordar tiempos mejores. Ya tratamos en el blog la dolorosa pero notable Better Days (2019) y con Limbo (2021) no puedo más que reafirmarme en que ha sido una de las mayores sorpresas de esta edición del festival.

El policía novato Will Ren y su compañero, el veterano Cham Lau, persiguen a un brutal y obsesivo asesino de mujeres. Para atraerlo, recurren a la delincuente Wong To, que necesita expiar un accidente en el que resultó afectada la familia de Cham. Pero esta mujer resulta ser tan impredecible como ingobernable.

Limbo es una patada al estómago. Una experiencia brutal, dura, seca y con unos personajes que, a duras penas, sobreviven en las calles de una Hong Kong casi ciberpunk, con barrios de una pobreza moral chocante con basura, suciedad, vagabundos, proxenetas, droga y prostitución. Pocas veces he visto una Hong Kong plasmada de esta manera por lo que el blanco y negro de la película, lejos de ser una excentricidad, está más que justificado con el tono de la historia. Es un mundo gris y nihilista. Solo falta que aparezca un asesino en serie en la zona para acabar de trastocarlo todo. 

De entre una fantástica fotografía, un trabajo de cámara con nervio, con unas persecuciones y escenas de violencia física que quitan el aliento y la opresividad general si que noté algunos puntos más débiles por caer en estereotipos del género. La figura de los policías, el novato y el veterano quemado por demasiados años combatiendo la delincuencia afectado por sus propios dramas familiares, son elementos bastante sobados pero que aún así no me acabaron por molestar especialmente (pero lo menciono para tratar de sacarle pegas a esta magnífica película). El film viene dirigido por Soi Cheang, director de sobrada experiencia y con trabajos tan interesantes como Love Battlefield (2004) o SPL 2 (2015).

Limbo es uno de los films asiáticos a tener en cuenta este año donde el nivel general es sobradamente notable con una historia sucia, violenta e incómoda pero fascinante y donde además nos presenta a un personaje femenino excelente y duro de pelar como es el interpretado por Yase Liu. No se la pierdan.

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