CRÍTICAS PELÍCULAS

viernes, 7 de agosto de 2026

BLOODY MUSCLE BODY BUILDER IN HELL (1995)


Viajamos un año más hasta el Nits de cinema oriental de Vic, en su edición número 23. Cita ineludible anual para el que suscribe resultando un evento imprescindible para todo amante del cine oriental que se precie con docenas de propuestas llegadas de países como Japón, Corea o China en un entorno de lo más confortable y amigable. 

De entre las sesiones que asistimos destaca por derecho propio, por su nivel de bizarrismo y carácter insólito, la imposible Bloody Muscle Body Builder in Hell (1995). Un proyecto llevado adelante por el culturista Shinichi Fukazawa, quien se hace un Juan Palomo dirigiendo, guionizando y protagonizando una cinta que homenajea sin tapujos -por no decir que plagia- numerosos elementos del Evil Dead (1981) de Sam Raimi.

Bloody Muscle Body Builder in Hell es una cinta de pura serie Z de carácter amateur y es que Fukazawa la rodó sin apenas medios en 1995 y la producción ha vivido un cúmulo de obsáculos hasta milagrosamente salir estrenada. Durante el rodaje, que tuvo lugar en pleno verano, varios rollos de película desaparecieron sin dejar rastro. Como resultado, la película no pudo terminarse de inmediato. No fue hasta 2009, que algunas escenas se volvieron a filmar, concretamente los momentos de efectos especiales. Luego comenzó la post producción, que duró un año más. 

La película finalmente se terminó por completo en 2010 para ser lanzada en DVD en 2012. Estrenada en cines japoneses en 2014, teniendo su primer estreno oficial internacional en 2017 en el reino unido. ¿Quien le iba a decir a Fukazawa que la película disfrutaría de un estreno en cines japoneses en 2014, un estreno oficial internacional en 2017 en el Reino Unido y ediciones en DVD o Blu-Ray -cómo la que se espera próximamente en Trashorama-?

Pese al descalabro estrictamente cinematográfico de la propuesta no puedo sentirme más encariñado con Bloody Muscle Body Builder in Hell en el que supura claramente y se logra transmitir un amor hacia al cine y concretamente hacia el cine de género totalmente cristalino. Si amas una cosa, como es el cine, nada te puede detener y el espíritu do it yourself impregna una producción hecha con lo justo, con 3 o 4 actores y un piso minúsculo donde estalla toda la barbarie gore -el piso de los padres del director-.

Hemos visto mucho desbarre y muchísimas propuestas de Serie Z de este calibre y he de confesar que muchas de ellas se hacen muy aburridas, no siendo el caso de la presente cinta. Aquí hay chistes, gore, salvajadas, muñecos y hasta stop motion de baratillo pero efectivo. Además, el look del filme juega a su favor, con una imagen VHS extremadamente granulada que le da un natural aire retro. No le puedo pedir más. Es una experiencia de las que no se olvidan, siendo mínimamente divertida aún contando con sus numerosas limitaciones. Y ver a su protagonista marcar músculos y poses culturistas, citando frases de Bruce Campbell y dar buena cuenta de demonios de ultratumba quienes expulsan litros de fluídos varios... resulta sorprendentemente gozoso y divertido aún a pesar de la factura de la propuesta. Una carta de amor al splatter de 62 minutos que vivió todo un larguísimo camino hasta llegar a término y gracias al tesón y el no rendirse por parte de su director, ha hecho que décadas después la estemos viendo con las mejores condiciones posibles.

Foto cortesía de Mgda Inquieta

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