CRÍTICAS PELÍCULAS

viernes, 10 de abril de 2020

LOS MONSTRUOS DEL FIN DEL MUNDO (1966)

La primera entrega de Gamera, El mundo bajo el terror (1965), obtuvo el suficiente éxito para asegurar una serie de secuelas. La Daiei había encontrado así una gallina de los huevos de oro que rivalizaba en taquilla con Godzilla, el rey del Kaiju Eiga, y por consiguiente la Toho, la compañia rival. Había que aprovecharlo. 
Como veremos en futuras entregas, la imagen y la calidad de las secuelas en la serie clásica de Gamera (que duraría hasta 1980), caería en picado por sus enormes recortes presupuestarios e insoportable infantilismo. Pero antes de llegar a ese punto nos encontramos con sorpresas como el presente film.
Los monstruos del fin del mundo (1966) es la película de mayor calidad de Gamera en su serie clásica y uno de los Kaiju más destacables de la época. Tras el éxito del primer Gamera, se aumentó considerablemente el presupuesto para su secuela. La poca confianza del estudio frente a Noriaki Yuasa hizo que se le desplazara de las tareas de dirección y lo pasaran al departamento de efectos especiales. El más experimentado Shigeo Tanaka fue el escogido para tomar las riendas de Los monstruos del fin del mundo.
Tras una peligrosa expedición para recuperar un ópalo gigante, el desastre ocurre cuando éste resulta ser un huevo del que surge Barugon. Armado con una lengua mortífera y rayos helados, Barugon siembra la destrucción en Japón. Afortunadamente, Gamera acude al rescate.
Algo muy a tener en cuenta en la presente entrega de la tortuga con esteroides: se trata de un film serio y de cara al público adulto. Un motivo de alegría para aquél con alergia a la presencia de niños chillones... es el único film de la saga clásica de Gamera en la que no aparece ni un solo infante molesto. Los monstruos del fin del mundo (1966) va por derroteros mucho más interesantes. Una entrega seria y cuidada, con personajes algo más interesantes y carismáticos, y con algún que otro momento escabroso y violento. Presenta buenas interpretaciones en general; Kojiro Hongo y Koji Fujiyama, el cual interpreta al inolvidable malvado egoísta Onodera, vuelven a verse las caras como ya hicieron en el film Kujira Gami (1962).
El primer tercio del film, donde un grupo de personajes desconocidos entre sí son contratados para encontrar una gema preciosa en una isla perdida en medio de la nada, está muy conseguido y te introduce muy bien en la trama. Además, se recupera el elemento de aventura en la jungla con indígenas de por medio (incluida la nativa buenorra de la que el protagonista se queda prendado), y que tan bien le sientan a estos films con los peligros que esto concierne (arenas movedizas, escorpiones venenosos...). Incluso asistimos a una muerte escabrosa y en directo por una picadura mortal, algo muy inusual en un Kaiju.
Gamera vuelve al ataque

Mientras, nuestros protagonistas buscan una gema en plena isla perdida

La nativa de buen ver les advierte de los peligros de la jungla

Encontrada la gema, Onodera, intenta matar a sus compañeros y se da las de "villadiego"

Pero de la piedra preciosa surge Barugon. El caos se adueña de Japón.

Suerte que Gamera pasaba por ahí.


Foto de rodaje.
En una cueva encuentran el huevo de Barugon, el que confundido por una joya, es robado por el malvado Onodera. Tras este tercio inicial, poco a poco nos vamos introduciendo en terrenos Kaiju. Otro elemento llamativo es que Gamera aparece más bien poco y sigue con malas intenciones, como vemos en el magnífico inicio donde la tortuga destruye una presa. El tratamiento de Barugon, como un Dios del que no se debe perturbar su sueño, recupera los mejores conceptos mágicos y mitológicos de Mothra y por supuesto cuando el monstruo es llevado a la civilización fruto del egoísmo éste lo destroza todo.
La película presenta unos efectos especiales muy conseguidos en general, con unas maquetas a un nivel de detalle espectacular y con unos excelentes momentos de destrucción por parte de Barugon en Osaka (como cuando el monstruo congela todo a su paso o hace uso de un rayo arco iris destructivo). Además, consigue momentos espectaculares e inéditos en un film de la época, como es el nacimiento de Barugon, realizado con un gusto, sentido mágico y realismo para quitarse el sombrero.
Los escenarios del film permiten un uso del color exquisito y un technicolor radiante. Los monstruos son presentados con realismo, como animales salvajes y se comportan como tal (sin chorradas humanizadas de ningún tipo), y las batallas juegan con ese concepto, lo que es muy destacable. Tampoco se escatima en violencia y la batalla final es un festival de chorros de sangre color violeta.
La banda sonora es sencillamente maravillosa y le da el toque épico y mágico que necesita la historia. Tenemos detalles interesantes que vuelven a incidir en el trauma de la II Guerra Mundial. Hirata, el hombre que contrata a los protagonistas para buscar la gema, es un ex-soldado el cual ha quedado paralítico.
Cartel español de la época.
El problema con Los monstruos del fin del mundo (1966) viene en su tercio final cuando los militares no dejan de probar estrategias a cual más descabellada para acabar con Barugon y hace que el ritmo decaiga en exceso y desees que Gamera reviva y vuelva a la carga. Pero en general, estamos hablando de toda una sorpresa de la época. Un Kaiju que recupera seriedad y tratamiento adulto.
Un film que destaca por su sentido mágico y mítico, por su cuidado en las escenas de destrucción, por presentar a unos monstruos comportándose de forma realista aderezados con unos muy competentes efectos especiales y además con unos personajes principales que sin ser la panacea resultan lo suficientemente carismáticos como para prestarles atención. Toda una pequeña joya, mejor y más interesante que algunos de los films de Godzilla que se estaban haciendo por la época y que para mi sorpresa no obtuvo el éxito esperado en su estreno en Japón. Se estrenó en EEUU directamente en TV con 10 minutos recortados y con el título War of the monsters.
Algunas curiosidades: al igual que El mundo bajo el terror (1965), este film también tuvo algunos problemas en su rodaje. La escena en que Gamera destruye la presa sufrió de dificultades técnicas, ya que no había manera de destrozarla.
El increíble detallismo y trabajo para las escenas en que Barugon congela Osaka llevó muchísimo tiempo a los técnicos para que dichas escenas durasen unos pocos segundos. Y por último, no había manera de hundir el traje de Barugon en el lago en la escena de su muerte por lo que fue motivo de nuevos retrasos en el rodaje. Por cierto, no confundáis a Barugon con Baragon, el monstruo que aparece en Frankenstein conquers the world (1965) aunque su nombre sea tan parecido.
Para acabar, este film contiene una anécdota insuperable. Por lo visto, los estudios japoneses de la época contrataban a los actores por paquetes de varios films. Cuando la Daiei informó a Kojiro Hongo que su siguiente película con ellos iba a ser la secuela de Gamera, el actor pensó que participar en un Kaiju iba a arruinar su carrera para siempre por lo que fingió estar hospitalizado para escaquearse del rodaje. Para desgracia de Hongo, los productores de la Daiei fueron a visitarle al hospital (él con todo el papelón, brazo vendado incluido) y le dijeron que iban a esperar su recuperación antes de iniciar el rodaje. A pesar de sus reticencias, la experiencia con Los monstruos del fin del mundo debió sorprender para bien a Kojiro Hongo ya que regresó a la saga de la tortuga en Gaos, el terror de la noche (1967) y Viras ataca la Tierra (1968).

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