CRÍTICAS PELÍCULAS

jueves, 16 de abril de 2020

GAOS, EL TERROR DE LA NOCHE (1967)

Gaos, el terror de la noche (1967) supone el regreso a la dirección de Noriaki Yuasa a la saga Gamera, y así continuará hasta el fin de la serie clásica con Supermonstruo Gamera (1980). Es de remarcar que a partir de entonces Noriaki Yuasa ejercería tanto como director como encargado de los efectos especiales, ahorrándose la Daiei un puesto de trabajo aunque traduciéndose en mayor libertad creativa. Los monstruos del fin del mundo (1966) obtuvo un fuerte éxito en Japón pero no cumplió las expectativas de la Daiei, quien invirtió un presupuesto millonario para dicho film. El regreso de Yuasa (quien tras ser relegado de la dirección de la anterior entrega, vio con satisfacción como los niños se morían de aburrimiento con Barugon) vino acompañado de ciertos cambios. Frente a la seriedad de la anterior se optó por un tono más complaciente con el público y un ritmo muy entretenido con una gran presencia de los monstruos amen de satisfacer, cada vez más, al público infantil. Para Yuasa (quien siempre había mirado a los adultos con desconfianza), Gamera tenía que ser un personaje positivo, un superhéroe o una figura de referencia para los niños. Una jugada inteligente y que se saldó con éxito y el apoyo incondicional de los infantes japoneses. Por suerte, con la presente entrega, nos encontramos en un puente nada molesto entre una mínima seriedad con esfuerzo y un infantilismo que se puede aguantar. Un último destello de calidad antes de la debacle de futuras entregas.

Si Ghidorah, el dragón de tres cabezas, se convirtió en el enemigo definitivo de Godzilla, lo mismo podemos decir con Gaos para Gamera. Gaos, una versión oscura de Rodan, es un enemigo interesante. Un ave prehistórica carnívora que se dedica a devorar seres humanos, de hábitos nocturnos, con capacidades regeneradoras, actitud salvaje y dotado de poderes como el de crear vientos huracanados con sus alas, sofocar fuego enemigo con una especie de extintor corporal que haría las delicias del cuerpo de bomberos, y de disponer de un rayo láser que divide los edificios en dos. Un enemigo poderoso y que se lo pondrá bien difícil a la tortuga.

La bajada de presupuesto se nota pero al menos podemos disfrutar de algunas escenas de destrucción muy conseguidas, además de planos elaborados y de gran calidad, como el de Gamera sujetando a Gaos mientras está amaneciendo (un plano fantástico). El papel de Gamera tratada como un héroe de carácter siniestro y que continúa siendo temido (básicamente por los adultos), es interesante y bien resuelto. Un ejemplo de esto es la curiosa escena en que el niño protagonista, a lomos de la bestia, es rescatado a través de una noria. Un héroe visto con recelo pero que no duda en sacrificar su vida para rescatar a algún infante en apuros. En este sentido, el elemento infantil es representado una vez más en el orondo niño de eterna gorra quien no cesa de gritar el nombre de la tortuga hasta la extenuación y de participar en reuniones y estrategias de carácter militar, dando ideas de cómo acabar con la bestia Gaos.
Gaos, la nueva amenaza de la Tierra

Le gusta devorar seres humanos pero el niño tiene la suerte de que lo rescate Gamera

La tortuga gigante lo tendrá difícil contra Gaos

El público expectante al resultado del combate

Vencido Gaos, Gamera se retira a descansar siendo vitoreado por el infante de turno

El infantilismo se puede atragantar por momentos pero resulta simpático y no tan deleznable como veremos en futuras entregas; aquí por lo menos vemos ciertos detalles adultos y serios. Gaos presenta aspectos sorprendentes como son su intrínseco carácter violento. No es habitual en un Kaiju que éste se dedique a devorar seres humanos sin compasión (y menos en un film infantil como éste). Las batallas con la tortuga gigante son atractivas y vuelven a sorprender por lo sanguinolento, en comparación con los films de Godzilla. Aquí Gaos secciona con su rayo el brazo de Gamera y mientras la tortuga no duda en arrancar con sus descomunales colmillos trozos de piel o miembros de su enemigo. Toda esta violencia venía con el beneplácito de Yuasa y su interés por mostrar a los monstruos como animales. El mismo Eiji Tsuburaya escribió una carta a Yuasa pidiéndole, por favor, que los monstruos de sus películas no sangraran. Como vemos, en futuras entregas, Yuasa no hizo mucho caso. Los efectos especiales, sin ser ninguna maravilla (son bastante inferiores a los de Los monstruos del fin del mundo), cumplen en un film de estas características (gracias, seguramente a la pericia de Noriaki Yuasa en el campo de los efectos especiales) y presentando momentos sorprendentes como la primera aparición de Gaos devorando a un maleante en la cueva, con una reconstrucción a tamaño real del brazo de la bestia. El film no duda en transmitir el mensaje ecologista típico del cine japonés, esta vez representado en la construcción de una autopista en medio de un bosque, lo que provoca los enfados del ecosistema en forma del pájaro
Las batallas del film son cruentas
Gaos. También, la presente entrega, vuelve a convertirse en un festival de planes militares descabellados y absurdos para detener a Gaos, llevándose el premio esa mega construcción giratoria que comienza a dar vueltas a gran velocidad con Gaos encima y llevándose éste un mareo descomunal.

En este tramo final de descubrimientos científicos y tácticas militares, la historia se vuelve algo repetitiva y ya cansina. La música pasa muy discretamente y los actores son prácticamente planos e invisibles, llegando a un punto repelente como es la madre del niñato, quien sólo aparece para exclamar a grito pelado el nombre de su hijo.
Foto de rodaje

La mano de Gaos preparada para actuar
Gaos, el terror de la noche (1967) es una entrega entretenida y muy entrañable. Un film que no destaca excesivamente pero que resulta agradable. Una película que se presenta como el último destello de mínima calidad en la saga clásica de Gamera, ya que a partir de Viras ataca la Tierra (1968), la saga se convertiría en un festival infantil inaguantable. El film resultó un éxito y mucho más rentable que Los monstruos del fin del mundo (1966), y acabándose por convertir con el tiempo en la entrega más famosa y conocida de la saga clásica de la tortuga. Dicho éxito mostró el camino a seguir para Gamera. Y a Gaos, convertido en el enemigo por antonomasia de la tortuga gigante, lo volveremos a ver siendo descuartizado en Guiron, guardián del planeta prohibido (1969) y tomando un papel muy importante en la excelente trilogía de los 90 de Gamera dirigida por Sushuke Kaneko.

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