CRÍTICAS PELÍCULAS

jueves, 14 de enero de 2021

ULTRA Q (1966)



El especial Kaiju Eiga que estamos dedicando en el blog ha repasado numerosos monstruos cinematográficos nipones pasando por Godzilla, Gamera, entre otros además de mostrar la influencia del género en otros países tanto asiáticos como occidentales. Fuera del cine, es de justicia repasar el impacto que tuvo el Kaiju en las televisiones niponas. Para mediados de los años 60 el género vivía una auténtica explosión creativa con todos los estudios cinematográficos japoneses produciendo sus propios Kaiju en cadena. En 1966 aterrizó en las televisiones niponas una serie de ciencia ficción que ofecería a los espectadores su ración monstruosa semanal siendo el desencadenante de una autentica revolución televisiva por toda la influencia que tuvo después. Ultra Q (1966) fue donde empezó todo. Sin Godzilla no habría Ultra Q, pero sin el éxito de esta serie no hubiera habido ni Ultraman ni todo el tokusatsu posterior; Kamen Rider, Kikaider, Super Sentai, Jiban... y centenares de series similares. Es increíble la evolución del género y su perfecto estado de forma en la actualidad y todo por "culpa" de varios genios que se juntaron en los años 50 a rodar una película sobre un monstruo gigante destruyendo Tokyo. El mago de los efectos especiales Eiji Tsuburaya se convirtió en un peso pesado de la industria gracias a las producciones en las que participó su equipo de efectos siendo éstos grandes éxitos de taquilla (la saga Godzilla, Mothra, Rodan...) con la audiencia demandando más y más efectos sorprendentes. Para 1963, Tsuburaya dio finalmente el paso de crear su propia productora: Tsuburaya Productions. En dicha productora seguían anclados a la Toho pero podían permitirse trabajar para otros estudios cinematográficos. Casi enseguida, se marcaron como principal objetivo la producción propia. 
El mago de los efectos especiales, Eiji Tsuburaya (1901-1970)

La génesis de Ultra Q fue bien curiosa. Al parecer, uno de los sueños de Tsuburaya era conseguir una puntera máquina llamada Oxberry 1200 Optical Printer, un aparato que le permitiría crear una composición visual en sus efectos de mejores resultados que lo que estaba haciendo en sus films de la Toho en esos momentos. ¿El problema? El precio de la máquina era demasiado cara para Tsuburaya. Es cuando apareció la TBS (Tokyo Broadcasting System) en 1964 ofreciendo a la Tsuburaya Productions el trato de que la TBS les conseguiría el Oxberry a cambio de que Tsuburaya creara una serie de televisión para ellos. Inicialmente, Ultra Q (1966) nació con el pretexto de convertirse en la The Twilight Zone (1959) japonesa centrándose en historias de misterio y ciencia ficción aunque dichas intenciones tuvieron que cambiar ante la exigencia de incluir monstruos gigantes en el máximo de episodios posible debido al éxito que estaba teniendo el género en cines. Y el público dio la razón a la TBS. El éxito de la serie fue enorme, consiguiendo un pico de audiencia de un 36,8% y una excelente media de un 32,39% a lo largo de los 28 episodios que se emitieron entre enero y julio de 1966. En Japón nunca habían visto nada similar en sus televisores. Es importante comentar que Ultra Q tuvo un presupuesto tres veces mayor que una serie normal de la época en Japón por lo que pudieron permitirse rodar en 35mm (lo habitual era 16 mm) aunque manteniendo la imagen en blanco y negro.

Ultra Q (1966) es una serie deliciosa y todo un regalo para el fan de Godzilla encontrándonos no solamente un festival de la mano de Tsuburaya y su equipo mostrando un despliegue continuo de maquetas, criaturas y efectos varios sino que cada episodio contiene numerosos guiños a la saga del saurio radiactivo empezando por la presencia de actores de la misma como Kenji Sahara, Akira Kubo o Akiko Wakabayashi. Disfraces de la saga son reutilizados como es el caso de Baragon, Rodan o del mismo Godzilla e incluso algunos efectos de sonido también son aprovechados. No se evita el stock footage de otros films Kaiju aun no siendo en absoluto la tónica habitual pero si que he podido detectar momentos de Los hijos del volcán (1956) o King Kong contra Godzilla (1962).

La serie presenta un mundo constantemente asaltado por monstruos y otros fenómenos extraños que pondrán en aprietos a los protagonistas. Aunque pueda parecerlo, Ultra Q no se queda solamente en una sucesión de historias independientes sin nada que ver entre ellas sino que hay un intento de darle un nexo de unión entre ellas por medio de sus tres personajes protagonistas: Jun, piloto y escritor de ciencia ficción quien está interpretado por un viejo conocido como es Kenji Sahara (Los hijos del volcán (1956)), su ayudante Ippei, interpretado por Yasuhiko Saijo (El hijo de Godzilla, Invasión extraterrestre) y Yuri, fotógrafa interpretada por Hiroko Sakurai, con 19 años en aquel entonces y que más tarde también formaría parte del cast del primer Ultraman (1966). La presencia constante de este trío logra cierta conexión y empatía amen de que los tres son caracteres bien entrañables en especial Sakurai quien interpreta a un personaje femenino fuerte y decidida (dentro de los cánones de la época) y que no duda en enfrentarse al misterio de la semana. Que los protagonistas sean tres es una ventaja de cara al ritmo del episodio ya que éstos suelen tener acciones paralelas hasta confluir al final del episodio.

En el 1x04 hay estampas visuales que recuerdan
mucho a Gamera 2 (1996)
Ultra Q mantiene en general un buen nivel de diversión y ritmo. Los episodios suelen ser dinámicos, van al grano y no dan mucho margen al aburrimiento. Como hemos apuntado hay una tendencia hacia las tramas dedicadas a monstruos gigantes y siendo muy recomendables acaban por resultar los más estándar del conjunto. Donde Ultra Q encuentra sus mejores momentos, paradójicamente, son en sus episodios más influenciados por el espíritu de The Twilight Zone, tramas donde intentan apartarse del mundo Kaiju para adentrarse en la ciencia ficción o incluso el terror. Salirse de la fórmula de la serie permite episodios tan memorables y sorprendentes como el 1x25 "Devil Child", todo un precedente del J-Horror de nuevo milenio con una niña y su alma fantasma causando accidentes extraños o el que es sin duda el mejor episodio de toda la serie; 1x17 "The 1/8 Project". En dicho episodio, Yuri, la fémina de la serie, es sujeta a un experimento para solucionar la superpoblación mundial basado en reducir a la gente a un tamaño diminuto y obligada a vivir así en ciudades diminutas. Incluye un momento autoreferencial inolvidable con Jun e Ippei intentando rescatar a Yuri de entre el habitual decorado de maquetas y destrozando algún edificio por el camino frente al terror de la pequeña población. 

Frente a la progresiva infantilización que estaba sufriendo el género en aquellos años (Gamera ya había hecho acto de aparición) siguen las paradojas. Curiosamente, Ultra Q también encuentra sus momentos más brillantes e interesantes en aquellos episodios centrados en niños ya que sus realizadores logran una cierta habilidad para rodear estas tramas de un halo de cuento infantil entre surrealista, absurdo y cómico de resultados irresistibles. En ese sentido es mítico el 1x06 "Grow Turtle!", el cual por su estilo cuasi experimental parece estar dirigido por un primo de Nobuhiko Obayashi (Hausu (1977)) con niños surcando los cielos a lomos de cohetes y tortugas gigantes. Siguiendo con esta línea destaca el 1x15 "Kanegon's Cocoon" con un niño avaricioso convertido en una criatura extraterrestre y que se dedica a alimentarse de monedas.

Jun, Yuri e Ippei se las verán en cada episodio con fenómenos cada vez más extraños.

Monstruos gigantes (1x16 "Garamon Strikes Back")

Pesadillas alucinógenas (1x06 "Grow Turtle!")

O niños transformados en alienígenas que se alimentan de monedas (1x15 "Kanegon's Cocoon")

Si hablamos de monstruos gigantes, Ultra Q presenta una fauna divertidísima e inolvidable en su diseño empezando por "Garamon", criatura nacida de un meteorito de brazos diminutos y esqueléticos y cara de espanto, "Peguila", nacido en el Polo Sur y con capacidades de congelación o "Balloonga", una masa informe y flotante que va creciendo sin control. 

Para quien quiera iniciarse en la serie podemos destacar algunos de los mejores episodios de la misma. El 1x04 "Mammoth Flower" con una planta gigante y vampírica apareciendo en medio de la ciudad de Tokyo (sorprendentes paralelismos visuales con Gamera 2: el ataque de Legión (1996)). El ya mencionado 1x06 "Grow Turtle!". El 1x10 "The underground Super Express Goest West", loquísimo episodio con un delirante monstruo simio conduciendo un modernísimo tren bala. El 1x12 "I Saw a Bird", un episodio sorprendentemente triste con un niño vagabundo y víctima de la pobreza de la postguerra entablando amistad con un pajarillo que por la noche crece hasta los 40 metros. El 1x16 "Garamon Strikes Back" con la bestia más inolvidable de la serie atacando Japón. El 1x20 "The Primordial Amphibial Ragon" con un primo de La criatura de la laguna negra aterrorizando una pequeña isla. Destacando por encima del resto el comentado 1x17 "The 1/8 Project".

Trenes que te ayudan a escapar del estrés de la vida en 
el extraño final de la serie.
El extraño aunque notable final de la serie pone la guinda. Una conclusión misteriosa envuelta de cierto pesimismo y acidez con un tren volador que surca los cielos recogiendo a gente harta de la vida moderna, del estrés y el agobio del trabajo y las responsabilidades llevándoselos a una dimensión donde poder escapar del mundo. Un final curioso, en cierta manera deprimente, pero extraño ya que no acaba por cerrar las tramas o arcos emocionales de sus personajes principales. 

Así, los fallos que se pueden encontrar a Ultra Q son correlativos a la manera en que se hacían las series en los años 60. No nos encontramos con una evolución de sus protagonistas, éstos empiezan tal cual acaban sin excesivos cambios en sus relaciones. Tampoco hay un arco argumental principal que vaya creciendo a lo largo de los episodios y tenga su conclusión, siendo básicamente episodios del "monstruo de la semana" sin cierta conexión. Son fallos que al fin y al cabo pertenecen a una manera de hacer las series televisivas en la época, en proceso embrionario por aquel entonces. Por otro lado, si en algunos momentos los efectos especiales sorprenden (especialmente en algunas sobreimpresiones del monstruo con las personas) en otros resultan sonrojantes, con unos disfraces monstruosos estrambóticos moviéndose éstos sin ninguna sensación de gigantismo. A pesar de todo siguen siendo definitivamente encantadores.

Uno de los mejores momentos de la serie en
el 1x17 "The 1/8 Project".
Ultra Q (1966) es pura diversión. Una delicia que sorprenderá no solamente a los fans del cine de monstruos japoneses sino a cualquier aficionado a la ciencia ficción. 28 episodios llenos de dinamismo, con mucho traje de goma y maquetas que aseguran una calidad más que notable y con pocos bajones (a lo sumo he encontrado solamente 1 episodio bastante descartable) y que logra sorprender en muchos momentos encontrándonos episodios de cierto tono agrio o más profundo de lo habitual y que logra alejarse del espíritu infantil y de puro entretenimiento sin pretensiones habitual de estas producciones. Un pequeño clásico de la televisión japonesa.

Varias curiosidades. Inicialmente la serie iba a llamarse Unbalance. Tsuburaya quiso capitalizar el éxito de la serie ofreciendo toda una serie de merchandising basado en juguetes, muñecos entre otros objetos. Algo innovador en aquellos momentos. Y volviendo al final de la serie este no fue emitido hasta diciembre de 1967. Al no salir ningún monstruo gigante en dicho episodio la TBS prefirió no emitirlo y empezar cuanto antes con Ultraman, el siguiente éxito de la Tsuburaya Productions.

En 2013, como evento especial tras la emisión del reboot NEO ULTRA Q, se emitieron varios episodios de la serie original coloreados. Toda una curiosidad de cara al aficionado.

lunes, 11 de enero de 2021

LA LEYENDA DEL LUCHADOR BORRACHO (1994)


Tal vez por la imagen dada en sus films realizados en Hollywood donde tiende a realizar una comedia blanda y mainstream se tiende a menospreciar la figura de Jackie Chan cuando éste es una de las figuras más impresionantes y entrañables de la historia del cine. Solo hace falta echar un vistazo a su trabajo realizado en Hong Kong para ver que abunda en absolutas joyas de puro entretenimiento y diversión donde se consiguió llevar las coreografías marciales a un nivel de fluidez impresionante añadiendo comedia slapstick en la pelea de una manera única y original. Jackie, durante los años 80, se convirtió en un absoluto suicida en su ánimo de superar sus escenas de acción sin dobles a un nivel de locura llevándose numerosas lesiones y heridas por ello. Uno de sus clásicos más incontestables y una de las piezas que convirtieron a Jackie en toda una estrella fue El mono borracho en el ojo del tigre (1978). Quince años más tarde, Jackie se atrevió con una especie de relectura/remake de aquella pero con más medios y adaptada a la espectacular experiencia acumulada por el artista marcial y todo su equipo de stunts.

La leyenda del luchador borracho (1994) cuenta la historia de Wong Fei Hung, un joven artista marcial el cual se ve involucrado sin quererlo en una trama de tráfico de obras de arte chinas. Pero tendrá un problema mayor: su temperamental y exigente padre.

La leyenda del luchador borracho (1994) también fue conocida como Drunken Master II y es con derecho propio y sin ningún temor a decirlo, una de las mayores joyas que nos ha dado el género de las artes marciales y muy posiblemente la obra más pulida y destacable de toda la filmografía de Jackie Chan. El film funciona estupendamente a todos los niveles. El diseño de producción es excelente así como también el reparto escogido para la ocasión. A Jackie le acompaña Ti Lung (abultada carrera la suya contando con sus apariciones en A better Tomorrow (1986), Tiger on the Beat (1988), La furia del tigre amarillo (1971) o The Duel (1971), por decir unas pocas) y el cual hace de padre extremadamente severo con Wong Fei Hung (Chan) y que quiere evitar a toda costa que su hijo se meta en problemas, cosa harto inevitable como veremos en el film. La mítica Anita Mui hace de madrastra de Chan realizando una exhibición de comedia hilarante. El cast estelar sigue con gente como Ken Lo (Isla de Fuego (1990), Operación Trueno (1995) o la reciente Operation Mekong de 2016), Andy Lau (difícil, por otra parte, no ver a este hombre en una película de Hong Kong, apareciendo Lau en films como Infernal Affairs (2002), Con los días contados (1999) o El regreso de los supercamorristas (1985)).
Wong Fei Hun es un joven y confiado experto en artes marciales.

Su padre es muy severo e intenta que Wong no se meta en problemas. Por supuesto, esto no pasa.

Wong se enfrentará a una banda de tráfico de objetos chinos.

La técnica del mono borracho será su arma secreta. Jackie va cocido.

La leyenda del luchador borracho (1994) logra un tono muy equilibrado entre comedia y acción, no saliéndose en exceso de los patrones de otras películas de la filmografía de Jackie Chan. Aún así, el conjunto funciona por encima de otros trabajos, ya sea por la calidad de su cast, las hilarantes situaciones y malentendidos, las espectaculares coreografías marciales y definitivamente por el regreso de la técnica del mono borracho. Escenas como el prólogo en el tren, cuando Wong se emborracha por primera vez en la plaza del pueblo o la magistral pelea final son momentos de oro. Todo estos factores hacen que el film sea muy entretenido y que resultó en una de las películas más aclamadas por público y crítica de toda la filmografía de Jackie Chan. El film supone una cierta culminación a una época para Jackie ya que pocos años después iniciaría su carrera en Estados Unidos y la calidad de sus films en el futuro, aún con cosas disfrutables, no lograría estar a la altura de sus clásicos.

Como apuntes de producción, la magnífica pelea final de siete minutos necesitó de cuatro meses de rodaje y el momento en que Jackie camina sobre las brasas, no solamente éstas eran reales sino que necesitó de una segunda toma ya que Chan pensó que en la primera toma no lo había hecho a un ritmo correcto. Genio y figura. El film tuvo inicialmente como director a Liu Chia-Liang aunque tuvo numerosas diferencias con Jackie sobre el modo de rodar la acción. Liang, al parecer, era más partidario del uso de tomas rápidas, la utilización de la slow-motion o el uso de cables durante las coreografías marciales para lo cual Jackie se opuso. Liang acabó abandonando el rodaje encargándose Chan del resto del film.

KUJIRA GAMI / THE WHALE GOD (1962)


Cuando haces arqueología cinematográfica te sorprendes descubriendo films de los que nunca habías oído hablar, a pesar de pertenecer a un género del cual te crees bastante conocedor. Kujira Gami (1962) (o The Whale God) es una variación a la japonesa del mítico Moby Dick.
En el film, un pueblo de pescadores es aterrorizado por una ballena gigante. Shaki, nuestro protagonista, se ve en la tesitura de acabar personalmente con la bestia, ya que generación tras generación (abuelo, padre...) han muerto al enfrentarse al enorme cetáceo.

Realizada por la Daiei, Kujira Gami resulta un film sorprendente. Un film curioso beneficiado de un blanco y negro que remarca la suciedad y la pobreza, (tanto material como moral) de los habitantes del poblado isleño. No es un Kaiju-Eiga en su sentido más pleno, ya que la ballena aparece más bien poco en el film, pero su monstruosidad y su carácter divino resulta muy interesante de cara a incluirlo en esta "Antologia Kaiju", aparte de la rareza que supone el visionado del mismo. La ballena en cuestión protagoniza buenos momentos, algunos de ellos de una muy notable calidad técnica, en el inicio y en el final del film. El núcleo central de la película se basa en el modo de vida del poblado de pescadores, repleto de pobreza, violencia y bajeza moral. Pese a su inicio lleno de acción, el film adolece de bajones de ritmo notables en función del personaje con el cual nos encontremos. Shaki, el protagonista, siente la presión de vengarse de la ballena por la muerte de sus antepasados, pero él evita enfrentarse a su destino, prefiriendo formar una familia pese a las burlas de los demás pescadores. Shaki es un personaje más bien plano y de poco interés, y para nuestra desgracia concentra la mayoría de minutos de la cinta. Más interesante resulta el personaje antagonista, interpretado por Kôji Fujiyama, un tipo desagradable enemistado con Shaki y que no duda en violar a su mujer y dejarla embarazada para desconocimiento de nuestro protagonista. Resulta sorprendente este arco emocional, donde se explora la relación entre los dos, ya que pese a su enemistad y la crudeza de los hechos (la mujer tiene el hijo, aún siendo fruto de una violación y sin decirle nada a su marido), los dos acaban llegando a un respeto mutuo.

Para los fans de la saga clásica de Gamera, algunas caras le sonarán. Shaki, es interpretado por Kojiro Hongo (aparece en Los monstruos del fin del mundo (1966), Gaos el terror de la noche (1967) o Viras ataca la Tierra (1968)) y Koji Fujiyama era el inolvidable malvado Onodera de Los monstruos del fin del mundo (1966). Por ahí también aparece Takashi Shimura (Dr.Yamane en Japón bajo el terror del monstruo (1954)) haciendo de desagradable y cascarrabias jefe del poblado. El film está dirigido por Tozuko Tanaka quien de entre su filmografía se encargó de algunas entregas de la saga Zatoichi, films chambara, noir o de terror además de ser el director de 2a unidad del clásico Rashomon (1950) de Akira Kurosawa. Así también y como curiosidad, el guión de la película viene firmado por Kaneto Shindo, célebre director japonés encargado de clásicos como Onibaba (1964), El gato negro (1968) o El árbol sin hojas (1986), aunque finalmente no se encargó de la dirección de Kujira Gami.

A la ballena no hay quien la pare.

Mientras, la vida en el poblado isleño es dura.

La batalla final será inevitable.

Shinko frente a la ballena.

En este film, todo el mundo se lleva a matar.
A pesar del interés que puede causar lo que vemos en pantalla: la vida pesquera, el conflicto personal y familiar de Shaki, los problemas conyugales de éste... El film no evita que acabemos por desconectar y desear que la ballena vuelva a aparecer y destrozar unos cuantos isleños. Todo este trabajo de personajes logra que el deseado enfrentamiento final con el cetáceo se convierta en un momento decisivo para la historia y para los personajes, llegando a ser una batalla de proporciones bíblicas. El citado clímax final es lo más destacable y recordado del film, y hace que demos gracias por haber aguantado 90 minutos de drama humano. Técnicamente impecable y logrando momentos impagables a nivel sanguinolento. El aura de divinidad que se le otorga a la ballena es destacable y muy típico del cine japonés. Así que el magnifico plano final con Shaki y la ballena, frente a frente, sirve como culminación de esta divinidad. Un final amargo y extraño pero que eleva la calidad de este film.

Kujira Gami (1962) es toda una curiosidad del cine fantástico japonés de los 60, una personal (y a ratos, violenta psicológicamente) versión de Moby Dick. La trama humana es densa y a pesar que es interesante lo que se muestra en pantalla, el ritmo decae en exceso. Esto se compensa con las magnificas pero breves escenas en las que el “Dios Ballena” hace acto de presencia. Toda una curiosidad la mar de sorprendente.

martes, 5 de enero de 2021

DOGORA, THE SPACE MONSTER (1964)


Debido al exitazo de King Kong contra Godzilla en 1962, la cual hizo cambiar las reglas del juego convirtiendo al Kaiju Eiga en un festival colorido y pop de batallas entre monstruos y el cual le hizo despojarse poco a poco de toda su carga alegórica respecto al trauma atómico, hizo que Tomoyuki Tanaka (productor de la Toho) atara a Ishiro Honda para siempre a la realización de cintas de monstruos gigantes. El progresivo desinterés de Honda frente a Godzilla no evitó que realizara otros Kaiju la mar de interesantes y exitosos como Frankenstein conquers the world (1965) y su pseudo-secuela; La batalla de los simios gigantes (1966). Si bien, hay cierto consenso entre el aficionado a destacar a Dogora, The space monster (1964) como una de las aportaciones menos interesantes de Ishiro Honda al bestiario Kaiju. No puedo estar más en desacuerdo con tales afirmaciones.

Dogora da comienzo con hechos extraños relacionados con robos de diamantes de manera casi simultánea y en diversos puntos del mundo. El inexperto inspector Kommei es asignado a rastrear una banda de ladrones de piedras preciosas. Pero a medida que avanza la investigación, empiezan a relacionar la desaparición de los diamantes con la presencia de un gigantesco monstruo espacial que se encuentra en la órbita de la Tierra. Y es que la ameba gigante parece alimentarse de todos los derivados de carbono.

No tengo claro si Dogora, the space monster iba a ser inicialmente una historia policiaca que luego por exigencias de la Toho obligaron a Honda a introducir la figura de un monstruo gigante para atraer más a la audiencia. La verdad es que era toda una práctica habitual en la época. En Gorath (1962), también de Ishiro Honda, se introduce sin tapujos una escena que no pinta mucho donde aparece una morsa gigante o en Agente 04 del imperio sumergido (1964) la serpiente Manda también hace acto de aparición de manera más bien gratuita. El problema principal con Dogora y seguramente motivo por el que el fandom ha denostado el film es la poquísima presencia en pantalla del Kaiju de turno quien no aparece más de 5 minutos y donde la habitual trama científica de avistamiento/ investigación/ descubrimiento del punto débil del monstruo, es tratada de forma más bien secundaria. El film prefiere centrarse en toda la trama policiaca en torno a la persecución de una banda de ladrones de joyas y diamantes. Un hecho que, por lo menos a mí, me resultó un soplo de aire fresco que agradecí y más cuando además dicha trama está realizada con un mínimo de ritmo, gracia y diversión. 

Así, mientras que todo el asunto con los ladrones de joyas ocupa buena parte del metraje las apariciones del monstruo Dogora, destacan por méritos propios. Dogora es una criatura espacial y tentacular, similar a una medusa, se alimenta de carbono y sus ataques, son sin duda, algunos de los mejores momentos del kaiju clásico. Esos tentáculos apareciendo de entre los cielos y descendiendo hacia la gran ciudad hubieran hecho regocijarse de placer al mismísimo H.P. Lovecraft. El equipo de efectos especiales de Eiji Tsuburaya raya la perfección en esta ocasión (las escenas con el monstruo fueron muy difíciles de conseguir consumiendo muchísimo tiempo al equipo de Tsuburaya) por lo que es toda una lástima que el monstruo tenga tan poca presencia con lo excelente de sus apariciones. Desgraciadamente, Dogora no ha vuelto a prodigarse en las pantallas si exceptuamos el pequeño cameo de la criatura en el anime de Netflix; Godzilla: El planeta de los monstruos (2017). Akira Ifukube vuelve a teñir el film de sus portentosas partituras musicales realizando un impecable trabajo como era habitual aunque su estilo tenga cierto elemento repetitivo.
Una banda de ladrones de joyas pone en jaque a la policía japonesa.

Por otro lado, hechos extraños tienen lugar. El carbono de la Tierra está desapareciendo.

¡El causante es Dogora!

Los agentes Kommei y Jackson unen fuerzas contra los ladrones.

Y Dogora aterroriza a la población. Demasiados peligros.

Rodando a Dogora.
Si hablamos del cast del film, Yosuke Natsuki se encarga de interpretar al agente Kommei acompañándole un actor occidental como es Robert Dunham (quien aparece en escenas del remontaje americano de Mothra (1961) o en films como Batalla más allá de las estrellas (1968) de Kinji Fukasaku o La guerra de los poderes ocultos (1974) de Jun Fukuda), quien hace a su vez del agente Mark Jackson, un personaje sin demasiado interés por mucho que la trama intente darle esa importancia. Supongo que escogieron a Dunham por sus buenas capacidades con el idioma japonés porque su interpretación es más bien justita, algo, por otro lado habitual en todas las apariciones de occidentales en el género Kaiju a excepción del galán Nick Adams (Los monstruos invaden la tierra (1965)). Lástima que Adams muriera tan pronto. De entre el grupo de ladronzuelos podemos destacar a la atractiva Akiko Wakabayashi quien envuelve de sensualidad su interpretación. Tanto Wakabayashi como Natsuki aparecerán en otro Kaiju del mismo año como es Ghidorah, el dragón de tres cabezas (1964). El film recurre a viejos conocidos del género y que son una presencia más que agradecida como Hiroshi Koizumi (Mothra (1961), Jun Tazaki (Los monstruos invaden la tierra o también El más allá (1964) o Ran (1985)) o Hideyo Amamoto (King Kong escapa (1967)).

Dogora, the space monster (1964) resulta entretenida en el sentido de que introduce dos tramas importantes y las va mezclando por entre el metraje lo que resulta en un ritmo conseguido y dinámico. Por otro lado, algunos momentos relacionados con los ladrones resultan bastante anodinos, la química entre Natsuki y Robert Dunham no acaba de funcionar y nos encontramos con escenas imposibles y delirantes como el momento en el que el inspector Kommei, el cual tiene las manos atadas, libera de un disparo al esposado Mark Jackson, usando el arma de espaldas y sin saber donde apunta (!!!). El juego de dobles traiciones del personaje de Mark Jackson acaba cansando y a pesar de todo, la trama Kaiju acaba resultando un pegote que está ahí por estar y atraer al espectador despistado. Aún así, Dogora no se merece el olvido al que ha sido relegado, resultando un film medianamente fresco por su mezcla de thriller, acción y un monstruo de apariciones imponentes siendo un conjunto bastante entretenido, que no memorable, pero más que reivindicable.

Al parecer la Toho confiaba tanto en el éxito del film (que finalmente no tuvo) que tenía planeada una serie de secuelas centradas en el personaje de Mark Jackson. Por suerte, no siguieron con esa línea.

YONGARY: MONSTER FROM THE DEEP (1967)


La temporada 1966-1967 fue especialmente prolífica para el género del Kaiju Eiga. En estos años, los japoneses seguramente sufrirían una saturación importante de cintas de monstruos gigantes ya que todos los estudios cinematográficos del país se encargaron de producir films del estilo. La Toho se encargaba de sus entregas de Godzilla (Los monstruos del mar y El hijo de Godzilla) e Ishiro Honda dirigió joyitas como La batalla de los simios gigantes (1966) o King Kong Escapa (1967). La Daiei lo dió todo con la maravillosa trilogía del Daimajin y con sendas entregas de la tortuga Gamera: Los monstruos del fin del mundo y Gaos, el terror de la noche. Mientras, la Nikkatsu se atrevió con Gappa. El monstruo que amenaza el mundo (1967) y la Shochiku con la delirante The X from Outer Space (1967). No contentos con esto, el género vivió una explosión de éxito sin precedentes en las televisiones niponas con Ultra Q (1966) y especialmente con el primer Ultraman (1966-1967) que proveyeron de monstruos gigantes a los espectadores cada semana desde la comodidad de sus hogares. Dicha masificación del género provocó el desplome posterior del mismo con unas futuras producciones cada vez más infantiloides y de ínfimo presupuesto, una tendencia que ya se intuía desde años atrás pero que se acentuó dramáticamente desde finales de los 60 y durante los años 70. El tsunami kaiju empezó a afectar a otros países asiáticos como por ejemplo Corea del Sur. Yongary: Monster from the deep (1967) o Taekoesu Yonggary, no es el primer film del género realizado en la península si nos atenemos a la existencia de films desgraciadamente perdidos como el primer Pulgasari (1962) o Space Monster Wangmagwi (1967). 

Yongary: Monster from the deep
no venía a renovar el género. El film no esconde su etiqueta de exploit de sus homólogos japoneses aunque con unos resultados técnicos algo más pobres o rudimentarios. La situación en Corea a finales de los años 60 no era muy halagüeña para su población inmersa ésta en una pobreza estructural descomunal, siendo éstos en su mayoría campesinos sufriendo aún los estragos de la postguerra y sujetos a una dictadura militar. Pese a esto, en los años 60, la cinematografía coreana empezaba a despuntar con directores muy interesantes como Kim Ki-Young (La criada de 1960) o Yu Hyun-Mok (Aimless Bullet de 1961) pero ésta aún no era capaz de realizar grandes producciones. Explicamos esto porque Yongary resultó el film más caro realizado en Corea hasta el momento. El esfuerzo si bien no se nota ni por asomo en la calidad de sus efectos especiales, estando el film a la altura de los productos menores del género. Aún así son remarcables dichas intenciones de realizar un film a la altura de lo que se realizaba en Japón.

En el film, una potencia enemiga denota una bomba nuclear la cual hace provocar una serie de terremotos que se dirigen hacia Corea del Sur. Dichos terremotos son obra de Yongary, un monstruo prehistórico gigante que empieza a arrasar ciudades.

Manguera de fuego lista y bien visible.
Yongary, monster from the deep (1967) viene cargado de todos los fallos típicos del Kaiju como son unos personajes muy pobres y prototípicos así como un guión lleno de sin sentidos y salidas de madre (muy divertidas, eso sí). El film viene dirigido y guionizado (junto a Yun-Sung Seo) por Kim Ki-Duk (no confundir con el director de Hierro-3) y a quien se le acreditan hasta 66 trabajos durante 1961 y 1977 entre los que se encuentran dramas o romances como Dark-Haired Youth (1966) o The Island Teacher (1967), thrillers criminales (Terminal Point de 1966), cine bélico (Special Force 124 de 1970), terror con fantasmas (The Beauty of Black Rose Castle de 1969) o incluso un melodrama musical con un doble de Elvis titulado The Singer King (1975). Un hombre prolífico, sin duda.

Volviendo a Yongary, el film se beneficia de una ajustada duración de 80 minutos (en su montaje internacional, claro) consiguiendo no aburrirte en exceso gracias a la tempranera presencia del monstruo aunque no evita introducirte en muchas subtramas humanas de nulo interés y que merman tu atención. El diseño de Yongary no es que sea especialmente original y por su aspecto parece más bien salido de alguna Ultra Serie pero resulta curioso. Por lo visto fue intención del director darle al monstruo un aspecto algo más salvaje y terrorífico frente a unos diseños iniciales de carácter más infantiloide. Las escenas de destrucción contienen momentos algo hilarantes como las fallidas sobreimpresiones de los ciudadanos con el monstruo y la calidad de las maquetas no están a la altura de los films de la Toho pero cumplen en un film (muy) B como éste. La película no abandona momentos lisérgicos e infantiles como ese momento horripilante de Yongary bailando frente a un niño. Para no creérselo. Debido a la poca experiencia en producciones de este tipo, el equipo de efectos especiales surcoreano pidió ayuda a Japón. El departamento de efectos de la Toei decidió ayudar en el film, realizando el disfraz de Yongary (en base a los diseños de los coreanos) así como apoyo en la realización de algunos de los fxs.

Los coreanos monitorean desde el espacio una explosión atómica en un "territorio del norte".

La explosión ocasiona una serie de terremotos que llegan hasta el centro de Corea del Sur.

¡El causante de los terremotos es Yongary!

El niño repelente no dudará en jugarse la vida por su fascinación por el monstruo.

Yongary recompensa el coraje del niño con unos bailecitos.

Yongary abrasa Corea. ¿Habrá alguna manera de detenerlo?

Frente a las pobres características en conjunto del film éste alberga ciertos detalles muy interesantes (intencionados o no) que le da un valor añadido. Yongary no deja de ser una representación de los temores de la sociedad surcoreana respecto a una invasión de sus vecinos del norte y el miedo a un ataque o a una reactivación de la guerra entre los dos países. Para muestra es bastante clara la primera aparición de Yongary, surgiendo de una montaña con unas potentes luces rojas iluminando al monstruo en referencia clara al peligro comunista. También es remarcable esos comentarios de los personajes en los que mencionan "a una potencia extranjera y enemiga del norte". Siguiendo con el contenido alegórico presente en Yongary, es interesante que el monstruo en el film destruya construcciones y edificios relacionados con los años de la ocupación japonesa en Corea del Sur como el edificio gubernamental. Por el contrario, el monstruo deja intactos varios monumentos históricos coreanos. Intencionado o no, resultan unos detalles muy interesantes.

Yongary en Super 8. Aquí el monstruo ya definitivamente
es rojo en total referencia al peligro comunista.
Yongary: Monster from the deep (1967) presenta muchos de los tics molestos del género como es la presencia del niño pesado de turno que no duda en jugarse la vida con tal de ver al monstruo gigante, ponerle nombre o participar en misiones y planes militares. Aún a pesar de sus largos minutos de trama humana y pobre guión, nos encontramos con un film bien curioso por ser un Godzilla surcoreano (algo bastante único en el país del soju), por sus elementos alegóricos y divertidas secuencias de destrucción y caos que si bien no lucen en absoluto resultan correctas y acompañan un visionado lleno de risas y diversión.

Yongary: Monster from the deep (1967) tuvo un excelente éxito (según los parámetros de la época) en su país de origen congregando entre 100.000 y 150.000 espectadores en su estreno. Así también fue de los primeros, sino el primer film surcoreano, en traspasar sus fronteras y estrenarse en varios países como en Estados Unidos donde tuvo su pase televisivo de la mano de la American International TV, con un montaje algo alterado y con unos minutos de menos. Desgraciadamente, la copia original surcoreana fue destruida por lo que el único montaje del film existente es la versión internacional, la cual ha sido comercializada en varias ediciones en DVD. La copia original permanece desaparecida aunque se puede ver en Youtube 48 minutos de la misma pero en unas condiciones de imagen bastante malas.

El film fue objeto de un horripilante remake en 1999, aprovechando el "boom" del Godzilla de Roland Emmerich y titulado Yonggary o Reptilian como se la conoció internacionalmente. El film venía dirigido por Shim Hyung-rae, perpretador de cosas como Dragon Wars (2007) o Tyranno's claw (1994).