CRÍTICAS PELÍCULAS

jueves, 2 de enero de 2020

EL HIJO DE GODZILLA (1967)

Para 1967, el Kaiju Eiga estaba experimentando una rápida decadencia debido a la multitud de films similares, y que en muchas ocasiones resultaban baratos o sin gracia, lo que hizo que rápidamente se perdiera el respeto por el género.
Con Gamera convertida en amiga de los niños y teniendo éxito gracias a ello, Godzilla parecía condenado a renovarse o morir. A alguien se le ocurrió que sería buena idea que el saurio radiactivo tuviera un hijo y lo viéramos mostrando su lado paterno para horror del fan más purista. El hijo de Godzilla (1967) es un film donde se repite prácticamente el mismo equipo técnico de la anterior pero con peor fortuna.
En una isla tropical, unos científicos dirigen experimentos meteorológicos y se encuentran con enormes mantis y una gigantesca araña que está atacando al hijo de Godzilla. El gran monstruo volverá para defender a su hijo...
Jun Fukuda vuelve a sacar partido de la ambientación en una isla paradisiaca, esta vez asediada por insectos gigantes mutados por la radiación. Es de destacar que las dos nuevas incorporaciones al bestiario de la saga, Gimantises (o Kamacuras) y Spiega, no sean hombres disfrazados sino elaboradas marionetas movidas por hilos. El resultado final es espectacular y superior a producciones americanas de la época.
Algunos pensarán, ¿Godzilla tiene un hijo?, ¿entonces resulta que Godzilla es una hembra?, ¿hermafrodita?, ¿de dónde leches ha salido este huevo?; Ninguna de estas preguntas tienen respuesta en este film.
Aparece un huevo de la nada y de éste nace una criatura grotesca que dicen que es el hijo de Godzilla, pero ninguna explicación sobre su origen o procedencia.
Las Gimantises a punto de darse la gran merendola

Uno de los momentos más bochornosos. La indígena de buen ver dandole cocos al "hijo" de Godzilla

Godzilla resulta ser un padre severo. No le pasa ni una a su hijo
Godzilla aparece con un nuevo aspecto mucho más humanizado y es gracioso a la par que algo ridículo verlo ejercer de padre severo con su inadaptado hijo Minya, el cuál no deja de cometer torpezas, como pisarle la cola a su padre o no lograr ni por asomo lanzar su aliento radiactivo a toda potencia. La primera aparición de éste es sencillamente horripilante, con un muñecote de aspecto penoso y cercano a un feto movido por hilos.
El resto del metraje, y bajo el disfraz del pequeño monstruo, se ocultaba el actor Little Man Machan, quien se convirtió en campeón de wrestling en Japón. El film sigue el tono de aventuras de Los monstruos del mar (1966), aunque a raíz de la excelente aparición de la araña gigante Spiega, el ritmo va decreciendo hasta llegar a una batalla alargada en exceso.
Aunque ése final, con toda la isla nevada y padre e hijo fundiéndose en un abrazo antes de quedarse congelados, es de una calidad visual fantástica y que queréis que os diga, hasta hace que salga alguna que otra lagrimilla.

Pese a todo, El hijo de Godzilla (1967), no es tan ofensiva como puede parecer, porque aún resultando ser un film de marcado tono infantil, con situaciones sonrojantes protagonizadas por el vástago del saurio, es un agradable film de aventuras que no pierde cierto encanto. El público no pareció encontrarle la gracia a esta nueva entrega de la saga, 2,5 millones de espectadores le dieron una oportunidad. Las recaudaciones de los films de Godzilla iban bajando cada vez más...

No hay comentarios:

Publicar un comentario