CRÍTICAS PELÍCULAS

jueves, 6 de abril de 2023

SHIN ULTRAMAN (2022)



En 2016, Shin Godzilla dio la campanada convirtiéndose en uno de los mayores éxitos del año del cine japonés. Una reactualización del monstruo en una propuesta única, original y llena de fuerza. La pareja Hideaki Anno/Shinji Higuchi consiguió dar en el clavo siendo, además, siendo la vencedora en los premios de la academia de cine japonés de ese año, incluyendo el de "Mejor película". Con una secuela cada vez más descartada, un nuevo mito de la infancia de estos dos artistas también sería objeto de una reactualización. Estamos hablando de Ultraman

Es innegable la enorme influencia e impacto que las series clásicas de Ultraman han tenido sobre Hideaki Anno. No hay más que ver algunos de sus episodios de Neon Genesis Evangelion (1995) para ver ramalazos de la Ultraman original, del peculiar estilo de Akio Jissoji en las ultraseries (clara influencia de Anno) o las crucifixiones que sufrían los héroes en Ultraseven o Ultraman Ace como ejemplo de ello. Es famoso el peculiar cortometraje no oficial, Return of Ultraman (1983), con el mismo Anno en el papel del ultrahéroe. Por todo esto, que el mítico superhéroe nipón pasara por las manos del director, prometía una nueva versión de carácter imprevisible, sorprendente y refrescante como fue la anterior Shin Godzilla. Por desgracia, no ha sido así. 

El filme da inicio con el continuado ataque de monstruos gigantes en Japón lo que provoca la creación del escuadrón SSSP para hacer frente a los monstruos. Durante la lucha contra el monstruo invisible Neronga, llegado del cielo, cae un meteorito del que surge de su interior un gigante humanoide que lucha contra el monstruo.

Shin Ultraman ha tenido algunas dificultades en su proceso de creación, sufriendo mil retrasos derivado de la pandemia del Covid-19 y teniendo además el abandono de Hideaki Anno en la dirección a mitad de proceso para ocuparse éste de Shin Kamen Rider. La silla de dirección fue ocupada al 100% por Higuchi, manteniendo en los créditos el guión de la película para Anno

Shin Ultraman tiene un arranque espléndido y que homenajea a la maravillosa Ultra Q (1966), primera de las ultra-series, en una presentación inmejorable con algunos de los monstruos de la serie original de 1966 haciendo acto de presencia. Inmediatamente, somos trasladados a una genial set-piece con el ataque del monstruo Neronga coronada de manera imprevista por una rápida aparición de Ultraman, el cual mantiene una dinámica batalla contra el monstruo eléctrico. Sin duda, dicho arranque del filme resulta sobresaliente con un ritmo gozoso, algo que se mantiene durante buena parte de la primera mitad del metraje con una presencia constante de monstruos, batallas y un tono que logra trasladar parte de la diversión desprejuiciada de la serie original de 1966.

Monstruos gigantes atacan Japón.

Un gigante humanoide llega desde los cielos.

Dispuesto a enfrentarse a la amenaza.

El filme toma la dudosa decisión de estructurarse de manera episódica, siendo una especie de remix de 5 de los episodios de la serie original de Ultraman. Se tratan concretamente de los capítulos 3, 9, 18, 33 y 39. Siguiendo la línea de Shin Godzilla, sus responsables toman la decisión de realizar un uso bien extendido del CGI en lugar de los efectos tradicionales con hombres disfrazados y maquetas. Aún prefiriendo, siempre, los efectos de antaño, los efectos digitales son de un nivel bastante aceptable proporcionando además momentos bien poderosos a nivel visual. Si bien, no se evitan algunos momentos algo extraños de movilidad en las batallas, concretamente con Ultraman.

Como digo, la primera mitad del filme es bien disfrutable aunque ya se empiezan a vislumbar algunos nubarrones en la propuesta como esos asépticos miembros de la SSSP. Si bien, es a partir de la aparición a mitad de metraje del alienígena Zarab que la película empieza a experimentar algunos problemas. A medida que va abandonando la gozosa energía propia de la serie original e intenta adentrarse en algo diferente, bastante más profundo, la película no acaba de funcionar. Y el estilo tan característico de Anno/Higuchi, que tan bien cuadraba en el entramado de despacho de Shin Godzilla, aquí resulta un error, consiguiendo un ritmo plomizo, frio, poco natural y forzado.

Hay buenas ideas, como plantear las consecuencias socio-políticas de la aparición de un ser extraterrestre, qué es lo que supone conocer la identidad humana de Ultraman, cómo las diferentes potencias mundiales intentan conseguir el poder del ultra-héroe o aprovecharse de los nada inocentes ofrecimientos de alienígenas como Mefilas. Hay debates filosóficos y un tratamiento más explícitamente divino de Ultraman. En ese sentido resulta muy interesante que Zoffy plantee la destrucción de la humanidad... Hay ideas interesantes sobre el papel pero no acaban por definirse o por recibir un tratamiento interesante o profundo. El diseño de los monstruos sorprende en ocasiones por su modernización como Mefilas o Zetton, éste último con un aspecto remodeladísimo y el cual aparece bajando desde los cielos para acabar con la humanidad en el momento más puramente Anno de la película.


La narración, como digo, acaba jugando en su contra, siendo forzada y extraña con planos aberrantes realizados con un teléfono móvil (creando un efecto muy raro debido a la diferencia visual) entre otras excentricidades visuales. Se suma la poca empatía que despiertan sus personajes principales, siendo todos unos sosaínas descomunales, empezando por Takumi Saitoh, quien es el que le toca ser Ultraman en esta ocasión. Es interesante que su identidad sea descubierta a mitad de película con todas las consecuencias que se originan debido a ello pero, de nuevo, el desarrollo no termina por ser atrayente derivado de la gélida interpretación de su actor. Su muerte al inicio, fuera de plano, acaba creando total confusión al espectador alejado de la franquicia. Solo mi amada Masami Nagasawa, actriz que arrastra una larga trayectoria (Crying out love in the center of the world (2004), Mother (2020)...) consigue crear un personaje mínimamente simpático.

El filme finiquita con un clímax algo extraño y que traiciona el espíritu de toda la franquicia Ultraman como es que la humanidad aprenda a defenderse sola sin necesidad del superhéroe, yendo el filme hacia el camino opuesto, creando una batalla final espacial muy potente visualmente pero que no impide dejarte con una sensación algo agridulce.

Shin Ultraman concentra tramos bastante disfrutables (especialmente en su primera mitad) de acción monstruosa, hay muchos momentos potentes a nivel visual (esa batalla en la fábrica entre Ultraman y Mefilas, por ejemplo), pero no resulta una puesta al día a la altura de un icono como Ultraman de cara a un público nuevo ajeno a la franquicia. Aún así, la película se ha convertido en uno de los mayores éxitos de público este año en Japón consiguiendo 3 premios técnicos de la Academia de cine japonés.

domingo, 26 de marzo de 2023

(HARU) (1996)


Dentro del cine japonés, la década de los 90 está considerada como una época de renovación, una nueva ola de filmes y directores con ideas nuevas y refrescantes que abandonaban esos años de decadencia situados en los años 80 donde los grandes estudios se vieron en verdaderos aprietos económicos. Unos años de expansión con directores como Takeshi Kitano, Sabu o Shunji Iwai ofreciendo unos trabajos personales que además triunfaban y maravillaban en festivales internacionales. El mercado del V-Cinema seguía imparable sirviendo además de excelente cantera para que jóvenes directores dieran sus primeros pasos antes de dar el salto al cine.

El filme que nos ocupa hoy está dirigido por un director con solera como es Yoshimitsu Morita. De trayectoria bien variada y movida desde inicios de los años 80 donde coqueteó con el Roman Porno (Pink cut: Futoku aishite fukaku aishite (1983)) aunque, pronto, su cine derivó hacia otros caminos como la comedia cargada de mala leche de The Family Game (1983), la comedia adolescente de Main Theme (1984) o el drama romántico de Kitchen (1989). Un director interesante que encuentra, a opinión personal, su mejor trabajo en (Haru) (1996), del cual también se encarga del guión.

Dos jóvenes, Hoshi y Haru, se encuentran online a través de un foro sobre cine. Pronto se interesan el uno por el otro y empiezan a enviarse correos electrónicos donde empiezan a confesarse sus secretos, miedos y frustraciones diarias.

(Haru) es una conmovedora historia de amor que encuentra en los nuevos formatos digitales como los chats, los foros de internet o el e-mail, como una forma de expresión y de contar historias. En una manera que me recordó a los mundos digitales de Todo sobre Lily (2001), aunque adelantándose cinco años, lo que puede parecer un varapalo para el espectador a la hora de enfrentarse a dos horas de metraje, se convierte en su mayor fortaleza utilizando constantemente los textos virtuales para ir relatando una emocionante y preciosa historia de amor de dos personas llenas de frustraciones y traumas personales. 

Dos personas solitarias que se encuentran por casualidad en un foro sobre cine y donde en base a chats y e-mails van mostrando poco a poco lo más profundo de su ser. Su soledad, sus frustraciones laborales o sus problemas de pareja, a la vez que su relación va tornándose más íntima aún con la dificultad de no poder verse a lo largo de toda la película. En este sentido es muy interesante realizar el experimento de comparar producciones indigestas de Hollywood como Tienes un e-mail (1998) con el presente filme. Las comparaciones son odiosas pero es notable observar las diferencias de tono e intenciones de (Haru) siendo éste un filme de aire melancólico, pausado, sutil y que poco a poco logra llegar a lo más profundo de tu corazón removiendo tu ser sin haberte dado cuenta y de la forma más sencilla.

La mayor pasión de Haru es el fútbol americano pero lo dejó debido a sus problemas de salud.

Conoce a Hoshi a través de un foro sobre cine y comienzan a enviarse e-mails.

Su relación irá haciéndose cada vez más íntima.

Junto a la avalancha de e-mails de Haru y Hoshi vamos viendo de manera paralela las grises vidas de estos dos jóvenes y en este sentido destaca la interpretación de su pareja protagonista. Seiyo Uchino, quien interpreta a Haru, un joven con un trabajo aburrido, que ha tenido que dejar su mayor pasión, como es el fútbol americano, debido a sus problemas de salud. A Uchino lo veremos en otro de los trabajos de Morita como es The Black House (1999) o en First Love (2019) de Takashi Miike. Si bien, quien se lleva toda mi fascinación es Eri Fukatsu. Preciosa, frágil, vulnerable pero valiente mujer, intentando superarse como persona enfrentándose a trabajos de diversa índole a la vez que intenta olvidar una muerte pasada. Fukatsu también disfruta de una larga trayectoria en cines con ejemplos tales como Bayside Shakedown (1998), Villain (2010) o Survival Family (2016). Aunque lo que aquí desprende la actriz es pura luz.

(Haru) es un drama romántico bello y sutil, que innova en su forma de abordar el romance, modernizando a través de las nuevas tecnologías la forma de comunicación romanticona. Del correo postal a los correos electrónicos. Un filme que presenta con sencillez las vidas de unos personajes solitarios y que atraviesan con dificultades pero con entereza los obstáculos de la vida diaria. De un uso de la cámara delicado, a veces invisible, con una banda sonora notable que refuerza el aire melancólico de la propuesta con piezas a piano a la vez de temas más movidos con influencia del swing. Se dejan entrever detalles interesantes como que, aún en unos usos incipientes del chat y el e-mail, hombres y mujeres no pueden evitar mentir al otro mostrando una cara falsa a los demás para aparentar lo que no es. La película sabe guardarse varios giros de guión, pequeños, pero suficientes para sacarle a uno la sonrisa.


(Haru) ha sido todo un descubrimiento la mar de gratificante para el que esto escribe. Un filme que le ha llegado al corazón gracias a su tono y relación entre sus protagonistas en una película deliciosa, capaz de crear un pequeño universo en el que uno desea estar. Uno de los dramas más interesantes y destacables del cine nipón de los 90. La película ganó algunos premios como "Mejor actriz" (para Fukatsu) y "Mejor guión" en los Yokohama Film Festival 1997 o "Mejor Director" en los Hochi Film Awards 1996.

lunes, 20 de marzo de 2023

BLIND BEAST (1969)


Yasuzo Masumura es uno de los directores más destacados de la historia del cine japonés y un director, creo, injustamente olvidado en occidente en favor de los míticos e intocables como Akira Kurosawa, Mizoguchi y Ozu. Masumura, alumno de Luchino Visconti, e influenciado por el neorrealismo italiano y las nuevas olas inicia en Japón su andadura como director con obras capitales como Kisses (1957) o La muchacha bajo el cielo azul (1957) con quien ya contaba en su reparto con su musa Ayako Wakao, quien trabajaría en numerosos filmes del director.

Unos primeros trabajos englobados en el nuevo cine juvenil o el Sun Tribe pero lejos de querer encasillarse en dicha moda, el cine de Masumura pronto vira hacia otras vertientes apasionantes en donde su estilo va por caminos imprevisibles y siempre con una obsesión por retratar la perversidad humana, tanto desde un punto de vista sexual como del propio sistema social japonés. 

Es habitual encontrarse en los filmes de Masumura personajes con motivaciones dudosas y perversas o bien historias de una persona enfrentándose en solitario contra el sistema destapando las miserias del poder japonés y su sociedad. A Wife Confesses (1961), Irezumi (1966), Manji (1964), La mujer de Seisaku (1965) o Red Angel (1965) son obras capitales de su filmografía y ejemplos de obligado visionado para todo amante del cine. Si bien, es una de sus obras más radicales y atrevidas la que ha quedado como uno de sus trabajos más recordados. Estamos hablando de Blind Beast (1969).

Un escultor ciego obsesionado con la "belleza" de la piel femenina, Michio, vive recluido junto a su madre en un estudio lleno de reproducciones parciales o totales de mujeres. Decidido a crear su obra magna, secuestra a una bella modelo, Aki y la retiene hasta que esta accede a posar para él.

Blind Beast (1969) es con derecho propio uno de los mayores clásicos del cine japonés de los 60. Una obra radical y que pone contra las cuerdas al espectador con un relato que se adentra en caminos de pura perversión y sexo enfermo. Masumura ya llevaba varios trabajos adaptando libremente historias del célebre Edogawa Rampo, escritor polémico y responsable del llamado "eroguro" (erotismo grotesco), una respuesta crítica y desafiante a la censura y a los temas tabú de Japón en lo referente al sexo y a la violencia. Tras el erotismo de Red Angel protagonizado por tullidos y afectados por la guerra, en Blind Beast esto se lleva un paso aún más allá logrando un resultado perturbador.

Michio, un escultor ciego obsesionado con la belleza femenina, ve en Aki la creación de su obra magna.

Aki acaba secuestrada en el peculiar estudio de los horrores de Michio.

Los días allí cada vez son más tensos...

La pareja se entregará a un amor irracional y enfermo con el sadomasoquismo como protagonista.

Blind Beast logra adentrarnos en un mundo de pesadillas y sin duda es una propuesta insólita y original. Con solo 3 personajes (el escultor, su madre y la modelo) y unos mínimos escenarios a Masumura le basta y sobra para adentrar al espectador en un mundo agónico y asfixiante ayudado por una ambientación arty surrealista. El estudio de Michio, el escultor, es digno de un Salvador Dalí extremo, lleno de cuerpos femeninos desnudos gigantes esculpidos en la sala y en paredes logrando una sensación inquietante e incómoda. 

Así, esa relación y reflexión entre artista y su obra de arte se antoja interesante y rica en lo que ayuda sus fascinantes personajes. Michio (Eiji Funakoshi), ciego pero que debido a su discapacidad ha logrado tener un sentido del tacto más que fino es un artista de múltiples represiones, de madre sobreprotectora (fantástica Noriko Sengoku) y obsesionado con su propia obra. Mako Midori (Aki) está estupenda y tremendamente sensual en un personaje que pasa por diferentes fases. Siendo primero forzada a un presidio, para ir poco a poco sintiéndose interesada en Michio y la fascinación que él siente por ella con lo que poco a poco irá entregándose a su cometido artístico. Un elemento que la madre de Michio verá como una amenaza para la estabilidad de ella y su hijo.

La tensión entre los tres crecerá provocando que el propio Michio mate a su madre, para posteriormente, dándose cuenta de lo que ha hecho y a la manipulación a la que ha sido sometido por Aki, agredirá sexualmente a esta. Un momento incómodo pero que no es baladí, habiendo un cambio en las motivaciones de sus personajes quienes se entregarán al fin del arte en una relación en el que buscarán las posibilidades sensoriales del cuerpo en una carrera cada vez más extrema y autodestructiva. El torrente de brutalidades (mayoritariamente en unos acertados e inquietantes fuera de plano) que podemos ver en el último tramo de Blind Beast se antoja inolvidable e increiblemente perturbador a partes iguales.

Bind Beast es una de las cimas de una filmografía magnífica como es la de Yasuzo Masumura con la que es, quizás, su obra más recordada por todos sus perturbadores momentos. Si logramos no quedarnos con esto, asistimos a una rica reflexión sobre el arte, el artista y su obra, el poder del sexo femenino y un aspecto muy interesante como es el triunfo de la búsqueda del placer o de las motivaciones individuales (aún a costa de la propia autodestrucción) como respuesta insurgente frente a un país que desde el sistema se obliga al pensamiento de colmena. A ser una masa casi sin pensamiento y donde toda individualidad parece querer ser destruida (otra de las constantes del cine de Masumura). Un mensaje que da colofón a una década de grandes movimientos sociales y manifestaciones como fue la de los 60 en Japón.

Planos magníficos como el de los personajes caminando a través de la escultura de esa mujer gigante desnuda o el inolvidable tramo final del filme confluyen en una película difícil de olvidar y que al acabarla ya no serás el mismo.

martes, 14 de marzo de 2023

BLUE SPRING (2001)


La crisis económica golpeó de una manera feroz a la población japonesa durante los años 90 y parte de los primeros 2000. Dentro de ese clima de pesadumbre uno de los sectores más afectados fue el de los jóvenes, presos de un presente y sobretodo un futuro sin oportunidades ni aspiraciones. Unos años en donde el acoso escolar, la violencia adolescente o los suicidios crecieron de una manera notable, algo que el cine del país plasmó de forma incisiva durante la década en una corriente de filmes de tono nihilista, desesperanzador y triste. Shunji Iwai radiografió de manera muy acertada a la juventud japonesa de los 90 en obras como Picnic (1996) o Todo sobre Lily (2001). Su amigo Hideaki Anno plasmó de manera excelente las ansiedad y depresiones de esta generación perdida en su Neon Genesis Evangelion (1995) o Love & Pop (1998), la cual exploraba el fenómeno del enjo kosai. Harmful Insect (2001), The Blue Light (2003), Battle Royale (2000) o ejemplos del V-Cinema verdadera y horripilantemente nihilistas como Fudoh: The New Generation (1996) de Takashi MiikeGirl Hell 1999 (1999)... hay decenas de ejemplos cinematográficas que captan la desesperación y depresión de la juventud japonesa de la crisis. Si bien, uno de los casos más singulares de esta corriente es la fundamental Blue Spring (2001).

La historia de Blue Spring se desarrolla en un instituto para chicos, concentrándose en un grupo de ellos en su último año en el instituto antes de su ingreso en la universidad, quienes van a decidir su próximo líder a través del juego de las palmadas. Agarrados a la barandilla del tejado de la escuela, quien dé más palmadas sin caerse, se convierte en líder del grupo y del instituto.

Blue Spring fue uno de los primeros filmes japoneses que pude ver en mi adolescencia y me marcó especialmente y con razón. El filme captura excelentemente ese clima de crisis total, tanto económica como de valores y falta de perspectivas vista desde el punto de vista de los jóvenes. Es una película que supura puro espíritu punk, dándole una vuelta a esos filmes de rebelión estudiantil de los años 70 pero añadiendo una capa de realismo y dureza en sus sucios ambientes así como en la plasmación de la violencia.

Uno de los puntos más satisfactorios es ese nihilismo que se respira en el filme y que transmiten sus protagonistas. Unos personajes que parece que lo tienen todo perdido, envueltos de un estado de apatía y que apenas dan valor a sus propias vidas visto ese juego peligroso y mortal en la azotea del instituto para intentar ganar la hegemonía del edificio, al parecer el único espacio que aspiran a conquistar antes de dejarlo y adentrarse en el oscuro mundo adulto. El elemento más icónico de Blue Spring son las escenas en las que los personajes realizan ese juego de liderazgo en la azotea, plasmada desde la cámara de manera excelente con un uso de los planos aéreos y los contrapicados modélico, sumado a lo realmente peligroso del asunto para los actores ya que parece no haber ningún truco de por medio. La magia del cine...

El ritmo del filme es cadencioso y casi da la sensación de ser casi un documental con una cámara que se cuela en espacios privados en el mundo de estos adolescentes. La plasmación de los ambientes del instituto es seductora, con un edificio marginal, dejado y en indigencia lleno de suciedad y grafitis, donde los profesores poco tienen que hacer. El tono de Blue Spring pese a anclarse en la realidad no deja de contener cierto aire mágico o de fábula cruel donde, en un relato de plena violencia, también hay espacio para plasmar una bonita pero triste historia de amistad entre sus protagonistas.

Un instituto como uno cualquiera... Un juego peligroso para decidir el líder del edificio.

La violencia campa a sus anchas en el centro.

La lucha por la hegemonía del lugar se intensificará...

La representación de su violencia también marca al espectador, realizada de una manera seca, dura y sin contemplaciones. Hay escenas en ese sentido para el recuerdo y que duelen al verlas como ese momento con la genitalia de un estudiante siendo machacada con un bate de béisbol o cuando otro alumno es pateado en la cabeza mientras muerde entre los dientes una lata de cola cola. Todo este clima lo apoya una sensacional banda sonora de tintes punk-rock de parte de la banda Thee Michelle Gun Elephant, cuyas canciones están bien presentes en los momentos clave del filme.

Blue Spring viene dirigida por Toshiaki Toyoda, quien también realiza el guión del filme el cual adapta el manga de Taiyou MatsumotoToyoda debutó con Tokyo Rampage (1998) y en sus inicios parece especializarse en temáticas con esta nueva juventud nipona abocada a la violencia y siendo caldo de cultivo para un futuro en la yakuza. Resulta curioso el hecho de que Toyoda fue arrestado en 2005 por ser encontrado en su domicilio con 4 gramos de cocaína por lo que le cayeron 7 años de cárcel. Con esta detención vino la cancelación de su página web así como del estreno de su Hanging Garden (2005). Tras este varapalo, su trabajo ha continuado hasta nuestros días encargándose, curiosamente (debido a contener ambientes y premisas parecidas a Blue Spring), de la dirección de Crows 3 (2014).

En el reparto de Blue Spring destaca el protagónico de Ryuhei Matsuda, actor de abultada filmografía y que pudimos ver en trabajos de Takashi Miike como Big Bang Love Juvenile A (2005) o en cintas como Love Ghost (2001). Sosuke Takaoka también es un habitual de Miike apareciendo en filmes como 13 asesinos (2010) o Crows (2007) además de la fundamental Battle Royale (2000).

Blue Spring es un pequeño clásico del cine independiente japonés de inicios del milenio. Un retrato brutal en un instituto japonés en guerra, con jóvenes sin perspectivas y abocados a la autodestrucción en un conjunto fresquito, de 80 minutos, en un visionado que deja huella gracias a una planificación narrativa con numerosos momentos poderosos visualmente.

“Todas las flores acaban por marchitarse y hay flores que nunca florecen”

lunes, 27 de febrero de 2023

ULTRAMAN DECKER FINALE: JOURNEY TO BEYOND (2023)


Ultraman Decker (2022), la última de las series del personaje hasta el momento, fue una pequeña sorpresa siendo un estupendo entretenimiento que se guardaba unos cuantos ases en la manga. Giros de guión que me pillaron desprevenido, un villano interesante, unas batallas espectaculares... y que ayudan a que la serie sobresalga, aún a pesar de contar más o menos lo mismo de siempre. Un mes después del fin de la serie nos llega Ultraman Decker Finale: Journey to beyond (2023), una película que, más que concluir la serie, supone una nueva aventura de los personajes de Decker con algunas novedades de lo más jugosas.

La película nos situa después de los acontecimientos que cerraron la serie, con los miembros de GUTS-Select, Asumi, Ryumon y Kirino, afrontando sus planes de futuro hasta que una invasión alienígena desestabiliza el planeta. El causante es el Profesor Gibelus, un ser cuya ocupación favorita es invadir planetas para encontrar la manera más hermosa de invasión y destrucción. Todo un señor. Si bien, una invitada inesperada se unirá a la batalla. Una joven muchacha con capacidad para convertirse en: ¡Ultraman Dinas!

Ultraman Decker Finale: Journey to beyond, supone una notable mejora respecto a la película que pudimos ver el año pasado y que concluía Trigger (Ultraman Trigger: Episode Z). No soy muy amante de estas películas que estiran el chicle de la serie de turno ya que suelen no aportar mucho más a lo ya contado. Si bien, el presente filme, aún contando la enésima invasión extraterrestre comandada por un genio del mal y sus ridículos vasallos (unos masillas con las pintas de diversos monstruos clásicos de la franquicia) presenta elementos a tener muy en cuenta y que la elevan a un producto la mar de disfrutón y entretenido. 

Sin duda, el gran acierto del filme es el personaje de Dinas. ¡Por fin tenemos a una chica que se transforma en Ultraman (o Ultragirl) y que está plasmada de una forma algo seria (sin absolutas chorradas como esa Ultrawoman Grigio de Ultraman R/B (2018))! Ultraman Dinas y su actriz, Kayano Nakamura, son de lo mejor de este filme y el carisma del personaje es notable así como su química con Asumi/Decker. Su fondo tiene un mínimo de interés ya que es una alienígena de otro planeta el cual fue destruído por el Profesor Gibelus naciendo en ella el deseo de ayudar con su poder a otras civilizaciones. ¿Y cómo consiguió sus poderes de Dinas? ¡Gracias al mismísimo Ultraman Dyna!

Por desgracia y tras un entretenido primer tramo, el filme se va hundiendo progresivamente hacia el aburrimiento con escenas bastante pobretonas protagonizadas por los terribles masillas alienígenas, invitados que incomprensiblemente se unen a la fiesta para ayudar como Alien Metron o Grace... Si bien, el filme vuelve a volar en su tramo final con la batalla contra el bicharraco de turno realizada de manera espectacular. La película se guarda sabiamente el regreso de Ultraman Decker hasta el final dejando un buen y acertado protagonismo a Ultraman Dinas pero cuando Decker regresa el momento está llevado con una carga emocional muy notable coronado con una batalla en el espacio exterior espectacular.

Asumi se encuentra con una muchacha misteriosa luchando contra unos aliens extraños.

¡El profesor Gibelus someterá la Tierra!

La muchacha resultará ser... Ultraman Dinas.

¿Podrán vencer a la amenaza? ¿Volverá Decker?

Ultraman Decker Finale: Journey to beyond (2023) no inventa la rueda pero es un producto que se disfruta de la misma manera que se disfrutó la serie madre. Aún con su pereza argumental, se guarda algunos ases en la manga muy disfrutables y otros absolutamente novedosos. La presencia tan agradecida de Ultraman Dinas, lo simpático de sus personajes principales los cuales se enfrentan a su futuro con dudas y conflictos, Asumi enfrentándose a su destino y cerrando un círculo al volver a obtener la luz que lo devolverá a Decker... 

El filme tiene además un mínimo de trabajo de escenografía, uso de la luz y espectacularidad que le da un mínimo de seriedad cinematográfica guardándose algunas escenas impolutas de efectos especiales como el gran clímax final. Ojo por eso a esa alucinante set piece situada en esa especie de dimensión paralela con los personajes perdidos en medio de asteroides y monstruos. Delirante y espectacular a partes iguales por lo sobrada que resulta.

Y a partir de aquí unas reflexiones que vienen cargadas de ¡¡¡SPOILERS!!!

El final del filme con Asumi y Dinas adentrándose en el espacio en un viaje incierto, nos da qué pensar cerrando de forma muy acertada la paradoja temporal que es toda Ultraman Decker. Y es que si en la serie Ultraman Decker viajaba al pasado hasta encontrar a Asumi, para después volver al futuro al finalizar su misión, en el filme, vemos un presente con Dyna traspasando la luz a Dinas, la cual hará lo propio con Asumi al morir éste, creando a un nuevo Ultraman Decker. Por lo que dicho plano final con Asumi y Dinas (con cierto cosquilleo romántico entre ellos) de viaje espacial nos cierra que, seguro, sus descendientes darán lugar al Decker del futuro que conocimos en la serie.

Y tras los créditos finales se nos hace un pequeño adelante de la siguiente ultra-serie. El nuevo héroe es Ultraman Blazar y por el tono del teaser parece que la serie tendrá un aire algo más oscuro y adulto. Espero no equivocarme.

miércoles, 22 de febrero de 2023

THE WANDERING MOON (2022)



Lee Sang-Il es uno de los directores más interesantes del Japón de nuevo milenio. Desde su debut en 2002 con Border Line, suele tratar temáticas bastante arriesgadas que ofrecen un fresco social interesante y crítico con el Japón actual. Unos trabajos que además se suelen saldar con éxito de público como Hula Girls (2006) o Villain (2010). Pasando por ese extraño (por innecesario) pero remarcable remake del Sin Perdón (1992) de Eastwood, convertido en Unforgiven (2013), su cine, en estos últimos años, parece querer ir más lejos llevando al espectador a terrenos cada vez más incómodos pero estimulantes como la muy notable Rage (2016) o el filme que nos ocupa hoy: The Wandering Moon (2022).

El filme cuenta cómo en un parque, en una tarde lluviosa, un estudiante universitario de 19 años, Fumi, ofrece un paraguas a una niña de 10 años empapada, Sarasa. Al darse cuenta de su renuncia a irse a casa, Fumi la deja quedarse en su casa, donde pasa los próximos dos meses en paz. Se toman de la mano y parecen haber encontrado finalmente su lugar en el mundo hasta que arrestan a Fumi por secuestro. Quince años después, los dos solitarios se reencuentran, ambos aún sufriendo el estigma de ser víctimas y perpetradores de "un caso de pedofilia".

Como he comentado, Lee Sang-Il suele adentrarse en terrenos algo peliagudos en sus trabajos, si bien al ser producciones amparadas en grandes estudios como Toho, el director tenía que cortarse algo en sus planteamientos. Esto no pasa con The Wandering Moon (también conocida simplemente como Wandering), y quien la productora GAGA, da libertad creativa a Sang-Il para así poder permitirse llegar lejos y volar alto. 

The Wandering Moon es un drama orquestado de manera ejemplar y que pone contra las cuerdas al espectador, desafiándole (aún a costa de crear rechazo) a querer empatizar con un protagonista supuestamente pederasta y su víctima la cual quiere estar junto a él para retomar un pasado en el que vivieron, quizás, los días más felices de sus respectivas vidas. El filme es tremendamente rico tanto en la psicología de sus personajes como en el fresco social del Japón actual tan duro que se realiza con un machismo feroz, violencia de género, abusos sexuales centrando su mirada en el papel de la mujer nipona y la presión a la que se ve sometida en la sociedad. Al final presenta la idea de que si eres diferente en Japón, o escapas del modelo social aceptado, los prejuicios y la presión de la masa acabarán por destrozarte.

Lee Sang-Il se suele rodear de grandes repartos (Ken Watanabe, Aoi Miyazaki, Satoshi Tsumaboki...) y aquí no es la excepción siendo su pareja protagonista uno de los grandes puntos fuertes de la cinta. Suzu Hirose, quien ya aparecía en el anterior trabajo de su director, Rage (2016), ofrece una interpretación verdaderamente sobresaliente, de una madurez fuera de toda duda y conmovedora hasta el hueso. Una joven con inquietudes que se salen de la norma de lo que debería ser la mujer modelo japonesa (todo lo que se aleja de quedarse en casa a cuidar del marido), de traumas sexuales pasados y que en el presente vive una relación tóxica con una pareja que acabará maltratándola. 

La verdad es que Lee Sang-Il parece empeñado en hacerle putadas a los personajes de Hirose. Si en Rage la pobre muchacha era violada por unos norteamericanos, aquí es víctima de una terrible paliza perpretada por su pareja, en una escena que duele en el alma. Cómo ha crecido, en todos los sentidos, la jovencita que vimos en Nuestra hermana pequeña (2015) de Kore Eda, convertida ahora en uno de los rostros más destacables del presente cinematográfico nipón. Fumi, el supuesto pederasta, interpretado por Tori Matsuzaka (Last of the Wolves (2021)), realiza un papel complicadísimo y sobresale con una actuación de gran sutilidad y pausa a un personaje torturado, maltratado y que nos hará dudar de sus intenciones hasta el catártico final del filme.

Fumi, un estudiante universitario, acogió en su casa a Sarasa, una niña de 10 años. Fumi acabó detenido.

15 años después los dos se vuelven a encontrar.

Se enfrentarán a la incomprensión y maltratos de los que están a su alrededor.

Técnicamente el filme es una delicia. Su trabajo de fotografía es excepcional, obra del gran Hong Kyung-Pyo, responsable de Burning (2018) o Parásitos (2019), generando grandes momentos a lo largo de todo el filme. Me quedo con esa captación semi nocturna de lo cotidiano de las calles japonesas, que me atraparon y me sedujeron poderosamente. 

Así, The Wandering Moon es un ejemplar filme en todos los sentidos, cuyo silencio en festivales internacionales o canales oficiales asiáticos me resulta incomprensible. Un trabajo de una fuerza y belleza visual fuera de toda duda, de reparto excelente, bellísima banda sonora, en una obra además nada complaciente, que se arriesga a crear rechazo y que desafía al espectador con una temática sin duda compleja y complicada. Traumas sexuales, machismo, violencia de género, el estado social del Japón actual, los prejuicios, la incomunicación o la soledad son tratados de una forma conmovedora y rica en matices. Todo lo presentado convierte a The Wandering Moon como uno de los mejores filmes japoneses de estos últimos años y el mejor trabajo de un director con solera como es Lee Sang-Il.

Escenas como la desesperada huída hacia ninguna parte de Sarasa después de ser golpeada por su novio, el recuerdo de la captura policial de Fumi en el lago, el mismo Fumi desnudando su alma y cuerpo a Sarasa... son momentos que se me quedarán grabados en la retina por su gran fuerza. Pero por encima de todo me quedo con el plano final del filme y que cuenta con Suzu Hirose como protagonista. Un plano que transmite tanto y que rezuma sexualidad, amor y alma por todos sus poros, realizado además con la máxima sencillez. Para quitarse el sombrero.