CRÍTICAS PELÍCULAS

viernes, 18 de agosto de 2023

ULTRAMAN GEED (2017)



Para 2017 las nuevas series sobre Ultraman estaban funcionando como un tiro en Japón. Tras el reinicio del personaje en 2013 con Ultraman Ginga, éste estaba disfrutando una nueva edad de oro. Ultraman había cambiado, las nuevas series apostaban por una mercadotecnia constante, explícita y un empaque muy destinado a epatar las retinas del público infantil. Aún así, hay que reconocer que el mimo en el producto, con unos arcos argumentales cuidados además de un uso espectacular de las técnicas tradicionales de efectos especiales estaban colocando a la franquicia como algo único en el presente del tokusatsu. Tras X y Orb, Tsuburaya subió la apuesta con Ultraman Geed (2017).

En Ultraman Geed seguimos al joven Riku, un muchacho enérgico y alegre pero que da muestras de ciertos poderes y habilidades algo misteriosas. Le acompaña Pega, un alien, que solo Riku parece ver. Un buen día es conducido hacia una base secreta alojada bajo un observatorio astronómico, Rem, el sistema de control de la base, le reconoce como su maestro y le anuncia que tiene el poder de un Ultraman. Frente a la llegada de criaturas monstruosas Riku se transformará en Ultraman Geed, pero descubrirá una verdad aterradora. Resulta que es el hijo de Ultraman Belial, la peor abominación posible y causante de que el universo estuviera a punto de ser destruido.

Ultraman Geed reincide en los elementos que ayudaron a destacar a las series anteriores aunque de una manera ya algo cansina y formulaica. Riku, vuelve a ser el típico pipiolo inocente pero valiente, que intenta conectar con el público infantil pero que a mi personalmente no me ha despertado grandes simpatías. Y eso que cuenta con un fondo bastante interesante como que, en primer lugar, de un día para otro descubra que está destinado a ser un Ultraman, un héroe. Además de conocer que tu padre es el puro mal con los conflictos que puede generar como es el temor que pueda provocar Geed entre la población y que sea visto con recelo. Además del crecimiento personal que eso supone, querer superar un destino marcado por tus genes... Pero todos estos conceptos, aunque son mostrados en la serie, apenas son esbozados, quedando de una manera algo superficial o sin toda la fuerza que debiera.

Los héroes de la función. De izda a dcha Riku, Leito, Moa y Laiha

Si en las anteriores teníamos cartas como forma de invocar poderes de otros Ultraman o para fusionar kaiju, ahora le toca el turno a una especie de cápsulas que Riku (y el villano) utilizarán. Un elemento, la verdad, bastante repetitivo y que llega a agotar, especialmente en esas secuencias de transformación interminables y que no paran de romper el ritmo. Ya lo habíamos visto antes pero creo que aquí ya se les va de las manos las fusiones entre monstruos y las constantes nuevas transformaciones y formas de nuestro Ultraman Geed.

La trama que planea por toda la serie es algo rocambolesca. Resulta que Belial casi destruye el universo pero es impedido por Ultraman King (que apareció en Ultraman Leo de 1974) el cual revierte la destrucción fundiéndose con el espacio, diseminando sus partículas de energía por todos lados. Dicha energía provoca que algunos niños (o algunos kaiju, incluso) dispongan de poderes extraños como la telepatía o la combustión espontánea, lo que se conoce como "Little Stars", una energía que Kei, el villano de la serie irá buscando para ir cargando de poder a un renacido Ultraman Belial.

Ultraman Zero se apunta a la serie.
Este aspecto como es la continuidad respecto al universo de la serie resulta seductora continuando el arco creado desde Mega Monster Battle: Ultra Galaxy Legends The Movie (2009) donde se presentó el personaje de Belial y su enemistad con Ultraman Zero, el hijo de Ultraseven. Enemistad que siguió tratándose en algunas de las películas de Zero como Ultraman Zero The Movie: Super Deciding Fight! The Belial Galactic Empire (2010). Porque sí, Zero regresa, siendo un personaje casi principal y que harás las veces de mentor y acompañante de Geed. Si bien, aquí radica uno de los aspectos que más me sacaron de Ultraman Geed como es Leito, un salaryman y que es el partenaire humano de Ultraman Zero. No el personaje en si, porque creo que es el más simpático de la serie, sino porque creo que la franquicia se traiciona a si misma en cuánto Zero constantemente toma el control del Leito humano, anulándolo por completo. Leito es un patán y un torpe, pero aún así puede convertirse en un héroe, por lo que uno siente algo de frustración ver como su persona es anulada constantemente por Zero en los momentos en que hay que ponerse serio. Algo planteado para hacer comedia pero que a mi modo de ver traiciona las bases de la franquicia dejando poca evolución al personaje y poco crecimiento personal en ese sentido.

Si comentamos algunos episodios, mencionar el número 6, So That I Can be Me, con Leito uniéndose a la tropa de héroes y reflexionando sobre su capacidad para ser un Ultraman. En un giro de los acontecimientos él y Riku intercambiarán sus respectivas vidas por un día.

Geed se ve las caras con Galactron en el ep. 7, Sacrifice.

El villano de turno es Kei, un completo adorador de Belial y que se dedica en cuerpo y alma a cargar de poder y más poder a Belial. Kei como villano pierde bastante en comparación al anterior Jugglus Juggler y está perdido en un mar de histrionismo y planes rocambolescos los cuales aún estoy tratando de entender su lógica. A Riku, por cierto, le acompañan varias chicas, muy majas ellas, y que graciosamente beben los vientos por él. Por un lado, Moa, una amiga de la infancia, enamorada de Riku y que trabaja secretamente en AIB, una organización de búsqueda de alienígenas. Por otro lado tenemos a Laiha, un buen personaje, con más madera de héroe que el propio Riku y que viene interpretada por Chihiro Yamamoto, la cual realiza unas escenas de acción marcial y arte con la espada excelentes. Como detalle interesante, la gran mayoría de personajes conocen la identidad de Geed formando un grupo que es casi como una familia en torno a Riku.

El doble episodio 7 y 8, Sacrifice / Going Beyond Fate, nos pone en primer plano a Kei, el villano, el cual vive como un novelista de éxito, organizando un evento con público para meter en una encrucijada a Zero. Hay momentos interesantes como son el sacrificio de Zero, el agradecido regreso de Galactron (de Orb) y unos héroes dudando de sí mismos y temiendo no llegar a lo que se espera de ellos.

En el doble ep. 11 y 12, The Geed identity / My Name, asistimos a uno de los puntos más recomendables de la serie ya que presenta una de sus ideas más interesantes: que Geed sea una creación de laboratorio creada por el malvado Kei. Una manera de que éste le robe todas las cápsulas de energía almacenadas por Geed en los anteriores episodios sumiendo en la desesperación y a una crisis de identidad por parte de Riku, ya que parece que toda su vida ha sido una farsa. En la continuación Riku conocerá a un amable anciano con poderes, en fase terminal y que resultará ser el hombre que le recogió cuando solo era un bebé. Un encuentro que ayudará a Riku a encontrarse a sí mismo.

El temible Belial en el ep 16,
The First Day of the End of the World
Siguiendo con buenos momentos, se recomienda el doble ep. 16 y 17, The First Day of the End of the World / The King’s Miracle! Time to Change Fate!! Unos episodios en donde a pesar de hacer regresar a Belial, el momento más esperado de toda la serie, de una manera poco preparada de cara al espectador y con poca carga dramática (aparece y punto), presenta grandes momentos como esa batalla final apocalíptica en una ciudad gris con Geed encontrándose con su padre y éste respondiéndole con violencia y haciéndole morder el barro. Su continuación presenta una de las imágenes más interesantes y jugosas de la serie como es la de Riku peleando contra Belial en una especie de traslación dimensional. Una imagen, con la lluvia haciendo acto de presencia y que da pie a diversas interpretaciones. El hijo tratando de superar al padre, Riku intentando no sucumbir al destino que marcan sus genes o de tratar de luchar con la maldad de su interior y superar dicho peso. El capítulo finaliza con la aparición de Ultraman King y una nueva forma ultra-poderosa de Geed gracias al poder dado por King y que logran destruir al amigo Belial.

Una de las fusiones más poderosas de Geed
Antes del final, la serie propone un episodio bastante interesante como es el número 20, The 10:00 AM Monsterous Bird. Aunque no se le saca todo el jugo que debiera, presenta una narrativa audiovisual diferente (un poco en la línea de lo que hacía Jissoji) en base a un monstruo, Gyeron, que aparece cada día en el mismo sitio a las 10h de la mañana.

El final de la serie se ve con simpatía aunque no con entusiasmo. En el ep. 23, The Strum’s Light, un desequilibrado Kei desea conseguir las cápsulas de Dark Lugiel y Alien Empera, las abominaciones más poderosas (tras Belial). Riku decide enfrentarse a su destino y tener una batalla final con el villano, nada menos que en las ruinas de un castillo en Okinawa, lugar donde Kei puede absorber la energía de su planeta natal aún en llamas (así están los guionistas en esta serie). Al final, Belial aparece y se carga con todo el poder supremo albergado por Kei.

Mecha Gomora en el ep. 19, Nebula House Invasion.
En el doble ep. final 24 y 25, The Fragments of Hope / The Symbol of Geed, hay imágenes interesantes como ese Belial en el espacio convertido en una versión Atrocius y dispuesto a destruir el planeta y el universo, mientras nuestros héroes traman un plan que bien podría funcionar... Hay buenos momentos como esa bonita escena de Leito pasando un último día junto a su familia o esa batalla final con todas las formas diferentes de Geed atacando al unísono, la aparición de Ultra Father o ese pequeño momento de redención de Belial... Si bien, todo se antoja rutinario además de contar con cosas que a mi me sacan como que Belial, aún habiéndose cargado con todo el poder del universo, al final sea tratado casi como un enemigo más...

Ultraman Geed (2017) es un bajón considerable respecto a las dos series precedentes. Se antoja formulaica y repetitiva en muchos tramos, con episodios cuyas premisas, sinceramente me importaban más bien poco abundando en historias de corte tontito y sonrojante. Desde ver a un “cómico” de pacotilla haciéndose amigo de una bola peluda alienígena (ep. 5, Partners) a pasar vergüenza ajena con una alienígena que lee las mentes (ep. 10, I Read Minds) a ver algo tan sumamente interesante como que Riku y su amigo/mascota Pega discutan y éste último abandone el hogar (ep. 21, Pega Runs Away From Home).

Episodio 25, The Symbol of Geed

La serie plantea muchos conceptos interesantes pero que por desgracia no se profundizan, entregándose enseguida a las batallitas de turno y a las mil transformaciones maravillosas de sus héroes. A favor, comentar que la serie concentra algunos bloques entretenidos, especialmente aquellos con Riku en crisis identitaria o donde la figura tan atrayente de Belial se explota. Laiha y Leito son personajes muy simpáticos, y los efectos especiales de la serie, aunque creo que andan un poco estancados, siguen siendo una absoluta maravilla, con un nivel de maquetas, rayos y demás, de resultados estratosféricos. Pese a mi impresión, Ultraman Geed acabó siendo otro gran éxito para la franquicia y el personaje volvió en la película Ultraman Geed The Movie: Connect the wishes! (2018) o en el estupendo crossover del héroe en algunos episodios de Ultraman Z (2020), con dos episodios que son mejores que toda esta serie junta.

martes, 15 de agosto de 2023

THE BLUE PEARL (1951)


El cine de Ishiro Honda alejado de sus famosos kaiju eiga entre otros filmes de ciencia ficción es, por desgracia, muy poco conocido y de difícil acceso. Y el estudio Toho tampoco parece poner mucho de su parte para que el trabajo de Honda tenga cierta difusión. Antes de que en los años 60 Honda quedara totalmente atado a la ciencia ficción tras el fenómeno de King Kong contra Godzilla (1962), su director dirigió en los 50 dramas, comedias románticas, cine bélico... una etapa muy interesante y donde el director dio numerosas muestras de su talento y sensibilidad especial al margen de su cine de monstruos.

Es muy interesante que aún siendo un director de estudio, las vivencias de Ishiro Honda marcaron su trabajo cinematográfico mostrando unas constantes que aparecen a lo largo de su filmografía. Temas que a Honda le interesaban y motivara contar como la relación del hombre con la naturaleza, el no seguir los designios marcados por la familia, los matrimonios no aceptados o el trauma de la guerra y la bomba atómica.

Honda dirigiendo en The Blue Pearl

Honda nació en una aldea a más de 300km de Tokyo, perdida en medio de la montaña. Su padre era monje en un templo budista y el pequeño Ishiro pasó su infancia entre montañas y bosques hasta que se mudaron a Tokyo. Allí, un Honda adolescente se sentiría inmediatamente fascinado por el cine hasta el punto que decidió estudiar dicha arte en la Universidad de Nihon aún en contra de los deseos de su padre. Poco después entraría a trabajar en PCL, Photographic Chemical Laboratories (que años después absorvería Toho), debutando como tercer asistente de dirección en 1934 en la producción The Elderly Commoner's Life Study. Fue allí donde conoció a su mujer, Kimi. El matrimonio entre ambos, en 1939, no fue bien visto por la familia de ella, un hecho que reconcomió al bueno de Honda. La guerra vendría a parar la carrera del director durante años, para desazón de él, que veía como todos sus compañeros de productora empezaban a tener cargos de importancia o a llevar adelante sus propios películas como directores, como era el caso de su amigo Akira Kurosawa. Tras volver a un Tokyo en ruinas en 1945, retoma sus labores como asistente de dirección hasta que por fin se le da la oportunidad de dirigir su primera obra. Un documental titulado Ise-Shima (1949), de corte muy interesante y que innovó al mostrar las primeras escenas submarinas rodadas en Japón.

Su primer largometraje de ficción llegaría en 1951 con The Blue Pearl, un proyecto en el que Honda se entregó a fondo y donde parece volcar su alma, inquietudes y obsesiones. Como curiosidad, para la elaboración del guión, Honda y Kurosawa se encerrarían varias semanas en un apartamento para escribir guiones. Mientras Kurosawa escribía el de Rashomon, Honda hacía lo propio con The Blue Pearl.

El filme cuenta la llegada de Nishida a una isla, un joven procedente de la gran urbe de Tokyo para realizar labores como profesor y de guarda del faro. Allí se sentirá sorprendido y fascinado por el modo de vida de los isleños, en particular de las Ama, mujeres del lugar que se dedican a sumergirse en busca de conchas y perlas. Todo un sustento económico de la isla. Pronto se sentirá atraído por una de las jóvenes Ama del lugar, Noe, aunque su idilio no será bien visto por la comunidad. Otra joven, Riu, opuesta en carácter a Noe, intentará seducir al joven desembocando una tragedia...

The Blue Pearl (1951) es un muy sorprendente drama romántico lleno de aciertos. Ya desde su ópera prima vemos claramente las constantes de Honda como son la relación de la naturaleza con el ser humano además del choque entre la tradición ancestral y la modernidad, un punto en donde se pone el foco como es el constante contraste entre las maneras de Nishida, puro chico de ciudad respecto al modo de vida de los isleños. Honda sigue con la herencia de su trabajo en el documental y nos propone fascinantes tramos centrados en el modo de vida de las Ama. Dicho acercamiento al documental la veremos también en futuras obras como Godzilla (1954) o Half Human (1955) y en la que es una manera por parte de Honda de querer captar ese Japón ancestral que está desapareciendo con la llegada de la modernidad. 

Los escenarios naturales presentes tanto en The Blue Pearl como en la anterior Ise-Shima luego serían utilizados de nuevo para las escenas en la isla de Odo del primer Godzilla. Honda estuvo durante varias semanas en dicha isla, antes del rodaje del filme, y logró que los cerrados isleños le aceptasen, mostrándole ritos y demás intimidades que rara vez mostraban a los forasteros. Algunos de los lugareños aparecen en el filme como actores no oficiales incluídas las Ama que vemos en la película, algo que le da más autenticidad al conjunto. Sin duda, el uso de los ambientes y el espacio por donde se mueven los personajes es subyugante y uno de los aspectos más llamativos del filme.

Nishida llega a una isla para encargarse del faro.

Se sentirá fascinado por el modo de vida de los isleños y de las Ama

Tendrá un idilio con la joven Noe. Algo no aceptado por la familia de ella.

Otra joven de carácter más salvaje, Riu, intentará seducir a Nishida.

Algo trágico se avecina...

La llegada del personaje de Nishida, interpretado por Ryo Ikebe trae consigo un desmoronamiento de una sociedad férrea además de resucitar viejos temores de los lugareños respecto a la llegada de forasteros y los desastres que pueden traer consigo (un temor que se puede transportar a la apertura de Japón al mundo). El romance que mantiene Nishida con Noe es delicioso e inocente, viendo además ella una posibilidad de marcharse de su isla y vivir en la gran ciudad liberándose así de las ataduras y vida que tienen planeada para ella. Si bien, los acontecimientos se van enturbiando con la presencia de otra mujer, Riu. Muchacha del lugar pero que vuelve tras pasar un tiempo en Tokyo. Su carácter es opuesto al de Noe, ella es salvaje, sensual y lleva ropas a la moda. Cuando Riu comience a intentar seducir a Nishida, saltarán las alarmas. Aún siendo una subtrama, la de la seducción de Riu, poco interesante por ser un lugar muy común, pronto ésta va virando hacia una óptica cada vez más desequilibrada y asfixiante. 

Honda no duda en presentar personajes femeninos fuertes y decididos, con entidad, algo que sería bien habitual en su trabajo. Yukiko Shimazaki y Yuriko Hamada interpretan a Noe y Riu respectivamente, de resultados algo desiguales por su inexperiencia, pero son bien efectivas. Ryo Ikebe (Nishida) también se ve algo verde, si bien, el actor acabaría ganando mucha más madurez en el futuro. Trabajaría en otros filmes de Honda como Battle in outer space (1959). Shimazaki, el año anterior tenía uno de los papeles principales de El almuerzo (1950) de Mikio Naruse. Takeshi Shimura, actor de sobrado renombre, hace un pequeño papel en la cinta como encargado del faro y se notan enseguida sus quilates a nivel interpretativo. Shimura apareció el año anterior en Rashomon y volvería en Los siete samurais (1954) y Vivir (1955) de Kurosawa. Para Honda trabajaría habitualmente, destacando su papel en el primer Godzilla.

El ritmo del filme es fluido y Honda no deja de sorprendernos con una narrativa rica gracias a un cúmulo de imágenes submarinas hermosas y oníricas, las primeras rodadas para un largometraje de ficción en Japón. El tono documental de parte del filme se entremezcla con una serie de planos elaborados y que se van tornando cada vez más opresivos a medida que la historia avanza. Para ejemplo el magnífico momento en el faro, bajo una feroz tormenta, con Noe sincerándose a Nishida.

Honda junto a las actrices Yukiko Shimazaki y Yuriko Hamada. A la derecha, el cámara Tadashi Iimura.

La película es un alegato asimismo sobre las libertades individuales aunque los resultados vistos aquí son bastante oscuros y dramáticos. Con la negativa de la familia de que Noe se case con Nishida, frustrando el deseo de la joven de poder huir de la isla, ésta además tiene que ver como el chico parece caer en la tentación de Riu, la cual no deja de irle detrás. Una situación que harán entrar a Noe progresivamente en la paranoia, la rivalidad enfermiza y el enloquecimiento. The Blue Pearl acaba superando las expectativas gracias a un tramo final sensacional, en el que el filme vira hacia lo psicológico y fantasmal con la pobre Noe dejando morir en el fondo del mar a su rival, atrapada ésta en una roca mientras cogía una gran perla en un lugar prohibido. Noe irá enloqueciendo progresivamente por el peso de su ”crimen” y parecerá oír el grito de Riu llamándola desde el mar o desde los acantilados. Persiguiéndola allá donde vaya. El filme concluye con un plano final maravilloso, en la playa, de noche, con Noe adentrándose sola en el mar, de una calidad extraordinaria albergando un tono onírico, mágico a la vez de ambiguo sencillamente excelente.

The Blue Pearl (1951) es un muy notable filme que te lleva en volandas a través de un mundo lleno de tradiciones, el colapso de las mismas, un romance imposible y ambientado en un paraje marino inmejorable. Una perfecta película si quieres adentrarte en el cine de Honda alejado de la ciencia ficción. El filme obtuvo excelentes críticas en el momento de su estreno y abrió el camino para una filmografía llena de imágenes para el recuerdo. 3 años después llegaría Godzilla.

viernes, 28 de julio de 2023

ULTRAMAN ORB (2016)



Tras el éxito de las dos Ginga y X, las nuevas series de Ultraman estaban yendo como un tiro. Sin duda, un gran regreso del héroe entre las nuevas generaciones con un remodelado más colorido, espectacular y con un fuerte peso en la venta de juguetes. Aún con esta mercadotecnia explícita, la audiencia recibió con los brazos abiertos a estas nuevas encarnaciones de Ultraman, por lo que la maquinaria no se detuvo.

La siguiente serie de la franquicia fue Ultraman Orb (2016) y siguiendo esta tendencia en escalada, la serie fue un éxito aún mayor que la anterior provocando la aparición de películas y series precuela que lograran estirar todo lo que se pudiera el chicle.

Con un formato ya establecido de 25 episodios (con un molesto episodio resumen en medio), que fueron emitidos entre el 9 de julio y el 24 de diciembre de 2016, Ultraman Orb introduce las suficientes novedades como para al menos sentir esta nueva serie del personaje como algo un poco diferente a las anteriores encarnaciones. El humor de la serie es bastante diferencial, siendo una comedia en general exagerada, absurda y muy de manga, algo que en muchas ocasiones funciona a la perfección contagiándote de ese clima tan despreocupado de la serie. 

En ese sentido, el ultrahéroe de turno es Gai, un personaje de edad algo más madura de lo acostumbrado, cosa que se agradece y que no deja de burlarse de los tópicos del western y sus personajes solitarios. Ataviado con chaquetón, sombrero y harmónica se trata de un héroe muy paródico y que se gana las simpatias del respetable de inmediato. Para muestra su increíble presentación, saliendo de un camión en el que ha pasado varias horas en un congelador de comida y sin despeinarse. Interpretado por Hideo Ishiguro, Gai es un extraterrestre camuflado entre los humanos y es por supuesto Ultraman Orb, un héroe de luz que en gran parte de la serie no dispone de una forma propia, ya que ha perdido sus poderes en unos sucesos traumáticos. Algo que se aprovecha para que Gai utilice cartas con los poderes de los diferentes ultra brothers para fusionarse y emerger con nuevas formas poderosas. 

El pintoresco equipo de SSP. En busca de lo paranormal.
Por otro lado, los personajes principales no pertenecen a ninguna organización gubernamental ni militar, algo que se lleva repitiendo hasta la saciedad desde décadas atrás. En su lugar, tenemos a un trío de freaks, investigadores de lo paranormal y que han formado el grupo SSP (Something Search People), dejando a los militares y su lucha como algo de fondo, únicamente representado y con información limitada en el personaje de Shibukawa, el tío de Naomi, quien trabaja en VTL. Dicha organización solamente tendrá una presencia más explícita en los dos episodios finales de la serie. 

Dicho cambio resulta un soplo de aire fresco y los personajes por lo general se hacen bastante simpáticos. Naomi es todo un descubrimiento. Interpretada por Miyabi Matsuura y quien ofrece a un carácter femenino estrambótico, inocente, fuerte, tierno y que guarda alguna relación en su pasado con Gai pero del que poco recuerda. Todo un gusto ver a un personaje femenino de estas características, que se sale de lo habitual en otros personajes femeninos del tokusatsu y que además evoluciona de forma notable y hasta conmovedora en su relación cada vez más cercana con Gai.

Gai y Jugglus. No muy bien avenidos...

Ep. 4, Beware of Fire in the Midsummer Sky
El entretenido primer episodio de la serie, The Sunset Wanderer, ya incide en este humor con un Gai imposible atravesando los vientos huracanados de una tormenta para salvar a Naomi, sin inmutarse, del ataque de Birdon. Muchos monstruos clásicos hacen acto de presencia como Pandon en el divertidísimo ep. 4, Beware of Fire in the Midsummer Sky, y que cuenta una terrible ola de calor que asola a nuestros protagonistas.

Se apuesta por introducir la figura de un gran villano que vaya haciendo un pulso con Gai durante toda la serie. Pese a funcionar a ratos, Jugglus Juggler acaba siendo un villano interesante, que además destaca por su historia de fondo y su relación pasada con Gai. Jugglus viene interpretado por Takaya Aoyagi y el actor está en su salsa, creando un villano con entidad y que evoluciona hacia una degeneración cada vez más destructiva y cabrona. Así Jugglus empieza lanzando diferentes monstruosidades a Orb hasta acabar uniéndose a una especie de consorcio del mal habitado por aliens clásicos como Metron, Magma, Nackle o Mefilas. Si bien, acabará con todos ellos en el ep. 10, Juggler dies!, donde el villano consigue la carta más poderosa de todas, la de Ultraman Belial, el ultra malvado. 

Pese a que el nivel de guión en muchos episodios no es para tirar cohetes se consiguen momentos distraídos como en el ep. 7, A Future Shrouded in Fog, con una muchacha con sueños premonitorios y que predice la aparición de un monstruo justo al dia siguiente y que derrotará a Orb.

Galactron, el mejor villano de la serie en el ep. 14, Justice Out of Control

Orb fuera de control en el ep. 15, Never Say Never
Uno de los aspectos más interesantes de Ultraman Orb, es que a pesar de sus elevadas dosis de comedia y locura, aprovecha para introducir conceptos bastante oscuros y más profundos de lo acostumbrado. El equilibrio constante que mantiene Gai entre la luz y la oscuridad que hay en su interior, el control propio para no sucumbir a una fuente de poder que podría ser destructivo y que provocaría la muerte de seres queridos, el creer en uno mismo... Dichas ideas son exploradas en la que es el mejor tramo de toda la serie, comprendido entre los episodios 11 y 17 (quitando el molesto ep. 13 de resumen). 

Así, en el doble ep. 11 y 12, Trouble! Mama’s here! / The Dark King’s Blessing, incorpora a un personaje tronchante como es la madre de Naomi y con quien protagonizan un hilarante momento, casi sitcom, en un restaurante. El conjunto se vuelve bastante loco con la aparición de una fantasma protectora del bosque en formato gigante en medio de la ciudad y Juggler reviviendo a una bestialidad como es Maga-Orochi, con la conjunción de 6 cartas de bestias y la cual logra derrotar a Orb. En su continuación llega un punto dramático para Gai y es que para vencer a Maga Orochi fusiona las cartas de Zoffy y Belial para lograr una fusión salvaje y ultra poderosa, pero fuera de control por parte de Gai.

Ep. 22, The Unmarked Café
En el ep. 14, Justice Out of Control, la cosa avanza a pasos agigantados con la aparición, llegado de otra dimensión, de Galactron, un robot gigantesco en busca de paz pero que pretende resetear a toda la humanidad por todos sus abusos, guerras y demás errores. El robot posee y controla a Naomi dejando a Orb derrotado. El entuerto continúa con el shocking y dramático ep. 15, Never Say Never, con Gai presionándose a sí mismo sobre si debería utilizar o no la carta de Belial aunque dicho poder excesivo y oscuro lo acabe por dominar. El traumático final con Orb fuera de control, destrozando a Galactron aún con Naomi dentro de él, duele en el alma. Una conclusión que remite a uno de los momentos más duros de Neon Genesis Evangelion

El ep. 16, An Unforgettable Place, muestra a una sociedad y a un gobierno que se ha puesto en contra de Orb. Gai sintiéndose culpable se marcha hacia Rusalka, donde Gai conoció a Natasha en 1909 y sucedió la tragedia. No son las mejores horas de Gai presentando a un héroe culpable, hundido y sin saber que camino tomar. La cosa sigue a un gran nivel en el ep. 17, The Holy Sword Restored, donde destaca una bonita escena entre Gai y Naomi en el que hay diversas revelaciones y se muestran sentimientos. Un Gai, menos culpable, consigue dominar a Belial, pero lo más importante, acaba por creer en sí mismo y logra volver a tener su forma original de Orb con espectaculares resultados.

Ep. 20, Revenge's Trigger
El tramo final de la serie no llega al nivel visto anteriormente pero cuenta con momentos simpáticos como el ep. 19, The Demon Inside of Me, el cual vuelve a abordar nuestra dualidad luz/oscuridad, esta vez centrado en Naomi y una amiga de la adolescencia que parece haber desechado sus sueños por dejar su trabajo y casarse con un hombre rico. Contiene una acertada crítica hacia el papel de la mujer en la sociedad nipona.

El final de la serie resulta muy notable, como es costumbre en los finales de Ultraman. En el ep. 23, The Blade of Darkness, nos presenta ya a un Jugglus histérico perdido y que, tras un entrenamiento, se convierte en gigante. Aún así perderá en su batalla contra Orb y será capturado por la organización de VTL. La cosa continua en el excelente ep. 24, The Giga Lord Monster Strikes Back. Cargado de tensión con ese Jugglus a lo Joker, capturado, manipulando a los altos cargos y alertando de que el Maga-Orochi visto anteriormente era solo una larva y que está usando la Tierra como crisálida para alumbrar a Magata-Orochi. Los dirigentes optan por lanzar sobre Tokyo un misil destructor aún con una población que apenas puede evacuar. Ojo con su shocking final... 

Ep. 23, The Blade of Darkness

Ep. 25, The Wandering Sun
Y la serie concluye con 20 minutos cargados de emoción. The Wandering Sun, cierra el arco con Jugglus de notable manera, aunque algo facilona. El villano acudirá a la batalla junto a Orb y hasta se sacrificará por la causa. Aún así, la ejecución es estupenda, los personajes tienen una bonita despedida y Gai, más justificado que nunca, se marcha a una nueva aventura frente a un gran atardecer. Respecto al personaje de Jugglus Juggler éste volvería en Ultraman Z (2020) realizando entre las dos series un arco de redención estupendo.

Ultraman Orb, pese a no llegar a la calidad general de la anterior Ultraman X, supone un nuevo entretenimiento bastante destacable dentro de la franquicia. Si nos detenemos en sus efectos especiales estos vuelven a ser de un alto nivel, con unas maquetas espectaculares y un uso de la perspectiva excelente complementado con algún uso de CGI que no molesta y que está bien equilibrado con los efectos prácticos. 

Pese a episodios algo más tontetes o con unos guiones más endebles, el humor a veces resulte en exceso histrionico o exagerado, que algunos personajes no acaben por ser interesantes o que las escenas de transformación acaben siendo interminables... Ultraman Orb destaca por su carácter de comedia estrambótica pero que a la vez ofrece tramos dramáticos y profundos en donde se explora eficientemente el fondo y pasado de su héroe protagonista. Orb volvería en la película Ultraman Orb The Movie: Let Me Borrow the Power of Bonds! (2017) o en la decepcionante mini serie precuela Ultraman Orb: The Origin Saga (2017).

domingo, 9 de julio de 2023

IL MARE (2000)


El género estrella en Corea siempre ha sido el melodrama o el romance. Es un género bien establecido desde hace décadas y que siempre ha gozado del favor de la audiencia. El drama coreano viene con unas características muy propias ya que hay una óptica hacia el exceso, el derroche lacrimógeno y las fatalidades que siempre han estado atados al género, por otro lado, una mezcla entre la forma de expresar las emociones en el país (relacionadas con el "Han", el resentimiento acumulado) como también un gusto por la tragedia extrema.

La explosión del “Nuevo cine coreano” en los años 90 supone en muchos casos una reactualización de los géneros populares acompañados de nuevos puntos de vista y nuevas formes innovadoras de enfrentarse a las historias de siempre. Si nos centramos en el melodrama romántico hay una cinta que destaca especialmente en los albores del nuevo milenio: Il Mare (2000).

Habiéndose mudado recientemente a "Il mare", un nuevo edificio de apartamentos, Sung-Hyun encuentra una carta en su buzón. Se trata de una carta de amor de una mujer llamada Eun-Ju al hombre que la había abandonado. Ambos comienzan a escribirse y acuerdan un encuentro pero poco después se dan cuenta de que ¡viven en tiempos diferentes!

Il Mare (2000) supone una deliciosa y bien realizada muestra de drama romántico que, paradójicamente, no cae en excesos lacrimógenos o aprieta las tuercas del espectador con llantos interminables y fatalidades explícitas. Se trata de una inteligente propuesta sustentada en unas estupendas interpretaciones de su pareja protagonista y su excelente uso del espacio y los ambientes. 

Si bien un aspecto que marca la diferencia es la introducción del elemento fantástico en la trama, muy bien llevado por otro lado y que ayuda a la originalidad y singularidad de la propuesta. El hecho de que un buzón sea un canal de comunicación entre pasado, presente y futuro ayuda a potenciar ese amor imposible entre Eun Ju y Sung Hyun ya que no pueden verse y si uno de ellos va a buscar al otro no le reconocerá porque no es su línea temporal. El elemento fantástico no se queda estancado ahí ya que está bien aprovechado para proporcionar varios giros argumentales presentes en el último tercio del filme, muy acertados y que proporcionan buenas dosis de tensión y drama.

Sung Hyun acaba de mudarse a una casa situada en el lago. Pero recibe una carta de Eun Ju...

Aunque descubren que viven en tiempos diferentes. Su buzón es un portal de comunicación con el pasado.

A través de cartas, el amor nacerá entre los dos...

Lo cuidado de la ambientación, con esa casa imposible, de arquitectura súper moderna, alojada sobre un lago es notable, con un uso expresivo de las estaciones del año para remarcar las emociones de los personajes. Su pareja protagonista viene interpretada por lo mejorcito de la cinematografía coreana como son Jun Ji-Hyun (o Gianna Jan) y Lee Jung Jae, aquí muy jovencitos pero que pocos años después serían auténticas estrellas en el país. 

En el caso de la guapísima Gianna Jun gracias al exitazo tremendo de My sassy girl (2001) además de filmes como The Thieves (2012), The Berlin File (2013) o Assassination (2015). Lee Jung-Jae aparecerá en The Thieves (2012), New World (2013) o Hunt (2022) hasta ser uno de los rostros más conocidos del momento gracias a su papel en El juego del calamar (2021). Su director, Lee Hyun-Seung, tampoco ha gozado de una abultada trayectoria combinando tareas de guión con la dirección de filmes como Sunset on the Neon Lights (1995) o Handsight (2011), con Song Kang-Ho.

Il Mare (2000) es un delicioso drama, llevado con sencillez, candidez y aderezado con unas singulares notas de fantástico y que la convierten en una propuesta original dentro de su género. Un filme delicioso, pausado y cocido a fuego lento como un buen caldo. Dotado de un notable trabajo de guión y que logra excelentes momentos con su pareja protagonista, desde el transcurso de las primeras cartas entre ambos a poco a poco dar a conocer su soledad personal, desnudarse el uno al otro, hasta caer enamorados. El filme no descarta el elemento trágico omnipresente en el género, pero lo considero muy bien llevado en la presente, además aderezado con un plano final excelente y con el que no puedes guardar la sonrisa de satisfacción. Un notable filme y que tuvo un terrible remake americano, La casa del lago (2006) protagonizada por Keanu Reeves y Sandra Bullock.


jueves, 6 de julio de 2023

PEPPERMINT CANDY (1999)


Tras el fin de la dictadura en Corea del Sur en 1987, el cine pudo ver por fin relajada su censura, lo que permitió que una nueva generación de cineastas se atreviera a contar cosas que años atrás era impensable. Los años 90 vinieron acompañados de un plan del gobierno en el que se decidió apostar por el cine del país y la cultura en general como fuente de riqueza nacional tras ver que los beneficios obtenidos en Corea en taquilla de Parque Jurásico (1993) equivalían a las ventas de exportaciones de todo un año de Hyundai. Un dato que dio que pensar. 

1999 fue el año en el que una producción local, Shiri (1999), batió los récords de taquilla siendo el pistoletazo de salida a una tendencia que se viene cumpliendo hasta la actualidad: el apoyo constante del público coreano hacia sus producciones, cuidadísimas por otro lado y que han supuesto auténticos taquillazos. A día de hoy, el éxito de la producción audiovisual coreana es incontestable entre el mainstream gracias al triunfo de Parásitos (2019) en los Óscars o el fenómeno de El juego del calamar (2021) en Netflix. Pero volvamos a los años 90. Dicha nueva generación se la conoció como “Nuevo cine coreano”. De esta hornada salieron directores como Park Chan Wook, Bong Joon-Ho, Kim Jee Won o Lee Chang Dong.

Lee Chang-Dong es una de las voces más importantes de la nueva ola coreana. Fue ministro de cultura en el país entre 2003 y 2004 y resulta curioso que su filmografía se reduce a 6 películas realizadas entre 1997 y la actualidad, con unas producciones bastante separadas en el tiempo, lo que ha provocado que cada nuevo estreno suyo sea un pequeño acontecimiento entre el fandom.

Chang-Dong empezó en el negocio cinematográfico como guionista de filmes como A Single Spark (1995), antes de debutar con Green Fish (1997). Si bien, fue su segundo trabajo, Peppermint Candy (1999), el que acabó por ganar el apoyo del público y de la taquilla. 

La película da inicio con el suicidio de Yongho, el cual sirve como acto de entrada a la retrospectiva de la historia de su vida. Una historia que nos adentra en la convulsa situación de Corea del Sur entre los años 1979 y 1999, sus secuelas y su reflejo en los habitantes.

El cine de Lee Chang-Dong está muy atado a la historia reciente de Corea así como a las cicatrices, traumas y contradicciones de su sociedad con un gusto por hablar de personajes maltratados, solitarios o marginados enfrentados a un gran poder, ya sea el gobierno, el sistema, la iglesia (como en Secret Sunshine), el conservadurismo de la sociedad (como en Oasis) o el abuso de las clases altas hacia las bajas (como en la excelente Burning). 

En Peppermint Candy es muy evidente ya que supone un fascinante recorrido, a la inversa, de 20 años de historia del país, desde 1979 a 1999, viendo en el camino sucesos clave como la terrible masacre de Gwangju, las torturas policiales realizadas en la dictadura, la llegada de la democracia y los tiempos de bonanza económica hasta llegar a la gran crisis de finales de los 90.

El hilo conductor del filme es Yongho, el cual empieza siendo un hombre totalmente destrozado, abatido por los embistes de la vida y a gritos se lanza a un tren en marcha en el alucinante e histérico inicio de la película. Da inicio así a un viaje atrás en el tiempo para ver exactamente qué le ha pasado a este hombre para acabar así. Un elemento brillante de Peppermint Candy es su capacidad para resignificar escena a escena lo que hemos visto anteriormente. De ver a un hombre insoportable, que no deja de gritar y llorar, vemos tramo a tramo como este personaje se le quitan capas de encima en un ejercicio fascinante, original y demoledor desde un punto de visa dramático. 

Sin duda, es una apuesta arriesgada por parte de Chang-Dong ya que su personaje protagonista es una persona detestable. No tiene problema en usar la violencia contra su mujer o contra quien esté a su alrededor, es un infiel además de torturador durante sus años en la policía. Si bien, a medida que avanza el metraje los hechos vividos por Yongho se van resignificando de una manera cargada de fuerza. Resulta tristísimo ver cómo Yongho acaba engullido por un sistema en el que la violencia se ha convertido en algo institucional y social, lo que acaba condicionando y arruinando su vida. Cómo la dictadura y el militarismo acaba arruinando los sueños de este joven y su pura relación entre él y Sunim.

Yongho se suicida. Da inicio un viaje a su pasado.

1999. Los estragos de la crisis económica.

1993. Época de esplendor.

Los años 80 fueron la pérdida de la inocencia.

El ritmo es pausado pero no deja de avanzar (o retroceder) sin descanso convirtiendo la película en un puzzle al que no dejas de colocar nuevas piezas. El encuentro en 1993 entre Yongho y el joven al que torturó años antes coge de una fuerza tremenda y terrible al ver más tarde los hechos acaecidos en 1986. La ruptura entre Yongho y su amada Sunim tras éste propinar su primera paliza a un testigo traicionándose a si mismo, manoseando a la camarera (que luego será su esposa) delante de Sunim es una de tristeza infinita. Ese momento en el que Yongho, de policía acude a un pueblo a buscar a un sospechoso y pasa la noche con una chica donde en el acto íntimo se rompe emocionalmente en mil pedazos resulta doloroso a la par que excelentemente bien rodado con una intimidad e interpretaciones de alto nivel. 

Hay cierto realismo mágico presente en el filme como esas escenas del tren que están rebobinadas a la inversa, por no hablar de ese final ambiguo en donde se vuelve al mismo escenario que en el inicio y donde las lineas temporales parecen juntarse dando una cierta sensación de irrealidad o sensación de sueño. Un Yongho con poco más de 18 años, pareciendo ser consciente de lo que será su propia muerte en un futuro resulta la guinda puesta a esta producción.

Peppermint Candy está empapada de las vivencias de Lee Chang-Dong ya que él vivió toda la época del personaje principal y está representando a toda una generación de coreanos con las cicatrices aún abiertas y sangrantes, por lo que dicho plano de Yongho gritando a cámara frente a un tren, es una representación del dolor de esta generación.

Yongho viene interpretado por Sol Kyung-Gu, una de las caras más importantes del nuevo cine coreano aparecido en Memories of Murder (2003), la saga Public Enemy (2002) y aún continuando en activo con trabajos como 1987: When the day comes (2017). Sunim la interpreta Moon So-Ri, otra de las grandes actrices del país y que pudimos ver en filmes como La mujer del abogado (2003), The Handmaiden (2016) o Little Forest (2018). La pareja volvería a juntarse en el siguiente filme de Chang-Dong: Oasis (2002), realizando ambos unas interpretaciones extraordinarias.

Peppermint Candy (1999) es un film doloroso, lleva al espectador por lugares oscuros y duros pero está cargada de excelentes ideas visuales, una fuerza narrativa potente narrada a la inversa y una extraordinaria capacidad para resignificar sus imágenes. Sin duda, una de las joyas del cine coreano de finales de los años 90.