CRÍTICAS PELÍCULAS

viernes, 3 de enero de 2020

GALIEN, EL MONSTRUO DE LAS GALAXIAS ATACA LA TIERRA (1972)

Los años 70 no fueron una buena época para Godzilla. El impresionante descenso en las recaudaciones de sus últimos films hizo que la Toho se desesperara por encontrar la fórmula perfecta para que su monstruo insignia recuperara el éxito perdido. Ésta es una época en la que Godzilla se adentra sin complejos en el cine más infantil y es presentado como un superhéroe al servicio de las fuerzas del bien, siempre preparado para defender la Tierra de las más peligrosas invasiones.
Hedorah, la burbuja tóxica (1971) fue un desastre en Japón a nivel crítico y tampoco consiguió mobilizar a la audiencia japonesa, así que se volvió a llamar a Jun Fukuda (perpretador de Los monstruos del mar y El hijo de Godzilla) para tomar las riendas de la saga.
¿El problema? Jun Fukuda no es Ishiro Honda y su intento de recuperar los tiempos de gloria de Los monstruos invaden la tierra (1965) fracasa. La trama sobre invasiones extraterrestres vuelve a repetirse por enésima vez y el presupuesto esta vez escasea de verdad. Galien, el monstruo de las galaxias ataca la tierra (1972) fue un desastre artístico de principio a fin. Esta vez Godzilla une sus fuerzas con Anguirus para detener la destrucción que imparten los monstruosos Gigan y Ghidorah.

El cúmulo de despropósitos es incontable. Durante la primera mitad del film nos vemos obligados a acompañar a unos personajes unidimensionales sin ninguna gracia y que no dejan de realizar estupideces y monerías de vergüenza ajena. Los extraterrestres son de tercera fila, unos incompetentes que ni de coña nos hacen creer que son capaces de invadir la Tierra, y para colmo, resulta que son una especie de cucarachas gigantes camufladas en cuerpos humanos.
Estas "cucaraliens" construyen un parque de atracciones con Godzilla como imagen principal, lo llaman algo así como "Parque Godzilla para la paz de los niños del mundo" y son 4 piezas de LEGO (que hacen pasar por atracciones de tamaño gigantes), colocadas con la mayor cutrez posible. La torre Godzilla es la base de operaciones de los aliens de turno y desde allí llaman a los monstruos galácticos para destruir la Tierra.
Los elegidos son Ghidorah y la nueva incorporación a la saga, Galien, (o Gigan) un enemigo imposible, medianamente cibernético, cíclope, con unas garras enormes en lugar de manos y una sierra mecánica en su pecho. Un villano que quizás pegaría más en una serie como Ultraman. Uno de los aspectos más lamentables es que el film es un continuo abuso de stock shots de anteriores films de la saga. Ishiro Honda ya había echado mano de estos clips cuando el presupuesto escaseaba, pero la inclusión en sus películas estaban hechos con disimulo e ingenio. Galien no es el caso.
Escenas de Ghidorah, el dragón de tres cabezas (1964), Invasión extraterrestre (1968), Hedorah la burbuja tóxica (1971) e incluso un momento de La batalla de los simios gigantes (1966) en donde nos intentan colar la espalda de un simio por Galien. Toda una chapuza donde se mezcla el día y la noche de un plano a otro, y donde Godzilla va cambiando de aspecto toma sí y toma también (por eso de que cambiaban el diseño del disfraz a cada film). Las pocas escenas de destrucción "originales" son competentes pero insuficientes (aunque usar un muñeco de Playmobil dentro de un edificio para hacernos pensar que es una persona...). Ghidorah es un mamotreto que apenas se mueve y el disfraz de Godzilla está en un estado lamentable, cayéndose a pedazos (literalmente).

Por un lado, los insulsos personajes principales

Por el otro, los aliens de tercera. Un niño trasnochado y un maduro con bigotazo.

Menos mal que querían usar la Torre Godzilla para preservar la paz de los niños del mundo
Aqui intentan colarnos a unos muñecotes por personas

Y los monstruos hablan al más puro estilo "manga"

Galien es un monstruo al cual siempre le he tenido especial cariño
El film contiene más perlas imperdibles, como que los monstruos hablen entre sí. Para ello, usan bocadillos de cómic insertados en la imagen exponiendo lo que se están diciendo Godzilla y Anguirus mientras son acompañados por ruidos y rugidos descacharrantes.
- Godzilla: ¡Vamos, Anguirus! ¡Ya están atacando!
- Anguirus: Voooy...
La batalla a 4 monstruos se hace larguísima e interminable, con Anguirus siendo el saco de boxeo de todo monstruo que pase por ahí, ya que el pobre se lleva todas las hostias. Es sorprendente además que, a pesar de que es un film de clara vocación infantil, Jun Fukuda no tenga problema en mostrar una sádica escena en donde la sierra mecánica de Galien rebana el hombro de Godzilla.
Por lo menos, en la banda sonora tenemos al siempre agradecido Akira Ifukube y su épica música, más que nunca, parece ir a recovecos más serios que a los que se dirige el film. Por lo visto el compositor únicamente cedió el uso de sus célebres temas los cuales los dirigentes del presente film colocaron sin ton ni son, sin orden ni concierto.
Galien, el monstruo de las galaxias ataca la Tierra (1972) es uno de los films más desastrosos y desvergonzados de la saga Godzilla, que aún y así, se puede seguir como divertimento friki para una tarde de fin de semana acompañado de tus colegas y unas cervezas.
Fotaza. Un grupo de niños japoneses observando el rodaje de la batalla Kaiju

Fin de rodaje
El larguisimo titulo en español tiene también su historia. Poco antes del estreno de este film en España triunfaban en taquilla Alien y La guerra de las galaxias, por lo que se metió un par de guiños para atraer al público inconscientemente a los cines. De ahí que el monstruo se llame Galien (no Gigan como en el original) intentando crear una similitud con Alien, además de ese "monstruo de las galaxias" en alusión a "La guerra de las galaxias". El estreno del film en España, fue en 1980 y se convirtió en el último film del saurio en encontrar sitio en los cines españoles hasta 2016 con Shin Godzilla. Éste sería el último film donde Haruo Nakajima se pondría el disfraz de Godzilla. Tras Galien se retiró del mundo del cine.
Galien no mejoró los resultados en taquilla de Hedorah, yendo al cine únicamente 1,78 millones de japoneses.

HEDORAH, LA BURBUJA TÓXICA (1971)

Godzilla entra en los años 70 tímidamente pero con ganas de destrozarlo todo con Hedorah, la burbuja tóxica (1971). Tras unas últimas entregas de calidad más que dudosa y con un público que cada vez estaba dejando más de lado la saga, la Toho quiso solucionar la situación de una manera radical. Cambio total en el equipo técnico de la saga para así dar nuevas ideas, nuevos puntos de vista y además fichar como director a un tal Yoshimitsu Banno, sin ninguna experiencia en el kaiju eiga. Hedorah, la burbuja tóxica tiene el honor de ser la entrega más discutida y controvertida entre los fans: unos la aman, otros piensan que arruinó la saga... Motivos no le faltan como veremos a continuación. Lo que está claro es que Hedorah es un film espectacularmente bizarro y extraño, sorprendente y lisérgico. Una hija de su tiempo.

La historia presenta a Godzilla, quién debe luchar esta vez contra una criatura de lodo y polución llamada Hedorah, que representa la amenaza de la contaminación sobre el planeta.

Este filme supone varios detalles a tener en cuenta. Es un regreso a los orígenes, presentando una trama más sencilla de monstruo vs monstruo, alejándose de las congregaciones agobiantes de monstruos. Hedorah es la nueva incorporación a la saga, un monstruo de diseño fascinante con varios estados: de renacuajo marino, a masa informe terrestre hasta una forma voladora parecida a un ovni contaminante. Un kaiju que bebe de corrientes más terroríficas y con el film The blob (1958) como mayor influencia. Es de agradecer que se le dé la importancia que merece a este nuevo monstruo, y se sienta como una verdadera amenaza global, algo que la saga no me había hecho sentir desde la aparición de Ghidorah, en 1964.

Godzilla ya más poderoso que Superman

El niño protagonista tiene la colección de muñecos Kaiju al completo

Hedorah es un peligro para la salud del planeta
En este film, Godzilla es presentado directamente como un superhéroe "más poderoso que Superman" (como dice el niño protagonista), lo que supone un tono ya directamente emparentado con la saga Gamera. Por otra parte, éste es un film de radicales contrastes. Tiene elementos totalmente infantiles, hay un niño protagonista que tiene una especie de conexión con Godzilla (otro elemento que emparenta este film todavía más con la saga Gamera), que ayuda a investigar a su padre científico como destruir a Hedorah... Pero por el contrario, la película contiene las mayores masacres en masa que se haya visto en un kaiju, y con numerosas escenas propias del cine más terrorífico de la época, con la masa de Hedorah causando estragos en una discoteca, matando a 4 japoneses que estaban tan tranquilos jugando al bridge o dejando atrapado a un gato entre los restos. El momento en que Hedorah, en versión voladora, se va paseando por Tokyo soltando gases contaminantes y dejando un reguero de cadáveres por las calles es el momento álgido del film.

Hedorah es, ante todo, un film de denuncia ecológica, un tema muy candente en la época. Al fin y al cabo no han hecho más que sustituir la bomba atómica por la contaminación de las fábricas, y en ese sentido la película va muy directa. James Bond ya había servido de influencia en la saga anteriormente y aquí vuelve a serlo en este peculiar inicio del film, con una canción que perfectamente podría servir para la saga del agente secreto, siendo cantada por una japonesa a la vez que vemos imágenes de basura, muñecos y demás porquería flotando por la bahía de Tokyo.
El film contiene las mayores masacres del Kaiju
Y además escenas lisérgicas

En esta película pilla hasta el gato...
Lecciones de primaria con estos clips anime advirtiendo de los peligros de Hedorah y de la contaminación

La batallita final se hace interminable. Godzilla acaba tuerto y todo.
¡¡¡Godzilla vuela!!!
Además contiene pequeñas secuencias de animación donde se van explicando las fases de Hedorah y los peligros que ésta ocasionará, relatados por la instructiva voz del niño protagonista. Hedorah es un monstruo que se alimenta de la contaminación y crea aún más agentes tóxicos, por lo que presentar al final a Godzilla destripando a mansalva a Hedorah al son de una canción... Un mensaje más explícito y potente que cualquier campaña de Greenpeace, oye.

Vamos a ver : infantilismo mezclado con salvajadas propias del cine de terror, denuncia ecológica... ¿Algo más? Por supuesto. En la época estaba muy en boga el consumo de LSD entre otras drogas alucinógenas, así que el film representa a la juventud de la época con escenas lisérgicas propias de un chute, como uno de los personajes teniendo alucinaciones en una discoteca y viendo a la gente con extrañas máscaras de peces. Además presenta en el tercio final a un grupo de jóvenes hippies haciendo una sentada nocturna en pleno Monte Fuji, queriéndose enfrentar a Hedorah con antorchas y su buen rollo en forma de canciones. Como podéis ver, el filme es un batiburrillo de demasiadas cosas que, por extraño que parezca, funciona por su locura y surrealismo.

La película funciona bastante bien en sus primeros 45 o 50 minutos, pero tiene la mala fortuna de presentar una batalla final de media hora que se hace interminable, por lo que resulta siendo muy descompensado todo el conjunto. Respecto a los efectos especiales, ya no resultan ninguna maravilla, pero presentan algunos momentos muy conseguidos, como todos los ataques de Hedorah en forma de masa devoradora. Además se presentan algunas imágenes de inusitada fuerza : Hedorah encaramada a las chimeneas de una fabrica y alimentándose del humo en plena noche, atacando al coche de la pareja de jóvenes o ése momento resultón del niño viendo a Godzilla en pleno viaje de una montaña rusa.

La banda sonora resulta estridente e incomprensible viniendo de las magníficas partituras de Akira Ifukube pero tales fanfarrias a mi personalmente me resultan divertidas y acordes al tono de la película.

Por desgracia, Yoshimitsu Banno nos dejó en 2017
Nos hemos dejado lo mejor para el final, porque... ¡¡¡Godzilla vuela!!! ¿Os lo podéis creer?. El saurio se enrosca sobre sí mismo y mediante su aliento radiactivo se propulsa a través de las nubes para atrapar a Hedorah. Una habilidad que hasta el momento no había mostrado ni mostrará nunca más... Es una escena hilarante que ninguno se esperaba a esas alturas.

El film recibió pésimas críticas y la tildaron de haber arruinado la saga. 1,74 millones de espectadores la vieron, significando una mejora respecto a la anterior, aunque insuficiente. Hedorah, la burbuja tóxica (1971) es una película alocada e impredecible. Se agradece un cambio de tono tan radical, con Banno introduciendo elementos poco vistos en la saga, jugando con el montaje y la experimentación visual. Tampoco era mala idea presentar a Godzilla como el mayor activista de Greenpeace. Es un film esquizofrénico y descompensado debido a su aburrida batalla final, pero es reivindicable y para nada el desastre que todos parecieron ver, al contrario, una de las entregas más interesantes de la serie clásica del saurio radiactivo.

Y ahora varias curiosidades: Yoshimitsu Banno no volvió a dirigir más ningún film de la saga, pero estuvo batallando estos últimos años para poder realizar una versión de Godzilla para IMAX, aunque el proyecto nunca llegó a buen termino. También quería hacer una especie de secuela directa de Hedorah, pero tampoco salió adelante. ¿Y os habéis dado cuenta que al inicio del film aparece el niño protagonista jugando con muñecos de Godzilla?; a principios de los 70, el merchandising de Godzilla daba más dinero que las películas, por lo que esta escena es una nada disimulada estrategia promocional.

Y para finalizar una anécdota brutal. Ya es sabido que meterse en los trajes de los monstruos es un trabajo de alto riesgo para sus actores (ya conocemos todos los accidentes casi mortales de Haruo Nakajima) pero esto se lleva la palma. Kenpachiro Satsuma, quien estaba dentro del traje de Hedorah, tuvo un ataque de apendicitis pero los doctores, con la dificultad de quitarle el traje del monstruo, decidieron hacerle la operación con el traje puesto haciendo un agujero en la parte del cuello. Lo peor es que en el transcurso de la operación Satsuma descubrió que la anestesia no hacía ningún efecto en él. Vamos, de pesadilla. A todo esto, Tomoyuki Tanaka, el infatigable productor de la serie, pasó toda la producción de Hedorah ingresado en el hospital por lo que no pudo ver todas las locuras que estaba rodando Yoshimitsu Banno. Cuando Tanaka por fin vio La burbuja tóxica, juró que Banno jamás volvería a rodar ninguna entrega más de Godzilla. 

Curioso, cuanto menos, que años después una posible secuela de Hedorah aún rondara por la cabeza de Banno, adquiriendo además parte de los derechos de Godzilla para realizar una entrega del saurio para IMAX en plenos años 2000. Dicha entrega en 3D (ambientada en Las Vegas, además) quedó en nada pero al disponer Banno parte de los derechos del saurio, éste tuvo que aparecer como "Productor Ejecutivo" en el Godzilla de Gareth Edwards. Yoshimitsu Banno falleció en 2017.

Tras el fracaso con Hedorah, la burbuja tóxica (1971), se volvería a llamar a Jun Fukuda para volver a transitar terrenos más conocidos para el público, aunque eso derivó en dos de los peores films de la saga Godzilla.

jueves, 2 de enero de 2020

LA ISLA DE LOS MONSTRUOS (1969)



Cuando parecía que Invasión extraterrestre (1968) iba a cerrar la saga de una forma digna, volvió poco después la Toho para reclamar de nuevo los servicios del pobre Godzilla y así emprender La isla de los monstruos. Con el género Kaiju en plena decadencia, existían varias excepciones. En la televisión, Eiji Tsuburaya había sabido trasladar el kaiju al medio televisivo a la perfección con Ultraman, y desde su presentación en 1966 gozaba de un éxito apabullante, mientras que en el cine, Gamera, parecía resistir con una propuesta como Viras ataca la Tierra (1968), un filme de ínfimo presupuesto (e ínfima calidad), protagonizada por niños y que había supuesto una muy grata respuesta en la taquilla. Así que éste era el camino, convertir a Godzilla en un producto por y para niños. Se volvió a reunir a Ishiro Honda y éste tenía entre manos una historia muy personal, la cuál estaba deseoso por rodar. Una historia bastante interesante: presentar a Godzilla y compañía como el producto de la imaginación de un niño solitario víctima de bullyng. Algo así como La historia interminable (1984) pero en formato kaiju. Una premisa la mar de sugerente que muy pronto se vio truncada por graves hechos.

Primero, el presupuesto otorgado por la Toho para esta producción fue bajísimo, y para colmo de males, el alma de Godzilla, Eiji Tsuburaya, murió poco después del estreno del presente filme dejando tras él una forma única y mágica de crear cine. La muerte de Tsuburaya fue la gota que colmó el vaso para Ishiro Honda, ya que Tsuburaya, quizás, era uno de los pocos motivos que le quedaba al director para seguir regresando a la eterna saga Godzilla. Si bien, el mismo Eiji Tsuburaya no participó en La isla de los monstruos ocupándose Teruyoshi Nakano y el mismo Ishiro Honda de la elaboración de los efectos especiales de la película. Aún con su amistad, la relación entre Tsuburaya y Honda se estaba distanciando debido a la ingente cantidad de trabajo que la Tsuburaya Productions estaba recibiendo, Ultra Series mediante.
Nuestro protagonsita es acosado por sus compañeros de clase

Mantiene largas y "profundas" conversaciones con Minya

Su padre también le tiene puteado

La isla de los monstruos (1969) aún siendo un producto finalmente fallido es un trabajo a tener en cuenta y a reivindicar por su singularidad dentro del Kaiju Eiga. De hecho, Honda consideraba éste uno de sus trabajos preferidos. Presentar a Godzilla y al resto de monstruos gigantes como seres que no existen en la realidad me parece atractiva a la par de única en la saga respondiendo los monstruos a las ensoñaciones o imaginaciones del niño protagonista, seguramente un fanático de las cintas de monstruos. Siguiendo este concepto, el abundante uso de stock footage (principalmente sacado de Los monstruos del mar y El hijo de Godzilla) parece hasta justificado ya que bien pueden ser imágenes pertenecientes a las películas que Ichiro, el personaje infantil, ha visto. Un niño, loco por las películas de Godzilla y cuyos monstruos son su única compañía y válvula de escape frente a un mundo solitario de padres ausentes. La lástima es que, como he apuntado, el trabajo termina siendo fallido por culpa de un desarrollo que va a trompicones y con ciertas decisiones de mucha torpeza, a pesar de un inicio interesante. 

El protagonista absoluto de la función es un niño muy seventies, con pantaloncito corto y eterna gorra cosida a la cabeza, que a pesar de ser el marginado del barrio y ser asaltado cada dos por tres por sus compañeros de clase (una panda de delincuentes juveniles), realiza una interpretación repelente y antipática (ya en los créditos iniciales el mismo actor nos tortura los tímpanos con un tema musical cantado a berridos... ¡¡¡Gojiraaaaaa...Gojiraaaaa!!!). En casa, el niño se imagina que viaja a Monster Island, donde (¡y atención!) hace amistad con Minya, el hijo de Godzilla, quien disminuye su tamaño a la altura del niño para entablar profundas conversaciones con él. Resulta que Minya está igual de puteado que Ichiro por culpa de un kaiju grotesco y verdoso llamado Gabarah (el mismo nombre que el bully del niño), y para colmo, su padre (Godzilla), es demasiado exigente con él y no deja de obligarle a entablar batallas monstruosas para hacerse un "hombrecito". Niño y monstruo aprenderán así de sus experiencias para superar las dificultades de la vida. 

Gabarah es el lamentable villano del film
Pocas escenas nuevas con monstruos hay en el filme exceptuando la escena regrabada de Godzilla enseñando a su hijo a lanzar su aliento atómico o la batallita final de Godzilla vs Gabarah.

En paralelo a las ensoñaciones del niño, éste es secuestrado en su vida real por un trío de ladronzuelos de poca monta y escondidos en una especie de fábrica abandonada, protagonistas del lamentable tramo final del filme. Una mezcla entre un film de Parchís y Solo en Casa, con el niñato venciendo a los ladrones de unas maneras vergonzosas. La guinda del pastel viene al final, cuando el niño sigue las lecciones vitales de Minya y resuelve sus problemas de bullyng a hostia limpia y humillando a un pobre trabajador de la calle. Sí, la moraleja de que debes usar la violencia y ser un mequetrefe para resolver tus problemas te deja con un regustillo confuso.
 
Como he dicho, es un trabajo finalmente fallido a pesar de sus intenciones iniciales por culpa de un presupuesto casi inexistente o un infantilismo algo estomagante. Aún así podemos sacar puntos interesantes como momentos en donde la cámara de Honda baja al mundo de los niños, filmándolos como uno más y sin la condescendencia de los adultos. O los sugerentes ambientes en donde se mueve el niño protagonista. El mundo por donde éste se mueve y vive sus días, las calles del extrarradio; sucias, llenas de fábricas, con unos padres eternamente ausentes... un escenario atractivo e interesante y que mostraba una problemática del Japón de finales de los 60 con padres de familia teniendo largas jornadas laborales y dejando a sus hijos solos y sin referentes. Solamente a los monstruos heroicos de la televisión y el cine como compañía. Del filme me quedo con esa secuencia de Ichiro volviendo del colegio, sin nadie en casa, abriendo la nevera y viendo por enésima vez la nota de su madre diciendo que llegará tarde. Comiendo en solitario mientras ve la televisión y finalmente abatido en el suelo, muerto de aburrimiento y dejándose llevar por sus imaginaciones Godzillianas. Esta secuencia es un pequeño momento de oro de lo que podría haberse convertido el film. Lástima del conjunto. Convertir a Godzilla en La historia interminable no hubiera estado nada mal.
Godzilla le hace a Gabarah una llave de karate que ni Bruce Lee

La isla de los monstruos (1969) fue un absoluto desastre en taquilla y en Japón sólo fueron a verla 1,5 millones de espectadores. Ishiro Honda no volvería a dirigir ningún film del saurio hasta 1975, la travesía por el desierto de Godzilla había comenzado...

INVASIÓN EXTRATERRESTRE (1968)


Debido a la tendencia decreciente de espectadores de los últimos films de Godzilla, se pensó en dar carpetazo final a la saga con un mínimo de dignidad. Lo cierto es que el espectro de público interesado en el saurio radiactivo estaba cambiando drásticamente: del público adulto de los inicios a un público juvenil, de ahí a uno adolescente hasta llegar al público infantil, el cual estaba destinado a ser el único sector que seguiría apoyando al saurio radiactivo.
Para crear esta gran traca final era necesaria una jugada que movilizara a los espectadores. Se decidió reunir a los 4 pilares básicos de la saga de nuevo (y por última vez) : Ishiro Honda, regresando a la dirección de su criatura, Eiji Tsuburaya, a los efectos especiales, Akira Ifukube a la banda sonora y Tomoyuki Tanaka, en producción.

Tras dos films de ambientación selvática, era evidente que la audiencia reclamaba volver a los terrenos de la destrucción masiva urbana, así que se recuperaron las tramas de invasiones extraterrestres controlando a esta vez no 1, ni 2, ni 3... sino a ¡¡¡11 monstruos!!!; y ahora la amenaza es global porque se incrementaría el presupuesto para que se pudieran construir maquetas de las principales ciudades del mundo, y así las simpáticas bestias gigantes pudieran destruirlas. De estas premisas nació el clásico Invasión extraterrestre (1968), aunque como pudimos ver, ni mucho menos éste fue el final de la saga.

En 1999, la UNSC (United Nations Scientific Council) ha reunido a todos los grandes monstruos en una zona de la isla de Ogasawara denominada Monsterland, con el objetivo de estudiarlos a fondo, controlándolos mediante un complejo campo electromagnético. Sin embargo los Kilaaks, una raza extraterrestre, pretende esclavizar la Tierra y boicotea los sistemas de comunicación de la isla y controla mentalmente a los monstruos, que se lanzan a una frenética carrera de destrucción por todo el mundo.

Godzilla vuelve a pasearse por Tokyo

Invasión extraterrestre (1968) es un film que ofrece muchos elementos atractivos para el fan. La idea de presentar una Monster Island donde están recluidas y aisladas todas las bestias es muy sugerente, y se explotaría en futuras producciones. La posibilidad de poder ver a los monstruos destruyendo las principales ciudades del mundo (Godzilla ataca New York, Rodan a Moscú, Gorosaurus a París...) es fantástica, y debido a esto, el film vuelve a ser una orgía de destrucción como en los viejos tiempos, teniendo como clímax la obligada secuencia de destrucción de Tokyo realizada por 4 monstruos a la vez (Godzilla, Rodan, Manda y Mothra). Se intenta dar un elemento humano vistoso y entretenido en la linea de Los monstruos invaden la Tierra (1965), pero quedándose a medio camino a nivel de interés. El diseño de las extraterrestres Kilaaks es deliciosamente naif.

Todo esto hace que los primeros 40 minutos del film sean muy entretenidos pero... una vez Tokyo es destruida, la historia se centra en la odisea de los héroes humanos intentando vencer a los Kilaaks, paseándose con su cohete por unos alargados minutos que hacen decrecer el interés. De hecho, el propósito de Honda era aumentar aún más los minutos de los monstruos en el film, pero el presupuesto, a pesar de ser superior a anteriores entregas, apretaba e hizo añadir más escenas con los humanos.

La magnífica batalla final
La historia tampoco es muy original a estas alturas. Se repite la misma de la clásica Los monstruos invaden la tierra, sólo que con el triple de monstruos. Los efectos especiales son ya bastante decadentes y los monstruos lucen muy de cómic, pero consiguen buenos momentos especialmente en los momentos de destrucción. A pesar del bajón de ritmo en su parte central, el film se recupera con una escena final que es sin duda maravillosa y clásica, como es la reunión de todo el bestiario de la saga juntos y revueltos en las faldas del Monte Fuji, metiéndole una soberana paliza al dragón de tres cabezas, Ghidorah (10 contra uno, pues claro...); una batalla irresistible.

Además, Akira Ifukube vuelve a salirse con una sintonía musical que se ha convertido en mítica con el paso de los años y hace erizar el bello corporal de nuevo.

Aún con su cierto aire repetitivo, Invasión extraterrestre (1968) es un disfrute irresistible y divertidisímo. repetitiva. Un festival de monstruos inigualable, hecho con amor y cariño por parte de sus responsables y que goza de un gran ritmo general. Un homenaje con corazón a unas criaturas gigantes que llevaban pisoteando los cines de todo el mundo durante 15 años.

Los 4 cracks: Ifukube, Honda, Tsuburaya, Tanaka y sus criaturas
Y ahora algunas curiosidades. Algunos de los trajes de los monstruos más "oscuros" o poco conocidos como Varan o Baragon, estaban muy deteriorados por lo que sus apariciones son bastante cortas y de fondo. La cabeza de Manda, la serpiente gigante, se parecía demasiado a Ghidorah, por lo que se remodeló. En EEUU, el film se tituló con el mítico título de Destroy all monsters y gozó de una fuerte proyección internacional por lo que se convirtió para el resto del mundo en una de las entregas más recordadas de la saga. No pasó lo mismo en Japón, pues solo 2,5 millones de espectadores acudieron a ver el film.
Invasión extraterrestre (1968) marcó el fin de una era para el kaiju, pues a partir de aquí todo fue cuesta abajo.

EL HIJO DE GODZILLA (1967)

Para 1967, el Kaiju Eiga estaba experimentando una rápida decadencia debido a la multitud de films similares, y que en muchas ocasiones resultaban baratos o sin gracia, lo que hizo que rápidamente se perdiera el respeto por el género.
Con Gamera convertida en amiga de los niños y teniendo éxito gracias a ello, Godzilla parecía condenado a renovarse o morir. A alguien se le ocurrió que sería buena idea que el saurio radiactivo tuviera un hijo y lo viéramos mostrando su lado paterno para horror del fan más purista. El hijo de Godzilla (1967) es un film donde se repite prácticamente el mismo equipo técnico de la anterior pero con peor fortuna.
En una isla tropical, unos científicos dirigen experimentos meteorológicos y se encuentran con enormes mantis y una gigantesca araña que está atacando al hijo de Godzilla. El gran monstruo volverá para defender a su hijo...
Jun Fukuda vuelve a sacar partido de la ambientación en una isla paradisiaca, esta vez asediada por insectos gigantes mutados por la radiación. Es de destacar que las dos nuevas incorporaciones al bestiario de la saga, Gimantises (o Kamacuras) y Spiega, no sean hombres disfrazados sino elaboradas marionetas movidas por hilos. El resultado final es espectacular y superior a producciones americanas de la época.
Algunos pensarán, ¿Godzilla tiene un hijo?, ¿entonces resulta que Godzilla es una hembra?, ¿hermafrodita?, ¿de dónde leches ha salido este huevo?; Ninguna de estas preguntas tienen respuesta en este film.
Aparece un huevo de la nada y de éste nace una criatura grotesca que dicen que es el hijo de Godzilla, pero ninguna explicación sobre su origen o procedencia.
Las Gimantises a punto de darse la gran merendola

Uno de los momentos más bochornosos. La indígena de buen ver dandole cocos al "hijo" de Godzilla

Godzilla resulta ser un padre severo. No le pasa ni una a su hijo
Godzilla aparece con un nuevo aspecto mucho más humanizado y es gracioso a la par que algo ridículo verlo ejercer de padre severo con su inadaptado hijo Minya, el cuál no deja de cometer torpezas, como pisarle la cola a su padre o no lograr ni por asomo lanzar su aliento radiactivo a toda potencia. La primera aparición de éste es sencillamente horripilante, con un muñecote de aspecto penoso y cercano a un feto movido por hilos.
El resto del metraje, y bajo el disfraz del pequeño monstruo, se ocultaba el actor Little Man Machan, quien se convirtió en campeón de wrestling en Japón. El film sigue el tono de aventuras de Los monstruos del mar (1966), aunque a raíz de la excelente aparición de la araña gigante Spiega, el ritmo va decreciendo hasta llegar a una batalla alargada en exceso.
Aunque ése final, con toda la isla nevada y padre e hijo fundiéndose en un abrazo antes de quedarse congelados, es de una calidad visual fantástica y que queréis que os diga, hasta hace que salga alguna que otra lagrimilla.

Pese a todo, El hijo de Godzilla (1967), no es tan ofensiva como puede parecer, porque aún resultando ser un film de marcado tono infantil, con situaciones sonrojantes protagonizadas por el vástago del saurio, es un agradable film de aventuras que no pierde cierto encanto. El público no pareció encontrarle la gracia a esta nueva entrega de la saga, 2,5 millones de espectadores le dieron una oportunidad. Las recaudaciones de los films de Godzilla iban bajando cada vez más...

LOS MONSTRUOS DEL MAR (1966)

Tras Los monstruos invaden la tierra (1965), se decidió dar un cambio de timón dentro del equipo creativo de la saga, algo arriesgado, ya que suponía sustituir al gran Ishiro Honda (cansado del rumbo que estaba tomando su criatura), por otro director con otras perspectivas.
El elegido fue finalmente Jun Fukuda, un director que había abordado el género fantástico con una propuesta interesante sobre la teletransportación y los asesinos en serie como The secret of the Telegian (1960). Fukuda era un director que además se manejaba bien frente a bajos presupuestos, no daba problemas y entregaba los trabajos dentro de los márgenes directivos de la Toho, algo adecuado para estos momentos de la saga.
Jun Fukuda es un director bastante odiado entre los fans de Godzilla, ya que fue director de algunas de las peores y más infantiles entregas de la saga ofreciendo films muy pobres, terribles y totalmente "Ed Woodianos".
Antes de eso ofreció Los monstruos del mar (1966), una entretenidísima entrega del saurio radiactivo llena de vitalidad, optimismo y ritmo.
En el film, una misteriosa isla ha sido colonizada por una extraña organización terrorista de tintes comunistas llamada Red Bamboo, que ha esclavizado a la población indígena y que se dedica a la fabricación de bombas atómicas. En esta isla vive la langosta gigante Ebirah, que se encarga de devorar a todos aquellos que intentan escapar del lugar, hasta que un rayo despierta a Godzilla, dormido casualmente en el interior de una gruta de la isla.
Godzilla busca una langosta para la paella del domingo
¿El profesor Serizawa? ¡No! El villano de turno
Mothra se apunta a la fiesta realizando un cameo final
Un film que sorprende ya de primeras, ambientándola en un escenario totalmente nuevo alejado de las grandes urbes y metrópolis asoladas por la destrucción. El film tiene lugar en una isla paradisiaca perdida en medio del Pacífico, llena de criaturas monstruosas, lo que conecta aún más con clásicos como King Kong (1933) o La isla misteriosa (1961) además, esta ambientación fue perfecta para abaratar costes y ahorrarse las enormes maquetas de Tokyo que debían ser destrozadas.
Los monstruos del mar fue originalmente un proyecto para una nueva entrega del King Kong japonés (el primer guión tenía por título Kingu Kongu tai Ebirah), pero el simio fue descartado para incorporar en el último momento a Godzilla. De ahí varios detalles curiosos y simiescos de los que somos testigos en el film: Godzilla es devuelto a la vida por la electricidad (algo que conecta con King Kong contra Godzilla cuando el simio recoge energía de las tormentas), o cuando el saurio se queda embelesado con la nativa buenorra.
Haruo Nakajima antes de ahogarse
La película entra de lleno en los terrenos del cine de aventuras más juvenil, con un trío de adolescentes tardíos (presentados en el film en una psicotrónica competición de swing y rock and roll). Este tono más ligero lleno de playas paradisiacas, indígenas, ladrones con honor, villanos de medio pelo... acaba beneficiando a la película hacia un tono muy agradable de ver. Siguen las influencias americanas, esta vez de James Bond (que ya triunfaba en la época), con una organización llamada Red Bamboo (con reminiscencias del comunismo) y que es una Spectre de segunda.
Los efectos especiales, sin ser brillantes, consiguen buenos momentos en general, como esas apariciones de la pinza gigante de Ebirah entre los mares tormentosos y atrapando marineros. Los monstruos que aparecen en esta ocasión siguen un patrón más realista y lógico que anteriores criaturas; aquí aparece Ebirah, la langosta gigante, o un pajarraco desbocado; además vuelve Mothra en una escena final algo pobre, técnicamente hablando.
En el apartado actoral volvemos a ver caras conocidas como Akira Takarada (4ª aparición en la saga), interpretando al anti héroe de la historia, o Akihiko Hirata (también 4ª aparición en la saga), como gran villano, interpretando a una versión oscura y de serie B del profesor Serizawa del primer Godzilla (¡con parche incluido!).
No faltan los indígenas de saldo (actores japoneses pintados de marrón), donde destaca la atractiva Kumi Mizuno. Como desgraciada curiosidad, el héroe dentro del traje de Godzilla (y de infinidad de criaturas), Haruo Nakajima, a punto estuvo de morir ahogado en las escenas acuáticas del film, ya que el tubo que le administraba oxígeno se separó del traje y no tenía manera de avisar al equipo de la película. Afortunadamente, todo quedó en un susto.
Los monstruos del mar (1966) es una muestra agradable y muy entretenida de la saga, que sorprende por su cambio de tono y lugar de acción y que obtuvo una decente respuesta del público, con 4,2 millones de espectadores. El film no se estrenó en cines de Estados Unidos y fue directa a televisión.