CRÍTICAS PELÍCULAS

sábado, 4 de enero de 2020

GODZILLA CONTRA BIOLLANTE (1989)

El regreso de Godzilla a las pantallas cinematográficas en 1984 tras 9 años de descanso resultó ser un buen éxito en la taquilla japonesa, que hizo que la bestia volviera a su merecido trono. Si bien para la siguiente entrega habríamos de esperar 5 años.
Para la nueva propuesta de la saga, Toho pensó una estrategia novedosa para involucrar a los fans. Se animó a que éstos enviaran sus propios guiones para escoger uno que fuera la base argumental de la nueva entrega. Para el concurso, se presentaron nada más y nada menos que 5000 guiones diferentes, algunos incluso se utilizaron para otros films que no tenían nada que ver con la saga del saurio. En uno de ellos, se planteaba el enfrentamiento de Godzilla contra un superordenador. Esta historia se convirtió en el film japonés Gunhed (1989).
Un guión en donde se relataba una historia delicada y poética sobre un científico el cual pierde a su hija y ésta se reencarna en una especie de flor monstruosa llamó la atención a Toho. El guión fue escrito curiosamente por un dentista japonés llamado Shinichiro Kobayashi. Esta historia se convirtió en Godzilla contra Biollante (1989).
Godzilla contra Biollante fué quizás el film que acabó por modernizar al personaje a las nuevas generaciones con una propuesta que incorporaba muchas influencias del cine ochentero y norteamericano de la época. Todo se lo debemos al recién llegado a la saga, Kazuki Omori, el cual junto a esta entrega y la siguiente, Godzilla contra King Guidorah (1991), logró renovar totalmente la franquicia. El film incorpora conceptos como el de la manipulación genética o el espionaje industrial, además Biollante no tiene nada que ver con ningún enemigo al que se haya enfrentado Godzilla con anterioridad. Un monstruo orgánico y tentacular que vendría a ser una mezcla entre La Cosa (1982) y la planta de La pequeña tienda de los horrores (1986), inicialmente apareciendo como una rosa desproporcionada y luego evolucionando a una enormidad monstruosa con cabeza de cocodrilo. Lo más interesante de esta bestia es (aparte de su poquísima presencia en pantalla), su origen genético/espiritual, ya que el científico derrumbado por la muerte de su hija mezcla el ADN de ésta con una rosa y con células de Godzilla, naciendo la criatura vegetal.
Godzilla es el protagonista absoluto del film (de nuevo) así como las estrategias militares para derrotarlo. Otro elemento interesante es la absoluta continuidad respecto a la anterior entrega, ya que el film empieza al día siguiente del final de Godzilla (1984), con la reconstrucción de Tokyo. Además se respeta que Godzilla aún continúe atrapado en el volcán.
Esta continuidad entre las entregas será una particularidad de esta Serie Heisei (1984-1995), hasta el punto que casi parecerá una serie de televisión.

Los poderes telepáticos tienen un papel importante en este film
Otro que se estrena en la saga es el encargado de los efectos especiales Koichi Kawakita, el cual con esta entrega se erige como el auténtico sucesor de Eiji Tsuburaya. El trabajo que Kawakita realiza en este film, y que realizará hasta el año 1995, es para quitarse el sombrero, con un nivel técnico en las escenas de destrucción impresionante (con planos desde el suelo o aéreos). Además el diseño de Godzilla se remodeló a un aspecto musculoso, totalmente animal y asalvajado, que se ha convertido en el diseño más famoso y recordado de la bestia japonesa, añadiendo animatronics para las escenas donde sólo aparece la cabeza de la bestia de un nivel perfecto.
Godzilla contra Biollante (1989) es la entrega técnicamente más lograda hasta el momento. Las dos batallas del film están rodadas magníficamente, atrás han quedado las luchas de sumo ridículas de los años 70, aquí los monstruos luchan como animales de verdad.
Otro punto interesante es la inclusión de la telepatía con la aparición de un personaje femenino llamado Miki Sagusa, la cual tiene poderes telequinéticos y es capaz de saber donde está Godzilla. El personaje, carismático, aparecerá como secundario en el resto de entregas hasta 1995. Sin duda, fantástica la escena en donde todos los niños telequinéticos enseñan lo que han soñado en forma de dibujo y todos ellos son Godzilla.


Por otro lado hay ciertos aspectos del film que rechinan. No contentos con tener un Súper-X en Godzilla (1984), en ésta tenemos al Súper-X 2, más y mejor que el anterior aunque técnicamente deje mucho que desear. Además, el film cuenta con demasiadas subtramas: espionaje industrial, puñaladas entre gobiernos de diferentes países, persecuciones, tramas científicas, telepatía, los monstruos gigantes... El conjunto se hace largo y por momentos bastante poco interesante, hasta que aparece Godzilla. Tampoco era necesario que la banda sonora fuera tan molestamente parecida a John Williams, ya que por momentos parece que estés viendo un film de un Spielberg japonés, aunque se quisiera acercar al cine ochentero del momento, el resultado rechina. Y sencillamente horripilante el momento final, en donde aparece la cara de la hija muerta del científico flotando en los cielos. 

Godzilla contra Biollante (1989) es un film que merece más atención de la que obtuvo, una cinta que moderniza totalmente la saga con planteamientos novedosos, aunque con las ansias de querer abarcar mil conceptos diferentes se vuelva algo irregular y caótica en su primera mitad (pero imbatible en sus momentos monstruosos).
La taquilla del film en Japón fue bastante floja, con únicamente 2 millones de espectadores, por lo que la Toho decidió recuperar a los monstruos más famosos de la saga (King Guidorah y Mothra) y dejarse de modernidades.
Por cierto, Godzilla contra Biollante se estrenó en video y LaserDisc en EEUU en 1992 y fue el primer film de la saga en llegar intacto (sin remontajes ni doblajes extraños).

GODZILLA (1984)

El fracaso de Godzilla contra Mechagodzilla (1975) en los cines japoneses provocó un parón en seco de la producción de nuevas entregas de la saga y así fue hasta 1984. Durante esos 9 años, la figura de Godzilla se erigió como un incontestable icono pop a nivel mundial, y si en Japón ya no se hacían más entregas de la serie, si se estrenaban en el resto del mundo, aunque si bien los horrorosos remontajes y doblajes hicieron que la imagen de estas películas fuera totalmente freak y distorsionada. Se negociaron numerosos proyectos en Japón para continuar la saga pero ninguno de ellos llegó a buen puerto. Mientras tanto, en el resto de países asiáticos, subproductos de serie Z con monstruo gigante inundaban las pantallas mostrando una cara totalmente decadente del género, ya pasto de las sesiones más grindhouse de lugares recónditos del mundo.

En EEUU, Hanna Barbera se atrevió con una serie de animación titulada simplemente Godzilla (1978) y aunque gozó de cierto éxito, su calidad y trato del personaje era bastante vergonzoso. Aprovechando el renacer de las monster movies de los 70 como el nuevo King Kong (1976), Tiburón (1975) o Piraña (1978), se empezó a fraguar, a principios de los 80, una versión americana del saurio radiactivo. El encargado de dirigirla iba a ser Steve Miner (Viernes 13, 2ª y 3ª parte) y siguiendo la moda de esos años iba a ser rodada en 3D, pero finalmente el proyecto no llegó a producirse.

Godzilla vuelve a Tokyo 30 años después
Si tenemos que darle las gracias a alguien por el renacer de Godzilla en toda su gloria a mediados de los 80 es a Tomoyuki Tanaka, productor de la Toho y de toda la saga Godzilla, quien gracias a su cariño por la criatura y su incansable esfuerzo, hizo dar a luz el proyecto de una nueva entrega de Godzilla. Hubo incluso una asociación de fans llamada Godzilla Resurrection Comittee, que logró juntar 40.000 firmas para intentar conseguir que se diera luz verde a una nueva entrega del saurio. 

En 1983 se organizó en Japón un festival donde se proyectaron todas las entregas de la saga clásica, lo que ocasionó una nueva fiebre Godzilla entre los japoneses, hecho que allanó el terreno para la producción de Godzilla (1984). Algunas de las obligatorias directrices para esta nueva entrega era que Godzilla volviera a ser la criatura maligna y destructora de sus inicios, y que la única referencia de la saga fuera la inicial Japón bajo el terror del monstruo (1954), siendo una secuela directa de la misma 30 años después (y obviando el resto de entregas de la saga clásica). Tanako pidió a Ishiro Honda dirigir a este nuevo Godzilla pero el director declinó la oferta argumentando que "tenía que pasar el testigo a la nueva generación". Honda estaba viviendo desde 1979 una etapa dulce y feliz desde que retomó su amistad con Akira Kurosawa y empezaron a trabajar codo con codo en los últimos 5 filmes de Kurosawa, de Kagemusa a Madadayo.

Finalmente fue Koji Hashimoto el elegido. Director de amplia experiencia como ayudante de dirección en numerosos títulos de la saga clásica de Godzilla, así como también de grandes blockbusters de la destrucción como El hundimiento de Japón (1974) o Apocalipsis 1999 (1974).

En el filme, un submarino atómico soviético es destruido por un enemigo desconocido. Los rusos piensan que han sido los americanos y preparan la guerra contra Estados Unidos y los países de la OTAN. Entonces, un avión de reconocimiento japonés declara que el enemigo fue Godzilla. Las noticias de su regreso hasta ahora ocultadas son hechas públicas. 

Godzilla vuelve a ser la criatura malvada de sus orígenes

En Godzilla, los políticos las pasan canutas

La pareja de enamorados intentará sobrevivir de entre la destrucción

El mejor momento, tras explotar un misil nuclear, el cielo de Tokyo se tiñe de rojo sangre

¿Habrá algo que pueda detener a la bestia?



Es de remarcar que cuando un film de Godzilla se pone serio es infalible como representación social de una época con sus temores y obsesiones, creando una radiografía del momento muy interesante. Japón bajo el terror del monstruo (1954) funcionaba a la perfección como metáfora de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, así como de las heridas aún abiertas de la II Guerra Mundial, y la reciente Shin Godzilla (2016) lo hace del desastre de Fukushima.

Este Godzilla ochentero recoge de forma muy acertada el clima de la Guerra Fría, las tensiones entre EEUU y Rusia y el nuevo temor a una guerra atómica con Godzilla como representación de estos temores. De esta manera, una parte del metraje transcurre entre despachos y cómo los gobernantes se enfrentan a la situación de contener el regreso de Godzilla 30 años después, mientras Rusia y EEUU les presionan con detonar una bomba atómica sobre Tokyo. Esta nueva entrega es seguida con un tratamiento muy serio y realista, hecho que se agradece, aunque esa seriedad se vea en entredicho cuando en el tramo final aparece el Super-X (una nave de defensa súper moderna) o unos tanques que disparan rayos láser.

El filme está lleno de imágenes poderosas, de ideas nuevas y resultonas, como ese inicio pseudo gore e inquietante con un barco infestado de enormes cucarachas agigantadas y que resultan ser los parásitos de Godzilla. El monstruo tarda en aparecer y su primer acto de presencia en plena central nuclear japonesa es imponente. La cinta acierta en bajar la destrucción a pie de calle y como los ciudadanos son afectados por la destrucción. Una buena manera de empatizar de una mayor manera con los personajes principales (los cuales sufren la destrucción en primera persona), y que además supone una gran influencia del nuevo cine catástofrico de la época como Terremoto (1974), El coloso en llamas (1974) o El hundimiento de Japón (1974), con los protagonistas quedando atrapados en un edificio semi-destruido e intentando escapar de entre los escombros.

Los efectos especiales son imponentes en muchos momentos (si lo comparamos con las entregas de los 60 y 70), y las secuencias de destrucción consiguen un muy logrado nivel de dramatismo. Godzilla, en esta ocasión está más crecidito y llega ahora a los 80 metros de altura, y aunque vuelve a su apariencia animal y amenazadora, no se lucieron especialmente con el diseño de la cabeza de la bestia, con unos ojos algo fallidos y distraídos.

Los 30 últimos minutos de la cinta son una escalada impecable de tensión y geniales momentos: Godzilla causando destrucción y enfrentándose a la navecita ultramoderna Super X, mientras un misil nuclear amenaza estallar sobre Tokyo, y haciéndolo en plena atmósfera causando un apocalíptico e infernal cielo rojo sobre la ciudad de excelentes resultados...

Godzilla (1984) vuelve a tomarse en serio a la bestia y lo acerca a las nuevas generaciones con una propuesta que se mueve en terrenos más realistas con un sólo monstruo atacando la modernísima y ochentera Tokyo. Una película que funciona como parábola política de la época y como entretenido film catastrofista. Además, contiene ese aroma ochentero que tenían todas las producciones japonesas de la época, que es irrepetible y le da un plus aún mayor. Al haber un solo monstruo, la historia puede volverse sosa y lenta por momentos, el Super X por poco arruina el tono realista del film, pero en general es una muy competente puesta al día del mito radiactivo y que gana con cada visionado (y la canción pop ochentera de los créditos finales, interpretada por The Star Sisters y titulada Goodbye Godzilla, la estuve cantando meses cuando era pequeño, piel de gallina cuando la escucho en el presente).
Un momento de Godzilla 1985, el esperpéntico remontaje americano del film japonés
El film obtuvo una buena taquilla en Japón, con 3,5 millones de espectadores y se convirtió en un pequeño clásico de los video-clubs. Tomoyuki Tanaka vio cumplido su sueño de hacer regresar a Godzilla a las pantallas y con un éxito recuperado, por lo que se retiró del mundo de la producción cinematográfica aunque en las futuras entregas de la saga su nombre aparecerá siempre en los créditos como homenaje a un hombre que se desvivió por el personaje desde sus inicios en 1954.

En EEUU y por raro que parezca en plenos años 80, se volvió a realizar un horripilante (aunque interesante para completistas) remontaje titulado Godzilla 1985, donde se eliminaron numerosas escenas y las sustituyeron por actores americanos, entre ellos Raymond Burr, quien retoma su personaje del remontaje americano Godzilla King of the monsters (1956) 30 años después en calidad de "experto" en materia monstruosa. Por supuesto, el trato neutral que el original japonés daba al conflicto entre Rusia y EEUU fue eliminado de este montaje y con patéticos momentos como el de presentar a un diabólico personaje ruso que a malas activa el misil nuclear sobre Tokyo (cuando en la original intenta detenerlo muriendo en el intento). Como anécdota, el film iba a ser una parodia muy en la línea del primer film de Woody Allen, Whats'up Tiger Lily (1966), donde se remontaba un film de espías de la Toho y se le incluía un doblaje cómico y paródico. Fue el mismo Raymond Burr quien obligó a cambiar esta idea argumentando que Godzilla era una cosa para tomarse en serio. Gracias Raymond.

GODZILLA CONTRA MECHAGODZILLA (1975)



Godzilla contra Mechagodzilla
(1975) fue planteada como un intento serio de relanzar a Godzilla y devolverlo a su glorioso podio. Se aumentó el presupuesto (un poco solamente), se recuperaron elementos sórdidos y más adultos y, milagros del mundo del cine, se consiguió recuperar a Ishiro Honda para la dirección de su criatura y a Akira Ifukube para la banda sonora. Honda llevaba semi retirado desde 1970. Hubieron varios factores que influyeron a ello. Primero la alarmante desescalada en el número de espectadores en sus largometrajes. Dicho desinterés en el género provocó que Toho disminuyera cada vez más los presupuestos en el Kaiju. Otro motivo es circunstancial a la incipiente crisis de espectadores en el cine japonés durante la 2a mitad de los 60 producida en parte por el interés del público en producciones foráneas y el auge de la TV. 

Los enormes recortes que se hicieron en la propia organización de Toho provocó que el contrato de larga duración que Honda mantenía con el estudio fuera finalizado, quedándose en una relación de contratación proyecto a proyecto. El cansancio y la frustración hicieron que Honda se retirara en 1970 aunque participó en la dirección de episodios de varias series Tokusatsu como en El regreso de Ultraman (1971), Mirrorman (1971) o Zone Fighter (1973). Si bien, tal y como comentaba el hijo del director en una entrevista, tal vez echaba de menos realizar una película para cine de nuevo aún estando hastiado de la saga del saurio. Su regreso es todo un motivo de alegría. 

Akira Ifukube vuelve a crear sus magníficas bandas sonoras que lograrían que hasta Plan 9 from outer space (1957) se convirtiera en una obra maestra; en este caso con unas sinfonías aún más dramáticas y trágicas que en ocasiones anteriores recuperando además el Godzilla theme de Japón bajo el terror del monstruo (1954) cerrando así el círculo de forma dramática. Debido a la buena aceptación general de Cibergodzilla, máquina de destrucción (1974) donde parecía que la réplica robótica de Godzilla había conquistado el corazón de los seguidores, se decidió recuperar al mastodonte robótico para seguir destruyendo ciudades. Como veremos más adelante, si la anterior entrega emanaba aventura y diversión sin complejos, ésta va por el lado contrario, pero radicalmente.

No sé qué le pasaba por la mente a Ishiro Honda al enfrentarse a esta entrega, pero parece dominado por el pesimismo y la tragedia, como si el fantasma de la muerte de Tsuburaya aún le rondara bien cerca. El resultado fue una de las entregas más interesantes de la saga clásica de Godzilla.

Tras la misteriosa destrucción de un submarino, unos investigadores de la Interpol comienzan a buscar al desaparecido profesor Mafune, que 15 años atrás había declarado el hallazgo bajo el mar del monstruo Titanosaurio. Ahora trabaja para los alienígenas del tercer planeta del agujero negro, cuya ambición es conquistar el mundo con su ayuda y la de un Cibergodzilla reconstruido.

El problema principal de esta entrega es que es prácticamente un calco de la anterior (que ya era de por si repetitiva en ciertos esquemas); misma invasión comandada por los extraterrestres del tercer planeta (incluso con el mismo actor/personaje como líder de la sociedad alienígena), se sustituye a King Caesar por Titanosaurio y Cibergodzilla vuelve a ponerle las cosas difíciles a Godzilla. En ese sentido, la trama general está hecha con desgana y con una insultante repetición, aunque como veremos se plantea como el reverso tenebroso de la anterior. Honda incide rodar en escenarios feístas y grises para incidir en esa tristeza general. 

Si bien esta entrega cobra personalidad precisamente por la trama humana, a opinión personal, de las más interesantes y rescatables de la saga gracias a un personaje en concreto, la cyborg Katsura. El alma del film se concentra en este personaje torturado de una chica antaño llena de vitalidad pero que tras un accidente mortal es revivida por los citados extraterrestres en forma de cyborg, recluida y torturada porque no puede reprimir emociones humanas como enamorarse del galán con pelazo que protagoniza la cinta. Tomoko Aki interpreta a Katsura, una actriz que en ese momento estaba teniendo regulares apariciones en Ultraman Leo (1974)Terror of Mechagodzilla (1975) tiene el honor de ser el único filme de la saga que cuenta con un guión realizado por una mujer, Yukiko Takayama. El filme presenta una historia con un conflicto dramático algo más complejo y serio de lo que estamos acostumbrados en la saga consiguiendo cierta complejidad. 
- ¡¡¡Esos idiotas no volverán a reírse de mi!!! - Papá, tranquilo y tómate la medicación.

El magnífico flash-back donde Katsura es transformada en cyborg

Godzilla, esta vez, solo ante el peligro
- Tu corazón está podrido y seco...

El galán enamorado intentará sabotear el complot alienígena

Solucionado el entuerto, Godzilla se retira a por un merecido descanso
Gracias a Katsura podemos ver el primer y único topless de la saga (aunque sea un trozo de plástico con cables) dentro de un magnífico e inquietante flash-back donde los extraterrestres ataviados con batas moradas cual Jeremy Irons en Inseparables (1988), irrumpen en el laboratorio de Mafune y se llevan a su hija moribunda.

Hay cierta conexión decadente con el primer Godzilla de 1954, Mifune no deja de ser la continuación trasnochada y envejecida del profesor Serizawa (de hecho están interpretados por el mismo actor), y el final trágico y kamikaze por parte de Katsura conecta con el sacrificio final de Serizawa. En este sentido, el drama humano está más conseguido de lo habitual, y es raro sentir que te interesen más los personajes que el enésimo enfrentamiento monstruoso. Aunque los extraterrestres malvados continúan protagonizando momentos risibles y encantadoramente naifs, como ese terrible momento del líder alienígena reprendiendo a latigazos a sus secuaces, una escena llena de morbo y sadomaso del espacio exterior.

La nueva incorporación al bestiario de la saga es Titanosaurio, un monstruo de carácter mucho más realista que anteriores batacazos imposibles como Galien o Megalon. Las apariciones del monstruo marino están resueltas con gran destreza, rodados con contrapicados y con un cielo real de fondo que remarca el enorme gigantismo de la bestia, fantástico. Godzilla aparece tarde y se siente como un mero trámite de la historia, aunque esta vez sufre enfrentándose él solito a 2 monstruos duros de pelar, y a pesar de algunas llaves de kárate inexplicables, Godzilla se presenta de una manera más seria y solemne que ocasiones anteriores. Para recordar es su aparición nocturna en Tokyo con su sombra dejándose intuir tras los edificios. Magnífica escena.

Godzilla contra Mechagodzilla (1975) es un film interesante, triste, pesimista y más adulto de lo acostumbrado (¡hay muertes y tiroteos!). Ishiro Honda parece que es y será el más indicado para dirigir a su criatura y se denota en cómo están plasmadas las escenas de destrucción, las perspectivas de los monstruos y ese tono trágico tan personal. Esta entrega, a pesar de estrenarse a bombo y platillo como el gran regreso triunfal de la criatura, fue el mayor fracaso de la saga con apenas 970.000 espectadores en Japón, dando carpetazo final a la serie clásica de Godzilla hasta 1984.

Por lo que la hermosa escena final, de un Godzilla adentrándose lenta y casi fantasmagóricamente en las aguas japonesas para tomar un merecido descanso, deja un poso lleno de melancolía y tristeza. El de una era que se acaba.


En EEUU se estrenó en cines como Terror of Mechagodzilla, pero no lo hizo hasta 1979 con un remontaje horripilante donde se eliminaban todas las escenas de violencia y desnudos, eso incluye el agradecido topless y para mayor horror, el suicidio de Katsura, por lo que el final se quedaba totalmente cojo. Un batiburrillo sin sentido.

Ishiro Honda nunca más volvería a la saga dejando la dirección de filmes. Años después, volvió a sus orígenes de ayudante de dirección junto a su gran amigo Akira Kurosawa, y trabajó en Kagemusha (1980), Ran (1985) o Los sueños de Akira Kurosawa (1990), donde el propio Honda dirigió el episodio de "El Monte Fuji en llamas", volviendo a su tema predilecto, el apocalipsis atómico. Una etapa junto a su amigo Kurosawa que Honda recordaba con felicidad. El director murió en 1993 dejando tras de si una filmografía llena de films que destilaban magia, originalidad, diversión y profundidad.

CIBERGODZILLA, MÁQUINA DE DESTRUCCIÓN (1974)

Tras la debacle artística y crítica que supuso el último film de la saga Godzilla, la delirante Gorgo y Supermán se citan en Tokyo (1973), parece que los productores de Toho se pensaron mejor las cosas antes de abordar la nueva entrega de nuestro saurio radiactivo. El siguiente film iba a tener una factura mínimamente más cuidada que el desastre de los anteriores filmes, muy pobres y repletos de stock shots de otras entregas.
Jun Fukuda volvió a ponerse tras la cámara (por última vez en la saga) para abordar la clásica Cibergodzilla, máquina de destrucción (1974), y podemos ver varios cambios significativos y de agradecer para el respetable.

En el film, una profecía ancestral de Okinawa predice que un monstruo aparecerá para destruir el mundo, pero será detenido por dos criaturas colosales. El hallazgo de una estatua en las cavernas de Okinawa indican que se trata de la llave para llamar a King Caesar, el guardián de la zona, y el único que puede detener la oleada de destrucción provocada por CiberGodzilla, un ser cibernético construido por la raza alienígena del tercer planeta del Agujero Negro, que ha llegado a la Tierra con pretensiones de invadirla.

Fukuda parece recoger lo mejor que dejó en Los monstruos del mar (1966), ese ambiente aventurero en donde no paran de sucederles cosas a los personajes mientras van de un lado para otro enfrentándose a mil eventualidades. En este caso la historia se contagia del espíritu de los films de espionaje y de James Bond (con un agente secreto muy cool y lleno de recursos) con las manidas invasiones extraterrestres, y se agradece enormemente que el tufillo infantil se vea reducido considerablemente, presentando ciertos momentos violentos y de carácter más adulto que entregas anteriores. La idea de Cibergodzilla, la de presentar una réplica cibernética y malvada de Godzilla, provista de múltiples gadgets y prácticamente invencible, es tan atractiva que no entiendo cómo tardaron tanto en presentar tal idea en la saga. Recordemos que en el Japón de 1974 (y en el resto del mundo) los robots, gracias a Mazinger Z, estaban más de moda que nunca, así que por qué no aprovechar el tirón cibernético para atraer más espectadores de cara a la ya moribunda saga.

Godzilla vs Godzilla

¿2 Godzillas? Aqui hay algo que no cuadra

La verdad se descubre y Cibergodzilla se las hace pasar canutas al saurio radiactivo

Detrás de todo están los extraterrestres de turno, parece que les gusta el planeta Tierra por los puros
Aunque los efectos especiales están algo más cuidados y se le intenta dar un aire serio a este nuevo Godzilla (¡¡vuelve alguna que otra escena de destrucción masiva!!), las batallas continúan siendo un festival del humor incontrolable, pero pese a esto, son muy entretenidas de ver por la inusual violencia que desprenden. Cibergodzilla destroza a Anguirus partiéndole la mandíbula y brotando de ella chorros incontrolables de sangre (a lo King Kong con el T-Rex) y en un momento glorioso de la batalla final, el cuello de Godzilla revienta a borbotones cual film de samurais de la época tras el impacto de cohetes y rayos multicolores por parte de su réplica robótica.

King Caesar le echará una mano a Godzilla
Resulta bien llamativa la forma en la que está rodada la batalla final a 3 con una dolly o zooms constantes y realizando movimientos de cámara más propios del spaguetti western que de un kaiju. Se agradece, aunque sea de forma torpe, la recuperación de un tema clásico como es el enfrentamiento entre lo tecnológico y moderno, contra lo tradicional representado en la criatura llamada King Caesar, un ser que parece recuperar lo mejor de Mothra con una rebuscada profecía de Okinawa, sacerdotisas y cánticos varios; aunque el monstruo, con su look de caniche trasnochado, resulte más risible que otra cosa.

Se agradece sobremanera pequeñas sorpresas argumentales como que un moribundo Godzilla recoja energía de los rayos de una tormenta y consiga imantarse, lo que será un arma inesperada para Cibergodzilla y los extraterrestres (¡pero bueno, ¿ahora qué pasa?!!¡, exclama el villano de turno).

Hablando de los extraterrestres de este film, no dejan de ser los aliens de cuarta de cualquier producción similar, con trajes de aluminio y cascos estrafalarios gritando a los cuatro vientos lo malvados que son, pero tienen la suficiente personalidad como para prestarles atención, además cuando mueren se les cae su cara humana y resultan ser...¡¡¡simios!!! (y bastante calcados a los de El planeta de los simios (1968), si es que más no se puede pedir).

La sacerdotisa de rigor cantará durantes unos largos minutos

Tranquilos que hay rayos mortíferos para todos

Godzilla acaba hecho un colador
Tramas de espionaje, extraterrestres estrafalarios, investigación sin fin, una profecía milenaria, un científico imposible con una pipa de adamantium multiusos (la hizo un día que se aburría, según él), el clon robótico de Godzilla, monstruos defendiendo la tierra... Todo el conjunto hace que sus 80 minutos se pasen en un suspiro, resultando ser una de las entregas más divertidas y disfrutables en mucho tiempo, aunque no logre quitarse la etiqueta de Serie "casi" Z. Además, la banda sonora de Masaru Sato, en esta ocasión, logra ser gloriosa (más setentera imposible).

El film resultó tener una tímida recaudación en taquilla respecto a la anterior entrega, consiguiendo que 1,33 millones de espectadores acudieran a verla, si bien causó una buena aceptación general.
Sólo diré una cosa más: era una de mis películas favoritas cuando tenía 10 años.

viernes, 3 de enero de 2020

GORGO Y SUPERMÁN SE CITAN EN TOKYO (1973)

Si con Galien, el monstruo de las galaxias, ataca la Tierra (1972), los fans de Godzilla pensábamos que nuestro saurio radiactivo no iba a poder caer más bajo, nos equivocamos. Gorgo y Supermán se citan en Tokyo (1973) supera, y con creces, el festival de delirio, torpeza y vergüenza ajena de la anterior entrega. El film se adentra definitivamente y sin complejos al cine más infantil, y para qué engañarnos, esta entrega es perfecta para niños de 5 a 8 años, pero no para el fan que alucinó con la imagen terrorífica de Godzilla de Japón bajo el terror del monstruo (1954).
El film nos presenta que tras una serie de terremotos, el reino submarino de Seatopia envía a Megalon, un escarabajo gigante, y al robot Galien para destruir el mundo de la superficie. En un intento por detenerlos, el inventor Goro recupera a Jet Jaguar, un robot con pensamiento independiente que había sido robado, y lo manda para que traiga a Godzilla y que éste participe en la lucha.
La historia ya cansa, es la enésima invasión extraterrestre (intraterrestre en este caso), con esa civilización subterránea que se refugia de la amenaza nuclear y llamada Seatopia (no se rompieron demasiado la cabeza con el nombre), un grupo variopinto de actores ya maduros con unos trapos de la antigua Grecia. Por otro lado, sólo aparecen 3 personajes principales, el niñato de turno, Goro (el inventor) y su ¿amigo?. Es de remarcar el tufillo homosexual (totalmente involuntario) que tiene el film, con esa pareja de inventores y su misteriosa relación. ¿Y ese compadreo entre Godzilla y Jet Jaguar? ¿Y la bandera arcoiris en el traje de Jet Jaguar? ...


Quizás es positivo que el niñato de turno no resulte tan cargante como en anteriores ocasiones. Godzilla en este film es un teleñeco desquiciado, una total caricatura del monstruo y que es capaz de proezas físicas como patadas, puñetazos e incluso una patada voladora de ciencia ficción. Su aliado (y el verdadero protagonista de la película) es Jet Jaguar, un Ultraman de segunda, que va cambiando su tamaño a conveniencia. El film vuelve a ser un festival de stock shots de anteriores entregas de la saga presentados con la misma torpeza y descuido que en Galien, además y por segunda vez, intentan volver a colarnos la espalda del simio de La batalla de los simios gigantes (1966) por la espalda de Megalon, pero ni de coña. La presencia de Galien permite ahorrarse un nuevo monstruo y utilizar escenas recicladas del anterior film y la cucaracha armada con motosierras, Megalon, es la nueva incorporación. Un bicharraco curioso pero risible de visionar, dando saltos por un escenario mínimo y desértico, y volando mostrándose con total claridad los cables que lo sujetan. La batalla final se demora demasiado y Godzilla no aparece hasta pasada la hora de metraje, como si fuera un invitado especial; aunque cuando llega, la lucha a 4 es un espectáculo digno de verse: Godzilla pavoneándose y dándose unos aires de chulo, Godzilla y Jet Jaguar chocándose la mano como grandes colegas, llaves de kárate... en definitiva, luchas de sumo entre personas claramente disfrazadas de monstruos.
Jun Fukuda, a pesar de la vocación infantil del film, aún sigue insistiendo en presentar varios momentos sádicos y sangrientos, como ése avión de juguete estrellándose en la cara de uno de los seatopianos y llenándosele la cara de sangre. Además, se repite vía stock shot el momento de Galien el monstruo de las galaxias ataca la tierra donde Galien rebana el hombro de Godzilla. 
Goro, el inventor y su amigo. Una pareja demasiado bien avenida

Los Seatopianos odian a la Humanidad y danzan como si no hubiera mañana. Otro jefe con bigotazo, por cierto

Jet Jaguar... ¡no! ¡Superman! Un pseudo Ultraman muy colorido

Godzilla está desquiciado, molesta que a uno lo levanten de la siesta...
Esta patada voladora no te la hace Chuck Norris

Buen trabajo, los niños podrán dormir tranquilos una noche más

Cantando y a hombros hacia un nuevo mañana
Para alguien que adora Japón bajo el terror del monstruo (1954) y admira esa imagen de terror y destructiva metáfora de Hiroshima, se sentirá horrorizado frente a cómo ha terminado la criatura, convertida en un muñecote para niños.
Sí, el film es un desastre, cutre, torpe e infantil, pero precisamente por eso hay que ver Gorgo y Supermán se citan en Tokyo como lo que es, una película infantil que cumple con su cometido: entretener y divertir a su público, los niños.
Para muestra un apunte personal. He puesto varios films de Godzilla a mi primo de 7 años y el único el cual siempre me pide que le ponga es Gorgo y Superman se citan en Tokyo (le hace gracia que aparezca un robot llamado Supermán y encima comparta escena con Godzilla), por lo cual demuestra que cumple su cometido de sobras. Divierte y resulta harto entrañable, y la escena final con Jet Jaguar llevando a hombros al niño protagonista sonando de fondo la canción ¡Jet Jaguaaaaarrr Jet Jaguaaaarrr!... Inolvidable.
Si analizamos fríamente esta producción, por supuesto, sería un suspenso total; pero éste no es el tipo de films que se deban calificar. Hablan por sí solos. 

Como curiosidad, el cartel americano presentaba a Godzilla y Megalon luchando en la cima de las desaparecidas Torres Gemelas, por supuesto tal escena no existe en el metraje pero si cuela, cuela. 
El porqué pusieron tal mítico titulo en su estreno español da para otro reportaje. La cinta inglesa Gorgo había tenido un fuerte impacto en la taquilla española unos años antes, por lo que renombraron a Godzilla por Gorgo. También por la época, algunos de los remontajes de Supergiant de Teruo Ishii se habían estrenado en España aunque renombrando al héroe por Superman en el título español. Aprovechando esto, Jet Jaguar fue cambiado por Superman. El resultado: un título insuperable e inolvidable.

Gorgo y Supermán se citan en Tokyo (1973) se convirtió en uno de los films de Godzilla más exitosos en España, siendo la película estrella en las sesiones de los colegios y marcando a sus jóvenes infantes para siempre. No fue así en Japón, ya que se estrelló estrepitosamente con sólo 980.000 espectadores, la cifra más baja de la saga hasta el momento.