CRÍTICAS PELÍCULAS

lunes, 4 de mayo de 2020

JOURNEY INTO SOLITUDE (1972)

Que impotencia me hace sentir ver como la humanidad ha invadido todos los rincones del mundo y pervertido, destrozado e industrializado esos parajes únicos que la naturaleza con tanto ahínco y siglos ha construído. Cada vez es más difícil experimentar la libertad y la sensación de huir de la ciudad o de la angustiante masa. Que magnífica sensación es retirarse del ahogo, la rutina diaria, del peso de las responsabilidades que impone la sociedad y volver a sentirse uno mismo. Retirarse unos días a playas casi desoladas, o a una casita en la montaña. Pasear por el bosque o sentir la arena fría y suave en los pies. Que sensaciones tan maravillosas. Sensaciones que han despertado mientras visionaba el presente film. El cine japonés de los 70 nos depara muchas sorpresas. Son productos hijos de la época pero donde y si rebuscas, encuentras muchas joyas que logran sorprender al cinéfilo de pro en busca de nuevas sensaciones y experiencias diferentes. 

Journey into Solitude (1972) está basada en la novela de Kukiko Moto y cuenta la historia de una adolescente de 16 años (la cual desconocemos su nombre a lo largo del metraje) que se encuentra insatisfecha con su vida por lo que decide valerse por si misma y recorrer la isla de Shikoku cual peregrino. En el camino se encontrará con obstáculos, experiencias y personajes que la ayudarán a conocerse a sí misma para acabar encontrando un sentido a su vida.

Journey into Solitude está dirigida por Koichi Saito. Fallecido en 2009, Saito, también fotógrafo, inició su carrera en la Nikkatsu para después formar su propia compañia, la Saito Productions caracterizándose, en sus films de los años 70, por presentar a personajes atrapados y ahogados por la sociedad actual los cuales acaban escapando al campo en busca de respuestas a sus preguntas existenciales. En Journey into Solitude se denota la experiencia fotográfica de Saito por su excelente tratamiento visual. El film destaca por unas estampas bellísimas y espectaculares de la isla de Shikoku. Planos donde se muestra la pequeñez de la adolescente frente a la magnificiencia del paisaje y la naturaleza. Así, el film, por optar hacia el viaje existencialista de una persona en busca de su lugar en el mundo se denota un ritmo y estilo ciertamente zen. El metraje es lento pero absorbente y decididamente entrañable en su desarrollo. Destaca el uso de la voz en off con nuestra protagonista enviando una serie de cartas a su madre explicándole el proceso de su viaje así como sus emociones. Esto refuerza el sentido cuasi episódico del conjunto del film.
Una adolescente asqueada con su vida decide convertirse en peregrina.

El camino servirá para encontrar respuestas

En contacto con la naturaleza.

La joven se unirá a un grupo de teatro ambulante.

Experimentará con el sexo.

Finalmente un humilde y solitario pescador decide acogerla en su casa.

¿Conseguirá encontrar el camino a la felicidad?

La fotografía del film es sublime.
El peso del film lo lleva exclusivamente la joven Yoko Takahashi saliendo con nota del desafío y mostrando a una adolescente fuerte y aguerrida que escapa de su casa dispuesta a encontrar un sentido a su insulsa vida. Pese a descansar sobre sus hombros el grueso de toda la historia, su adolescente protagonista resulta un personaje interesante al que le coges cariño en su afán por conocer el mundo y en el camino, conocerse a sí misma. Dicho auto aprendizaje pasa por diversas fases y estados pasando por las lecciones y sabiduría de una anciana, las pasiones que despierta en ella el teatro y el modo de vida de los artistas, la exploración de la sexualidad ya sea lésbica o heterosexual entre otras opciones de vivir la vida. En el reparto también nos encontramos con Rie Yokoyama, quien interpreta a una de las actrices ambulantes con quien la adolescente experimenta cierta atracción. Yokoyama la hemos podido ver en films de la época como la mítica Ecstasy of the Angels (1972) de Koji Wakamatsu o la primera entrega de la saga Sasori de Meiko Kaji; Female Prisoner #701: Scorpion (1972).

Journey into Solitude, si, resulta una pequeña sorpresa y que aunque contiene un conjunto bien compensado no evité encontrarme con ciertos bajones de ritmo o tramos de menor interés. Los minutos de metraje centrados en el grupo de teatro y el poco creíble cariño que la adolescente siente hacia ellos me parecieron algo más insulsos aunque sirven como muestra hacia la protagonista de qué manera es el mundo de los adultos y ciertas emociones como el de la sexualidad, el egoísmo o la avaricia. Contraste que nos encontramos en el tramo final del film cuando la joven es acogida por un humilde y solitario pescador de mediana edad donde llega a sentir emociones puros de cariño, amor y empatía.

En resumen, Journey into Solitude (1972) es un film absorbente y refrescante conteniendo un interesante estudio de un personaje en busca de su lugar en el mundo y protagonizando algunas de las estampas visuales más bellas que servidor ha podido ver en el cine japonés de los años 70. Las secuencias en unos campos de arroz de un verde de enorme fuerza (que me recordaron al cine de Shunji Iwai) o esos momentos de la joven bañándose cuasi desnuda en una monumental playa virgen a la civilización. Un conjunto notable y que bien vale la pena un visionado por su curiosidad. La guinda la pone la preciosa canción que abre y cierra el film de título "Kyo made soshite ashita kara" e interpretada por Takuro Yoshida y que resume el sentimiento tanto del film como de la historia de su joven protagonista. Todo un descubrimiento. El film consiguió tres premios en el Mainichi Film Concours de 1973 consiguiendo los galardones a "Mejor Director" "Mejor guión" y "Mejor fotografía".

No hay comentarios:

Publicar un comentario